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jueves, 25 de enero de 2018

Memoria flamenca. MARIANA CORNEJO SÁNCHEZ ‘MARIANA DE CÁDIZ’ (I).

 “AURELIO SELLE LE DIJO A MI PADRE QUE ME LLEVABA A MADRID PORQUE ERA UNA PEAZO DE ARTISTA.”

Mariana Cornejo con Manolo Canalejas y Rafael Valera
(foto de Pepe Pamos)
En mayo de 1997 se celebró en nuestra capital la ‘Semana de Estudios Flamencos de Jaén’ dedicada al arte y la personalidad de Juan Manuel Ramírez Sarabia ‘Chano Lobato’. Varios fueron los artistas gaditanos que se encuadraron en su programación como ‘Juanito Villar’ o Mariana Cornejo Sánchez ‘Mariana de Cádiz’. De ‘Juanito Villar’ casi lo supimos todo como quedó reflejado en los dos capítulos anteriores de esta sección. Las entrevistas las realicé durante el desarrollo de la citada celebración, y hoy comienzo a difundir en este diario la correspondiente a la sobrina de ‘Canalejas de Puerto Real’, ‘Mariana de Cádiz’.

Esta fue la presentación que le efectué en el número 114 de la revista ‘Candil’, correspondiente a los meses de enero-febrero de 1998:

“Sin complejos, sin ataduras, con la gracia innata de su Cádiz… Así se presenta Mariana Cornejo. Y nos cuenta su historia con una sencillez y naturalidad asombrosa. Como si lo que le ha acontecido en su vida fuese algo común.

Amante de este arte y muy concretamente del de su tierra, es igualmente amante del eco y la personalidad de los artistas de su Cádiz y defensora a ultranza de Pastora Pavón y ‘La Perla de Cádiz’. Mariana nos evoca unos comienzos basados en su precocidad y en el talante excesivamente paternal de su progenitor, por no incluirla en el mundo de las compañías de cante.

Se siente artista y lo defiende con uñas y dientes. Admite los vanguardismos flamencos, mas, generalmente antepone la pureza de este arte. Siente predilección por las siguiriyas y también por los estilos de ritmo y compás, aduciendo que por ser ella muy alegre y festera. Y siempre su Cádiz por delante.”

Pregunta: ¿Cómo son tus inicios?

Respuesta: “Pues mis comienzos son desde chiquitita, como les suceden a todas las niñas que empiezan a cantar y a tocar las palmas y eso. Pero verdaderamente fue un día que estando yo en un patio de la calle Feluchi -pues mi madre trabajaba allí- me puse a cantar eso de ‘Cariño, cariño mío / ramito de mejorana…’, estando barriendo el patio. Esto lo cantaba con mi hermano Pepe, que canta magníficamente, pero que no se ha dedicado a esto; él hacía el bajo y yo el tono alto y, a dúo, nos salía bastante bien. Estando cantando me escuchó un pianista que estaba en el segundo piso dando clase. Se asomó al balcón y le preguntó a la madre de la niña a la que daba clase que quien era yo con la voz tan bonita. La madre de la niña le contestó que era la hija de María Pepa. De momento dijo que subiera a verle porque le había gustao mucho mi voz. Subimos mi madre y yo, y el pianista le dijo a mi madre que quería darme clases. Mi madre le contestó que ella no tenía dinero y que no podía pagarlas. Le dijo que no se preocupara que él me daría clases para educar la voz y así poder presentarme en Radio Cádiz, que por entonces tenía un programa para estas cosas. Don Carlos Domínguez, que era el pianista, me enseñó y entonces debutamos en Radio Cádiz. Al enterarse mi tío Paco del éxito, le dijo a su primo ‘Canalejas de Puerto Real’ lo bien que yo cantaba. Este se presentó en mi casa bastante temprano –estaba yo durmiendo todavía- y le dice a mi madre ‘Vísteme a la niña y sácala al patio que quiero que me cante un poquito de flamenco’. Salí al patio y comencé a cantar y, nada más hacerle un poquito, me dijo ‘¡Ya está, no cantes más! Entonces le dijo a mi madre que la niña tenía madera y que me iba a llevar con él para hacerme artista ¡Pero hombre, Juan, tú sabes…!

Mi padre no quería ¡Pobrecito mío! Tenía un carácter muy malaje, ya no porque está muy mayor, pero era de estos hombres antiguos. ¡Total! Que se vino mi padre conmigo cuando formé parte de la compañía de mi tío ‘Canalejas’. Y una vez estando en Málaga, después de haber actuado en varios sitios y de verme a mí llorar porque echaba de menos a mi madre –entonces tenía yo diez años-, le dice mi padre ‘Juan, yo me llevo a la niña con su madre porque ella es muy chica y con este plan yo no puedo.’ ¡Qué lástima! ¿Por qué no dejas que venga tu mujer con ella? Mi padre no quiso y le dijo que cuando yo fuera mayor que hiciera lo que quisiera… Y me quitó de artista.

Dos años más tarde, en una fiesta que se celebraba con motivo del Trofeo ‘Ramón de Carranza’, donde cantaban ‘La Perla’, ‘El Beni de Cádiz’ y ‘La Paquera’, también canté yo. Allí estaba Aurelio Sellé y me escuchó cantando sola, haciéndome mis palmitas por bulerías, ese compás que yo tenía de chica. Me llamó y me preguntó por mi padre y, al presentarse él ante Aurelio, éste le dijo que me llevaba pa Madrid porque yo era una peazo de artista. Pero tampoco me dejó, solo me dejaba que actuara por Cádiz y la provincia.

Luego surgió igualmente la oportunidad de que me fuera con ‘Los Gitanillos de Cádiz’. Conchita Landa y ‘Bendito’, que son dos peazos de artistas que estuvieron mucho tiempo por América, y que ya siendo mayores se quedaron en Cádiz, pues ellos quisieron llevarme a América y tampoco me dejó mi padre. Y un poco antes de casarme, yo era compañera de Luisito Gallego, que más tarde se puso ‘Luisito Rey’ y que es el padre de ‘Luis Miguel’, este joven y famoso cantante mejicano… Pues mandó a sus hermanos y a su madre para que me fuera a México, pero no hubo manera. Así que como me puse novia, pues me fui retirando poco a poco, y aunque mi novio me dejaba, yo ya no quería.”


