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jueves, 15 de marzo de 2018

Crónica flamenca. PERSONAL ESCUELA AÑEJA DE ‘PERICO EL PAÑERO’.

Dice el proverbio que ‘Unos escardan la lana y otros tienen la fama’. En el mundo del flamenco existen infinidad de ejemplos que se pueden acercar a la aseveración del aludido refrán. Los aficionados estamos acostumbrados a escuchar a las resonadas figuras del arte flamenco –las cuales casi siempre han triunfado con dos o tres temas- y nos quedamos con la falta de regusto de ese duende que afortunadamente tienen, mas, a veces, es el renombre, que no el arte.

El pasado sábado, la Peña Flamenca de Jaén programó un recital de un tal –porque así hay que reconocerlo- Pedro Lérida López, bien conocido de los seguidores de este arte como ‘Perico El Pañero’. ¿Y quién es este cantaor algecireño que, a veces, lo han denominado como la reencarnación de Manuel Torre? Pues resulta que su tatarabuelo, José Cortés Molina ‘El Negrito’, cantó junto a los hermanos Juan y Manuel ‘Cantoral’ a finales del siglo XVIII, discípulos del que se cree primer cantaor de flamenco, ‘Tío Luis el de la Juliana’. Mas, no queda ahí la cosa, su bisabuela, ‘La Pichanta’, fue admirada por el genial y famoso gaditano Enrique Jiménez ‘El Mellizo’, así como su bisabuelo ‘Tío Bartolica’ maravilló a Manuel Torre por siguiriyas. Y no acaba aquí la historia, su abuelo, vendedor de paños –de ahí el apelativo flamenco- sin ser artista, cantaba magníficamente según el jerezano Manuel Soto ‘Sordera’ y el manchego ‘Paco Valdepeñas’, actuando junto a Juanito ‘Mojama’, ‘Juan Talega’ y ‘Antonio Mairena’. Por tanto, conocimiento y arte circulan por las venas de ‘Perico El Pañero’.

Con la guitarra del mairenero Antonio Carrión, el cantaor algecireño comenzó su recital con soleares –con ciertas premuras derivadas a la soleá por bulerías- recordando las formas de Juan Talega con conocimiento y poderío tonal, para después evocar el personalismo de ‘La Serneta’ con aires de Fernanda de Utrera, y rematar por el conocido remate de Manuel Vega ‘El Carbonerillo’. La enduenda esencia ya estaba en el aire.

Continuó con la creatividad de la malagueña-granaína de Aurelio Sellé con prestante voz flamenca, para derivar a la malagueña de Enrique ‘El Mellizo’ con determinados sones ‘caracoleros’ y estructura musical de ‘Pepe Pinto’, eso sí, con cierta disonancia. Sus siguientes siguiriyas evocaron la creatividad de Manuel Torre, para resonar con conocimiento y singularidad por ‘Tío Manuel de Paula’, prestancia ‘jonda’ por la de ‘Curro Frijones’, también por los ecos de ‘Antonio Mairena’, y un remate por ‘El Fillo’.

Perico "el Pañero" acompañado por Antonio Carrión
(Peña Flamenca de Jaén)
En los fandangos se acordó del onubense Paco Isidro, y por el estilo igualmente se ajustó al ‘jondo’ eco de Manuel Torre, continuar por José Rebollo y finalizar nuevamente por el de Jerez. Por soleá por bulerías, se aposentó en los ecos de Tomás Pavón con entremezcla de los aires de Manuel Torre, para derivar al personalismo de ‘La Niña de los Peines’, y reiterar las prestantes formas de su hermano Tomás. Sus bulerías –que tuvieron más forma de bulerías al golpe- fueron estructuradas como pocos alcanzan a llegar a la entremezcla de los sones de Manuel Torre-Tomás Pavón-‘Pepe Pinto’ como él; los ecos gaditanos del ‘Ezpeleta’ fueron perfectamente acrisolados con los de Pastora Pavón, para derivar a los aires de Carmen Amaya, rematando con fuerza por Mairena y Juan Talega. Finalizó con cantes de fragua y bastantes ecos de Antonio Mairena.

A todo lo referido hay que sumar el magnífico toque de Antonio Carrión, profesional como pocos para acompañar a los cantaores flamencos con derivaciones y falsetas propias de belleza flamenca, recuerdos del autodidacta ‘Diego el del Gastor’, maestría y dominio del instrumento, y brillante trabajo de la prima y de su izquierda en el diapasón.


Rafael Valera Espinosa

miércoles, 1 de marzo de 2017

Memoria flamenca. MANUEL LLERENA “EL CHATO DE LA ISLA” (y III).

“YO ESCUCHÉ AL LOCO DE “MACANDÉ” EN EL MANICOMIO DE CÁDIZ.”

Manuel Llerena Ramos “El Chato de la Isla”, al igual que otros muchos interpretes flamencos, pasó casi toda su vida artística en Madrid como hemos podido comprobar en las dos entregas anteriores.  Cierto que el trabajo de los muchos tablaos flamencos del Madrid de aquella época era fijo. Mas, esto suponía y supone desconocimiento de su arte por las nuevas generaciones de aficionados andaluces que  no constataban su categoría profesional en nuestra tierra, aunque en los tiempos actuales las nuevas tecnologías y las redes están contribuyendo al conocimiento de las familias flamencas andaluzas y extremeñas en Madrid. Sin embargo, toda esta serie de clanes flamencos, “Los Sordera”, “Los Guadiana”, “Los Habichuela”… etc., si no son contratados en festivales veraniegos en nuestra Comunidad Autónoma, poco desarrollo artístico tienen en Andalucía. Y por estos derroteros continuó la entrevista.

