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lunes, 15 de octubre de 2018

Por soleá. FESTIVAL ‘PEPE POLLUELAS’ DE JAÉN.

Generalmente, se puede considerar que el Festival Flamenco ‘Pepe Polluelas’, como bien reza en su cartel de este año, solo lleva celebrándose 28 ediciones, lo cual es cierto, mas, con el aludido nombre. Para conocimiento de los aficionados y sociedad en general, he de realizar una pequeña historia aclaratoria del mismo, aunque es posible que anteriormente ya haya escrito sobre el tema. 

Los festivales jiennenses en su denominación general como tales, tuvieron anteriormente otros títulos. Los mismos comenzaron en 1975 bajo la particular y llamativa convocatoria de ‘Reunión Flamenca en Jaén’. El entonces presidente de la Peña jiennense, José García Cruz, y su junta directiva, consideró que había que salirse de la generalidad de llamarlos festivales, para de esta forma distinguirse de los que entonces se celebraban en Andalucía.

Dos años se llevaron a cabo en el Auditorio de ‘La Alameda’, cuyos elencos estuvieron formados por reconocidos artista de la época, hoy considerados, bastantes de ellos, como figuras legendarias del flamenco. Aquí estuvieron ‘Fernando Terremoto’, ‘Tía Aníca la Piriñaca’, Manuel Soto ‘Sordera’, Rafael Romero ‘El Gallina’, Carlos Cruz, José Menese, Rosario López, ‘Diego Clavel’, María ‘La Perrata’ y su hijo Juan Peña ‘Lebrijano’, Manuela Carrasco, ‘Manuel Morao’, ‘Perico el del Lunar hijo’, Pedro Peña, etc...
Último cartel del Festival Flamenco "Pepe Polluelas"

Ante el fracaso económico y de público de los mismos, los entusiasmos se enfriaron y se sucedieron dos años sin festival. No obstante, la entidad capitalina había montado para la feria de octubre la caseta ‘Las Tres Morillas’, la cual estuvo activa hasta mediados de los ochenta, y los eventos flamencos se convirtieron en jornadas, pues cada día de festividad ferial se contrataba a figuras como ‘Lebrijano’, Menese, ‘Chano Lobato’, ‘Beni de Cádiz’, ‘Los Montoya’, ‘Turronero’, ‘Diego Clavel’, Rafael Romero, Rosario López, ‘Curro Fernández y su grupo’ –con su hija Esperanza jovencísima-, ‘Fernanda y Bernarda de Utrera’, ‘Pepa Montes’, ‘Manuel Agujetas’.

Mas, el ímpetu festivalero volvió a renacer con los ayuntamientos democráticos en 1979. El entonces concejal de cultura, José Montané, retomó la tarea pero con la salvedad de celebrarlos en las fiestas de la Virgen de la Capilla, por las circunstancias climatológicas del mes de octubre y un Auditorio de ‘La Alameda’ sin techar. Las ediciones celebradas se titularon ‘Noches Flamencas en La Alameda de Jaén’. Varios años después, dicho acontecimiento retomó su fecha de octubre como ‘Festival Flamenco de Jaén’.


De izquierda a derecha: Alfonso Ibáñez, isabel Azañón, Rafael Valera y Francisco Cañada,
en la presentación de la última edición del Festival Flamenco "Pepe Polluelas"
(foto: Diario JAÉN)
Ya, en el año 1991, y tras la muerte el año anterior de José Ruíz Pérez, ‘Pepe Polluelas’, el entonces alcalde jiennense, Alfonso Sánchez Herrera, propuso a la Peña Flamenca de Jaén que había que resaltar la calidad y enjundia del bohemio cantaor de la tierra denominando el espectáculo con su nombre, a lo cual todos accedieron. De dicha decisión se cumplen en este octubre veintiocho años.

Por tanto, si ajustamos fechas desde el inicio del mismo en 1975 y no consideramos las actuaciones de la caseta ‘Las Tres Morillas’ como tales festivales, la edición de este año sería la 42. Si por el contrario, se le suman los dos años referidos, su edición alcanzaría la 44.ª.

Rafael Valera Espinosa
(crítico flamenco y vicepresidente de la
Peña Flamenca de Jaén)

lunes, 19 de marzo de 2018

Por soleá. FLAMENCO Y POETAS.

Mi amigo, estudioso, escritor y crítico flamenco de ‘El Mundo’, el astigitano Manuel Martín Martín, a través de un artículo sobre el aflamencamiento de la poesía de Miguel Hernández para la revista ‘Candil’, me ha permitido descubrir que el poeta de Orihuela ha sido –si no me equivoco- el más tratado por los artistas de nuestro arte para alcanzar tal honor. ¡Pero hombre…! ¿Y García Lorca? Eso creía yo, que el granadino era el mejor considerado por los flamencos para aflamencar su poesía.

Rebuscando datos, muchos han sido los poetas que han tenido un tratamiento flamenco por parte de nuestros artistas. Por ejemplo, Vicente Soto ‘Sordera’ ha utilizado poemas del portugués Fernando Pessoa, Manuel Alejandro, José Hierro, José Bergamín, Miguel de Unamuno, Luis de Góngora, Lope de Vega, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Miguel de Cervantes, Alfonso Reyes, Valle Inclán, José Asunción Silva, Rafael Alberti, García Lorca, Francisco de Quevedo, el francés Molière, o su paisano Juan Manuel Caballero Bonald ¡Ahí es ná! Mas, cosa curiosa, nada de Miguel Hernández que yo haya podido averiguar.

Por su parte, nuestra comprovinciana Carmen Pacheco Rodríguez ‘Carmen Linares’, otra cantaora de rompe y rasga e intelectual a la vez, también ha recabado poemas para aflamencarlos de Antonio Machado, Miguel Hernández, José Angel Valente, García Montero, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Jorge Luis Borges, Rafael Alberti, Caballero Bonald, Fernando Quiñones o Manuel Ríos Ruiz.

Cierto es que ha habido y hay otros muchos cantaora/es flamencos que también han tomado los textos poéticos de numerosos escritores españoles e incluso extranjeros para desarrollarlos a través de los diferentes estilos de nuestro arte.

Sin embargo, analizando el texto de Manuel Martín Martín, en un desarrollado y exhaustivo estudio, he podido contar que la cantidad de veintitrés artistas es la que han utilizado los textos de Miguel Hernández para realizar sus discos, coreografías, obras flamencas e incluso conciertos de guitarra flamenca. Nos lo voy a citar a todos, pero si a referir a los más conocidos por el público flamenco como Enrique Morente, la citada Carmen Linares, ‘Camarón de la Isla’, el ‘Trio Los Bolecos’ encabezados por Matilde Coral, con su marido ‘Rafael El Negro’ y Antonio Montoya Flores ‘Farruco’, o los populares ‘Lole y Manuel’, y así hasta los veintitres detallados por Martín Martín.