Rafael Valera Espinosa

jueves, 11 de enero de 2018

Por soleá. JUSTICIA A ‘BENI DE CADIZ’.

Escribía el pasado mes de agosto:

“En el flamenco no siempre se hace justicia con los artistas. Algunos por su amplia popularidad han sido homenajeados hasta la saciedad y otros han quedado –quizás con más virtudes- en el olvido. Personajes de la talla del jerezano Juan Valencia ‘Juanito Mojama’, su paisano Manuel Fernández ‘Sernita de Jerez’, el iliturgitano Rafael Romero ‘El Gallina’, la sanluqueña Encarnación Marín ‘La Sallago’, o hasta el propio Tomás Pavón, por citar a los más populares, no han tenido a lo largo de la historia el reconocimiento debido a sus grandes méritos.

Beni de Cádiz con Rocío Jurado
Particularmente, considero que Benito Rodríguez Rey ‘Beni de Cádiz’ ha padecido la misma injusticia, incluso en la fecha de su óbito acaecido en diciembre de 1992, y pienso que debido a la gran popularidad de José Monje Cruz ‘Camarón de la Isla’, por haber muerto tempranamente cuatro meses antes, lo cual considero lógico, mas, no en la totalidad. ‘Beni de Cádiz’ ha sido uno de los artistas más completos que ha dado la segunda mitad del siglo XX. Quizás su comportamiento desenfadado y, en ocasiones, cómico le haya restado seriedad a su reconocimiento artístico.”

El pasado día 22 de diciembre se cumplieron los 25 años de orfandad del arte de ‘Beni de Cádiz’. No sé si mi referida columna del mes de agosto tuvo alguna trascendencia. Lo que sí he comprobado es que el Ayuntamiento de Cádiz hizo pública el 22 de noviembre (un mes antes) la programación establecida para homenajear a nuestro añorado artista. A tal fin se desarrollaron los siguientes actos:

“Mesa redonda con Juan José Téllez, José Luis Ortiz-Nuevo, Cristina Cruces, Javier Osuna y José Jiménez ‘Rebujina’. Esta se celebró el lunes 18 de diciembre.” “Martes 19, a las 18.30 horas, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, se presentó el libro ‘Un genio surrealista: Beni de Cádiz, flamenco popular y moderno’, coordinado por Alberto Romero Ferrer y Francisco Dodero Martín.” Y el 20 de diciembre, en el Gran Teatro Falla, se desarrolló un espectáculo en el que varios artistas de Cádiz rindieron homenaje a su figura como Antonio Reyes y Diego del Morao; Bernardo Parrilla, Patricia Valdés al baile, Tate Núñez y Diego Montoya a las palmas; y David Peña ‘Dorantes al piano como colaboración especial. En la segunda parte actuó José Anillo y Andrés ‘Pituquete’; Carmen de la Jara y Juan José Alba; Felipe Scapachini y Adriano Lozano; y Ale Silva y Juan José Alba. También actuaron Rosario Toledo, Miguel Rosendo y Emilio Florido.

Su figura se merece más y la prueba la tienen en las grabaciones de 1971 del Concurso de Córdoba. No se puede cantar mejor por siguiriyas, alegrías, malagueñas, soleares, tonás o bulerías, en competencia con ‘La Paquera’, Calixto Sánchez, ‘Naranjito de Triana’ o ‘Curro Malena’. Su arte acrisola los ecos de su tierra a veces con matices ‘caracoleros’, y sobre todo, una estructura musical basada en ‘Pepe Pinto’. Una delicia. En Internet lo pueden comprobar.

Rafael Valera Espinosa

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Por soleá. BENITO RODRIGUEZ REY ‘BENI DE CADIZ’


No es necesario repetir que en el flamenco no siempre se hace justicia con los artistas. Algunos, por su amplia popularidad, han sido homenajeados –por sus méritos- hasta la saciedad y otros han quedado –quizás con más virtudes- en el olvido. Personajes de la talla del jerezano Juan Valencia ‘Juanito Mojama’, su paisano Manuel Fernández ‘Sernita de Jerez’, el iliturgitano Rafael Romero ‘El Gallina’, la sanluqueña Encarnación Marín ‘La Sallago’, o hasta el propio Tomás Pavón, hermano de ‘La Niña de los Peines’, por citar a los más populares, no han tenido a lo largo de la historia el reconocimiento debido a sus grandes logros artísticos.

Particularmente, considero que el gaditano Benito Rodríguez Rey ‘Beni de Cádiz’ ha padecido la misma injusticia, incluso en la fecha de su óbito acaecido en diciembre de 1992, y pienso que debido a la gran popularidad de José Monje Cruz ‘Camarón de la Isla’, por haber muerto tempranamente cuatro meses antes que su comprovinciano, lo cual considero lógico, mas no en la totalidad. ‘Beni de Cádiz’ ha sido uno de los artistas más completos que ha dado la segunda mitad del siglo XX. Quizás su comportamiento desenfadado y, en ocasiones cómico, le haya restado seriedad a su reconocimiento artístico.

Beni de Cádiz con Rocío Jurado
En su participación en el VI Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, celebrado en mayo de 1971, ‘Beni de Cádiz’ fue el artista más premiado del mismo, consiguiendo el Diploma Especial ‘Silverio’ (él único cantaor de la historia del certamen que lo ganó), el ‘Manuel Torre’ por siguiriyas, y el Enrique ‘El Mellizo’ por alegrías, pudiendo haber conseguido más –según me comentó en su día el crítico y miembro del jurado Agustín Gómez- a lo que algunos miembros del jurado se opusieron porque podía ser escandaloso el resultado, ya que su hermano Amós Rodríguez Rey formaba parte del tribunal artístico. Quiero recordarle a los aficionados que en la fase final de opción a premio participaron también Francisca Méndez ‘La Paquera’, ganó el Pastora Pavón, ‘Curro Malena’ que consiguió el de ‘La Serneta’, ‘Naranjito de Triana’ que se alzó con el de ‘El Canario’, Pedro Lavado que dominó el don Antonio Chacón,  y sin premio otros conocidos y prestantes cantaores como Diego Camacho ‘El Boquerón’, Calixto Sánchez, Jesús Heredia, ‘Curro Fernández’, Alfredo Arrebola, ‘Coronel de Linares, ‘Curro Andrés’, Juan Navarro Cobos, etc.