P: ¿El vivir en Madrid no te ha restado contrataciones para los festivales o para recitales en peñas andaluzas?

R: “¡No! No lo creo. No lo creo porque como hay tantos adelantos, está el teléfono y demás… –no olvidemos la que entrevista la realicé el 16 de marzo de 1990- Pero eso depende del Sr. Pulpón. Cuando el Sr. Pulpón le da por uno y ponerlo rico, lo pone y cuando le da por dejar en un rincón… lo deja. Yo digo las cosas como las siento. Yo, muy poquito… ¡ojo! muy poquito tengo que agradecerle al Sr. Pulpón. Digo la verdad y además me encanta que se entere.

Desde los primeros festivales flamencos de programación asidua que se establecieron a partir del comienzo de los años setenta, y muy concretamente tras el advenimiento de la democracia, Jesús Antonio Pulpón Gonzalez, hasta el año 1993, fecha de su fallecimiento, consiguió ser el representante artístico de los flamencos más influyente de su época, hasta el punto de que muchas Peñas e instituciones dejaban la organización de los festivales y espectáculos a su criterio personal. De ahí la influencia que refiere por aquél tiempo “El Chato de la Isla”.

P: ¿Cómo está el cante en la actualidad? ¿Cómo se canta ahora? ¿Qué diferencia existe con el cante de épocas pasadas?

R: “Eso de que se canta ahora peor que antes y antes se cantaba mejor que en épocas anteriores… Todo eso huelga. El que canta bien, canta, cantaba y cantará siempre. Y ahora salen unos muchachos… ¡Ahí tienes a Camarón…! ¿A ver si se puede cantar mejor que canta ese muchacho? Y este es de ahora. Los de antes, y me meto yo también… ¿a ver si pueden cantar como canta Camarón? ¡Nadie! Eso son cosas que Dios da de siglo en siglo. Desde que era chiquitito cantaba bien. Desde que tenía seis o siete añitos, ya cantaba que quitaba el sentío, remedaba a todos los artistas y bien.”

He referido en muchas ocasiones que Aurelio Sellé Nondedeú fue el transmisor de la escuela de Enrique Jiménez “El Mellizo” para la mayoría de los cantaores que progresaron a partir del segundo tercio del siglo pasado, de ahí la importancia de que otro gaditano como “El Chato de la Isla” nos comentara su parecer.  

P: ¿Qué opinión tiene de Aurelio Sellé?

R: “Aurelio, que cantaba muy bien la malagueña de Enrique El Mellizo… Porque yo no he escuchao al Mellizo, he escuchao a Aurelio. El noventa y nueve por ciento de los cantaores cantamos la malagueña del Mellizo de Aurelio. También cantaba por siguiriyas o soleá, pero su fuerte era la malagueña y las alegrías.”

P: ¿Y Pericón?

R: “Pericón de Cádiz también era un peazo de artista que cantaba muy requetebién la malagueña, la soleá, por bulerías, por alegrías… Yo hice grabaciones con él y, por cierto, aquél día cogimos la más grande del mundo. Estábamos grabando con Félix de Utrera y pusieron encima de la mesa una botella de güisqui. Y entre Pericón y yo nos tomamos la botella. No habíamos ni siquiera empezao a grabar, estábamos allí esperando a comenzar… y seguidamente nos tomamos otra botella de güisqui los cuatro o cinco que éramos. Cogimos una ‘tajá’ que grabamos que quitaba el sentío. Yo no he cantao mejor que ese día y estaba totalmente ciego.”

P: ¿Hay algún estilo por el que sientas especial predilección?

R: “Yo no. A mí me gustan toos. ¡Eso es otra cosa…! Que si el fandango es un cante chico… Que si la soleá es un cante grande… Toó lo que sea bueno y esté bien cantao es bueno, ni es grande ni chico, es bueno. No sé qué tiene la gente… ¿Qué si el fandango es cante, que no es cante ‘jondo’…  ¿Pero que ‘jondo’ ni ‘jondo’…? ¿Estamos en un pozo? Si cantar bien por fandangos es cantar bien por siguiriyas, por soleá o por malagueñas.”

Yo, que he tenio el gusto de escuchar a uno que cantaba por fandangos… Y como cantaba. Se llamaba “Macandé”, y de esto hace ya muchísimos años. Lo escuché en el manicomio de Cádiz y me llevó el difunto de Caracol… ¡Pues no cantaba bien por fandangos, ese…! ¿Cómo cantaba por fandangos el tio? ¿Y los fandangos de Caracol…? ¿Y los fandangos del Gloria…? ¿Y el fandango del Sevillano…? ¿O el del Carbonerillo…?”

P: ¿Está todo inventando en el flamenco?

R: “Pues sí que está toó inventao en el flamenco ¿Qué se puede inventar ya en el flamenco? Con las cosas que están saliendo… Al contrario, lo que están es perjudicando con las zambombas, los cajones, los tambores y esas tonterías que están sacando. Están perjudicando al flamenco auténtico. A mí no me va ese soniquete. Si a los demás les va y ganan dinero con eso… ¿Bendito sea su corazón!

P: ¿Qué opinas de la labor de las Peñas?

R: “Esa labor que están haciendo las Peñas me parece maravilloso. Si no fuera por la labor de las Peñas, el noventa y nueve por ciento de nosotros, los artistas, estaríamos en Agromán.”


Rafael Valera Espinosa

lunes, 27 de febrero de 2017

Memoria Flamenca. MANUEL LLERENA “EL CHATO DE LA ISLA” (II)

“VALDERRAMA ES UN PEDAZO DE ARTISTA. LO DIGO YO.”