Particularmente, considero que este interés por el poeta por parte de los cantaores de flamenco es algo inusitado, y más cuando se considera que la poesía culta es la más difícil de canalizarla a través de los palos de nuestro arte. Es posible que la filiación del poeta, su vida, y en especial su muerte, sin entrar en la calidad de su poesía, así como el espacio temporal en que aparecieron los primeros trabajos (finales de la dictadura), influyeran en los aspectos reivindicativos que siempre han imperado en el arte flamenco. Nunca olvidaré la sorpresa que me llevé al descubrir el disco de ‘El Corruco de Algeciras’ con el título de ‘Fandangos republicanos’.    

Rafael Valera Espinosa

lunes, 16 de octubre de 2017

Por soleá. FESTIVAL “PEPE POLLUELAS” 2017.

El próximo día 20 de octubre, viernes, a las nueve y media de la noche se celebrará el XXVII Festival Flamenco “Pepe Polluelas”. Casi tres décadas ininterrumpidas de flamenco anual en esta tierra capitalina, gracias al patrocinio del Excmo. Ayuntamiento de Jaén ¿Por qué tan pocos años en relación con otros acontecimientos flamencos? podrán preguntarse los aficionados. Mas, todo tiene su explicación.

Presentación del cartel
De izquierda a derecha: Alfonso Ibáñez (secretario), Rosa M. Povedano (autora del cartel),
Isabel Azañón (concejala), Rafael Valera (presidente) y Vicky Romero (cantaora)
En el año 1975 –la de este año según su historia sería la 42 edición del festival-, la Peña Flamenca de Jaén incentivada por el auge de estos espectáculos flamencos, inició en el Auditorio de La Alameda las denominadas “Reuniones Flamencas de Jaén”, por aquello de no catalogarlas como festivales y significarse de otra forma para ser más reconocido. En las mismas actuaron los mejores de su tiempo: Tía Aníca “La Piriñaca”, Terremoto de Jerez, Diego Clavel, José Menese, Rafael Romero “El Gallina”, Manuela Carrasco, El Lebrijano, Morao de Jerez, Paco Cepero, Rosario López, Carlos Cruz, etc. Esta iniciativa solo tuvo dos ediciones por mor del fracaso económico, la afición jiennense no respondió con su asistencial apoyo. La entidad flamenca capitalina contó en aquel momento con el apoyo de la Caja Rural de Jaén, que sufragó las pérdidas.

Con la institucionalización de los ayuntamientos democráticos, y la reivindicación social que en aquel tiempo supusieron las letras flamencas y determinados cantaores, este tipo de acontecimientos se propagaron por toda la comunidad andaluza. Y Jaén no fue menos. El concejal José Montané retomó el envite y se comenzó con las “Noches flamencas de la Alameda”, las cuales se celebraban en las fiestas de la Virgen de la Capilla, en Junio, por aquello de intentar solventar lo de la asistencia.

Nos acercamos  al año 1990, y siendo alcalde Alfonso Sánchez Herrera, este propuso a la Peña que el festival se denominara “Pepe Polluelas”, con el afán de reivindicar al artista jiennense, y por la admiración y amistad que el máximo edil sentía por José Ruiz Pérez. Y así continuamos con la entonces nueva denominación del acontecimiento flamenco capitalino: Festival Flamenco ‘Pepe Polluelas’. No es menester señalar que por el evento han pasado las mejores figuras de cada época, pues los jiennenses siempre han demostrado su conocimiento de nuestra cultura.

Esta XXVII edición del “Polluelas” incide en la tarea de ofrecer el arte de artistas consagrados y de jóvenes con proyección de éxito. Vicente Soto ‘El Sordera’, es uno de los cantaores de más raigambre jerezana en la actualidad, dominador de un amplio repertorio y con matices ortodoxos y heterodoxos de raíz. María Fernández ‘María Terremoto’, representa la continuidad cantaora de su jerezano abuelo Fernando Fernández ‘Terremoto de Jerez’. Vicky Romero constatará su poderío tonal y su enciclopedismo, su formación en las escuelas catalanas con reminiscencias andaluzas y jiennenses. Y Darío Chica adecuará su progresión hacia una profesionalización más prestante en nuestro arte.

Y, sobre todo, rogaremos a los artistas que se ‘PONGAN FLAMENCOS’ cuando se posicionen en el escenario del Teatro Darymelia para disfrute de los aficionados.


Rafael Valera Espinosa

lunes, 25 de septiembre de 2017

Memoria flamenca. CAYETANO FERNANDEZ GONZALEZ ‘NANO DE JEREZ’ (II).

“PARA MI ANTONIO MAIRENA ERA EL MAESTRO DEL CANTE.”

Nano de Jerez (foto: Pepe Pamos)
Cayetano Fernández González “Nano de Jerez” siempre ha sido un gran defensor de Antonio Mairena. Casi todos los artistas jerezanos también han venido alabando la figura del maestro de los Alcores. ¡Casi todos, no todos! Sin embargo, mis apreciaciones establecidas en las numerosas visitas que a la comarca realicé me aconsejaron que no resaltara mucho mi admiración por el maestro de Mairena del Alcor, pues los colectivos de las diferentes peñas flamencas jerezanas de la década 1975-85 (‘Los Cernícalos, ‘La Buena Gente’, ‘Peña Fernando Terremoto’, ‘Peña Juan Vargas ’El Mono’, ‘La Bulería’, ‘Centro Cultural don Antonio Chacón’, ‘Peña Manuel Carpio ‘El Garbanzo’, etc., defendían más su idiosincrasia flamenca local que los grandes esfuerzos que Antonio Mairena había realizado por encumbrar el arte jerezano. Cuando ‘Nano de Jerez’ me detalló su pena por no tener presencia en su tierra como figura de nuestro arte, intuí que era por su defensa del arte de Mairena. Y por ahí continuó la entrevista de 1994.


Pregunta: ¿Era Antonio un cantaor de cerebro más que de corazón?

Respuesta: Antonio era un cantaor de cerebro, de corazón y garganta. A Mairena había que escucharlo en las fiestas, en las que pasábamos en Alcalá de Guadaira… porque Antonio era un enamorao del cante de Alcalá y muy especialmente de Joaquín el de la Paula. Cuando Antonio abría la boca destemplaba too lo que estaba alrededor suyo. Algunos dicen que Antonio era frio y yo digo que eso no es verdad, que escuchen la discografía de Antonio y lo comprobaran; y si, además, tienes la suerte de poseer grabaciones suyas de fiestas flamencas, creo que se reafirmará lo que yo digo. Tengo una cinta de la peña de Morón que, tras escucharla, te quedas pasmao. Pero no hace falta esto, solo con escuchar ‘Al calor de mis recuerdos’ te tienes que dar cuenta de la dimensión cantaora que tenía Antonio. Yo tuve la suerte de hacerle compás en ese disco y cuando cantó la soleá de ‘Charamusco’ nosotros nos quedamos como hipnotizaos de lo que nos entró en el cuerpo. Para mí Antonio era el maestro del cante.

P: ¿Te contó Antonio su encuentro con ‘Charamusco’?

