Mostrando entradas con la etiqueta Agujetas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Agujetas. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de mayo de 2018

Crónica flamenca. PEPE ‘EL BOLECO’, AÑEJA PRECOCIDAD CANTAORA.

En la segunda jornada de la XXXIII Semana de Estudios Flamencos de la Peña de Jaén, la voz sensible, amable, ‘jonda’ y poética de Juan Antonio Ibáñez, jiennense-granaíno, granaíno-jiennense, cofundador de la revista Candil, productor de programas flamencos en su día, estudioso de nuestro arte, y poeta flamenco a la vez, se tradujo en un alarde de conjunción versátil entre Miguel Hernández y Enrique Morente, a la vez que constató su dosis compositivas para el verso flamenco.

En su exposición nos recordó, primeramente, momentos peñísticos jaeneros vividos con Juan José Fernández Trevijano “Trevi” para, seguidamente, relatar la sensibilidad musical de Enrique Morente en su disco homenaje a Miguel Hernández. Citó que los ‘escritores cultos llegan al flamenco y este les recibe’; también que Miguel Hernández se convirtió en ‘hacedor de versos’ o, como ‘el flamenco encaja perfectamente en la voz poética de Miguel’.


Subrayó que Morente encumbró en época difícil (1971) y con valentía la poesía del autor de ‘Viento del Pueblo’, y la prestancia de sus poemas para ser cantados por los diversos estilos de nuestra música, iniciativa ésta que además de Enrique han tenido –citó- artistas de la calidad de Carmen Linares, Miguel Poveda, José Mercé, o ‘Camarón de la Isla’.

En una especie de segunda parte de su conferencia, Juan Antonio Ibáñez también nos leyó composiciones de su reciente obra poético-flamenca ‘En la esquina del duende’, en las que ‘Paco de Lucía’, ‘Mario Maya’, ‘Diego Clavel’ o Rafael Romero… han sido figuras inspiradoras de su amor por el flamenco.

La parte cantaora de la jornada la completó un joven de 16 años nacido en La Puebla de Cazalla (Sevilla) de recia voz, con influencias de ‘Chocolate’ y ‘Agujetas de Jerez’, que viene marcando una remembranza de los ecos más añejos del flamenco. Algo así como hizo en los primeros años de la década de los sesenta el jovencísimo (15 años) José Sánchez Gómez ‘Pepe de Lucía’, junto a su hermano ‘Paco de Lucía’ cuando grabaron el disco ‘Los Chiquitos de Algeciras’.

El recital lo comenzó con una caña netamente basada en la estructura musical que Rafael Romero le infundió en su tiempo, bien marcadas la salida, los cuerpos del estilo y la creatividad del iliturgitano con su ‘Arsa y viva Ronda…’, así como la prestante soleá del trianero ‘Machango’. Mas, la fuerza de su pellizco, de su entrega, de su ‘sonio negro’, fueron patentizadas por siguiriyas y un prestante recuerdo de Manuel Torre, y muy concretamente por el cambio que el jerezano creó, realizados con singularidad e influencias de Antonio Núñez Montoya ‘Chocolate’.

Cambió de terció y se centró en el rimo del dos por ocho de los tangos con más resonancias ‘chocolateras’ y unos aires de Extremadura en los que también aportó evocaciones de ‘Camarón de la Isla’. Las soleares fueron abordadas con sentida salida en la línea del ‘Torre’, para en la letra establecer forma y recuerdo de Juan Talega, del jerezano ‘Juaniquín de Lebrija’, ciertos aires de ‘El Mellizo’ y un potencial remate por ‘Juaniquín’. Sus bulerías las estructuró en el ritmo y compás que practicaba ‘Agujetas de Jerez’, el cual las denominaba ‘bulerías pa cantar’, algo así como bulerías por soleá, también con recuerdo de ‘Tío Borrico’ y sonoridades del citado ‘Juaniquín’. Finalizó por fandangos con un claro homenaje a ‘Chocolate’.

Nuevamente, Antonio Carrión estableció un toque de acompañamiento pleno de sabiduría flamenca, de entremezcla personal de los acordes de viejos maestros destacando el recuerdo de ‘Diego el del Gastor’, de falsetas singulares matizadas de virtuosismo creativo, dominio del diapasón, poderío en la prima, y calidad en la variedad de tonos flamencos para encaminar el arte de su acompañado.

Rafael Valera Espinosa
(crítico flamenco y vicepresidente
de la Peña Flamenca de Jaén)



miércoles, 4 de abril de 2018

Memoria flamenca. FERNANDO CARRASCO VARGAS ‘FERNANDO EL DE LA MORENA’ (I).

 “HE ESCUCHADO A ‘TIO BORRICO’, ‘TIO CUQUEJO’, ‘MARIA BALA’, ANTONIA ‘LA PEÑA’… “

Fernando el de la Morena entrevistado por Rafael Valera
(foto de Samuel Bueno)
Pocas veces vino a Jaén. Su trayectoria profesional empezó tarde, por tener sus espaldas cubiertas con varias empresas. Los aficionados jiennenses –verdaderos amantes del arte jerezano- quisieron que expusiera su ancestral arte y lo contrataron en el otoño de 1998. La entrevista se realizó por su interés y el nuestro en que figurara en las páginas de Candil, y porque consideré que podía contarnos numerosas cuestiones sobre el flamenco de su tierra.