El 16 de marzo de 1990, Manuel Llerena Ramos “El Chato de la Isla”, ofreció un recital en la Peña Flamenca de Jaén en el que interpretó cantiñas-alegrías con aires de El Mellizo y La Mejorana; cantes de ‘El Piyayo’; malagueñas de Enrique El Mellizo; fandangos de “Enrique El Almendro”, a través de Caracol; siguiriyas de Manuel Molina, Paco La Luz y Manuel Torre; tientos-tangos de ‘El Melu’ y El Mellizo; fandangos de ‘Macandé’, ‘El Carbonerillo’ y Pepe Aznalcóllar; zambras y tientos con evocaciones de Manolo Caracol; Soleares de ‘La Andonda’, Antonio Frijones y El Loco Mateo; bulerías, y fandangos de Huelva por el localismo de Santa Eulalia y el personalismo de El Cojo de Huelva. Todos los estilos desarrollados con personalidad, recreaciones singulares y mucho conocimiento.

Pero antes –como generalmente siempre acontecía- estábamos enfrascados en la entrevista que le efectué para la revista Candil, la cual comencé a publicar la semana pasada. Como a la totalidad de mis entrevistados, a Manuel Llerena también le pedí su opinión sobre los festivales flamencos:

Respuesta: “¡Hombre los veo perfectamente bien! Los veo maravillosos y que no se pierdan nunca. Desgraciaos de nosotros si se perdieran los festivales. Lo que pasa es que se hacen algunos demasiados largos y duran hasta las cinco de la madrugá, y cuando va a cantar el último, ni tiene ganas de cantar ni ganas de ná… lo que tiene es gana de irse. Son demasiado ‘jartibles’. Si los pusieran un poquito más cortos, por ejemplo, empezar a las once de la noche y terminar a las tres de la madrugá, yo creo que estarían bastante mejor. Cuando te toca salir a las cinco o seis de la mañana, sales sin ganas de cantar y sin ganas de mirar a nadie. Además, no se canta ni bien. Na más que del sufrimiento te quedas mudo, te quedas ronco. Y hay que justificarse ante el público pa poner la mano.”

P: ¿Aún te poner nervioso antes de salir?

R: “¡Hombre! Manda el respeto. Y el que diga que no, eso es incierto. Los micros siempre imponen. Sentarte donde hay un público manda respeto. A mí no mucho por la costumbre que ya tengo. Yo salgo como si estuviera en mi casa, pero manda respeto.

El Chato de la Isla entrevistado por Rafael Valera
P: ¿No crees que a veces puede parecer que en los festivales hay cierto abuso a la hora de interpretar fandangos, colombianas, etc?

R: “Bueno, cada uno hace lo que puede. Ni lo veo bien ni lo veo mal. Cada uno va a su son. Eso sí, yo salgo a cantar y canto mi soleá, mi siguiriya, mi malagueña, mis tientos, mis tarantos, mis bulerías, mis alegrías… Las colombianas y esas cosas no las canto, sé cantarlas pero no me van. Mira que las tengo grabadas y too, pero son cantes que no les veo yo salsa. Pero eso sí, yo les tengo respeto a quienes los cantan.”

P: ¿Se podría con la moda de estos cantes volver a los ecos de la ‘Opereta Flamenca’? ¿Podrían tener más popularidad cantaores como Pepe Marchena, Juan Valderrama, Manolo el de la Ribera, o el Niño de la Huerta?

R: “Con el respeto de todos, Valderrama es un pedazo de artista desde los pies a la cabeza. Lo digo yo. Lo dice ‘El Chato de la Isla’… ¡Pero de los pies a la cabeza! Lo que resulta es –y lo veo requetebién- que si yo ahora cantando como estoy cantando, gano cuatro duros, y cantando que si un pasodoble, que si esto, que si lo otro, me pongo millonario, pues yo me voy al pasodoble, porque es lo que da dinero. Valderrama todo lo que canta lo canta bien y muy bonito, con mucho gusto. Lo digo yo que le he escuchao en un escenario, y tal como estamos ahora nosotros. Valderrama, el difunto de Porrina, y yo, los tres en mi trabajo. Entonces trabajaba yo en ‘Las Brujas’, en la calle Norte, número 15. Nos metimos en un cuarto con unos señores y cantó Valderrama que no se puede cantar mejor. Conociendo los cantes como Dios manda. Digan lo que digan y hablen lo que hablen. Yo digo la realidad porque la he vivido y la he escuchao ¡Que sí es muy payo…! No hace falta ser gitano pa cantar bien. Y yo no tengo na en contra de los gitanos, pues lo poquito que sé se lo debo a los gitanos.”

P: ¿Cómo está el ambiente flamenco en Madrid?

R: “¡Vamos tirando! Ahora está la cosilla más floja, antes estaba mejor. ¡Pero vamos…! Yo no tengo queja. A mí no me falta el trabajo. Y eso que llevo muchísimos años, desde que dejé la Venta de Vargas hace veintisiete años que en Madrid. Me fui en un camión de pescao, ¡que llegué de mierda…! No te puedes hacer una idea. Cuando llegué a Madrid en ese estao, mi representante me tuvo que llevar a una tienda y comprarme otro traje que luego le pagué. En aquella época ganaba yo trescientas cincuenta pesetas; diez duros para el representante y las trescientas para mí. Le mandaba a mi mujer dinero todas las semanas y pagaba mi pensión. Luego se vino conmigo y allí seguimos estando. Me tiré veintiún años trabajando en la misma casa. En estos momentos estoy en El Café de Chinitas.”

P: ¿Qué ambientes se viven en los tablaos?