R: A mí me dijo que ‘Charamusco’ era un gitano muy gracioso, que hacía unos cantecitos… Me decía que era un gitano con una forma muy especial de ser y que a él le gustaba juntarse con ese gitano. Tú sabes que Antonio era muy raro. A mí me costó mucho trabajo el que Antonio confiara en mi persona, tuve que demostrarle muchas veces mi amistad, y a pesar de ello algunos que otros desaires sufrí, hasta que ya confió en mí. Nos veíamos casi todos los días en Sevilla y yo le tenía un respeto enorme, hasta el punto de que a veces no podía tener conversación con él porque no me salían las palabras. Cuando quería verlo lo llamaba por teléfono, aunque él me decía que no lo hiciera, que fuera a su casa como si fuese mía. Recuerdo un día que vino mi padre a verme a Sevilla y fuimos a verle; estuvieron hablando de cante siete u ocho horas, porque Antonio todo lo que tenía en sus labios era cante. Antonio solo ha vivido pal cante, y creo que si algo tenemos lo que vivimos de esto actualmente se lo debemos a Antonio. El ha puesto el primer puntal para que tengamos un vivir los artistas, porque creo que estamos viviendo bien ahora los artistas.

P: Volviendo a tus andanzas artísticas, cuéntame qué eran ‘Los Jueves Flamencos’.
R: Aquello era como un festival para promocionar a los jóvenes valores de Jerez. Era un espectáculo que organizaba ‘El Morao’, y recuerdo que cuando yo despunté también lo hicieron ‘Ana Peña’ ‘El Gasolina’, ‘El Moneo’, ‘El Berza’… Muchos artistas que mostraban que tenían madera. Siempre actuábamos en la primera parte, luego, en la segunda ya cantaban los consagraos como ‘Chocolate’, ‘El Sordera’, ‘Agujetas’… Pienso que aquello estuvo muy bien montao porque se destacaba el que valía.

P: Como artista que has actuado en los tablaos ¿En ellos se canta para el aficionao o para el turista?

Nano de Jerez en la Peña Flamenca de Jaén
R: Actualmente para el turista, hace catorce años atrás cantábamos pa los aficionaos. Cuando yo actuaba en ‘Los Gallos’ recuerdo que allí iba toda la aristocracia de Sevilla que entendía de flamenco, la gente del toro y los buenos aficionaos de las provincias y de Madrid que iban de negocios. Y casi siempre salían muy contentos, porque había un plantel de bailaoras que todas tenían un premio en Córdoba. Allí bailaban Loli Flores, Carmen Albéniz, Merche Esmeralda… Y de cantaores te puedo decir que por ‘Los Gallos’ han pasao desde Mairena hasta ‘La Paquera’. Hoy, incluso en ‘Los Gallos’, todos los tablaos se llenan de turistas y te ponen en el escenario a una niña que la acaban de sacar de la academia tocando muy bien las castañuelas y ya está. Ese es el flamenco que allí se escucha.

El flamenco está repartío en dos o tres partes. Yo no le llamo flamenco a lo que hace ‘Ketama’, ni ‘Pata Negra’. Yo le llamo flamenco a un buen cante por soleá o siguiriya, con un buen acompañamiento solo de guitarra. El flamenco actualmente se puede escuchar con pureza en las peñas, porque gracias a ellas todavía se puede disfrutar un buen ‘palo’.

P: ¿Cómo se te ocurrió presentarte en Córdoba?

R: Porque me pincharon, me insistieron los amigos. Y tuve la suerte de traerme el premio de ‘La Niña de los Peines’ (tientos, tangos y peteneras). Aquél mismo año ‘Rancapino’ se llevó el premio por alegrías (el Enrique ‘El Mellizo’) y Luis de Córdoba el de don Antonio Chacón (granaínas, medias granaínas y fandangos). Tuve la suerte de que me cogió bien y gracias a Dios tengo ese recuerdo tan bonito.

Esclareciendo este último tema, ‘Nano de Jerez’ no ganó el citado premio en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba del año 1977, pues quedó desierto. Cierto que él obtuvo el único accésit del citado galardón, lo cual se puede considerar como el mejor intérprete por los estilos que el mismo englobaba en aquella época. Es decir, el ganador sin título.

Rafael Valera Espinosa

martes, 19 de septiembre de 2017

Memoria flamenca. CAYETANO FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, ‘NANO DE JEREZ’ (I).



- ENTRE LOS AMIGOS DE MI PADRE SE ENCONTRABAN ‘EL CHOZAS’ ‘EL BORRICO’ Y ‘TERREMOTO’

Nano de Jerez con Rafael Valera durante la entrevista
‘Nano de Jerez’ es un cantaor redondo, de amplio repertorio, y con una virtud poco reconocida, la de haber entremezclado sus raíces jerezanas con las de la escuela sevillana de Antonio Mairena. Es, por tanto, un cantaor atípico para mi criterio personal, en función del gusto de los jerezanos. En ocasiones, se ha quejado –como tantos otros: José Mercé, ‘Los Sorderas’, ‘Sernita de Jerez’, ‘El Juanata’…- de no ser reconocido en su tierra, de no haber sido un cantaor reclamado por los organizadores de espectáculos (administraciones y entidades jerezanas) para poder constatar sus prestantes esencias flamencas de la tierra ante sus paisanos.

Le realicé la entrevista en 1993, cuando vino a la Peña Flamenca de Jaén acompañado por la guitarra de su paisano Fernando Moreno, y en Candil la prologué de la siguiente forma:

“Menudo, simpático y vitalista, claro de ideas y con un intenso bagaje cantaor que le circula por la sangre. ‘Nano de Jerez’ es consciente de cuál ha de ser su papel en el mundo del flamenco. Primero, se identifica como intérprete de Jerez de la Frontera y miembro del clan de ‘Tío Juane’, su padre, con todas las connotaciones que dicha filiación lleva consigo. Posteriormente, reconoce el magisterio que sobre su persona artística ha ejercido Antonio Mairena. Finalmente, saca la cara por la ortodoxia flamenca y aboga por una recreación basada en las claras raíces de nuestro arte.”

Pregunta: ¿Cómo surge lo de Nano de Jerez?

Respuesta: -“Pues eso surge porque me llamo Cayetano, Cayetano Fernández González y por mi abuelo. Trabajando de pequeño en la fragua todos me decían ‘Nano’ para llamarme. Cuando empiezo a cantar en los ‘Jueves Flamencos’ que organizaba ‘El Morao’ y a los que iba con pantalones cortos, todos me decían ‘Nano’ y me quedé con ‘Nano de Jerez’. Lo cierto es que nadie me conoce por Cayetano; tu preguntas en Sevilla o Jerez por Cayetano y nadie sabe darte razón, si preguntas por ‘Nano de Jerez’, entonces sí.”

P: ¿Cuándo te apercibes de que tú podías ser artista flamenco?

R: -“Fue con catorce o quince años, pues como miembro de una familia gitana y fragüera yo siempre escuché el cante alrededor de la fragua. Oía a mi padre, a la familia de mi padre, y a los amigos de mi padre. Entre los amigos de ‘Tío Juane’ –mi padre- se encontraban ‘El Chozas de Jerez’. ‘El Borrico’, ‘Terremoto’… De ahí se me vino el cante al oído y al corazón, porque el cante se lleva dentro, y de tanto escuchar a estos grandes artistas me di cuenta de que yo también podía entonar los cantes. Así que lo hice en los bautizos, bodas y fiestas. A partir de aquí, le dije a mi padre que yo iba a tirar el martillo y que me iba a dedicar al cante. Por aquella época, Manuel Moreno ‘El Morao’ organizaba en la Plaza de Toros de Jerez un espectáculo que se llamaba ‘Los Jueves Flamencos’, el primero donde cobré por cantar. Posteriormente, me contrató ‘La Cañeta de Málaga’, con la que estuve un año trabajando, más tarde me fui a Japón y al volver, durante una estancia en Marbella conocí a una bailaora-cantaora con la que posteriormente me casé en Sevilla, ciudad de la que hice mi cuartel general, aunque todas las semanas me voy a Jerez para no perder su agua, pues sigo bebiendo en mi tierra.”