Amplio de repertorio, ‘Beni de Cádiz’ cultivó con prestancia y conocimiento los cantes por siguiriyas y soleá por los aires del ‘Viejo la Isla’, ‘El Mellizo’ y ‘Curro Durse’. Fue igualmente uno de los primeros cantaores que adoptaron la creatividad de Rafael Romero por rondeñas. Dominaba con ritmo y compás las cantiñas-alegrías, los tientos-tangos, las bulerías, los cantes mineros, los fandangos y las zambras caracoleras, personalidad flamenca esta que fue su santo y seña por haber pertenecido a la compañía que el sevillano formó con Lola Flores.

Espero que en el veinticinco aniversario de su muerte sea homenajeado como demanda su arte.
     

Diario de Cádiz a Beni de Cádiz
              Rafael Valera Espinosa

sábado, 27 de mayo de 2017

ESPLENDOROSO CANTE FLAMENCO JEREZANO DE MARIA FERNANDEZ “TERREMOTO”.

A veces el arte flamenco vuelve a su sitio. Establece sus añejas esencias, sus recónditos pellizcos, sus quejios más lastimeros, y las alegrías más festeras. El flamenco se manifiesta entonces como la cultura musical más universal de nuestra Andalucía por mor de lo heredado por sangre y casta cantaora. Es así como se conoce y se aprecia mundialmente desde que los románticos artistas y literatos europeos comenzaron a valorarlo en los inicios del siglo XIX, cuando ni existían montajes coreográficos, ni complementaciones instrumentales que no fueran la guitarra flamenca, ni otros elementos adicionales que desviaran la atención sobre el cantaor/a: ¡Flamenco! En el más libre y honesto concepto del arte.

María Fernández Benítez “María Terremoto” nos ha devuelto la esperanza. ¡Sí! A los que amamos la esencia de esta cultura musical sin artilugios ni parangones. A los que podemos considerar que el arte del rondeño Francisco Romero –cuando se bajó del caballo y toreó pie a tierra al toro, creando así el arte de la tauromaquia- es el mismo que el de ‘Lagartijo”, Rafael ‘El Gallo’, ‘Manolete’, ‘Curro Romero’, ‘Morante de la Puebla’ o José Tomás. A los que establecemos que el vello se nos eriza con los cantes de Manuel Torre, don Antonio Chacón, Tomás Pavón, Manuel Vallejo, ‘La Niña de los Peines’, ‘Canalejas de Puerto Real’, ‘El Carbonerillo’, Rafael Romero, Antonio Mairena, ‘Terremoto de Jerez’, ‘La Paquera’, ‘Chocolate’, ‘Agujetas’, ‘Beni de Cádiz’… y no sé cuantos más. Cierto es que hemos llegado a sentir esas emociones porque nos hemos educado en unos ambientes flamencos de pureza ancestral y jonda, sin aditamentos de modernismos ni márquetin, en unos tiempos en los que los artistas exponían su arte a pecho descubierto ante los enamorados de la ‘jondura’flamenca ¡Que le vamos a hacer! ¡Tuvimos esa suerte!

El jueves, 25 de mayo, en la Peña Flamenca de Jaén, con motivo del homenaje que se le rinde a José Giorgio Soto ‘José el de la Tomasa’, en la 32 Semana de Estudios Flamencos de la entidad, tras la charla que ofrecí sobre el arte de los artistas jerezanos que se ubicaron en Sevilla para establecer su arte, María Fernández “Terremoto”, a sus diecisiete años, que acompañada por la guitarra de su paisano ‘Nono Jero’, me despertó las sensaciones placenteras que me producían los cantaores de casta arriba citados, en el último tercio del siglo XX. 

Su recital lo abrió con media granaína –actualmente considerada como granaína- con especiales resonancias de don Antonio Chacón que cabalgaron entre Aurelio Sellé y Pepe Marchena, con cierto barroquismo. La misma estableció su solvencia para realizar la malagueña de Enrique ‘El Mellizo’, con musical melisma y con las referencias musicales de su casta, en especial de su abuelo, Fernando Fernández Monge “Terremoto de Jerez”. Posteriormente, se acomodó en un perfecto compás entre soleá por bulerías y bulerías al golpe de su tierra, manteniéndose con firme “jondura” en los ecos jerezanos, ligando los tercios con exquisita finura, y rematando con valentía tonal el estilo.

Las siguiriyas las acometió con una prestante salida que, en sí misma resultó casi un cante, con melismas ente Caracol y Mairena, como gustaba realizar a su abuelo, para meterse de lleno en el personalismo de Juan Junquera, con conocimiento y garra flamenca.

Se centró seguidamente en la creatividad del porteño Tomás ‘El Nitri’ en la misma tesitura de cante pleno de entrega y singularidad creativa, rematando por el citado personalismo con sonoridades ‘jondas’. Comenzó después recordando los matices creativos de Juanito Mojama por tientos, acercamientos a ‘La Paquera’ con aires personales, para derivar a los tangos con homenaje a Pastora Pavón por los ecos jerezanos, más con recuerdos de Francisca Méndez, preciosa reiteración de las resonancias de La Niña de los Peines, para finalizar con unas especiales notas flamencas entre ‘La Pirula’ malagueña y su paisana ‘La Paquera’. En los fandangos retomó el recuerdo de Manolo Caracol con intensas dosis de personalidad ‘terremotera’. Finalizó con bulerías con potencia cantaora, adecuado compás y prestante ritmo flamenco en la línea de los jerezanos. Hubo un bis por martinete que redondeó su calidad interpretativa y la amplitud de su repertorio flamenco.

​¡Vivan los jóvenes flamencos!

Rafael Valera Espinosa  


martes, 7 de marzo de 2017

Memoria flamenca. JOSÉ ANTONIO DÍAZ FERNÁNDEZ “CHAQUETÓN” (I)..