R: “Lo que pasa es que los artistas en los tablaos se queman. Se queman porque siempre es la misma rutina: la soleá, la alegría, la soleá, la alegría… y de ahí no se sale y, entonces se envician los cantes. En los tablaos se envician los cantes, se envician los bailes, se envicia too. Como no se tenga cuidao se echa a perder too. Lo que pasa es que está bien para el turismo, pero al que le guste escuchar el flamenco, no va a escucharlo. Hay doce mujeres, dos cantaores y dos guitarristas, y a ver quién hace más ruido, el que chilla más… Eso no es flamenco, ese no es el flamenco. El flamenco es, por ejemplo, coger tu sillita, te sientas y que la gente te escuche, eso sí es flamenco. Allí está trabajando también José Mercé, que el único que sale solito con la silla y hace unos cantecitos y se acabó.”

Rafael Valera Espinosa

lunes, 16 de enero de 2017

Memoria flamenca. MANUEL ZAPATA “ZAPATA DE ARCOS” (y III)

“YO NO SÉ CANTAR POR ENRIQUE ‘EL MELLIZO’.”

Establecidos sus criterios y vivencias con artistas de la talla de Tomás Pavón, José Palanca, Manuel Vega “El Carbonerillo”, Antonio Tovar Rios “Antonio el de la Calzá”, o Juan Mendoza Domínguez “Niño de Utrera”. Aseveradas sus preferencias sobre la taranta de Linares, y corroboradas sus herencias flamencas sobre la Saeta Vieja de Arcos, la conversación se trasladó a sus experiencias viajeras como taxista, y también sobre determinados contratos que le salieron en el extranjero, concretamente en Francia.

Rafael Valera: No tuve casi que preguntarle, el relato lo fue hilvanando Manuel Gallardo Pérez “Zapata de Arcos”, rememorando viajes realizados como taxista:

R: “Me acuerdo que estuve en una boda en Galicia. Nos metieron en un bodegón que estaba en obras y no te quiero decir las fatigas que pasamos con las escaleras del bodegón, porque no estaban terminás las obras ¿Quién me iba a decir a mí que iba a cantar en Galicia? ¡No veas la que se armó yo cantando en Galicia! Pero aquello gustó. No sé si la gente de allí sabía de flamenco o no, pero aquello gustó. Y hasta que me vine de allí, aquella gente no me dejó, siempre querían que cantara. Además, me aprendí dos o tres estrofas en gallego y cuando las cantaba nos partíamos de risa.”

He referido que mi mayor interés estaba inclinado a que Manolo Zapata me aclarara cuestiones de la Saeta de su tierra. Y, particularmente, insistía en entresacarle alguna referencia más sobre la misma que no me hubiera dicho antes. Volví sobre el tema y le pregunté que a su saeta se le atribuía algo de canto gregoriano dentro de ella. Le referí también de que se hablaba de que Enrique  Jiménez Fernández “Enrique El Mellizo” era un artista que le gustaba mucho estos cantos de iglesia, y le pregunté

P: ¿Es posible que dentro de esta saeta pueda haber alguna relación con El Mellizo?

R: “A mí me dicen que cante por El Mellizo y no sé cantar por Enrique El Mellizo. Ya te he dicho que yo canto y no sé si lo que canto es de él o de otro. Y no veo ninguna relación en esto que me has preguntao. Yo he escuchao a cantaores –como antes he dicho- y luego después he hecho mi composición, mi cante, con notas de unos y con notas de otros.”

Mi curiosidad no se quedó satisfecha. Posteriormente, y en mi afán de investigar y relacionar ciertas semejanzas de esta Saeta Vieja de Arcos con otros cantes semanasanteros de diferentes comarcas de nuestra Andalucía, y tras escuchar en numerosas ocasiones a mi gran amigo y desaparecido Vicente Cumbrero, trabajador que fue de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir en Jaén, y natural de Villacarrillo, los Cantes de Pasión de su pueblo, llegué a la conclusión de que estos cantos jiennenses, y también las saetas cuarteleras de Puente Genil, parecen que guardan un mismo origen primigenio con la Saeta Vieja de Arcos. ¡Qué buen trabajo aclaratorio podrían hacer aquí los musicólogos!

Mas, he de volver a la entrevista y referir lo que Manuel Zapata me contó sobre sus actuaciones en Francia cantando saetas.
 
P: ¿Qué ha significado para Vd. estar en Francia cantando saetas?

R: “Para mí ha significado mucho. Mucho porque hemos puesto bandera allí. Y particularmente para mí porque me hicieron un reportaje de televisión a mí solo.”

P: ¿Cómo vio de interesados a los franceses por la saeta?

R: “Muy interesados, con mucha afición. Allí escuchan con una atención que no se oye ni una mosca. Allí no hay trompetas ni ná… Allí se hacen a pelo liso. Cantamos a unos 50 kilómetros de París, en una iglesia que tenía una acústica extraordinaria. Ni micro ni ná. El público salió contentísimo. Creo que fue la primera vez que se ha ido a Francia a cantar saetas.”

Manuel Zapata no recordaba o no sabía que en el año 1954, cuando los artistas del madrileño “Tablao Zambra” grabaron en París la famosa Antonio de Flamenco, conocida como de Hispavox, la cual fue premiada por la Academia Nacional del Disco de Francia, la cantaora Lolita de Triana plasmó tres saetas en la misma.

Y prosiguió nuestro entrevistado:

R: “Estuvimos cuatro cantaores, “El Guapo de Jerez”, Antonio de Patrocinio, de Córdoba, otro más de Córdoba, y yo. Y nos llevábamos extraordinariamente los cuatro. Cómo sería, que “El Guapo” y yo vinimos en otro avión y, no había hecho más que llegar a la casa, cuando Antonio el de Patrocinio me estaba llamando por teléfono. Tenían muchas facultades para cantar sus saetas y muchos carzones. Pusimos los cuatro una gran bandera en Francia. Yo no he visto aplausos más largos que los que nos dedicaron los franceses.