P: ¿Qué recuerdos mantienes de las reuniones de tu padre con ‘El Borrico’, ‘El Chozas’ y ‘Terremoto de Jerez’?

Nano de Jerez en la Peña flamenca de Jaén
R: “Sinceramente, lo que me queda en la memorias es un sentimiento de admiración hacia esos artistas. Y tengo que decirte que también tuve la suerte de trabajar con algunos de ellos como ‘El Borrico’, ‘Terremoto’ o ‘El Sordera’ en las fiestas que se organizaban en las bodegas de Jerez. Recuerdo que había una viña que le decían ‘El Majuelo’ donde se organizaban fiestas flamencas; en esas fiestas fue donde yo comencé a cantar junto a las figuras, porque entonces yo era como un novillero y ellos mataores ya consagraos, valga la comparación del cante con el toreo. En aquél tiempo había que esperar a que se acabara la cena para que los cantaores comenzáramos a cantar, teniendo a veces que esperar a que llegaran las cuatro de la madrugá antes de que empezara el cante. A mí no se me pueden olvidar las siguiriyas de ‘Terremoto’, las soleares del ‘Sordera’ y ‘El Juanata’, ni las bulerías cantás y bailás del ‘Borrico’. Luego también los buscaba por Jerez, no solo a ‘Terremoto’ o ‘El Borrico’, también preguntaba por el ‘Tío Agujetas’ y otros artistas de mi tierra. También se dio la circunstancia de que al lado de la fragua nuestra se fundó la Peña ‘Los Cernícalos’ y, claro, siempre que podía me escapaba a escuchar el cante porque nunca faltaba un quejío por siguiriyas ni un buen compás por bulerías.”

P: ¿Tu padre ha sido tu maestro?

R: “Mi padre me ha dao a mí la vida, el eco y el pellizco. Después, cuando yo empecé a despuntar, mi padre me dijo que podía volar solo. Luego tuve la suerte de estar ocho años junto a Mairena y mi cante tiene mezcla de Jerez y de Antonio. En los últimos años de su vida yo estuve muy vinculado con él, pues nos veíamos casi todos los días y fue mi maestro. Me aconsejó que no me saliera del camino de la pureza de los cantes. Nunca se me olvidará la semana que estuvimos juntos grabando ‘Al calor de mis recuerdos’. Soy mairenista hasta lo más profundo de mis huesos.”

En la siguiente entrega ‘Nano de Jerez’ me habló de los cantes de Alcalá, de ‘Joaquín el de la Paula’ y sobre todo de Antonio Mairena.
Rafael Valera Espinosa

lunes, 26 de diciembre de 2016

Pregón flamenco de Navidad 2016 en la Peña.

Quiero recordar que fue en la Navidad de 1974 cuando asistí a mi primer Pregón Flamenco de la Navidad  en la Peña Flamenca de Jaén como novato socio de la entidad. Entusiasmo y alegría recorrían mi persona ante el hecho de escuchar a dos grandes artistas como Rafael Romero “El Gallina” y su amiga y alumna Rosario López. Admiración igualmente por poder asimilar la preciosista retórica prosística y poética de Ramón Porras González.  Y satisfacción por el momento vivido, el cual, tras muchos años, ha pasado a ser un acontecimiento en mi vida tan importante como reunirme con mi familia y amigos en tan señaladas fechas. Cuarenta y dos años después las sensaciones han vuelto a ser las mismas a pesar de todas las vivencias experimentadas en una de las noches artísticas más señaladas para los aficionados jiennenses.

Muchos han sido los pregoneros y bastantes más los artistas que han desfilado por el escenario de la entidad capitalina. Eminentes personajes además de Ramón Porras, como Juan Antonio Ibáñez, Vicente Oya Rodríguez, Fernando Arévalo, Fernando Calahorro, Alfonso Sánchez Herrera, Marcos Gutiérrez, Carmen Espín, Felipe López, Cristina Nestares, Gabriel Ureña, Lucas Martínez, etc.  Y artistas como los citados Rafael Romero, Rosario López (imprescindible desde los comienzos hasta su retiro por enfermedad), Manuel Soto “Sordera” con sus hijos Vicente, Enrique y José Soto “Sorderita”, Manolo Simón, Chano Lobato, Carlos Cruz, Miguel Vargas, Manolo Canalejas, Rafael Villanueva, “Niño Jorge”, etc.

Este pasado jueves, 22 de diciembre, fue protagonista en la parte académica la alcaudetense Yolanda Caballero, actual Delegada Provincial de Educación de la Junta de Andalucía, que fue presentada por el secretario de la Peña, Alfonso Ibáñez, de la cual dijo: “Yolanda, además de ser licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Jaén, ha sido política desde que nació, y desde siempre supo que había algo que cambiar con hechos y no con palabras: la desigualdad, que no puede concebirla de otra forma como mujer comprometida. Luego vino la posibilidad de ser concejala y abrazó con pasión la política local durante diez años. Década en la que soñó y se ilusionó con proyectos culturales y educativos para su pueblo, pasando posteriormente a desempeñar el cargo de Diputada Provincial de Cultura y Deportes, y posteriormente de Igualdad. En esta tarea se entregó a trabajar por resaltar la labor silenciada de la mujer.”

En su alocución, la pregonera estableció un discurso reivindicativo encabezándolo con la aseveración “¡Pienso en flamenco! Este es un arte patrimonio de la gente humilde y trabajadora. Es valentía y pasión. Es lo nuestro y es mío también. Y en esta peña se encumbra nuestro arte.” Aludió seguidamente a vivencias navideñas de su infancia y sus recuerdos de los fandangos de Juanito Valderrama y también de sus villancicos. A las letras alusivas de estas fiestas como la copla “Noche de Reyes” de Pepe Pinto, y a los entrañables villancicos de Rosario López. Tras reivindicar a lo largo de su exposición el protagonismo de la mujer en todas las tareas de esta sociedad, en su parte final recomendó a los asistentes “Qué nadie os quite la gloria de ser felices con lo simple”, y a los que acuden a los espectáculos flamencos “Qué nunca se sale de una peña como se entra”, en función de cómo el flamenco suele entusiasmar a los que se apasionan por nuestro arte.