“CON LOS ARTISTAS DE ‘ZAMBRA’ FUI A NUEVA YORK EN 1964.”

Aunque peque de inmodestia, he de significar que la Peña Flamenca de Jaén siempre se ha distinguido por su afán de conocimiento y, por tanto, incidir en el esclarecimiento de las escuelas flamencas. Continuamente nos sonaba el nombre de Antonio Fernández de los Santos “Antonio El Chaqueta”. Sus cantes por cabales y romeras en la famosa Antología del Cante Flamenco, editada por Hispavox en el año 1954, en la que el iliturgitano Rafael Romero Romero “El Gallina” tuvo el máximo protagonismo, por ser el artista del madrileño Tablao ‘Zambra’ que más grabaciones aportó, nos inclinó a intentar conocer la saga cantaora de la figura flamenca de Algeciras. ‘Antonio El Chaqueta’ murió en 1980, y algo más de diez años después, establecido ya el prestigio de la revista Candil, el colectivo coordinador de la publicación y la Junta Directiva de la entidad, en beneficio del conocimiento, antes citado,  de las escuelas flamencas, intentó de primera mano conocer y publicar la historia de la saga familiar. ‘El Chaqueta’ representó en su máxima expresión cantaora a parientes artistas como su hermanos ‘Adela La Chaqueta’, ‘José el Chaleco’, ‘Tomás  El Chaqueta’, ‘Imperio de Granada’ y ‘Salvador El Pantalón’, primo de ‘Juan Doblones’ y ‘Canono’,  así como tío de ‘El Chaquetón’ y ‘El Flecha hijo’. Y por aquí van las preguntas realizadas en 1991.

Esta que sigue fue la introducción de la entrevista que, para los lectores de Candil, le realicé en 1991 a Jose Antonio Día Fernandez ‘Chaquetón’: “¡Enorme! Como la dimensión de la cultura y el arte con que se ha amamantado de unas de las ubres más sobresalientes de la provincia gaditana, la de ‘Los Chaquetas’.

Afable, simpático, sencillo y a la vez reivindicativo y enamorado de su arte y de los ecos de su tierra. Conocedor de los estilos del repertorio gaditano y de los personalismos más sobresalientes de ese rincón andaluz tan flamenco. Con estas características se presentaba José Antonio Díaz Fernández, más conocido por ‘Chaquetón’, en la Peña Flamenca de Jaén, para ofrecer a los aficionados jiennenses buena muestra de lo anteriormente referido. Tras sus Pcantes por granaína y malagueña, cantiñas-alegrías, soleares, tangos, siguiriyas, romance gitano, cantes mineros y bulerías, nos sentamos frente a frente para mantener el siguiente diálogo:

Rafael Valera: Lógico es que tus inicios flamencos se hayan producido en el seno familiar ¿Cómo fueron?

Respuesta: “Mi padre, ‘El Flecha de Cádiz’, tenía un bar en Algeciras que le llamaban ‘El Cuarenta y Uno’. Mi madre murió cuando yo tenía diez años. Como consecuencia de esto, mi padre se retiró una temporada del cante. Por aquel bar pasaban todos. Allí conocí a Pastora Pavón ‘Niña de los Peines’, a su marido José Torres Garzón ‘Pepe Pinto’, a Melchor de Marchena, a Pepe Marchena, que era muy amigo de mi padre. Recuerdo que cuando Pepe iba a Algeciras decía ¡Que llamen al Flecha de Cádiz que ya mismo estoy allí! Aquél día mi padre vendía en el bar una barbaridad. Y así fue como me fui metiendo de lleno en este mundo del flamenco.

Pero antes, con siete años y con mi hermano que se llamaba ‘El Flecha de Cádiz hijo’, cantamos en un concurso que organizaron los salesianos y me llevé el segundo premio. Me acuerdo que me tocó ‘Ramón de Algeciras’ y que decían que habían hecho trampa, que me tenía que haber llevado el primero.”

P: ¿Quién se lo llevó?

R: “El Primero se lo llevó un muchachito que no era ni fue cantaor. Lo que pasó es que el cura de los salesianos le tenía mucha simpatía. El salió cantando por Antonio Molina y yo por las cosas de mi padre. ¡Claro! Los aficionados que allí había hicieron los comentarios de que había habido trampa. Esa fue la primera vez que yo pisé un escenario.

Chaquetón entrevistado por Rafael Valera
Después murió mi padre y con doce años me tuve que venir a Madrid. Empecé a trabajar de camarero en la ‘Venta Manzanilla’, donde paraban entonces todas las figuras del cante. Con todo lo que tenía oído y lo que por aquél tiempo aprendí, además de lo que escuché en casa de mi tío ‘Antonio El Chaqueta’, pues me fui haciendo cantaor. Lo que tenía claro desde que tuve uso de razón es que iba a ser cantaor. A mí me preguntaban ¿Tú que va a ser? Y contestaba que cantaor. Así como mi hermano decía que mataor de toros... yo, cantaor.

La cosa es que mi padre no quería, porque la vida del artista de aquella época era muy distinta. Me encontré con que mi tío ‘El Chaqueta’ me decía lo mismo. Pero yo seguí en mis trece. Y así hasta los diecisiete años en que entré en ‘Zambra’. Formé parte del elenco del tablao porque ‘Pericón de Cádiz’ se enteró de cómo yo cantaba y porque, además, necesitaban un cantaor para irse –en el sesenta y cuatro- a la Feria Mundial de Nueva York. ‘Pericón’ le dijo a mi padre: ¡Antonio yo me he enterao de cómo canta tu hijo y queremos que esté con nosotros! Mi padre, muy reacio como siempre, le contestó que él me lo diría. Así fue como me uní a ellos y estuve en ‘Zambra’ todo el tiempo que ellos estuvieron de gira. Seguidamente, empezaron a salirme contratos para cantar fuera y yo los firmaba porque, además, ‘Manolo el de Huelva’ me aconsejaba que saliera fuera para que no me apoltronara. Así fue como empecé a recorrer todo el mundo. He estado cuatro veces en Japón, dos veces en la Unión Soviética, de cuya primera vez recuerdo que era cuando no iba nadie al país y que había que sacar un pasaporte especial. Y también he estado en otros muchos países.