Además, cuando me hicieron el reportaje por televisión, que salí con mi traje y mi sombrero de ala ancha… Yo cantando en televisión y viéndome cantar yo. Me pusieron para el reportaje unos auriculares porque me tenía que hablar una señorita en español las preguntas que me hacía uno en francés, y ¡me cago en la puta…! ¿Cómo va a salir esto bien? Y luego la gente me conocía por las calles, se quedaban mirando y decían ¡Ole! ¡Ole! Para mí aquello supuso una satisfacción y un orgullo bastante grande.

Tan entusiasmado estaba con el público francés; tan admirado de su silencio; tan impactante se había quedado, que me pasó por la cabeza comprometerlo con la comparación del público español y muy concretamente andaluz, el cual a veces se muestra demasiado efusivo y por tanto escandaloso, pero que casi siempre sabe decir un olé a tiempo. Manuel, una pregunta en cierto modo comprometía ¿Vale más un aplauso en francés, o un aplauso andaluz?

R: “¡Depende! ¡Depende! Porque los aplausos aquellos fueron hechos con sentimiento. Hicimos cuatro veces la retirada y no había ‘cojones’ quien aguantara los aplausos. A la que hizo cuatro veces, salimos y tuvimos que cantar una saeta más cada uno. Y eso vale y se aprecia mucho.”

Fueron bastantes más preguntas las que le hice, pero sus respuestas se reiteraban en los temas que ya he referido. Insistí en artistas de reconocida trayectoria creativa, de los protagonistas de la ‘Opera Flamenca’, de famosos como “Caracol”, Antonio Mairena, los viejos maestros de Jerez por estar en el camino hacia Arcos de la Frontera, mas, él seguía con contestaciones muy cortas y centradas en lo expresado anteriormente.
Rafael Valera Espinosa

martes, 10 de enero de 2017

Memoria flamenca. MANUEL ZAPATA “ZAPATA DE ARCOS” (I).

“HE CANTAO JUNTO A TOMAS PAVÓN.”

Corría el verano del año 1983 cuando Tomás Ortiz Ibáñez y yo, en su entonces prestante R-7, nos trasladamos a Jerez de la Frontera para pasar unos días de vacaciones juntos a los flamencos de las peñas de Manuel Carpio “El Garbanzo”, de “Los Cernícalos”, de “La Buena Gente”, etc., y acercarnos también al bello pueblo de Arcos de la Frontera para vivir una jornada con los amigos de la Peña Flamenca de la localidad, fundada entre otros por el poeta Antonio Murciano. Habíamos establecido amistad en el homenaje que años antes se le había rendido a Manuel Torre en su tierra natal, Jerez, organizado por la Cátedra de Flamencología de la ciudad del vino fino.

En estos viajes siempre había la doble intención de disfrutar del arte flamenco y entrevistar a los artistas que eran merecedores de aparecer en la revista”Candil”. Conocíamos la popularidad que Caballero Bonald había establecido en su famosa Antología de Flamenco de 1965, más conocida como “Archivo Flamenco de Vergara”, del cantaor de Arcos de la Frontera, “Zapata de Arcos”, principalmente por ser el conservador-intérprete de la “Saeta vieja de Arcos”. Aparecimos en el pueblo y nos recibió con simpatía y amabilidad, y establecimos el diálogo.

Como fue un artista que no gozó del conocimiento debido entre los aficionados en general, antes quiero referir parte de su biografía para una mayor claridad de nuestro interés por su carrera artística. De él se puede leer en Internet:

MANUEL GALLARDO TÉLLEZ, cantaor payo, más conocido en el mundo del arte del cante flamenco con el nombre artístico de MANOLO ZAPATA, nació en Arcos de la Frontera (Cádiz) en el año de 1912 y murió en su ciudad natal en 1990. A partir de 1930 aparece ya en los carteles de espectáculos flamencos celebrados en su pueblo. Dedicado principalmente al trato y a la cría de caballos, la imagen de Zapata, con su sombrero cordobés y su elegante prestancia, se paseó por distintos escenarios, siempre mostrando el mejor cante.

Manolo Zapata, que ilustró numerosas conferencias y recitales del poeta arcense Antonio Murciano, fue un excelente intérprete de tarantas, fandangos, malagueñas o soleares y una referencia viva de las sobrias y primitivas saetas de Arcos, entre el canto gregoriano y las antiguas tonás flamencas, de las que dejó grabado notables ejemplos. En recordando los cantes de Cádiz en el numero 7 Manolo Zapata nos canta unas Saeta Vieja de Arcos.”

El comienzo de la entrevista lo enfoqué en el relato de su vida.

Rafael Valera: ¿Cómo se crió, Manuel?

Respuesta: “¡Huy! Yo le temía a mi padre como una vara verde, porque a mí de chico me escucharon cantar y querían que me fuera a una compañía, pero estaba criao de una forma que no era posible eso. A mí me escuchó cantar “El Carbonero” –se refería a Manuel Vega García “El Carbonerillo”-, que era el que quería que me fuera con él. Me decía ¡Vente! ¡Vente! ¡Vente! Pero claro, no me fui. Quizás hubiera sido una figura flamenca, pero también podía haber sido un desgraciado, y esto último me pudo más.”

P: ¿Qué recuerdos tiene de “El Carbonerillo”?

