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viernes, 22 de junio de 2018

Memoria flamenca. ANTONIO CARRIÓN JIMÉNEZ ‘NIÑO CARRION’ (I).

 “A ‘MAIRENA’ LO CONOCÍ Y LLEGUÉ A TOCARLE EN UN BAUTIZO EN TRIANA.”

Aún recuerdo mis impresiones sobre su toque cuando se presentó a la fase de selección del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba de 1992, y, cosa curiosa, no consiguió entrar en la faceta de opciones a premio después de establecer uno de los más brillantes toques para intentar entrar en liza en los premios “Manolo de Huelva” y “Ramón Montoya”, cualificado como estaba para ellos. Su decisión fue que no se presentaría a más concursos porque su toque ya se había establecido como uno de los más prestantes a la hora de acompañar a las consagradas figuras más señeras de la época. Después del mismo me dolieron las críticas –sobre todo de Manuel Martín- por mi porcentaje de responsabilidad en la decisión, ya que hubo de entrar en la terna sin tener que demostrar con anterioridad sus extensas cualidades.

Comencé la entrevista realizada en el otoño de 2000 a mi amigo Antonio Carrión de la siguiente forma:

Antonio Carrión entrevistado por Rafael Valera
(foto de Pepe Pamos)
Antonio Carrión es una persona jovial y afable. Siempre está dispuesto para tocar el instrumento flamenco sim importarle la distancia, el día o las horas necesarias. A sus treinta y seis años se ha erigido en acompañante de varias de las primeras figuras actuales de nuestro arte como ‘Chocolate’, ‘Manuel Mairena’, José Menese, ‘Chano Lobato’, ‘Mariana Cornejo’ o ‘Nano de Jerez’. Con un toque sobrio y efectivo para arropar adecuadamente a sus acompañados, complementado a la vez por variaciones virtuosas y evocadoras de los grandes maestros, se ha convertido en uno de los pocos guitarristas que ha asumido la prestigiosa tarea desarrollada por prestigiosos maestros como Manuel Serrapí ‘Niño Ricardo’, Melchor Jiménez ‘Melchor de Marchena’, Juan Carmona ‘Habichuela’, etc. De formación autodidacta, como los citados, ha logrado sacarle a su guitarra las notas más efectivas y brillantes para encauzar adecuadamente el arte de los cantaores. Quizá le falte en la actualidad un disco en el cual plasmar con garantías las excelencias de su toque.”

P: ¿Cuándo se inicia tu afición a la guitarra?

R: -“Se inicia a la edad de diez años, aunque de chiquitito en mi casa solo he escuchado flamenco. A mí ni me han llevado al futbol ni a los toros, siempre ha sido a escuchar flamenco. Mi padre, el cantaor ‘Carrión de Mairena’ -que todavía sigue cantando- fue el que me sacó en concursos, recitales y otras actuaciones flamencas, hasta que después comencé a tocar con otros cantaores. Esto último me sirvió para ir adquiriendo la faceta de profesional y abandonar la de aficionado, conocer el mundo del flamenco y a sus figuras.”

P: Tú padre ¿por qué no ha sido cantaor profesional?

R: -“Porque siempre ha tenido otro trabajo y su dedicación no ha sido plena al flamenco. Es un gran aficionao y comenzó a participar en concursos y reuniones flamencas, sobre todo para que me escucharan a mí.”

P: Aparte de tu padre ¿qué otros personajes de tu familia han tenido trayectoria flamenca?

R: -“Por parte de mi padre estaba su tío, un flamenco más reconocido que le decían ‘Cancuna’, natural de Mairena del Alcor, como nosotros, el cual compartió con ‘Antonio Mairena’ muchos momentos flamencos en reuniones y fiestas flamencas. Se caracterizaba por ser un dominador de los cantes de compás, cosa que hoy en Mairena no abunda, pues no hay muchos que canten por bulerías, tangos… Los de la generación nueva mairenera van más por soleares, siguiriyas…”

P: ¿Puede haber influido en esto la enorme profundidad y calidad de Antonio por estos últimos cantes?