Esta fue mi presentación a los lectores de la revista: “Fernando Carrasco Vargas ‘Fernando el de la Morena’, se nos presenta sereno, expectante y deseoso de responder a mis preguntas con la frase: ‘¡Ya era hora de que os acordarais de mi! Orgulloso de su linaje y de su cuna ‘santiguera’, muestra una y otra vez su pasión por los cantes de su tierra, las siguiriyas y las bulerías ¡Eso sí… sin olvidarme de las soleares! Está satisfecho de su soniquete flamenco y de sus vivencias. Desarrolla una especial filosofía en sus respuestas y siempre antepone la conservación de las raíces flamencas ante cualquier nuevo movimiento innovador. Tiene los criterios claros sobre el baile flamenco; ensalza y valora con pasión el arte de ‘Tío Borrico’, ‘Tío Manuel Sordera’, ‘Manuel Agujetas’ o ‘Fernando Terremoto’. Recuerda con especial nostalgia su época de taxista, por lo vivido y aprendido durante la misma, y nos sorprende con una memoria amplia y un lenguaje cultiparlante.”

Pregunta: ¿Quién fue ‘La Moreno?

Respuesta: -“¡Es mi madre!”

P: ¿Tú casta cantaora?

R: -“Nosotros estamos emparentados con los Jiménez, los ‘Colas’, los Morenos o ‘Moraos’… Pienso que tenemos bastante arte en nuestra sangre.”

P: ¿Cuándo comienza tu trayectoria artística?

R: -“Pues como la de cualquier gitanito de Jerez. Cuando era chiquillo, digamos, la lista de las parroquias donde había bautizos no era que la repasara, pero sí que me enteraba bien dónde había uno de los nuestros. Por aquél tiempo, era muy normal que se corriera la voz de quién bautizaba. Tío Fernando, Tío Pedro… Aquello funcionaba mejor que la agencia Efe. Entonces llegaba yo a la fiesta correspondiente y no paraba hasta desgañitarme.
Luego, como eran de otra generación, yo escuchaba a los viejos del lugar. Entre ellos puedo citar a ‘Tío Borrico’, ‘Tío Cuquejo’, ‘Mari Bala’, Antonia ‘La Peña’… Ya te he dicho que era muy chiquitito y vivía en la calle Nueva, donde ‘Terremoto de Jerez’. Y estaba en todo el cogollo porque me gustaba. Recuerdo cuando ‘La Perla de Cádiz’ –que en gloria esté ese peazo de cantaora- venía a Jerez a casa de ‘Tío Paulera’, la casa de ‘Los Mercé’, a la que también venían ‘Chano Lobato’, el tío de Juanito Villar, ‘Jineto’, y muchos más. Todos venían de fiesta porque en aquél tiempo ninguno era profesional, pues yo tengo 53 años y ellos eran entonces bastante jóvenes. De todo eso me he empapao yo. Luego viví la ‘gañanía’ de aquella zona y siempre había un manijero que sabía cantar. Por eso te digo que tuve la gran suerte de absorber toda aquella cultura.”

P: ¿Cuándo te haces profesional?

R: -“La primera vez que seriamente yo me subí a un escenario la culpa la tuvo un buen amigo mío que era relaciones públicas de la Peña Flamenca ‘La Buena Gente’, de Jerez, hermano del ‘Tequila’. Total, que me convenció y así empecé, porque una cosa es cantar entre nosotros y otra es tener la responsabilidad de subirte arriba.

A partir de ahí, puedo decir que tengo un currículo bastante extenso. Poquito a poco fui haciendo colaboraciones en discos, primero con Juan Peña ‘El Lebrijano’ en un disco que se llama ‘Fiesta en Lebrija’. Luego fueron con ‘Tío Borrico’, ‘Tío Manuel Jero’ –el padre de ‘Periquín y otros- que se buscaban la vida en una cosa que se llamaba ‘La Venta Flamenca’, y como yo era taxista y transportaba a la gente, Pedro Peña que estaba allí, me dijo que subiera al escenario y así hice también actuaciones.

Más tarde volví a colaborar con ‘El Lebrijano’ en el disco ‘Tierra’, y con ‘Manuel Parrilla’ en ‘Así canta nuestra tierra en Navidad’. Hace tres años tuve la suerte, por mor del primo Manuel Moreno ‘Moraito’, de grabar un disco en solitario con él. Digo esto porque desde que tenía edad temprana y me subí arriba, tenía inquietudes por hacer esto. Pero tuve la suerte también de colocarme en una multinacional, ‘Bimbo S.A.’, pan y pasteles… Como tenía muchos niños, esto parecía más seguro. Los señores estos me han aguantado 26 tacos, pues no me dediqué por completo al flamenco. No por cuestión crematística, siempre he tenío el afán y la inquietud de subirme arriba, entre otras cosas porque consideraba que yo tenía algo que poder ofrecer, que podía expresar formas de esta cultura musical nuestra. Ahora pienso, aunque parezca que es tarde, pero nunca es tarde si la dicha es buena, de dedicarle toda mi atención y todo mi corazón al cante.”