En el año 1980 estuve en el Concurso Nacional de Córdoba, el único concurso donde he estado de profesional, y tuve la suerte de conseguir tres primeros premios, y ya empezaron a llamarme a Madrid para cantar en los colegios mayores, en las Peñas, etc.”
           
Revisando datos por la extrañeza que me ha supuesto recordar bastantes cosas flamencas de la época de la entrevista, lo de los tres primeros premios de Córdoba no me cuadraba, ya que he escrito en algunas ocasiones sobre el tema, y el único que consiguió tres galardones en el sistema antiguo del concurso –el mejor y más completo para mí- fue Benito Rodríguez Rey “Beni de Cádiz”, en el de 1970. La información con la que contaba en la fecha de la entrevista no era tan completa como –por la edad- la que disponga ahora.

Rafael Valera Espinosa

miércoles, 15 de febrero de 2017

Memoria flamenca. MANUEL LLERENA “EL CHATO DE LA ISLA” (I)

“CAMARÓN ES UN FUERA DE SERIE.”

El Chato de la Isla entrevistado por Rafael Valera
Estábamos en la primavera de 1990 y ya habían desaparecido singulares y eminentes artistas representativos del sello gaditano como Manolo Vargas o Pericón de Cádiz, herederos de Aurelio Sellés Nondedeu, el cual a su vez había establecido el seguimiento de la escuela de Enrique Jiménez “El Mellizo”. Cierto que había otros representantes de la referida escuela como Benito Rodríguez Rey “Beni de Cádiz”, o Juan Manuel Rodríguez Sarabia “Chano Lobato”. Mas, estos últimos acrisolaban en su arte una doble escuela, la aludida y la caracolera. Es menester señalar que nuestro protagonista también estaba subyugado por la citada dicotomía cantaora. Sin embargo, Manuel Llerena Ramos “El Chato de la Isla” era un poco –no mucho- más antiguo que los dos últimos. El afán del colectivo de la Peña Flamenca de Jaén era conocer de primera mano los ambientes cantaores gaditanos de la postguerra, de ahí que se reclamara la presencia del añejo cantaor de San Fernando para que cantara y nos relatara sus vivencias para la revista “Candil”.

Era menudo y con singular e inconfundible aspecto por su chatera. Alegre, jovial y, a pesar de su edad cuando le hice la entrevista, estaba pleno de vitalidad. Vino a la Peña de Jaén para constatar su ensolerado arte, el cual estaba impregnado de aires salineros y ecos de Manolo Caracol. ‘El Chato de la Isla’ era uno de esos cantaores a los que se cuajó la voz cantando en tranvías que hacían el trayecto entre San Fernando y Cádiz. Muchas fueron sus vivencias flamencas, y numerosos los artistas con lo que convivió. Al igual que otros intérpretes de su comarca cantaora, José Llerena Ramos emigró a Madrid, a comienzos de los sesenta, en busca de una vida más coherente con su arte, y que a la vez fuera compatible con la desarrollada en las ventas y tugurios de la zona que le vio nacer. Mantenía una auténtica devoción por Camarón de la Isla, enamoramiento que iba aparejado por los ecos de Manolo Caracol. Nacido en 1926, accedió a que le entrevistara para ‘Candil” con auténtico deleite.

Rafael Valera: ¿Cómo fueron tus inicios flamencos?

Respuesta:“Empecé desde muy chiquitito, tendría unos siete años. Comencé a cantar en los tranvías que iban de Cádiz a San Fernando por aquella época. Me quedé sin padre y tenía que mantener a mí familia, a mis hermanas, que eran mayores que  yo. Cantaba –como he dicho- en los tranvías, luego pasaba la gorrilla, cogía dos perrillas y llevaba que comer a mí casa todos los días. Casé a mis hermanas, que por cierto ya han muerto las pobres… De veinticuatro que tuvo mi madre, el único que queda soy yo, el más feo: ‘El Chato de la Isla’.

P: Normalmente ¿Cuánto sacabas en una jornada de cante en los tranvías?

R: “Pues sacaba mucho dinero. Yo estaba como si fuera inspector, me bajaba de uno y me subía en otro, me subía y me bajaba, así estaba todo el día y al final me iba a mi casa con los bolsillos llenos de perras. Los primero dos reales que ganaba me los daba el cobrador del tranvía para que picara la gente, luego se los devolvía. Así me tiré algunos años… lo menos seis u ocho. Después me fui a la Venta de Vargas y allí me tiré dieciocho o veinte años, y así fue como he ido pasando la vida.”

P: ¿En tu familia ha habido antecedentes cantaores?

R: “En la familia mía, mi padre cantaba muy requetebién, pero no se dedicaba a esto porque era patrón de barco de pesca, pero cantaba muy bien. Cantaba cuando tenía dos copas, pero no se dedicó al cante. Profesionalmente yo he sío el primero de mi familia. Bueno, aunque no se han dedicao tampoco a esto, en mi familia de los Pavones si hay algunos primos que cantan bien. Mi padre se llamaba Ramón Llerena Pavón. Mis primos están bien colocaos y ninguno se inclinó por el cante.”

P: ¿Y tus hijos, apuntan algo?

R: ¿Mis chiquillos…? ¡Ninguno! Les gusta el toque pero ninguno canta. ¡Bueno… tengo uno que canta!  Ya ves, lo más difícil… Uno que ha nació en Madrid canta gracioso, pero no canta las cosas del padre, canta las cosas de Camarón. Y es que le gusta el Camarón a rabiar y yo lo veo muy bien.”

P: ¿Tú conviviste con Camarón y Rancapino en tus años de cante en Cádiz?

R: “¡Si hombre! Rancapino me gusta mucho cantando porque canta gracioso y me gusta a mí. Canta con cierta fatiguita, pero muy a compás y con mucho ritmo, canta muy requetebién. Y del Camarón ¿qué quieres que te diga…? Que es un fuera de serie, lo mejor que ha dao la historia. No de ahora, sino de hace muchísimos años.”

P: Volviendo a tu vida y a tu cante en los tranvías… ¿la gente te solicitaba los cantes?