R: -“En parte sí. Pues Antonio marca unas pautas -sobre todo en Mairena- por estos estilos que han incidido en que actualmente en mi pueblo exista un buen grupo de cantaores jóvenes que andan muy bien por soleá y siguiriyas. Y por una dedicación muy amplia hacia estos cantes, es curioso que no dominen con soltura las bulerías, los tangos, las cantiñas…, cuando Antonio sí que hacía todos ellos con calidad. Pienso que mis jóvenes paisanos debieran ahondar más en esta faceta.”

P: ¿Conociste a Mairena?

R: -“Lo conocí y llegué a tocarle en un bautizo en Triana siendo yo muy jovencito; solo tuve esa oportunidad con él. Aunque si guardo ciertos recuerdos del maestro. Yo iba con mi abuelo al bar del ‘Libra’, en la Plaza de las Flores, en Mairena, donde está el Cristo de la Cárcel, y él tomaba café allí; o cuando participaba en los festivales de Mairena, que entonces se celebraban en el Paseo, yo no me perdía ninguno, así como los del Patio de la Academia.”

P: ¿Quién fue tu primer maestro?

R: -“Yo no he tenido maestros, si se puede expresar así. Mi primer maestro fue mi padre, que aunque entiende mucho de guitarra no sabe poner un deo en el diapasón. Para enseñarme me tatareaba los toques y yo intentaba sacar las notas que él me decía. Luego, cuando en las grabaciones escuchaba a Ricardo, a Melchor, al Huelva… yo decía para mí que esto es lo que mi padre tatareaba. Y la verdad es que con este método tan singular él fue el que me inició en la guitarra. A todo esto hay que sumar que a mí me gustaba más el cante que la guitarra. He sio un cantaor frustrao y lo sigo siendo. Es por esto último que de las tres facetas de la guitarra, la que más me gusta es la del acompañamiento.”

P: Ramón Montoya, ‘Melchor de Marchena’, ‘Niño Ricardo’, ‘Manolo de Huelva’, ‘Sabicas’… ¿Qué opinión te merecen?

R: -“Han sido unos auténticos maestros en su faceta. En la de acompañamiento los que más me gustan son ‘Niño Ricardo’ y Melchor. Yo soy muy ‘melchorista’ tocando, y también ‘ricardista’. A la hora de hacer un toque con más florituras o de concierto me quedo con ‘Sabicas’ y Montoya.”

P: En las últimas actuaciones que te he escuchado he comprobado que también te inclinas por ‘Diego el del Gastor’.


R: -“Porque me gusta mucho el toque de Morón, ya que tiene un soniquete muy especial, como también lo tienen Jerez y Utrera-Lebrija. Y Diego tiene un toque muy singular, muy flamenco y muy gitano. Por bulerías me encanta ese toque de Diego.”

Rafael Valera Espinosa
(crítico flamenco y vicepresidente
de la Peña Flamenca de Jaén)

jueves, 15 de febrero de 2018

Memoria flamenca. AURORA VARGAS VARGAS ‘AURORA VARGAS’ (I).

 ‘TOMÁS EL NITRI’, PRIMERA ‘LLAVE DE ORO’, ERA TÍO DE MI ABUELO MANUEL VARGAS

Estaba en todo su apogeo cantaor. Era figura imprescindible en los festivales de más prestigio y renombre, y lo sigue siendo en la actualidad. Vino a Jaén un abril de 1998 para certificar con su flamenco el 27 aniversario de la fundación de la Peña Flamenca capitalina. Antes se había erigido en primera figura de nuestro arte por su compás, dominio del escenario y entrega flamenca, a lo que también se sumaba su garra artística para atraer a la totalidad de los aficionados flamencos de la época.