P: ¿Participaste en los ‘Jueves Flamencos’ que organizaba ‘El Morao’?

R: -“No tuve esa gran suerte, pero sí en otras actividades que también organizaba ‘Tío Morao’. Recuerdo que gané un segundo premio en un concurso de bulerías.”

P: ¿Y en qué otros espectáculos importantes has participado?

R: -“Estuve en uno que se llamaba ‘La tierra lleva el compás’ con bastante gente de Jerez; ‘Ayer, hoy y mañana del flamenco’, donde actuaba Manuela Carrasco; dos veces en la Bienal de Sevilla, este año con un espectáculo que presentó ‘Manuel Parrilla’; un maratón flamenco que presentó José Luis Ortiz Nuevo, donde también actuaron Carmen Linares, Calixto Sánchez y no sé cuantos más, hasta treinta de nosotros. También he estado en Francia.”

Rafael Valera Espinosa

lunes, 25 de septiembre de 2017

Memoria flamenca. CAYETANO FERNANDEZ GONZALEZ ‘NANO DE JEREZ’ (II).

“PARA MI ANTONIO MAIRENA ERA EL MAESTRO DEL CANTE.”

Nano de Jerez (foto: Pepe Pamos)
Cayetano Fernández González “Nano de Jerez” siempre ha sido un gran defensor de Antonio Mairena. Casi todos los artistas jerezanos también han venido alabando la figura del maestro de los Alcores. ¡Casi todos, no todos! Sin embargo, mis apreciaciones establecidas en las numerosas visitas que a la comarca realicé me aconsejaron que no resaltara mucho mi admiración por el maestro de Mairena del Alcor, pues los colectivos de las diferentes peñas flamencas jerezanas de la década 1975-85 (‘Los Cernícalos, ‘La Buena Gente’, ‘Peña Fernando Terremoto’, ‘Peña Juan Vargas ’El Mono’, ‘La Bulería’, ‘Centro Cultural don Antonio Chacón’, ‘Peña Manuel Carpio ‘El Garbanzo’, etc., defendían más su idiosincrasia flamenca local que los grandes esfuerzos que Antonio Mairena había realizado por encumbrar el arte jerezano. Cuando ‘Nano de Jerez’ me detalló su pena por no tener presencia en su tierra como figura de nuestro arte, intuí que era por su defensa del arte de Mairena. Y por ahí continuó la entrevista de 1994.


Pregunta: ¿Era Antonio un cantaor de cerebro más que de corazón?

Respuesta: Antonio era un cantaor de cerebro, de corazón y garganta. A Mairena había que escucharlo en las fiestas, en las que pasábamos en Alcalá de Guadaira… porque Antonio era un enamorao del cante de Alcalá y muy especialmente de Joaquín el de la Paula. Cuando Antonio abría la boca destemplaba too lo que estaba alrededor suyo. Algunos dicen que Antonio era frio y yo digo que eso no es verdad, que escuchen la discografía de Antonio y lo comprobaran; y si, además, tienes la suerte de poseer grabaciones suyas de fiestas flamencas, creo que se reafirmará lo que yo digo. Tengo una cinta de la peña de Morón que, tras escucharla, te quedas pasmao. Pero no hace falta esto, solo con escuchar ‘Al calor de mis recuerdos’ te tienes que dar cuenta de la dimensión cantaora que tenía Antonio. Yo tuve la suerte de hacerle compás en ese disco y cuando cantó la soleá de ‘Charamusco’ nosotros nos quedamos como hipnotizaos de lo que nos entró en el cuerpo. Para mí Antonio era el maestro del cante.

P: ¿Te contó Antonio su encuentro con ‘Charamusco’?

R: A mí me dijo que ‘Charamusco’ era un gitano muy gracioso, que hacía unos cantecitos… Me decía que era un gitano con una forma muy especial de ser y que a él le gustaba juntarse con ese gitano. Tú sabes que Antonio era muy raro. A mí me costó mucho trabajo el que Antonio confiara en mi persona, tuve que demostrarle muchas veces mi amistad, y a pesar de ello algunos que otros desaires sufrí, hasta que ya confió en mí. Nos veíamos casi todos los días en Sevilla y yo le tenía un respeto enorme, hasta el punto de que a veces no podía tener conversación con él porque no me salían las palabras. Cuando quería verlo lo llamaba por teléfono, aunque él me decía que no lo hiciera, que fuera a su casa como si fuese mía. Recuerdo un día que vino mi padre a verme a Sevilla y fuimos a verle; estuvieron hablando de cante siete u ocho horas, porque Antonio todo lo que tenía en sus labios era cante. Antonio solo ha vivido pal cante, y creo que si algo tenemos lo que vivimos de esto actualmente se lo debemos a Antonio. El ha puesto el primer puntal para que tengamos un vivir los artistas, porque creo que estamos viviendo bien ahora los artistas.