La parte ilustrativa del Pregón, la artística, la comenzó Verónica Pérez “Canalejas” con rememoraciones de su casta cantaora con arte, potencia tonal, conocimiento estilístico y compás por bulerías, rematando por letra popular de Carchelejo. Su siguiente interpretación la basó en el villancico “La Estrella del Horizonte” que entre otros popularizara su abuelo “Canalejas de Puerto Real”, con evocaciones soleareras de Rosalía de Triana y ecos de la popular “Tarara”. Prosiguió con el romance de “Madre en la puerta hay un niño” por bulerías de Cádiz y prestante ritmo, dominando el compás y manteniendo el tono preciso, adobado todo de entrega cantaora. Finalizó con el popular “Compadre Juan Antonio”, evocando una vez más la saga cantaora de su padre y abuelo.

Carmen Gersol volvió a constatar su enjundia y entrega con una letra navideña por tangos, bien arropada por José Rojo, y un acompasamiento adecuado del estilo. Posteriormente, se entregó en los famosos campanilleros con potencial tonal, así como con las resonancias que su progenitor siempre ha establecido de su admirado Pepe Menese. En una línea más personal y en similar tesitura, posteriormente recordó una letra que en su tiempo popularizó el utrerano Enrique Montoya. Finalizó con letra navideña por bulerías por soleá con dominio del compás y entrega cantaora.

Mari Cruz “Canalejas” ofertó primeramente los ecos que su abuelo Juan Pérez “Canalejas” estableciera de “El Niño Gloria” y ciertas sonoridades de Rafael Romero “El Gallina”, adobadas de la templanza que de los referidos realizó su padre, Manolo Canalejas. La siguiente interpretación la redondeó con la acrisolación navideña por bulerías de su progenitor y bastantes aproximaciones al tono cantaor de su abuelo. En los campanilleros mantuvo las mismas tesituras referidas con leves desentonos que fue corrigiendo con cierta profesionalidad como avanzaba en su interpretación. Finalizó con prestancia por el más conocido de su abuelo y con matices sobresalientes de “El Gloria”, villancico que igualmente remató con letra popular de Carchelejo. 

Eduardo Martínez Redondo “Niño Jorge”, una vez más resaltó su calidad interpretativa evocando a Rafael Romero por el popular villancico de Andújar con singularidad flamenca. En los tangos rindió homenaje a la creatividad que en su día establecieran Francisco Moreno Galván en la letra, y José Menese en el cante, con valentía tonal y adecuado compás. Posteriormente estableció profesionalidad y conocimiento con una interpretación inicial por bulerías de Cádiz, realzando seguidamente los ecos jerezanos y las sonoridades de “El Gloria”, derivando seguidamente al romance flamenco con influencias de Mairena, para redondear el villancico por fandango caracolero. Concluyo su participación con los campanilleros en su línea de poderío tonal, conocimiento, entrega, y claras resonancias meneseras. 

Resolutivos y profesionales fueron los acompañamientos de Antonio Gómez y José Rojo, en los que establecieron sincronicidad con sus acompañantes, ofertando maestría en las tonalidades, frescura y alegría en los estilos festeros, dominio del diapasón en sus variaciones y singularidad en las falsetas, y comedidos compases para un adecuado desarrollo de los estilos.



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PREGÓN FLAMENCO NAVIDAD 2016
(de Yolanda Caballero Aceituno)

Ya lo ha dicho mucha gente antes que yo, pero es que me sale así, sin trabajo. Y así saldrá una y mil veces más, de mi boca y de otras: el flamenco es sentimiento. Desde niña me acunó en sus brazos y me dejó un legado de soleás y bulerías que se acompasan con el ritmo de mi vida. Hoy, cuando me abandona la frialdad de la razón y me guío por lo que me dicta el corazón, pienso en flamenco. El flamenco es pureza. Es el dolor sentido hasta el desgarro y la alegría solar que revienta las costuras de la pena y se comparte con generosidad en la fiesta. Es quejío de dignidad y de nobleza. Es el patrimonio, de siempre, de la gente humilde que cantaba en la siega, en la mina, en la fuente, entre olivos, en las fronteras de la pena. Igualador y poderoso. Imponente. El flamenco es valentía y pasión que no le pone freno a la expresión del sentir. Es lo auténtico, sin dobleces ni máscaras. Es lo nuestro. Lo mío, tan mío.

Muy buenas noches, a todos y a todas, compañeros y compañeras de camino, de época compartida, convulsa y apasionante, época de esperanzas de revolución y de realidades de involución. Así se va contradictorio el 2016 y nosotros aquí lo despedimos en su agonía. Os saludo con sonrisa amplia y corazón abierto, compañeros y compañeras de peña y de alegrías.

En la vida hay quien recibe honores y quien se muere esperándolos. Yo, cuando me llamó Alfonso Ibáñez y me propuso dar este pregón, me sentí destinataria de uno bien grande al poder cantarle aquí con mi sencilla palabra a la fiesta que alumbra el invierno. A mi palabra la domesticó la filología para abrazar sentires en otras lenguas, pero esta noche viene aquí a vosotros bien apegada a la tierra, a lo que siempre he sido y a lo que me moriré siendo, a la obligación primera e infinita de dar las gracias ahora y cuando pase este rato que, como sale por la garganta de Carmen Linares, es “un ramito de ambrosía en el huerto de la hiel”. Gracias grandes y que se sientan, como me enseñó a darlas mi madre. Vuela mi palabra a vosotros breve y ojalá que certera en trasladar lo que siento. Abridme un ratico la puerta.

Hablar aquí una noche ¡cómo si eso fuera poco! Dejar mi sentir en uno de los pocos lugares sanos que nos quedan, donde se habla de arte y se hace arte y se comparte arte y se contamina al arte con más arte. Donde se encumbra al arte sin preguntar la procedencia ni el credo. Donde se festeja y se pregona la navidad cristiana y la otra que hasta enternece al ateo, como pasa con “Las Fatigas del Pastor”, de José Domínguez el Cabrero.

¡Ay, qué grande hablar aquí! En este espacio que sin ni siquiera saberlo ni pretenderlo es dulcemente subversivo, porque se planta altivo ante estos mundos de internet, ante estos mundos de rapidez en la ofensa, de impacto inmediato de la mentira, ajenos con frecuencia a ese ir de frente tan flamenco. Me planto yo también, con vuestra fuerza, ante estos mundos de comparaciones, que todavía hoy, ¡quién lo diría! necesitan que haya ganadores y perdedores para humillar la hermandad.  Me planto ante estos mundos que no son muy hospitalarios a lo que la serenidad y la lentitud que aquí se cuecen a fuego lento reclaman. Hablo aquí, y que luego guste o no guste. Pero acepto de cara mi destino: que a mis palabras las venza el cante.

En las entrañas de mi infancia laten diciembres de hielo. Estampas de mi sierra Ahíllos plateaíca de frío. Y eran días de coplillas de la gente buena del campo cuando volvía de la aceituna, de cantes de matanza, de compases de los mulos que me tropezaba por las calles de Alcaudete a la vuelta de la escuela. ¡Qué grandes, qué negros, qué miedo! La intensidad de estos días siempre la sujetaba mi bisabuelo, remendando los fardos y untándole manteca a mis botas. Así vivíamos: pegados a la lumbre y a los cuentos. Bebiéndonos a tragantadas con esa honestidad antigua, tan flamenca, el tiempo que ya nunca vuelve. Aquel que fue mi mejor tiempo, acompasado al ritmo de los fandangos de Valderrama que con ronca garganta entonaba quien se quedó sin su mujer, tan guapa, un poquillo antes de que empezara la guerra. Quien me hablaba de quienes se escondieron en la sierra. Quien me ilustraba de hambre y de penurias, pero que nunca albergó ni odio ni resentimiento en su corazón y me hizo libre de rencores y abierta a todos los afectos. Quien me llevaba de su mano a la feria de ganao y me enseñó a acariciar los borriquillos de algodón. Ése era José Márquez, mi bisabuelo. Mi infancia entera y mi ética. Va por ti, y por tanta buena gente que esta noche se ha juntado aquí. Con mucho respeto. José: ¡quién pudiera oírte cantar aquella que te contenía, que te resumía y que te vestía, y que así decía!