Esta fue mi presentación en el número 115 de ‘Candil’ de marzo-abril del citado año:

Se sienta con serena elegancia y te escruta el rostro con simpatía y seriedad, a la vez, como intentando intuir por qué derroteros se va a desarrollar la entrevista. En su ánimo se aprecia que no es mujer de polémicas ni confrontaciones artísticas. Defiende a ultranza su personal arte y no quiere significarse en favor ni en contra de otros. Solo cuenta para ella la grandeza del arte flamenco, su arte, y de quienes saben interpretarlo.

De una belleza racial, más exultante cuanto más acerca su rostro para insistir en sus afirmaciones, ‘Aurora Vargas’ es mujer capaz de plasmar con rotundidad sus criterios sobre nuestra música con expresiones matizadas de enérgica dulzura, que a veces te desarman ante la frescura de sus respuestas.

Quién no la conozca en un escenario –cosa algo insólita en la actualidad- no puede figurarse que la cantaora sevillana, tras mantener una sencilla y grata conversación, puede derrochar tanta alegría, coraje, fiesta y compás en sus actuaciones. Orgullosa de sus ancestros, entre los que se encuentran ‘Tomás El Nitri’, ensalza el arte fragüero de su rama materna y fantasea, con motivos, sobre el futuro devenir artístico de su hijo mayor.”

Pregunta: ¿Cómo son tus inicios?

Respuesta: - “Pues, desde chiquitita.”

P: ¿En Triana?

R: - “¡No! No soy de Triana. Quiero a Triana, admiro a Triana y venero a Triana. Nací en el barrio de ‘La Macarena’ y me bautizaron en San Román, en la pila que hay delante del Cristo de los Gitanos. Iba en un capote torero.”

P: ¡Olé! ¿De quién?

R: - “De mi padrino, que en aquél tiempo era novillero. Después con siete u ocho años nos fuimos a vivir a Triana. Allí me he criao y he conocio a toa la gente de arte de Triana.”

P: ¿Quién ha cantao en tu familia?

R: - “Mi madre; la hermana de mi madre que se llama ‘María Vargas’; mi abuelo también cantaba; mi bisabuelo… La primera Llave de Oro del Cante, que fue ‘Tomás El Nitri’, era tío de mi abuelo Manuel Vargas. Mi madre es de Sanlúcar de Barrameda y por ahí me viene a mí el cante. Cristobalina, mujer de Miguel ‘El Funi’, también es familia mía, concretamente prima hermana de mi madre. Mi familia, además de ser de artistas, también es una familia de saber cantar y bailar y amar una juerguecita flamenca de esas que formamos nosotros.”

P: ¿Cuándo comienzas a ser cantaora profesional?

R: - “Pues desde que tenía catorce años, que fue cuando me descubrió Pulpón en una Feria de Sevilla. A partir de ahí me contrataron –por medio de él- en ‘Los Canasteros’; más tarde estuve en ‘Los Gallos’, y después nos fuimos a Japón.”

P: ¿Has cantao para bailar?

R: - “Yo siempre he sío cantaora d´alante desde que empecé. Lo que pasaba es que si tenía que cantar a una figura del baile, pues le cantaba, como a ‘Rafael el Negro’, cuando estaba en ‘La Cuadra’ antigua, que era muy chiquitita. Allí estaba la ‘Familia Montoya’ con ‘Lole’ incluida. Yo alternaba con casi todas las grandes figuras que hay hoy en el flamenco. Me acuerdo que estaba ‘La Paquera’, Angelita Vargas…”

P: ¿Cuándo se produce tu despegue artístico?

R: - “A partir de una Quincena Flamenca de Sevilla, que se celebró en el Teatro “Lope de Vega”. Ese teatro ha sío siempre mi talismán. Cada vez que he actuado en el Lope de Vega he tenio un éxito resonado. Luego fui a la Cumbre Flamenca de Madrid donde también triunfé, y a partir de aquí comencé a meterme en los festivales, y hasta hoy.”

P: Aurora Vargas’ es una cantaora conocida sobre todo por su arte en los estilos festeros… ¿Y las siguiriyas, los martinetes y las tonás…?