P: Volviendo a tus andanzas artísticas, cuéntame qué eran ‘Los Jueves Flamencos’.
R: Aquello era como un festival para promocionar a los jóvenes valores de Jerez. Era un espectáculo que organizaba ‘El Morao’, y recuerdo que cuando yo despunté también lo hicieron ‘Ana Peña’ ‘El Gasolina’, ‘El Moneo’, ‘El Berza’… Muchos artistas que mostraban que tenían madera. Siempre actuábamos en la primera parte, luego, en la segunda ya cantaban los consagraos como ‘Chocolate’, ‘El Sordera’, ‘Agujetas’… Pienso que aquello estuvo muy bien montao porque se destacaba el que valía.

P: Como artista que has actuado en los tablaos ¿En ellos se canta para el aficionao o para el turista?

Nano de Jerez en la Peña Flamenca de Jaén
R: Actualmente para el turista, hace catorce años atrás cantábamos pa los aficionaos. Cuando yo actuaba en ‘Los Gallos’ recuerdo que allí iba toda la aristocracia de Sevilla que entendía de flamenco, la gente del toro y los buenos aficionaos de las provincias y de Madrid que iban de negocios. Y casi siempre salían muy contentos, porque había un plantel de bailaoras que todas tenían un premio en Córdoba. Allí bailaban Loli Flores, Carmen Albéniz, Merche Esmeralda… Y de cantaores te puedo decir que por ‘Los Gallos’ han pasao desde Mairena hasta ‘La Paquera’. Hoy, incluso en ‘Los Gallos’, todos los tablaos se llenan de turistas y te ponen en el escenario a una niña que la acaban de sacar de la academia tocando muy bien las castañuelas y ya está. Ese es el flamenco que allí se escucha.

El flamenco está repartío en dos o tres partes. Yo no le llamo flamenco a lo que hace ‘Ketama’, ni ‘Pata Negra’. Yo le llamo flamenco a un buen cante por soleá o siguiriya, con un buen acompañamiento solo de guitarra. El flamenco actualmente se puede escuchar con pureza en las peñas, porque gracias a ellas todavía se puede disfrutar un buen ‘palo’.

P: ¿Cómo se te ocurrió presentarte en Córdoba?

R: Porque me pincharon, me insistieron los amigos. Y tuve la suerte de traerme el premio de ‘La Niña de los Peines’ (tientos, tangos y peteneras). Aquél mismo año ‘Rancapino’ se llevó el premio por alegrías (el Enrique ‘El Mellizo’) y Luis de Córdoba el de don Antonio Chacón (granaínas, medias granaínas y fandangos). Tuve la suerte de que me cogió bien y gracias a Dios tengo ese recuerdo tan bonito.

Esclareciendo este último tema, ‘Nano de Jerez’ no ganó el citado premio en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba del año 1977, pues quedó desierto. Cierto que él obtuvo el único accésit del citado galardón, lo cual se puede considerar como el mejor intérprete por los estilos que el mismo englobaba en aquella época. Es decir, el ganador sin título.

Rafael Valera Espinosa

jueves, 21 de septiembre de 2017

Por soleá. MANOLO SANLÚCAR. MÚSICO FLAMENCO (y II).

Comentaba en la columna anterior las influencias artísticas que Manolo Sanlúcar había recibido de Javier Molina a través de su padre, de Ramón Montoya, ‘Niño Ricardo’ o del autodidacta ‘Diego el del Gastor’. A  partir de aquí, la carrera artística de nuestro protagonista está jalonada de capítulos pedagógicos en los que sus acompañamientos –tras estructurar su singular personalidad- a sonoros cantaores de la historia del flamenco, en la segunda mitad del siglo XX, como La Paquera, El Chato de la Isla, Manuel Agujetas o Enrique Morente, sobre todo en los tablaos madrileños, van acrecentando su sabiduría, su dominio del instrumento, su musicalidad, y también su fama. Sin embargo, sus inquietudes no podían circunscribirse solo a estos menesteres, su intelecto creativo le exigía ir más adelante, a configurar en el pentagrama toda una enriquecedora obra musical y flamenca que aportara y demostrara a la humanidad toda la grandeza de esta universal cultura.

Y el ya maestro comienza a estructurar su pensamiento creativo a través de las cuerdas de su guitarra, de las orientaciones a otros músicos que le acompañan o le piden ayuda y opinión, y del estudio de la música, en general. Todo esto se inicia una vez que el éxito de su “Caballo Negro”, composición que precede a una obra en la que había marcado sus cualidades artísticas, como es “Mundo y formas de la guitarra flamenca”, le da la estabilidad en cierto modo emocional, pero sobre todo económica. Logra con su personal arte lo que otros adquirieron siendo contratados o becados por cardenales, príncipes y reyes.

Así, su “Fantasía para guitarra y orquesta” se erige en la obra donde la guitarra flamenca toma todo el protagonismo ante el resto de instrumentos de una orquesta sinfónica, y como han dicho algunos:

“Una obra de fusión sin esfuerzo aparente, con naturalidad y sin perder el equilibrio de dos corrientes musicales consideradas lejanas e incluso antagónicas”.

Después aparecería “...Y regresarte”, un sin par canto al genial poeta Miguel Hernández, en el que brilla con esplendor la pieza “Ruiseñor y mirlo”.