Un chavalillo cortó
Flores blancas de un almendro
Y en vez de sentir rencores
El almendro respondió
Con una lluvia de flores

Con una seriedad antigua y dulce que después ya no he conocido en nadie, mi bisabuelo tejió una Navidad donde lo más bonito era jugar con el deseo de la espera a los Reyes Magos y sujetar la conciencia y la acción al compromiso con los hijos y las hijas de los que no tenían nada que esperar. Y es que es encender las primeras luces de fiesta, y se me llena la casa de aquello que mi Francisco me canta por Pepe Pinto: “Era una noche de Reyes, los Reyes Magos pasaron/ y para llevar juguetes/ al hospicio se acercaron/ Y aquel niño le decía/ Mago de mi corazón/ tráigame usted a mi madre/ que quiero conocerla yo”. Y así, poquillo a poco, me enseñaron mis mayores la navidad de hermandad, la navidad del dolerme del sufrimiento de los demás, la navidad con la que me paseaba bajo las lunas de invierno por esos bares de humildes con cristales empañados yo ya no sé si era del frío o de resignación o de dignidad.

En el corazón de la Navidad laten brindis de alegrías y quejíos ahogaos de ausencias. ¡Qué no daría yo porque Rosario López iluminara con su cante la Peña Flamenca de Jaén esta noche!

Del hielo de este tiempo, yo me he hecho una coraza. Y frente a la acritud de tanta arrogante manipulación, me arrojo a los brazos de la profundidad humilde que no sale en la televisión. Y me doy por entero cuando me lo dice el corazón, y me parto y me reparto sin protocolos. Y le hago homenaje a ustedes y a quienes me enseñaron que hasta el deseo que más quieres para ti, con los demás se comparte. Y yo quiero que sintáis lo que yo sentía cuando niña: asomarme a la ventana del cielo azul de invierno la mañana de nochebuena y sentir el olor a pureza sin maldades de la ropa recién tendida y volver la cara a tierra, y ver a la abuela con la dulzura del resol y las hojaldrinas de Mata. Y abrazarla y estrujarla. Y esperar la noche de las visitas del juego para los chiquillos, la noche de las visitas salvadoras para los mayores tristes y para los perdedores. Saborear la hermandad y hacerse fortaleza con ella. Y sentir en el olivar, mientras mis padres se afanaban con las ramas de plata, aquel pajarillo que cantaba y que decía mi madre que anunciaba agua. Buscando nidos vivía. Rompiendo la helá blanca y la negra con estas rodillas que luego ya jamás querrían volverse a hincar por otro motivo que no fuera respetar a la tierra. Y eran los hombres honestos del campo los que me aupaban en sus hombros. Y era yo la que llenaba con mis hermanos esas espuertas con olor antiguo a faena y a vida. Y a la vuelta el sol naranja y algún cante de campo. Y todo se empapaba con la fuerza de la tierra. Y me  dormía al brasero de picón de Sierra Morena mirando el brillo de las figurillas del belén que ponían las benditas manos de mi madre. Me revienta de sentimiento el corazón al volver sobre mi catálogo auténtico de alegrías. Y, con este movimiento, lanzo ahora mi deseo: que nadie os quite la gloria de ser felices con lo simple. De pasar por la vida siendo lentitud y muriendo como las ascuas de cariño.

Y de mis asuntos voy a los vuestros, porque tenéis tanto dentro, que yo quisiera esta noche hacerle un homenaje a la alegría en vuestros términos. Y así voy este ratico de lo mío a lo vuestro, y a lo mío de nuevo, como suele ocurrir con lo que se gesta con sentimiento. La alegría nace con la cara de la chiquilla que ve pasar a los reyes magos y se entrega a su lluvia de caramelos. Papelillos de colores en las calles del pueblo. Colores y esperanza para el pueblo. La alegría la hacen las gitanas que bailan sin censura en la plaza la madrugá de nochebuena. Los gitanos con su chaqueta nueva de un día, de terciopelo. La alegría la hace quien no se guarda las luces y las saca al balcón y quien le da cobijo a quien esas luces le duelen. La alegría la hace el vocerío animoso de quienes rompen la helá de la mañana antes de tomarse un café en los bares de siempre. Nadie podrá con ellos nunca. La alegría la hacen los ruidos de los oficios antiguos, los Aceituno y sus zapatos. La botella de anís y el tenedor de Trini la encalaora. La pureza de la estrella de la mañana. El frío que corta en la cara. El aire que agita los pinos antes de que venga la nieve. Y luego todo se queda quieto. Alegría que es manto de silencio. La alegría nace cuando los de la última fila se ven, aunque sea por una vez en la vida, en la primera. Cuando estás con flamencos que se sacan coplas hasta de sus desgracias. La alegría nace cuando veo que mi madre, que vive de día y de noche cuidando a mi padre, entona letrillas de dulzuras que meten el sol en la casa. Y entonces todo se llena de sentido. Alegría de la gente que cuida y que trae dignidad a los humildes, a los dependientes, a los que los poderes impuros relegan a la periferia. Alegría de juguetes tras las alambradas y de voluntarios en las calles de la guerra ¡Qué alegría, compañeritos, de la gente buena!

Y ahora, en estos días que corremos a abrazarnos y a descorchar botellas de humanidad, desde aquí, desde este rincón tan flamenco que irradia fraternidad, abrazo con corazón activista a los que sufren las concertinas y los campos de refugiados. A las que se las come la pena, a los chiquillos de Aleppo. A quienes no tienen esperanza o la están perdiendo. A quienes les cortan la luz y les tapan la boca. A los que piden tierra y se la niegan. Venga, Cabrero, di como tú lo dices sin decirlo que el flamenco lo es todo menos indiferencia. Destierra de este mundo al criminal machista y cuelga en la estrella de Oriente esta etiqueta: batalla al egoísmo prepotente que ningunea. Arráncame a la Paquera de Jerez por bulerías de nochebuena y que revienten las costuras de toda esta pena.

Tiene el cante raíz honda, y se besa con los aires de África. Desde estas luces veo allí a una chiquilla que rompe las cadenas de ablaciones y miserias y se escapa besando la estampa de la suerte por la negrura del mar. Ojos negros profundos, sedientos de abrazo solar. Quien no le abra la puerta en esta tierra que siempre supo de penas no tiene ni memoria, ni conciencia, ni dignidad. Con cada patera, se estremecen de dolor y de vergüenza los campanilleros de la Niña de la Puebla. Flamencos de mi tierra, uníos por caridad, y junto con la leche y las vacunas llevadle a los niños del mundo canciones, porque tuvo que ser cosa de la dulce inteligencia del Niño Jesús, al que clavaron en la cruz por luchar contra la desigualdad, que el flamenco fuera patrimonio de toda la humanidad.