R: “Yo tengo buenos recuerdos de él. Ya he dicho que me escuchó cantar y quería que me fuera. Sus fandangos eran primorosos y difíciles de hacer, ¡muy bonitos! El fandango es lo que más se pega. Tenía un eco tan bonito que se paladeaba. También cantaba soleares y otros estilos, pero sus fandangos eran los que más me gustaba. Por supuesto que yo aprendí algunos fandangos suyos, y de vez en cuando, cuando encarta, los canto; cuando no, pues hago otros cantes. Canto por soleares, canto por siguiriyas, y eso si que es difícil, porque casi nunca hago la siguiriya. Canto por malagueñas, canto tarantas… Y a propósito de las tarantas, cuando estuve en Linares, que fui a cantar tarantas, allí estaba el alcalde de Jaén, al cual le gustó mucho mi cante.”

P: ¿Cómo un cantaor de Arcos, zona tan distante de Linares, realiza precisamente las tarantas de esta tierra?

R: “¡Hombre! Cada uno es aficionao y se queda con los ecos que más le gusta. También hay que tener buen oído. Yo he escuchao a una persona y al día siguiente, estando yo en mi casa, porque mi padre era tratante, ahora te hablo de mi crianza, siempre tenía tres o cuatro caballos en la cuadra de mi casa y yo era el encargao de ellos. Y como te digo, estando allí y acordándome de lo que había escuchao, comenzaba a tararear hasta que lo sacaba. Así he aprendío yo a cantar.”

P: ¿Dónde escuchaba a los cantaores?

R: “Pues en el teatro. De los tres o cuatro cantaores que actuaban en el teatro, como hubiera alguno que me gustara, ese lo sacaba yo al día siguiente. Pero no solo en el teatro de Arcos, sino también en Jerez, en Córdoba, que hice el servicio militar. Me acuerdo que limpiando los caballos por la mañana, las mujeres pasaban al mercao, yo hecho un chavea, y me sentían cantar asomás a la ventana de la cuadra y me decían ¡Olé tus cojones…!”

P: Aparte de “El Carbonerillo”,  ¿ha convivido con más artistas flamencos?

R: “¡No! Convivir con ninguno. He coincidido con algún cantaor y sí hemos echao un rato.”

P: ¿Cuál ha sido el cantaor antiguo que más le ha gustado?

R: “No puedo decir cuál es. Me acuerdo que una noche estuve cantando con Tomás Pavón en Castilleja de la Cuesta. La víspera del Corpus, estuve toa la noche con él. Yo estuve con José Cantos Ropero, que ya murió. Ese hombre ha dejao en cintas grabas lo que no sabe nadie. Tenía cajones y cajones de cintas, que ahora tiene su mujer. Eso vale una fortuna.”

P: ¿Pero qué recuerdos tiene de ese día con Tomás Pavón?

R: “Aquella mañana estaba en la esquina de la calle Sierpes y me acuerdo que me daba el sol de cara, y yo estaba haciendo el ridículo, porque había echao la noche por alto con el notario y estuvimos en una casa de fulanas. Bueno, yo había ido con el notario haciendo un servicio, me perdí, y estuve entonces en Castilleja, porque el notario me dijo que no me necesitaba hasta otro día. Y claro, eché toa la noche con Tomás. Tomás era un cantaor muy bueno. Estuvo cantando y siempre algo se pega. Porque que no he copiao… y he copiao. He escuchao una nota de soleares y me he dicho esa nota se la meto yo a las soleares que canto, y esa ha sio mi función. No se puede decir que yo cante por fulanito ni cetanico, he cogió ecos y los he adaptao a mi persona. Tampoco puedo decir que ese cante es mío porque tiene notas de otros.”

Continuará.
Rafael Valera Espinosa

jueves, 3 de noviembre de 2016

Crónica flamenca. JOSE ANGEL EXPOSITO GONZALEZ APUNTA MANERAS.

Escuchando a los jóvenes de hoy, los que comienzan, me doy cuenta de que nuestra universal música flamenca sigue manteniendo un desarrollo uniforme en relación con las figuras consagradas desde que se tienen conocimiento del cante. Es decir, los grandes maestros nacidos en el último tercio del siglo XIX –por empezar en ese tramo histórico- don Antonio Chacón, Manuel Torre, Tomás Pavón, La Niña de los Peines, El Gloria, etc., fueron influenciados por otros legendarios creativos como El Fillo, Francisco la Perla, Manuel Molina, Curro Dulce…

Los citados primeramente han servido de base a otros excelentes artistas como Antonio Mairena, Manolo Caracol, Rafael Romero “El Gallina”, Canalejas de Puerto Real, Pepe Pinto, El Carbonerillo, etc., y estos a su vez lo han hecho con Chocolate, Fosforito, Lebrijano, Chano Lobato o José Menese, continuando la misma progresión con Camarón, El Pele, José Mercé, Miguel Poveda, Arcángel, etc. Por tanto, como apunto al comienzo, los posibles figuras de mañana se sienten imbuidos por los actuales.

De lo citado tuvimos ejemplo claro el pasado miércoles 18 de mayo de 2016, en la Peña Flamenca de Jaén, con el debutante ubetense -con ascendencias familiares cantaoras como son Francisco Delgado “El Tato” por la paterna, y Paco Sánchez por la materna- José Angel Expósito que, con la guitarra de su paisano José Romero, cerró la celebración del 45 aniversario de la fundación de la misma. 

Comenzó su recital con granaína y posterior granaína grande, con referencias melódicas a la creatividad de don Antonio Chacón. En los cantes mineros se acercó a las formas camaroneras por taranta-taranto de Manuel Torre, en doble letra para, seguidamente, abordar la cartagenera de Chacón, mas también por los ecos del de San Fernando. En las cantiñas-alegrías resonaron matices estructurales de Manolo Vargas, por las tesituras establecidas por José Monje Cruz.