R: “¡No, qué va! Yo cantaba lo que me salía y así trincaba. Cantaba fandangos, bulerías, alegrías… Lo que me salía en el momento, después pasaba mi gorrilla y a trincar. Como he referido, siendo ya mayor pasé a la Venta de Vargas y después a Madrid.”

P: ¿Con quién alternabas en la Venta de Vargas?

R: “Allí ha estao Fosforito, que entonces estaba haciendo la mili y allí nos buscábamos la vida los dos. También estuvo mi compadre Fernando Terremoto… Hasta Canalejas de Puerto Real estuvo cantando con nosotros. Caracol también ha cantao en la Venta, Juan Valderrama también estuvo allí… Por la Venta de Vargas han pasao muchos artistas.”

P: ¿Se vivía mejor entonces mejor el flamenco?

R: “Ahora se vive mejor que antes. Entonces se pasaban muchísimas fatigas para poder vivir con el flamenco. Primero que te pagaban muy poco y te tenían toa la noche para ganar veinte duros. Y además te decían… ¿Qué quieres…? Yo trabajo ocho horas para ganar quince duros y encima te pago veinte. Era una época jodia. ¡Ahora sí! Había otra solera, otra cosa, otro… ¡Yo qué sé cómo explicarlo…! No sé explicarlo porque soy un analfabeto, pero había otra solera, otro compañerismo, gente más sana. Ahora hay más picardía. En aquél tiempo me llevaba muy bien con Fosforito… Eramos como hermanos. También con otro cantaor que se llamaba ‘El Chaqueta de Chiclana’ que ya no se dedica a esto.”

Continuará.

Rafael Valera Espinosa

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Por soleá. CONCURSO NACIONAL DE ARTE FLAMENCO.

Generalmente, para identificar el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba solamente hay que referirse al “Nacional de Flamenco”. Desde el año 1956, se ha venido identificando como el certamen más completo de la historia de nuestro arte. A lo referido han contribuido figuras como Antonio Fernández Díaz “Fosforito”, ganador absoluto de los cuatro primeros premios del celebrado en 1956; el linarense Gabriel Moreno que se alzó con el Premio de Honor por siguiriyas en la primera fase de 1957, que daría opción a la final de 1959, siendo el Premio de Honor en la misma para Juan Talega; Antonio Mairena, que consiguió la “Llave de Oro del Flamenco”, en el desarrollado en 1962; José Menese Scott, el cual alcanzó el Premio de Honor “Tomás El Nitri”, en 1965; las bailaoras Matilde Coral y Merche Esmeralda que compartieron en 1968 el Premio de Honor Encarnación López “La Argentinita”; o Benito Amós Rodríguez “Beni de Cádiz”, que fue premiado en 1971 con el “Diploma Especial Silverío”.

He de señalar destacados cantaores que consiguieron tres premios como Curro de Utrera y Sernita de Jerez en las aludidas fases de 1957 y 58. Posteriormente, en un mismo concurso, Juan Talega se alzó con dos premios en 1959, por siguiriyas y cantes de fragua, y soleares y polo. José Domínguez “El Cabrero” en 1980 consiguió los “Mercé La Serneta” y Manuel Reyes “El Canario”. En el X Concurso de 1983, fue Juan Moreno “El Pele” el que obtuvo los premios “Mercé La Serneta” y el “Pastora Pavón”. En el año 1986, José Mercé igualmente se alzó con los mismos que cantaor cordobés. Y en 1992, el linarense José Heredia “Joselete”, también consiguió dos p
remios, el “Manuel Torre” y el “don Antonio Chacón”. Hasta aquí lo más significativo.

Todo lo que antecede representa diversidad, amplitud concursal por estilos, especialidad en determinadas disciplinas, amplio número de artistas profesionales y noveles en liza, numerosas jornadas de clasificación y buen flamenco para los cordobeses y foráneos visitantes, acaparación nacional de la fiesta de la primavera con la complementación del concurso de patios, y sobre todo, primacía flamenca y prestigio internacional.

Con el nuevo sistema implantado en 2010, solo son tres los ganadores del citado certamen (uno por cada disciplina flamenca), mientras que por el establecido desde 1965, los premiados eran siete en el apartado de cante, seis en el de baile y dos en el de guitarra, sin contar con los premios de honor. Por este anterior formato, Córdoba se llenaba de arte durante más de veinte días, amén de los espectáculos complementarios. Todo un universo flamenco cada tres años. En estos últimos tiempos solo nueve días y de forma expedita. Esto último conlleva a que muchos aspirantes no acudan a su convocatoria. El Nacional de Córdoba se ha convertido -arropado por su prestigio- en un concurso más de los muchos existentes, lo cual no limita su decadencia en un futuro. ¡Ojo! No recortemos también en nuestro arte.        

Rafael Valera Espinosa

viernes, 9 de diciembre de 2016

Por soleá. ¿PRIMERAS FIGURAS DEL FLAMENCO?

Semanas pasadas, con motivo del V Congreso Internacional de Peñas Flamencas de Málaga. Uno de los organizadores, Diego Pérez, a su vez Presidente de la Federación Provincial de peñas malagueñas, en la presentación del mismo argumentaba que estaban desapareciendo las primeras figuras del arte flamenco: “Se echa de menos a cantaores como Juan Peña “Lebrijano”, José Menese, Camarón…” A veces, muchos aficionados consideramos que este tipo de declaraciones tienen cierto tipo de nostalgia por lo vivido en estos últimos cincuenta años, mas no sin razón.

Desde el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba de 1956, siempre ha existido un colectivo de cantaores flamencos (solo me voy a limitar al cante) que han estado en lo alto del escalafón: Juan Talega, Antonio Mairena, Rafael Romero, Manolo Caracol, Canalejas, El Sevillano, Fosforito, Juan Varea, Bernardo el de los Lobitos, etc. Más tarde, en la década de los sesenta continuaban muchos de los citados y, además, se les sumaban Chocolate, La Paquera, Terremoto de Jerez, Manuel Agujetas, Manuel Mairena, Pepe Menese, Beni de Cádiz, Lebrijano… Al comienzo de los setenta ya eran figuras Chano Lobato, Camarón, Enrique Morente, Calixto Sánchez, Carmen Linares, Diego Clavel y muchos más.