El tiempo pasa y su obra se va ampliando con “Al viento”; “Ven y sígueme”, con El Lebrijano y Rocío Jurado, y desarrollada sobre la base de una idea del cantaor; “Medea”, música compuesta para la representación de la obra por el Ballet Nacional de España, y en la que muestra su enorme capacidad musical para estructurar cualquier obra artística; “Trebujena”, “Testamento andaluz”, “Soleá”, etc. Mas es “Tauromagia” la obra emblemática de este sanluqueño, la más apreciada por todos los guitarristas flamencos, y por la que nuestro músico siente una especial predilección. Después vendrían más composiciones como “Aljibe. Sinfonía andaluza”, “De Triana a Sevilla”, “Viva la Blanca Paloma”, “Locura de brisa y trino”...

Ante todo, este inmenso caudal de arte ¿Quiénes pueden negar que Manuel Muñoz Alcón “Manolo Sanlucar” sea genial músico y flamenco? ¿Quiénes pueden dejar de sustraerse a su magisterio…? No temamos a la orfandad porque no la tenemos.


Rafael Valera Espinosa

domingo, 9 de julio de 2017

Jaén rinde homenaje a 'Camarón'.

El Ayuntamiento respondió al ruego de la Corporación de San Fernando para que se sumara al reconocimiento del cantaor.

Con el recinto peñístico jienense a rebosar y cuatro días después de que se conmemorara el 25 aniversario de la muerte de José Monge Cruz 'Camarón de la Isla', el pasado jueves el Ayuntamiento de Jaén, a través de su Patronato de Cultura y Educación, respondió al ruego efectuado por la Corporación de San Fernando para que se sumara al reconocimiento del cantaor más famoso de la Isla gaditana.

El mismo consistió en un recital flamenco protagonizado por el cantaor José Heredia Heredia 'Joselete de Linares', quien estuvo acompañado por la guitarra del mairenero Antonio Carrión. Para programar el acontecimiento, el Patronato Municipal contó con la organización de la Peña Flamenca de Jaén, y con la colaboración de la Obra Social de UNICAJA.

El espectáculo lo inició el cantaor linarense con melódica granaína-malagueña que popularizara Manuel Torre a la cual le sumó, con personalidad, las formas melismáticas de Manolo Caracol, derivando seguidamente a la prestante malagueña de Enrique 'El Mellizo' en la misma línea cantaora.

En estos últimos tiempos, José ha incorporado a su repertorio el cante de la 'mariana'. Este fue el segundo estilo realizado en su puesta en escena, con determinadas resonancias de Menese, mas, efectuado con fuerza, entrega y alguna disonancia. En los tangos se centró con buen compás por los localismos sevillanos, para después ubicarse en las formas de los conocidos como extremeños -que tanta popularidad de le dieron a 'Camarón'-, para cerrar a través de la creatividad de Pastora Pavón.

Amplio fue el recorrido establecido en sus soleares, con inicio por las del alcalaíno Joaquín el de la Paula con matices caracoleros, y también con evocaciones de Tomás Pavón, localismos utreranos y unas finales de 'Curro Frijones', con influencias de 'Tío Borrico de Jerez'. En los fandangos, se centró en el recuerdo de Enrique 'El Almendro', tío de Manolo Caracol, a través de la recreación personal que estableciera el cantaor sevillano, para volver a recordar a 'Camarón' por el personalismo de 'El Chato Méndez', reiterando después los matices caracoleros.

Finalizó con una zambra de Manolo Caracol, la cual le sirvió para enlazar con el compás de las bulerías por los sones jerezanos, a veces con recuerdos de Manuel 'Agujetas', más influencias caracoleras y un final con sonoridades de 'Los Sorderas'.

Por su parte, Antonio Carrión volvió a establecer su reconocida calidad en el dominio de la guitarra flamenca, su prestancia en el acompañamiento, sus variaciones o falsetas virtuosas, la flamenca entremezcla de las clásicas y legendarias escuelas como las del 'Niño Ricardo', 'Melchor de Marchena', 'Manolo el de Huelva', o la de 'Diego el del Gastor'. Todo desarrollado con la técnica más precisa para emocionarnos con sus trémolos y arpegios, así como con espectaculares y limpios picaos, complementado todo con un magnifico dominio del diapasón y un exhaustivo trabajo en la prima.

http://www.ideal.es/culturas/jaen/jaen-rinde-homenaje-20170709202547-nt.html

sábado, 27 de mayo de 2017

ESPLENDOROSO CANTE FLAMENCO JEREZANO DE MARIA FERNANDEZ “TERREMOTO”.

A veces el arte flamenco vuelve a su sitio. Establece sus añejas esencias, sus recónditos pellizcos, sus quejios más lastimeros, y las alegrías más festeras. El flamenco se manifiesta entonces como la cultura musical más universal de nuestra Andalucía por mor de lo heredado por sangre y casta cantaora. Es así como se conoce y se aprecia mundialmente desde que los románticos artistas y literatos europeos comenzaron a valorarlo en los inicios del siglo XIX, cuando ni existían montajes coreográficos, ni complementaciones instrumentales que no fueran la guitarra flamenca, ni otros elementos adicionales que desviaran la atención sobre el cantaor/a: ¡Flamenco! En el más libre y honesto concepto del arte.