Y pido también por caridad, que quienes tengan mando se repartan en trabajos de esperanza y compromiso, que la palabra dada sea una escritura. Que se mueran el sensacionalismo deshumanizado y el resentimiento. Que se pierdan los titulares de ensañamiento. Que se lean muchos libros. Que el populista no ilustre sus discursos exprimiendo la dignidad del pobre. Y pido memoria y agradecimiento, porque antes de que yo naciera, ya hubo quien se partió el pecho y se dejó la vida para que yo tuviera la voz y los derechos.

         Así pregono, intentando acercarme a las verdades de los locos, de los borrachos y de los niños. Y me mezo en la esperanza navideña de que mientras el mundo sea mundo existirán flamencos que se den por entero. Flamencas que no se dobleguen. Gente del cante, salvaora, que se entregue con toda la fuerza de la serenidad a que nadie humille ni amilane. Mujeres de raza de toda la tierra que vivirán la intensidad de la libertad y del deseo. A su manera. A su tiempo. Tiempo al tiempo. Vendrá el tiempo.

         Y en la espera de ese mañana que anhelo me llevo a los rincones de mi alma la perfecta sencillez de quienes festejan con alegría desde la pobreza más absoluta, el silencio de quienes eligen pasar por el mundo sin ruidos ni aspavientos. La mano que aprieta la mía sin dobleces. El azul de quien es generoso hasta la muerte. El arte que se regala. Las camisillas blancas. La médula del flamenco. La historia del flamenco de Jaén: en su humilde pureza, y por ella, en toda la extensión de su grandeza, grandeza que se crece en la garganta del Niño Jorge y se transmite en los genes de Mari Cruz Pérez Canalejas y Carmen Gersol. Que se expande en la guitarra de José Rojo y Antonio Gómez, que engrandecen esta peña. Pregono los cantes de Jaén porque están pegados a la tierra como ningunos. Cantes que son hondura. Que se hacen de piedras lunares. El cante jondo de Jaén, de jornaleros. El cante de dignidad de las aceituneras altivas que siembra de flores malvas los tajos. El cante que no buscó tronos y se bajó al desgarro reivindicativo. Cante de campiña y Guadalquivir. Cante de lumbres que queman lo malo por San Antón. Cante que es majestuosidad de Sierra Mágina y que muere de amor en la santería de misterios de la Sierra Sur. Cante en la boca de los neveros de Segura y Cazorla. Pureza de troncón de olivo en la Loma. Cante que es suave como el musgo pero que atraviesa como un cuchillo de plata. Cante de los amargos que se echan el trago de anís con las primeras luces. Cante que aquí, como en ninguna parte es democracia pura, patrimonio del pueblo. Trama que explota en las primaveras. Si me llega la pena sabré que el cante de mi Jaén siempre me levantará sencillo y poderoso sobre sus puños de miel.

De Morería yo vengo
Al campo moro a cantar
Si quieres venirte vente
Que nos vamos a emborrachar

         Yo sé que el camino a Belén, que es el camino a la humildad que deslumbra y que salva, se ha hecho muchas veces a golpe de taranta minera y desgarrada, de bulería retadora, de soleá que teje mantos de claveles, de una arcana de ecos lejanos de cantes de trilla y de siega. Porque el flamenco lleva siempre a lo bueno. Y eso es así porque así lo siento. Y en esta vida sólo me equivoco cuando dejo a un lado el sentimiento. Anda, hacedle caso al corazón y a los impulsos, que a esos no los controlan ni los mercados, ni el facebook, ni los capitales corruptos. 

Anda, aflamencad la marimorena, cantadme esa de “Si el Castillo de Jaén fuera de alfajor”, abridme las puertas de la revolución e invitad a la mesa al olvidado, a la proscrita, al loco, al refugiado, a la ignorada, a la poeta que dice verdades como puños, al político que no engaña, al viejo que no sabe leer pero que te mira y te achanta, a la madre olvidada de visitas, al cantaor de las esquinas, a la maestra desautorizada, a quien habita en la posada de la ansiedad y de sus miedos. Preséntense así ante el Niño Jesús con este presente los flamencos valientes. Y, después, como dice el cantar del pueblo, “vamos a echar un correndero/ hasta que se rompa el suelo/ si se rompen los zapatos/ pa eso están los zapateros”.

Un día me miré en la transparencia de los ojos de Carmen Linares y se me pusieron los pelos de punta con la claridad de la garganta de Miguel de Tena y con la clarividencia de un Camarón que se seguía dando al cante aun cuando ya le sabía la boca a la sangre de la muerte. De los flamencos que conocí, sentí y amé siempre me enamoró su franqueza de ojos y de pecho. Aprendí de sus cantes que lo cobarde es frío, y que es mejor darle dentelladas calientes al tiempo. Que las mejores miradas se regalan a los más tristes. Que la dignidad es patrimonio extenso. Que la mano del que agoniza se aprieta con la misma pasión que se abraza al amante. Que hay que aprender a dolerse hasta del mal de los malos. Que hay que darse en cada cosa que se hace por entero, sin miedo a la aprobación o al fallo. Que hay que hacer política de franqueza descarnada, que hay que sentir el más grande de los respetos por quien te escucha y no entrar en líos de odios. Que hay que sentir debilidad por los débiles y ganas de perderte por los perdedores. Gracias a los flamencos de mis altares, me tomo muy en serio lo insignificante y derrumbo a golpe de vaquero y tacón la pompa elitista y su boato. Y la fuerza de esta filosofía vital que me dio el flamenco anida en un corazón tan rojo como esta Navidad que ojalá lo sea todo para vosotros menos desidia, olvido, pena y miedo. De José María Lopera, poeta paisano que se alegró de que yo diera este pregón, viene esta letrilla que se muere por ser cantada por livianas:

En Belén de Judá
Un panadero,
Mientras el pan se cuece,
Vigila el cielo
Y al ver la santa estrella
Cae de rodillas
Y con pan tierno adora
Al Dios Mesías.
Que el pan del día
Es santa bendición
Que Dios envía.

Una guitarra flamenca abrirá en canal esta noche de diciembre que presagia flores blancas de almendro. Y yo seré más feliz cuando salga por esa puerta que cuando entré. Ésa es la cosa: nunca se sale de una peña como se entra. Patrimonio de la humanidad, inmaterial como la gloria que me llevo. Tu generosidad me hizo hueco en este sitio y le dio la voz y la oportunidad a esta chiquilla de Alcaudete, a esta mujer que se aferra a causas que no sabe ni describir en este mundo de estrategias repensadas y tacticismos fallidos. ¡A ver qué vamos a hacer! Desde chiquitilla se me dieron muy mal las matemáticas. Paso por vuestra puerta desnuda de calculadoras. No sé si acabaré bien o mal en esto que, como dice mi abuela, estoy sin necesidad. Pero el camino merece la pena, y mis trabajos los pongo a vuestro servicio con la más profunda humildad.