A partir de los ochenta, la nómina se fue diversificando entre los que se mantenían en la línea ortodoxa y los que iniciaban nuevos movimientos o adaptaciones vanguardistas de nuestro arte como los citados Enrique Morente y Juan Peña “Lebrijano”, y otros de enjundia y prestancia flamenca como Vicente Soto “Sordera”. En esta década comienzan a sobresalir artistas ganadores del Concurso cordobés como El Cabrero, El Pele, José Mercé, Vicente Soto “Sordera”, Mayte Martín… Mas, la mayoría de estos últimos no han alcanzado el liderazgo flamenco de los referidos de  épocas anteriores. Que conste, nadie duda de su calidad flamenca y del disfrute que nos producen sus grabaciones e interpretaciones en festivales, pero estás figuras de hoy pienso que no mantienen la misma tesitura –o no se les solicita su colaboración-  como las anteriores a acudir con modestia económica a los añejos espectáculos mayoritarios de Andalucía.

Tengo la alegría de comprobar cómo las nuevas figuras del cante flamenco mantienen un nivel de calidad interpretativa y de conocimientos sobre nuestro arte como no ha existido nunca. Considero que esta circunstancia predispone a crear su propia escuela flamenca y a no considerarse seguidores de un artista consagrado. Lógico y legítimo. Sin embargo, particularmente para mí, y por citar un ejemplo, ni a La Paquera ni a Beni de Cádiz los considero “caracoleros”, aunque también. Solo hay que detenerse en su escucha y analizar cuál es la estructura y la sonoridad de su cante. La primera, la considero de Pepe Pinto y de los que le antecedieron, la segunda es ciertamente caracolera, pero con singular personalidad, lo mismo que en la actualidad evoca El Pele.

Reitero que hay muchos, magnificos, prestantes y buenos/as cantaoras/es flamencos actualmente ¿Pero tienen liderazgo en el escalafón o en el caché artístico?

Rafael Valera Espinosa  

viernes, 23 de septiembre de 2016

Por soleá. LA PERMANENTE CREATIVIDAD DE RAFAEL ROMERO.

Es menester señalar que la mayoría de maestros de nuestro arte han tenido mentores que les han ido inculcando sus enseñanzas y, a la vez, han procurado promocionar sus valías para que alcanzaran su propio estatus. Es lo que conocemos como la revalorización de lo establecido para crear e innovar con criterio agradecido de las fuentes creativas en las que se han formado. Pienso que esto es el verdadero acicate para ir engrandeciendo la divulgación del arte flamenco. Manuel Torre procuró y consiguió enaltecer las cualidades adquiridas de artísticos maestros como El Viejo de la Isla, Manuel Molina, El Loco Mateo, Paco La Luz o Joaquín Lacherna, y, de esta forma, crear su propia personalidad, redondeada con su conocido cambio de remate por siguiriyas. Y junto a él, añejas figuras como don Antonio Chacón, La Niña de los Peines, Aurelio Sellé o Manolo Caracol.

Bien es cierto que nuestro comprovinciano Rafael Romero –no valorizado como se merece- igualmente ha tenido una progresión flamenca en cuanto a recrear lo aprendido. Muchas son sus aportaciones a determinados estilos como la caña, la serrana, la petenera, los tientos, el mirabrás, las siguiriyas, las farrucas, los garrotines, las guajiras, la debla, los jaleos extremeños, los villancicos flamencos, las romeras, etc. A lo que hay que sumar sus cantes de la madrugá (primigenios de los cantes mineros) y muy especialmente sus rondeñas. Es en este último cante donde Rafael figura como auténtico creador nato –no recreador- de un estilo flamenco.

Considero que, en cierto modo, su creación ha pasado de puntillas. Cierto que este es un estilo que, según los estudiosos, tuvo su inicio en el arte de una legendaria cantaora conocida como Ana Amaya Molina “Anilla la de Ronda”, mas no está configurado su origen plenamente en lo referido. Pero ha sido Rafael Romero, el gitano de Andújar, el que ha consolidado su creación como clásica. Y recordar su singularidad por este estilo no es de actualidad, aunque también. En la década de los sesenta del pasado siglo, artistas de la talla de Benito Rodríguez Rey “Beni de Cádiz”, ya las tenía como primordiales en su repertorio, e incluso las grabó. Otros como José Menese, Rosario López, Miguel Vargas, José el de la Tomasa, Enrique Morente… y muchos más, las utilizaron como continuadoras de sus malagueñas para rematar este grupo de cantes.   

En la actualidad, la creación de Rafael Romero por rondeñas se ha quedado como un cante clásico en la derivación de las malagueñas hacia los cantes abandolaos, los cuales suelen ser redondeados por la rondeña de “El Negro”, las que popularizara Silverio Franconetti a mediados del siglo XIX, y que fueron grabadas por Antonio Pozo “El Mochuelo”, en 1907. Sin embargo, he de insistir en que las de Rafael son las más populares –las grabó primeramente con aires de los fandangos de Huelva y, posteriormente, como las conocemos en la actualidad, con ecos abandolaos- de los flamencos actuales.



Rafael Valera Espinosa  

domingo, 18 de septiembre de 2016

Por soleá. FERNANDO CANALEJAS.

Se llamaba Fernando Pérez Mesa, mas en Jaén siempre ha sido conocido como Fernando Canalejas. Escuché las primeras referencias sobre su persona de boca de su padre Juan Pérez Sánchez “Canalejas de Puerto Real”, cuando yo contaba catorce años y el artista porteño subía a La Voz de Jaén a grabar sus cantes por saetas para ser emitidos durante la cuaresma, programados cada hora y patrocinados por la antigua y única Compañía Telefónica Nacional de España, a la vez que establecía contactos con el que sería el último letrista de sus cantes, Manuel Mena Domínguez y, a la vez, con el músico José Cuadrado Pérez. “Tengo un hijo con una magnífica voz –se refería a Manolo Canalejas- y un teórico del cante –este era Fernando- que canta bien, pero que sabe más de este arte.”