María Fernández Benítez “María Terremoto” nos ha devuelto la esperanza. ¡Sí! A los que amamos la esencia de esta cultura musical sin artilugios ni parangones. A los que podemos considerar que el arte del rondeño Francisco Romero –cuando se bajó del caballo y toreó pie a tierra al toro, creando así el arte de la tauromaquia- es el mismo que el de ‘Lagartijo”, Rafael ‘El Gallo’, ‘Manolete’, ‘Curro Romero’, ‘Morante de la Puebla’ o José Tomás. A los que establecemos que el vello se nos eriza con los cantes de Manuel Torre, don Antonio Chacón, Tomás Pavón, Manuel Vallejo, ‘La Niña de los Peines’, ‘Canalejas de Puerto Real’, ‘El Carbonerillo’, Rafael Romero, Antonio Mairena, ‘Terremoto de Jerez’, ‘La Paquera’, ‘Chocolate’, ‘Agujetas’, ‘Beni de Cádiz’… y no sé cuantos más. Cierto es que hemos llegado a sentir esas emociones porque nos hemos educado en unos ambientes flamencos de pureza ancestral y jonda, sin aditamentos de modernismos ni márquetin, en unos tiempos en los que los artistas exponían su arte a pecho descubierto ante los enamorados de la ‘jondura’flamenca ¡Que le vamos a hacer! ¡Tuvimos esa suerte!

El jueves, 25 de mayo, en la Peña Flamenca de Jaén, con motivo del homenaje que se le rinde a José Giorgio Soto ‘José el de la Tomasa’, en la 32 Semana de Estudios Flamencos de la entidad, tras la charla que ofrecí sobre el arte de los artistas jerezanos que se ubicaron en Sevilla para establecer su arte, María Fernández “Terremoto”, a sus diecisiete años, que acompañada por la guitarra de su paisano ‘Nono Jero’, me despertó las sensaciones placenteras que me producían los cantaores de casta arriba citados, en el último tercio del siglo XX. 

Su recital lo abrió con media granaína –actualmente considerada como granaína- con especiales resonancias de don Antonio Chacón que cabalgaron entre Aurelio Sellé y Pepe Marchena, con cierto barroquismo. La misma estableció su solvencia para realizar la malagueña de Enrique ‘El Mellizo’, con musical melisma y con las referencias musicales de su casta, en especial de su abuelo, Fernando Fernández Monge “Terremoto de Jerez”. Posteriormente, se acomodó en un perfecto compás entre soleá por bulerías y bulerías al golpe de su tierra, manteniéndose con firme “jondura” en los ecos jerezanos, ligando los tercios con exquisita finura, y rematando con valentía tonal el estilo.

Las siguiriyas las acometió con una prestante salida que, en sí misma resultó casi un cante, con melismas ente Caracol y Mairena, como gustaba realizar a su abuelo, para meterse de lleno en el personalismo de Juan Junquera, con conocimiento y garra flamenca.

Se centró seguidamente en la creatividad del porteño Tomás ‘El Nitri’ en la misma tesitura de cante pleno de entrega y singularidad creativa, rematando por el citado personalismo con sonoridades ‘jondas’. Comenzó después recordando los matices creativos de Juanito Mojama por tientos, acercamientos a ‘La Paquera’ con aires personales, para derivar a los tangos con homenaje a Pastora Pavón por los ecos jerezanos, más con recuerdos de Francisca Méndez, preciosa reiteración de las resonancias de La Niña de los Peines, para finalizar con unas especiales notas flamencas entre ‘La Pirula’ malagueña y su paisana ‘La Paquera’. En los fandangos retomó el recuerdo de Manolo Caracol con intensas dosis de personalidad ‘terremotera’. Finalizó con bulerías con potencia cantaora, adecuado compás y prestante ritmo flamenco en la línea de los jerezanos. Hubo un bis por martinete que redondeó su calidad interpretativa y la amplitud de su repertorio flamenco.

​¡Vivan los jóvenes flamencos!

Rafael Valera Espinosa  


jueves, 2 de marzo de 2017

Crónica flamenca. ANTONIO DEL PUERTO’ HACE HONOR AL ECO DE SU TIERRA.


He referido en bastantes ocasiones que la zona de “Los Puertos” gaditanos, es decir, Puerto Real, Sanlúcar de Barrameda, Puerto de Santa María, Rota, San Fernando, etc., han sido cunas históricas de legendarios artistas flamencos. Todos han tenido y tienen su influencia flamenca de grandes urbes como son Cádiz y Jerez de la Frontera, en función de su cercanía geográfica. Pero las figuras de estas grandes ciudades, a su vez, también han bebido de las fuentes creativas de reconocidos cantaores de los citados “Puertos”. Reitero nuevamente que Francisco Ortega Vargas “El Fillo”, nació en Puerto Real dentro del primer quinto del Siglo XIX, fue alumno de “El Planeta” y, a su vez, maestro del ilustre Tomás Francisco Lázaro de la Santa Trinidad Ortega López “Tomás El Nitri”, nacido en el Puerto de Santamaría, del cual aprendió el legendario y sevillano Silverio Franconetti y Aguilar.