Aurora Vargas entrevistada por Rafael Valera
(foto: Pepe Pamos)
R: - “¡Hombre! ¡También! Ten en cuenta que la siguiriyas son unos de los cantes que yo siempre los he escuchao en mi casa. Y de hecho también he cantao en festivales el martinete y la toná. Sin embargo, yo siempre he tenío respeto por mis compañeros. Tú sabes que tanto ‘Menese’ como ‘Manolo Mairena’, con los que coincido en festivales, cantan con calidad por esos palos y yo siempre respeto a mis compañeros. Pero te repito que he escuchao a mi gente cantar muy bien por esos cantes, porque mi gente son toos de la fragua. De hecho, todavía tienen la fragua en Sanlúcar. El abuelo de mi madre cantaba por siguiriyas como nadie. Existe un disco que hizo mi tía Cristobalina, y detrás, en la presentación, refiriéndose a mi abuelo, se dice: ‘Cuando ‘Juan el Bizco’ estaba en la fragua cantando por siguiriyas, los gitanos del barrio alto se emborrachaban de manzanilla’. Con esto te quiero decir que en mi gente se ha dao muy bien ese palo. Mi madre canta por siguiriyas pá reventar, pues escuchaba en la fragua a su padre y a su abuelo.”

P: ¿En qué estilo te encuentras más a gusto?

R: -”Cuando estoy en el escenario con los cantes que me identifico. Pero cuando estoy con mi familia, el cante que más me gusta es la siguiriya.”

Rafael Valera Espinosa

lunes, 19 de septiembre de 2016

Memoria flamenca. MANUEL MAIRENA (y IV).

“NIÑO RICARDO TENIA UNA GUITARRA LARGA Y MUSICAL, MELCHOR MUY GITANA”
   
Portada del disco de Manuel Mairena
Fue muy explicativo Manolo Mairena cuando me refirió la frase de su hermano Antonio: ‘Aunque te bañes en el lago del león, no se te quita la mancha que de mí te salió’.  Cierto que él generalmente tuvo a su hermano como el patriarca cantaor de su casta. Igualmente, he de significar que la casi totalidad de los aficionados también comulgábamos con esa determinada circunstancia. Mas he de señalar que siempre que Manolo Mairena cantaba, casi todos estábamos expectantes en la identificación de su propia personalidad, de su forma de acometer los estilos con la impronta de su hermano Antonio y procurando identificar sus propios aires. Manolo Mairena también aportaba singularidades, con sonoridades de su hermano por la conformación física similar de su órganos canoros –garganta y facultades pulmonares- así como el apego a prestigiar la casta artística con la dificultad que suponía destacar en pocas dosis su aire propio para seguir manteniendo la primacía del mayor, pero argumentando a la vez que él poseía algunas que otras características cantaoras propias.

Todo ello le costó tiempo y sacrificio personal. ¿Quién era el valiente que pudiera osar –no olvidemos su admiración por Antonio- encaramarse casi a la misma altura que el maestro de los Alcores? Además, la eficiente y calidad analítica de los críticos subyugados por la investigación, eminentes formas cantaoras, reivindicativas acciones de encumbrar el flamenco en los merecidos pedestales, y la prestante defensa de la ortodoxia que realizaba Antonio Mairena, suponía una lucha personal y externa para establecer su categoría cantaora. En el Congreso Internacional de Arte Flamenco de Sevilla de 1996, igualmente dialogué con él y le pregunté ¿Qué opinas de la crítica que mi compañero de RNE en Sevilla, Miguel Acal, te ha hecho con el fundamento de que no cantas como debieras y tu hermano te enseñó? Manolo Mairena me contestó que él no se explicaba esa crítica:

- “Yo canto por la Casa de los Mairena y soy fiel -a mi aire- de mi casta cantaora.”

Particularmente, considero que lo de: “No soy un imitador, lo que pasa es que me parezco mucho a Antonio”, explicaba con sinceridad su lugar en el escalafón flamenco.