Sin embargo, en su recorrido por las soleares la tendencia la modificó un  poco, pues su inicial ubicación en Alcalá sonó más añeja, en el recuerdo de las del Mellizo nos ofertó evocaciones de Tomás Pavón, para finalizar por Juaniquín de Lebrijano con entremezcla de Mairena y El Lebrijano. Demostró enjundia en las siguiriyas de Manuel Torre,  de Paco La Luz y de Silverio. En los tientos volvió a reiterar sus recuerdos de Camarón, así como en las bulerías y en los fandangos, aunque al final estableció un buen recuerdo de Manuel Vega “El Carbonerillo”.

Rafael Valera Espinosa

lunes, 10 de octubre de 2016

Memoria flamenca. PACO TORONJO (II)

“YO NO HE CONOCIO A ‘LA CONEJILLA’”.

Francisco Gómez Arreciado “Paco Toronjo”, con la guitarra de José Sousa, cantó en la Peña Flamenca de Jaén el 31 de enero de 1987 veintiséis fandangos de Huelva y una malagueña. En los primeros cantó por los localismos de Huelva, de Santa Eulalia, de Alosno incluidos los valientes, a la vez que engrandeció personalismos como los de Antonio Rengel, El Acalmao, Juan Rebollo, Marcos Jiménez, Bartolo el de la Tomasa, y los de su  personal aire. En la malagueña evocó al creativo gaditano Francisco Antonio Enrique Jiménez Fernández “Enrique el Mellizo”. De varios de estos personajes estuvimos hablando con el ilustre cantaor de Alosno en la segunda parte de la entrevista del citado 31 de enero.

En un momento de la charla no quise abordar de lleno cómo Paco había establecido una especial forma de hacer los fandangos de su tierra. Por aquella época había intérpretes populares que recordaban a los más significativos cantaores y, por ahí le fui sacando ciertos criterios interesantes a tener en cuenta sobre los fandangos de Huelva.

¿Por qué en estos últimos tiempos cantaores de renombre y mucha popularidad están incrementando la interpretación de los fandangos de Huelva por los aires de José Rebollo?
- ‘Rebollo tenía un fandango que yo hago a mi manera, y hay un cantaor que no es de Huelva, que es un gran amigo mío, que es ‘El Cabrero’, que después de no ser de Huelva no lo hace mal… ¡Pero, amigo mío! Lo ha cogió too de aquí –se señala él- , de los discos, de las cosas… pero se defiende’

¿Se acuerdan los cantaores de hoy en día al cantar por Huelva de artistas añejos como Rebollo, Pérez de Guzmán…?
- ‘El fandango de Pérez de Guzmán no es de Huelva, es amalagueñao, es abandolao, lleva el ritmo de verdial, aunque lo tengo yo grabao a mi manera, pero lleva el ritmo de verdial y lo influye; es un fandango más. Pérez de Guzmán estuvo mucho tiempo en Málaga, escuchó mucho al Cojo de Málaga e hizo un fandango a su manera, pero que es verdial.’

¿Si tuvieras que salvar un fandango salvarías solo el de Alosno?
- ‘¡No! Es muy difícil. Alosno solo tiene dieciséis tipos de fandangos; luego vienen los pueblos… Está el de Rengel, el de Rebollo; Paco Isidro no, Paco Isidro lo hacía bien, pero no me llegó nunca. Rengel y Rebollo solo hicieron un par de discos; los dos están en un mismo disco y no me quedo satisfecho cuando los escucho. Luego he escuchao a Rengel en persona y eso era otra cosa, pero el disco no; no sé si sería porque era discos de pizarra que luego los han sacao en casette –era la época de este formato-. Pasa lo mismo con ‘El Carbonerillo’, que por cierto casi toos los fandangos que hacia tenían el ritmo de Huelva, y fíjate que nació en La Macarena, pues toos los fandangos que hacía tenían ritmo de Huelva… ¡Ojo! Tocándole Ricardo’ Se refería a Manuel Serrapí Sánchez ‘Niño Ricardo’.

Como en el mensaje subliminal de sus declaraciones imperaba su ego creativo, quise entresacarle si había conocido algún cantaor profesional o aficionado que le hubiera gustado y así lo siguiera estableciendo.

¿Ha habido en tu tierra cantaores aficionados que te hayan llegado de verdad?
- ‘¡No¡ Porque en Alosno desde luego ha habio gente, pero luego no se dedicaban a eso. Los mineros… Marcos Jiménez que era abogado, o Manolillo el Calmao. Eran los que cantaban cuando se tomaban seis o siete copas de aguardiente o cuando se metían en fiesta y ya no cantaban otra vez hasta que no se terciaba. ¡Vamos, que no se dedicaban a eso! Cantaban a su forma pero no eran profesionales. También estaban el de Bartolo, el de la Matea… Eran toos aficionados del pueblo.

No quedándome muy satisfecho con sus declaraciones, insistí: ¿Y en tu juventud había alguien con garra?
- ‘Desde mi juventud hasta ahora no he escuchao gente con garra. Eran mayores todos. Marcos Jiménez hace ya un montón de años que murió; Bartolo igual; el de la Matea igual; Juan María igual… Esa gente si vivieran tendrían ya más de cien años.’

Y seguí reiterando mi curiosidad por si saltaba algún nombre. ¿María ‘La Conejilla’ quién era? - ‘¡Mira! Yo tengo cincuenta años y yo no la he conocío. La gente dice fandangos de ‘La Conejilla’ y yo me criao en el Alosno, nacío en el Alosno… ¡Fíjate! Me he llevao treinta años en el Alosno hasta que me fui a vivir a Madrid, tengo dos hijos madrileños y me he venío pa mi tierra, porque estaba ya hasta las narices de Madrid, pero a ‘La Conejilla’ no la he conoció.’