Mentir sería decir que nunca me he sentido como la cantaora que traga saliva porque sabe que sale a escenario hostil, pero aún así, me compongo el vestido y los cabellos. Y me entrego. Me aferro, en medio de esta desmovilización de la esperanza, a la verdad de que ninguna noche ha vencido al amanecer y al amanecer que viene, compañeritos, ya se le ve la punta.

Esperad del nuevo año sólo los milagros que haréis vosotros, cante a cante, verso a verso, de empeño a esfuerzo. De sol a sol. Esperad las amapolas en su primavera, el manto de estrellas en su firmamento de agosto y el crujir de las hojas secas de las dulzuras de su otoño. En cuanto a lo demás, no es bueno esperar. Es mejor luchar. Luchar es no callar, no herir y no tragar. Es, sencillamente, abrirse a la comprensión infinita de todas las caras de la humanidad. No os guardéis vuestra alegría: repartidla y romperán de agua los veneros. Si me preguntan qué es vivir, sin dudar respondo que es no quedarse nunca con las ganas. Así me lo dijo un día Jose María Lopera, por bulerías:

Baila a compás de tu duende
A son de gitana en sangre
Pon al mundo boca arriba
Y en lo más alto tu baile

Ay, doce meses os vengan con dulzuras de turrón. Que la alegría siga gastando las fibras de vuestro corazón. Los de la cofradía de Rafael Romero el Gallina y Pepe Polluelas se merecen siempre lo mejor. Resiliencia os deseo para aguantar tanta deshumanización sin que se os quiebre la voz. Porque mañana como ayer, el poderío flamenco romperá el aire muerto de esta inercia y agitará las conciencias y, del cante, germinará una vez más algo maravillosamente indecible, poderosamente incontrolable. Doce meses buenos os deseo y ni un solo día de lágrimas conduciendo por carreteras de soledad. Y os doy el consejo de mi poeta Carmen Camacho, “a penurias de prisa, alegría lenta”, compañeros.

Os deseo el sonido de la lluvia cuando rompe la sequía y el olor del jazmín cuando se hace flor de la noche que se desata de la calor. La onza de chocolate, la copa que se derrama. Los zapatos nuevos. Los poemas en servilletas. El clavel para el pelo. El pan en la mesa. Salario y dignidad. La paz. La alboreá. Acuarelas, Alfonso. Igualdad. Los abrazos solares. El amor sin ataduras. La cabeza alta. La conciencia tranquila. La solidaridad pura. El afecto extenso. Extenso como el cariño que siento, que me cubre y me descubre mi más auténtico yo que hoy me sale a borbotones para, con humildad, terminar como empezó: dando las gracias a esta peña para siempre, y así lo juro delante de tanta gente cabal, por este entrañable honor.

Felices Fiestas y Feliz Año Nuevo, de corazón.


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SEMBLANZA DE YOLANDA CABALLERO ACEITUNO
(de Alfonso Ibáñez, secretario de la Peña)

Yolanda Caballero Aceituno nació en Alcaudete, el pueblo donde dice que sueña, un 18 de junio de 1976. Tuvo la suerte de crecer en una familia de buena gente,  que sólo tenía por ambición trabajar para que ni a ella ni a sus tres hermanos (María José,  José Antonio y Enrique) les faltara de nada. Y su padre y su madre lo consiguieron. No les faltó cariño. No les faltó ánimo y no les faltó una educación en valores de igualdad, solidaridad y apoyo a las personas más débiles.

A su padre, Antonio, le estará eternamente agradecida por darle ejemplo de trabajo duro, valentía y lucha sin tregua. A su madre, Enriqueta, por la fuerza, por la dulzura y por la sonrisa que sale y se comparte (aunque las tripas estén negras).

Tuvo la suerte de criarse con un bisabuelo al lado (José), que le inculcó principios morales que, después de muchos años, la siguen definiendo  como persona. Y, todavía hoy, tiene la suerte de tener al lado a su abuela Josefa, con 90 años.

Desde pequeña, cuando se paseaba por su colegio (“Juan Pedro”), supo que quería dedicarse a la enseñanza, a aprender cosas para explicárselas después a los demás. Primero vino una licenciatura en Filología Inglesa en la Universidad de Jaén, luego un doctorado en literatura inglesa del siglo XVIII y, con mucho esfuerzo y encontrándose siempre un escalón más alto que el anterior para llegar a la cima, consiguió dar clases en la Universidad de Jaén, donde en la actualidad es profesora del Departamento de Filología Inglesa, estando en este momento de excedencia. Para ella, impartir docencia es algo mágico, sagrado. Entrar en el aula la transforma y hace que olvide cualquier trago amargo. Es una gran responsabilidad, y la mejor compensación que recibe, es la cara de un alumno o de una alumna agradecida por lo aprendido.

Cree que ha sido política desde que nació. Desde siempre, supo que había algo que cambiar con hechos, no con palabras: la desigualdad. Para ella la política es actuar por la igualdad de oportunidades. No puede concebirla de otra forma, como mujer comprometida. Luego vino la posibilidad de ser concejala, y abrazó con pasión la política local (la más bonita, dice ella) durante diez años. Diez años en los que soñó y se ilusionó con proyectos culturales y educativos para su pueblo. Más tarde, se convirtió en Diputada Provincial de Cultura y Deportes y, posteriormente, de Igualdad. Durante esta última fase en Diputación y, conforme a su ideología feminista, se entregó a trabajar por visibilizar la labor, injustamente silenciada, de muchas mujeres: jóvenes o mayores, con estudios o sin ellos, pero que han sido el pilar vertebrador de la sociedad y han tirado del carro en momentos duros.

Por la confianza que muchas personas e instituciones depositaron en ella, desempeña en la actualidad el cargo de Delegada Territorial de Educación de la Junta de Andalucía en Jaén. Una ocupación tan difícil como apasionante. En tiempos duros para quienes están en el noble oficio de la política, tiempos en los que el bajo reconocimiento social de esta labor se ha impuesto como tendencia y en los que cualquier paso que se da está en entredicho, sigue creyendo ciegamente en ella.

De sus viajes por varios países extranjeros mientras desarrollaba un proyecto de investigación, aprendió que todos los seres humanos son hermanos y están unidos en sus diferencias, que la solidaridad entre países es algo maravilloso. De su paso por la Universidad, que la lectura, los idiomas y la cultura nos hacen críticos y libres. De la política, que jamás hay que resignarse, y que cuanto más difícil es el fin, más pasión hay que ponerle a los medios. Siempre le gustó escribir y hablar de sentimientos.

Aunque, como dice (creo que con cierta ingenuidad), ha cometido muchos errores, hay cosas que, si volviera a empezar de nuevo, jamás cambiaría: la familia en la que nació, el pueblo que la vio crecer, la persona con la que vive, el oficio que eligió y el compromiso político que, una vez asumido, es imposible de abandonar porque se lleva en las venas.

Donde quiera que el destino la lleve, seguirá luchando y trabajando. No sabe vivir de otra forma.

Con ustedes YOLANDA CABALLERO ACEITUNO.

FELICES FIESTAS, PRÓSPERO AÑO Y BUEN PREGÓN TENGAN USTEDES.