Manuel Mairena con Melchor de Marchena
Referido mi parecer sobre su respuesta de que no era un imitador, durante la entrevista había una circunstancia que particularmente me llamaba la atención. Y se la pregunté ¿Por qué Antonio grababa con Melchor de Marchena y tú con Manuel Serrapí “Niño Ricardo”?

- ‘Eso no es cierto. Yo también grabé con Melchor y más tarde con su hijo Enrique. Ricardo a mí me ayudó muchísimo, porque Ricardo sabía mucho de cante. El disco que grabé con Ricardo me lo montó él mismo,  e incluso con letras de él. Si Ricardo no se hubiera muerto, yo habría seguido grabando con él, porque sabía montar las letras, Melchor no lo hacía. En aquellos tiempos, para mí, la mejor guitarra era la de Ricardo, sin embargo, la de Melchor no era una gran guitarra pero era la del sonido más gitano que se le puede sacar a las cuerdas. Como le sonaba de gitano a Melchor la guitarra, no le ha sonao a nadie. Y la técnica, la facilidad y lo largo… En la grabación de Antonio “Cien años de cante gitano-andaluz” en la que están los dos, Antonio tiene todos los cantes de Cádiz, Los Puertos, etc., con Ricardo; sin embargo, los de Triana, Alcalá y los suyos, los tiene con Melchor. Están así porque cada toque era el adecuado para unos cantes. Las cantiñas, romeras, siguiriyas de Jerez, Sanlúcar o Los Puertos, todos los tienen con Ricardo… El cante de Alcalá, Triana, Utrera-Lebrija… todo lo tiene con Melchor ¿Por qué? Porque imperaban las convivencias que tuvieron siempre. Ricardo era una guitarra más larga, con más técnica, más musical… la otra, haciendo menos era más gitana. A mi hermano le venía muy bien la guitarra de Melchor, y es que era muy reiterativo en las falsetas y en el acompañamiento, pero como ha tocao Melchor por tangos no ha tocao nadie. La prueba es que también acompañó a Pastora Pavón “Niña de los Peines”.

¿Y Diego el del Gastor?

Manuel Mairena con Diego el del Gastor
- “Diego tenía un toque muy personal y quería poner la guitarra por encima del cante. Era un maestro y tenía una personalidad muy grande. Sin embargo, con Antonio no, porque Antonio era muy técnico y Diego tecnicismo tenía muy poco. Tenía música. De ahí las diferencias que dicen que había entre Diego y Antonio. Diego el del Gastor era un maestro de mucha personalidad.

En 1993 –año de la entrevista- y muerto Antonio Mairena diez años antes resultaba extraño que Manolo no hubiera grabado más discos. Una vez fallecido Antonio, los aficionados teníamos curiosidad y afán por conocer la progresión de Manuel Mairena.

¿Desde cuándo no has grabado?

- Desde hace siete años.

Por esas fechas las nuevas figuras comenzaron a publicar trabajos de corte modernista, nuevos tratamientos de fusión, acercamientos de otras músicas al flamenco… Conociendo su trayectoria la pregunta era obligada: ¿Por qué eres un cantaor clásico?

- “¡No! Lo mismo que Antonio. El “Calor de mis recuerdos” lo hizo él porque no había casas que le pagaran esa grabación después de contactar con varias. En el flamenco hay que pagar para grabar… ¿Porque si yo hiciera unas grabaciones sin cobrarlas, en las cuales la dirección, la forma de estructurarlas y todo fuera mío? ¡Bien! Ahora… ¿Para tener un director que no sabe lo que es una soleá o una siguiriya y encima me dirija? ¡No!