Tras esta última firme aseveración, con la cual pienso que quiso establecer su primacía cantaora por Huelva, retomé el dialogo hacia su vida profesional.

¿Cómo has desarrollado tu vida artística en Madrid?
- ¡Muy bien! Terminé una tourné con Juanito Valderrama y me quedé a grabar un disco con Hispavox. Entonces pasamos por el tablao de ‘Las Brujas’ y no sé quien estaba allí de Huelva que habló con el dueño de la sala ¡Mira que van a salir y tal…! Entonces iba conmigo este que ha grabao el último disco conmigo, Juan Díaz, que también de Alosno, y es un hombre que tampoco se dedica por completo a esto. Entonces salimos mi hermano y yo,  y al escucharnos nos dijeron que si queríamos seguir allí. Total que seguimos y me llevé a mi familia a Madrid. Luego estuve en cuatro o cinco tablaos, aunque yo venía toos los años a mi tierra, al Rocío, a la feria de Sevilla, o alguna cosa particular. Después he estao dieciséis años en el tablao ‘Las Cuevas de Nemesio’, que está en la Cava Alta; el primer tablao que yo pisé en Madrid, que por cierto, me llevó Pulpón… todavía estaba ese guitarrista célebre que salió con nosotros, ‘El Pinche’, que tocaba con las cuerdas metálicas que tienen un sonido diferente a todos y, además, con las cuerdas esas no puede tocar nadie. Yo no sé como ese hombre aguantó una feria de Sevilla sin echarse na en los deos ni na, pero tenía un aire distinto.

¿Cómo se vive el flamenco en Madrid?
- ‘Pues mira… yo caí muy bien en Madrid, porque a la gente le gustaba y estaba acostumbrá al fandanguillo y, cuando escucharon el fandango se dijeron que este no era el fandanguillo, era distinto. Se vive muy bien, muy bien…’ Continuará.

Rafael Valera Espinosa

viernes, 9 de septiembre de 2016

Por soleá. FLAMENCA RENOVACIÓN GENERACIONAL.

En determinados colectivos flamencos de nuestra Andalucía, y más concretamente en las artísticas y ancestrales comarcas sevillanas y gaditanas, se está incubando el desasosiego de que el “artisteo flamenco” va desapareciendo. Cierto es que, a veces, nosotros también lo pensamos y tememos. La muerte de grandes figuras de nuestro arte amilana a lo más veteranos porque comprueban que sus ídolos, los que vieron formarse en el comienzo de su pubertad, que después ganaron concursos y "famoseo" en su juventud y que, por ultimo, alcanzaron la plenitud cantaora, por lo inexorable del tiempo van dejándonos. “Nos tamos quedando sin cantaores, sin artistas flamencos”, dicen bastantes. Y afortunadamente eso no es así.

Tiene cierta lógica que nos entristezcamos con la pérdida de los amigos cantaores, con las figuras que hemos vivido reuniones de cabales, éxitos festivaleros, conseguimientos de concursos, y expectantes puestas de largo con las ediciones de sus discos o los homenajes ofertados. Sin embargo, el ánimo hay que recuperarlo, tenerlo alto y pleno de ilusiones flamencas, porque la vida continúa y nuestra universal música con sus brillantes representantes también.

Canalejas de Puerto Real
Recuerdo cuando mi padre, Justo Domingo Valera Rodríguez, me miraba de soslayo y, ante mi defensa de artistas como Tomás Pavón y su hermana Pastora Pavón, Mairena, Terremoto de Jerez, Chocolate, Juan Varea o Rafael Romero, me decía: “Esos nos tienen nada que hacer ante Pepe Marchena, Angelillo, Pepe Palanca, El Carbonerillo o Canalejas de Puerto Real...”.

Hasta pasado bastante tiempo de aquellas observaciones paternas, no me había dado cuenta de que –como he intentado explicar en bastantes otras columnas- todo tiene su renovación generacional, y en el flamenco no va a ser diferente. Tras El Mochuelo, Manuel Torre, don Antonio Chacón, El Niño Medina, El Gloria, o Frijones de Jerez (por ceñirnos en los ciclos a los comienzos del siglo XX), aparecieron Tomás Pavón, Manuel Vallejo, Juanito Valderrama y los citados por mi padre. En mí época de frenesí afición destacaron el citado Terremoto, Fosforito, La Paquera, José Menese, Naranjito de Triana, El Lebrijano, Calixto Sánchez, Chano Lobato, Fernanda y Bernarda de Utrera… Posteriormente, lo harían Camarón, Enrique Morente,  Luis de Córdoba, El Cabrero, José Mercé, El Pele…

Quiero especificar con lo referido que el arte flamenco siempre va a tener continuadores en sus tres disciplinas. Y considero que con los avances que se establecen en cada una de las generaciones, nuestra cultura musical tendrá mayor aceptación, diversidad, proyección e internacionalidad. Los gustos pueden que cambien en función de las modas y las trayectorias que se impongan las figuras, mas los aficionados siempre disfrutaran y se emocionaran con viejas grabaciones, como se disfruta con la visión de un Velazquez, Murillo o Rembrandt, o la audición de una obra de Bach o Mozart.

Y los más pesimistas que piensen que en la actualidad tenemos a Mayte Martin, Miguel Poveda, Arcángel, David Palomar, Antonio Reyes, Antonio Agujetas, Marina Heredia, Carmen de la Jara, Manuela Cordero, Miguel de Tena, Estrella Morente… Y sigue con calidad la lista.

Rafael Valera Espinosa