Lo referido está en consonancia con el arte expresado por el porteño –del Puerto de Santamaría- Antonio Gutiérrez Navarro “Antonio del Puerto”, el pasado viernes, 24 de febrero, con motivo del recital organizado por la Peña Flamenca de Jaén para celebrar el Día de Andalucía, estando acompañado por la flamenca (plena de tonalidades, variaciones personales virtuosas con prestante dominio del diapasón) y prestigiosa guitarra del iliturgitano Antonio Gómez. Y como he citado anteriormente, nuestro protagonista tiene influencias de las figuras del cante jerezano. No olvidemos que en un tiempo Puerto Real perteneció al municipio de Jerez, y El Puerto de Santa María canalizaba toda la economía exportadora de la ciudad bodeguera. También de Cádiz capital, mas, no tantas.

Su exposición cantaora la realizó con valentía por los cantes de fragua con ecos de Jerez, aunque igualmente evocó en ciertos momentos a su paisano José Reyes “El Negro”, volviendo posteriormente a exponer ciertas resonancias de Tío Borrico. Posteriormente, y al igual que plasmara en la discografía antigua el gaditano Aurelio Sellé, Antonio del Puerto acometió la granaina chaconiana-marchenera que recreo Aurelio para poder afianzarse de lleno en el quejumbroso eco de “el Mellizo” por malagueña, efectuada esta con conocimiento y adecuado melisma.

Sus soleares evidenciaron enamoramientos de los localismos de Alcalá de Guadaira y Utrera, con adecuados acercamientos a las creatividades de la Casa de Los Talega, en las primeras, y a la de Fernanda Jiménez Peña “Fernanda de Utrera”, en las segundas, marcando reposado compás y valentía tonal en las de remate. Volvió a la ‘Tacita de Plata’ por cantiñas-alegrias con matices de Manolo Vargas con resonancias de Rancapino en las aludidas cantiñas, para finalizar por alegrías con determinada prestancia y nuevo envite tonal al final de la serie. En los siguientes fandangos, y con matiz muy reposado, se acordó del jerezano “El Gloria”, en su segunda letra con ecos de Huelva, continuando con el tratamiento que al estilo le imprimía Agujetas de Jerez. Con ciertas disonancias ofertó cantes mineros a través de la taranta-taranto de Manuel Torre y cierta falta de estructura musical, para finalizar con una segunda letra que recordó a Fosforito y ecos de Rancapino, en la misma tesitura.
 
Mas, su punto álgido flamenco lo alcanzó con tientos de Jerez, realizados con auténtico eco gitano y matices de Juanito Mojama por el tratamiento de Agujetas, marcados de ‘jondura’ plena, solvencia estilística y estructurado compás, circunstancias estas que reiteró en las siguientes letras por el estilo. Establecido así el eco pertinente, ofertó seguidamente pellizco por la siguiriya de su paisano Tomás “El Nitri”, para acercase a la impronta creativa del jerezano Tío José de Paula con formas de Tía Anica ‘La Piriñaca’, y meterse de lleno en una siguiriya-liviana de Los Puertos con aires de Tomás El Nitri e influencias de El Fillo, que remató con ecos de El Tuerto de la Peña. Finalizó su recital con fandangos de Huelva con evocaciones de Paco Toronjo, a través del valiente de Alosno que popularizara José Rebollo.

Rafael Valera Espinosa

                 

viernes, 9 de diciembre de 2016

Por soleá. ¿PRIMERAS FIGURAS DEL FLAMENCO?

Semanas pasadas, con motivo del V Congreso Internacional de Peñas Flamencas de Málaga. Uno de los organizadores, Diego Pérez, a su vez Presidente de la Federación Provincial de peñas malagueñas, en la presentación del mismo argumentaba que estaban desapareciendo las primeras figuras del arte flamenco: “Se echa de menos a cantaores como Juan Peña “Lebrijano”, José Menese, Camarón…” A veces, muchos aficionados consideramos que este tipo de declaraciones tienen cierto tipo de nostalgia por lo vivido en estos últimos cincuenta años, mas no sin razón.

Desde el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba de 1956, siempre ha existido un colectivo de cantaores flamencos (solo me voy a limitar al cante) que han estado en lo alto del escalafón: Juan Talega, Antonio Mairena, Rafael Romero, Manolo Caracol, Canalejas, El Sevillano, Fosforito, Juan Varea, Bernardo el de los Lobitos, etc. Más tarde, en la década de los sesenta continuaban muchos de los citados y, además, se les sumaban Chocolate, La Paquera, Terremoto de Jerez, Manuel Agujetas, Manuel Mairena, Pepe Menese, Beni de Cádiz, Lebrijano… Al comienzo de los setenta ya eran figuras Chano Lobato, Camarón, Enrique Morente, Calixto Sánchez, Carmen Linares, Diego Clavel y muchos más.

A partir de los ochenta, la nómina se fue diversificando entre los que se mantenían en la línea ortodoxa y los que iniciaban nuevos movimientos o adaptaciones vanguardistas de nuestro arte como los citados Enrique Morente y Juan Peña “Lebrijano”, y otros de enjundia y prestancia flamenca como Vicente Soto “Sordera”. En esta década comienzan a sobresalir artistas ganadores del Concurso cordobés como El Cabrero, El Pele, José Mercé, Vicente Soto “Sordera”, Mayte Martín… Mas, la mayoría de estos últimos no han alcanzado el liderazgo flamenco de los referidos de  épocas anteriores. Que conste, nadie duda de su calidad flamenca y del disfrute que nos producen sus grabaciones e interpretaciones en festivales, pero estás figuras de hoy pienso que no mantienen la misma tesitura –o no se les solicita su colaboración-  como las anteriores a acudir con modestia económica a los añejos espectáculos mayoritarios de Andalucía.