Después me reclamaba Fernando Arévalo -para en horas intempestivas y que no contaran como extraordinarias de los profesionales de turno- les grabara un programa flamenco que idearon ambos, el cual posteriormente (y tras surgir nuestra amistad por mi afición) retomé por su maestría teórica que se emitió durante cinco años. Por lo referido, Fernando Canalejas fue mi primer maestro en estos menesteres. Posteriormente nuestra amistad se acrecentó, vivimos con pasión muchos festivales en los que me aclaraba conceptos explicativos de las escuelas flamencas hasta que ciertas diferencias teóricas nos separaron sin desunirnos en la amistad. 

Él defendía a capa y espada la escuela del gaditano Aurelio Sellé “El Tuerto de Cádiz” por soleares y siguiriyas. Yo discrepaba –en función de mis adquiridos conocimientos establecidos por otros amigos como Ángel García- que Aurelio era un maestro, mas sin facultades para establecer la grandeza primigenia de los cantes gaditanos, la cual si habían establecido Juanito Mojama, Pericón de Cádiz o Benito Rodríguez “Beni de Cádiz”, y me extrañaba que –pienso que por reparos éticos y personales- no resaltara en más ocasiones a su padre, maestro donde los hubiera de los cantes gaditanos. 

Era persona de ancestrales costumbres gaditanas y jaeneras. En Viernes Santo se obligaba a venerar a Nuestro Padre Jesús “El Abuelo” con su traje azul marino. Sus vacaciones no podían –por respeto y cariño a su familia paterna- ser fuera del flamenco pueblo de Puerto Real. Sus tertulias siempre en lugares famosos de buen vino. Y sus sentimientos incardinados hacia nuestro arte y su inefable Andalucía. “Soy del Sur, de Andalucía, la tierra más culta y de más arte del mundo conocido. Diez mil años hace que sobresalieron los Tartesios…” Decía y con razón. 

Fernando Canalejas siempre defendió su cultura flamenca, raíces artísticas, las formas simples de los andaluces y sus reivindicaciones generales sin menospreciar las de otras poblaciones cercanas a nuestros entornos geográficos. Casi nunca comulgaba con lo no establecido como andaluz aunque lo tolerara, mas siempre constatando con determinada diplomacia sus opiniones ante planteamientos diversos. La naturaleza no le dio la voz adecuada para expresar el arte flamenco con rotundidad, pero sí el conocimiento.

Rafael Valera Espinosa

miércoles, 11 de abril de 2012

Crónica. COMPAS Y RITMO SALINERO EN DAVID PALOMAR

Cádiz siempre se ha distinguido en general por la gracia, viveza, alegría y desenfado de sus gentes. En el flamenco lo ha establecido por su primigenia creación, por sus jondos y emocionados sentimientos, y también por estructurar el compás y el ritmo de los estilos como los mejores. De ahí que su escuela cantaora representada por artistas –no quiero citar a las numerosas figuras creadoras que no han grabado- de la talla Aurelio Sellé, Manolo Vargas, Pericón de Cádiz, y los más cercanos Beni de Cádiz o Chano Lobato, hayan marcado la esencia cantaora y festera de su tierra.


David Palomar representa a la última generación gaditana que se arroga con prestancia la continuación de la escuela citada. Todo su repertorio flamenco (su final fue algo cupletero) lo basó en los estilos que representan las cadencias, ritmos y companses empleados por sus admiradas y citadas figuras. En las bulerías iniciales con letras alusivas a las chuflillas de su tierra, recordó con personalidad propia a maestros como Ignacio Ezpeleta, Manolo Vargas y Pericón de Cádiz., manteniendo con soltura la aludida prestancia del ritmo y el compás.

Las siguiriyas las abordó con la dificultad que supone evocar a un maestro como Antonio Mairena por la creatividad primera del porteño Tomás el Nitri, progresando en resolución tonal hacia el jerezano Tío José de Paula con entremezcla de las improntas artísticas de Tía Aníca La Piriñaca y Mairena, ofertando después el jondo sentimiento del estilo por la creatividad de Curro Durse con aproximaciones tonales a Manuel Agujetas, para establecer un resolutivo final por la cabal de El Fillo.

En las cantiñas-alegrías volvió a constatar su cuna natal con el posicionamiento en los ritmos y compases de Pericón de Cádiz establecidos con conocimiento y singularidad artística, para seguidamente demostrar lo primigenio de la jota gaditana en la conformación de este grupo de cantes, y volver a resaltar el compás y la gracia que por aquí marcaron Aurelio Sellé y Chano Lobato. En las continuadoras malagueñas, David quiso igualmente establecer su inquietud musical por encontrar nuevos aportes con el recuerdo de la creatividad de su comprovinciano Francisco Lema “Fofosforito”, mas edulcorando la melodía con ciertas aproximaciones a Morente y determinada falta de estructura melódica por evocar los barrocos melismas del granaíno; mejor y más centrado estuvo en la de su paisano Enrique el Mellizo por las resonancias de Aurelio.

En cuanto a las soleares, Palomar concibió un recorrido que favorecía la adecuación rítmica del estilo, así como sus condiciones tonales. Comenzó por Juaniquín de Lebrija para establecer los ecos de Curro Frijones con tonos de Agujetas y poder meterse de lleno en Enrique el Mellizo, seguidamente se subió a los matices trianeros de Ramón el Ollero, para descender hacia la especial y campesina personalidad de El Chozas de Jerez  y finalizar por su paisano Paquirri el Guanté. En los tanguillos reiteró el establecimiento de las personalidades de Chano Lobato y Pericón de Cádiz, principalmente. Y en las bulerías se olvidó del acelerado ritmo de su tierra para centrarse en los ecos de Jerez y ciertas modernidades de Pansequito del Puerto, así como puesta en escena de Beni de Cádiz, con coplas que se adaptan poco al ritmo y compás del estilo.

Buen recuerdo el establecido de Diego el del Gastor por la guitarra de Ricardo Rivera, con fases en las que demostró cierta sensibilidad musical y determinado virtuosismo, a la vez que se acoplaba con precisión en el diapasón y cierta búsqueda de nuevos argumentos musicales con su acompañado.
Rafael Valera Espinosa
Presidente de la Peña Flamenca de Jaén
Flamencólogo