Tengo la alegría de comprobar cómo las nuevas figuras del cante flamenco mantienen un nivel de calidad interpretativa y de conocimientos sobre nuestro arte como no ha existido nunca. Considero que esta circunstancia predispone a crear su propia escuela flamenca y a no considerarse seguidores de un artista consagrado. Lógico y legítimo. Sin embargo, particularmente para mí, y por citar un ejemplo, ni a La Paquera ni a Beni de Cádiz los considero “caracoleros”, aunque también. Solo hay que detenerse en su escucha y analizar cuál es la estructura y la sonoridad de su cante. La primera, la considero de Pepe Pinto y de los que le antecedieron, la segunda es ciertamente caracolera, pero con singular personalidad, lo mismo que en la actualidad evoca El Pele.

Reitero que hay muchos, magnificos, prestantes y buenos/as cantaoras/es flamencos actualmente ¿Pero tienen liderazgo en el escalafón o en el caché artístico?

Rafael Valera Espinosa  

miércoles, 11 de abril de 2012

Crónica. COMPAS Y RITMO SALINERO EN DAVID PALOMAR

Cádiz siempre se ha distinguido en general por la gracia, viveza, alegría y desenfado de sus gentes. En el flamenco lo ha establecido por su primigenia creación, por sus jondos y emocionados sentimientos, y también por estructurar el compás y el ritmo de los estilos como los mejores. De ahí que su escuela cantaora representada por artistas –no quiero citar a las numerosas figuras creadoras que no han grabado- de la talla Aurelio Sellé, Manolo Vargas, Pericón de Cádiz, y los más cercanos Beni de Cádiz o Chano Lobato, hayan marcado la esencia cantaora y festera de su tierra.


David Palomar representa a la última generación gaditana que se arroga con prestancia la continuación de la escuela citada. Todo su repertorio flamenco (su final fue algo cupletero) lo basó en los estilos que representan las cadencias, ritmos y companses empleados por sus admiradas y citadas figuras. En las bulerías iniciales con letras alusivas a las chuflillas de su tierra, recordó con personalidad propia a maestros como Ignacio Ezpeleta, Manolo Vargas y Pericón de Cádiz., manteniendo con soltura la aludida prestancia del ritmo y el compás.

Las siguiriyas las abordó con la dificultad que supone evocar a un maestro como Antonio Mairena por la creatividad primera del porteño Tomás el Nitri, progresando en resolución tonal hacia el jerezano Tío José de Paula con entremezcla de las improntas artísticas de Tía Aníca La Piriñaca y Mairena, ofertando después el jondo sentimiento del estilo por la creatividad de Curro Durse con aproximaciones tonales a Manuel Agujetas, para establecer un resolutivo final por la cabal de El Fillo.

En las cantiñas-alegrías volvió a constatar su cuna natal con el posicionamiento en los ritmos y compases de Pericón de Cádiz establecidos con conocimiento y singularidad artística, para seguidamente demostrar lo primigenio de la jota gaditana en la conformación de este grupo de cantes, y volver a resaltar el compás y la gracia que por aquí marcaron Aurelio Sellé y Chano Lobato. En las continuadoras malagueñas, David quiso igualmente establecer su inquietud musical por encontrar nuevos aportes con el recuerdo de la creatividad de su comprovinciano Francisco Lema “Fofosforito”, mas edulcorando la melodía con ciertas aproximaciones a Morente y determinada falta de estructura melódica por evocar los barrocos melismas del granaíno; mejor y más centrado estuvo en la de su paisano Enrique el Mellizo por las resonancias de Aurelio.

En cuanto a las soleares, Palomar concibió un recorrido que favorecía la adecuación rítmica del estilo, así como sus condiciones tonales. Comenzó por Juaniquín de Lebrija para establecer los ecos de Curro Frijones con tonos de Agujetas y poder meterse de lleno en Enrique el Mellizo, seguidamente se subió a los matices trianeros de Ramón el Ollero, para descender hacia la especial y campesina personalidad de El Chozas de Jerez  y finalizar por su paisano Paquirri el Guanté. En los tanguillos reiteró el establecimiento de las personalidades de Chano Lobato y Pericón de Cádiz, principalmente. Y en las bulerías se olvidó del acelerado ritmo de su tierra para centrarse en los ecos de Jerez y ciertas modernidades de Pansequito del Puerto, así como puesta en escena de Beni de Cádiz, con coplas que se adaptan poco al ritmo y compás del estilo.

Buen recuerdo el establecido de Diego el del Gastor por la guitarra de Ricardo Rivera, con fases en las que demostró cierta sensibilidad musical y determinado virtuosismo, a la vez que se acoplaba con precisión en el diapasón y cierta búsqueda de nuevos argumentos musicales con su acompañado.
Rafael Valera Espinosa
Presidente de la Peña Flamenca de Jaén
Flamencólogo