Los hermanos Antonio y Curro Mairena
En el transcurso del diálogo no había sido mencionado su hermano Francisco Cruz García  “Curro Mairena”. Eminente cantaor siguiriyero con prestantes evocaciones de Manuel Torre y otros grandes maestros del estilo. No se había significado mucho en el imaginado duelo creativo y cantaor del clan mairenero. Siempre había optado por quedarse al margen, mas, generalmente era muy apreciado por los aficionados por sus quejíos flamencos en los cantes serios y profundos. Conciliaba su arte cantaor con la subordinada presencia ante sus hermanos, y además se configuró como el sustituto perfecto de su hermano Antonio, cuando el maestro de Mairena no podía asistir a los compromisos establecidos. Tuve la obligación de recordarlo –murió en enero del aludido 1993- y la pregunta fue sincera, a la vez que comedida.

¿Cómo fueron tus relaciones con Curro?

- ¡Como la seda! Mi hermano Curro era como “el Corazón de Jesús”.


Rafael Valera Espinosa

lunes, 12 de septiembre de 2016

Memoria flamenca. MANUEL MAIRENA (III)

“NO SOY UN IMITADOR, LO QUE PASA ES QUE ME PAREZCO MUCHO A MI HERMANO ANTONIO.”

Después de explicarnos sus vivencias en el famoso Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, en el que a su hermano Antonio le otorgaron la consabida III Llave de Oro de Cante Flamenco, Manuel Mairena se centró en relatarnos su personal trayectoria flamenca. El quiso igualmente establecer su prestigio cantaor en el siguiente Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba del año 1965. Y por esos derroteros continuó la entrevista que vengo recordando a los lectores, la cual –como ya referí- le efectué en 1993. Y la pregunta no podía ser otra:

¿Qué pasó en el Concurso del sesenta y cinco?
- “Pues que me llevé el premio Tomás Pavón, Menese se llevó el premio Tomás El Nitri, Canalejas "el Juan Breva"… Fue una experiencia que te enseña, porque llevarse en aquella época en Córdoba un premio era importante…”

¿Y ahora?
- “Ahora no lo sé. Yo no me presento a concursos ni a nada. Como te decía, Córdoba ha sío muy protectora… Protegió mucho al mundo del cante y el cante dio bastante prestancia al Concurso. Toda la afición cordobesa es muy de proteger al artista y al cante. Quizá se sepa, porque todo el mundo tiene su verdad, que la afición cordobesa es buena y fácil para el artista. Mi satisfacción fue enorme y más con ganar el premio. Cuando me lo dieron yo no me lo creía.

 ¿Pero tú conociste a Tomás?
- “Conocí a Tomás pero no estuve nunca con él. Fue un día que me llevó mi padre a Sevilla y en la Plaza de la Encarnación estaba Tomás hablando con no sé quién, y mi padre me dice ¡Mira, es Tomás! Fue la única vez que lo vi. Nunca lo escuche cantar en persona.”

¿Y a la Niña de los Peines?
- “A la Niña, si. Pastora me quería mucho y siempre estaba ‘sobrino p’acá y sobrino p’allá…’ Yo paro mucho en lo del Pinto. Hubo una época en que Antonio tenía diferencias con ellos y yo fui el que los puso bien”

¿Recuerdas por qué tenían diferencias?
- “Yo no quiero meter nombres por medio, pero Carmen Amaya preguntó por mi hermano y alguien le dijo… cosas de artisteo. Antonio en aquél tiempo llevaba su carrera muy seria, muy recta. Las diferencias fueron con Pepe Pinto, con Pastora no tuvo nunca nada. Después se hicieron muy amigos otra vez y Pepe le dijo ‘En ti está el futuro del cante… En ti está la continuación’ ¡Pepe y Antonio? Como hermanos. Antonio solo quería estar junto a Pastora y escucharla, pues siempre estaba metío allí tomando copas y hablando con Tomás de Manuel Torre, del Gloria… De pronto se hacía un poquito de compás y a cantar. Recuerdo que mi hermano decía ‘A ver, Pastora ¿tú como haces esto…?’ La afición de Antonio no tenía límites para investigar y para buscar donde lo hubiera.”

¿Tú apuntabas algo en aquellas reuniones?
- ¿Yo? ¡Como iba a cantar en aquellas reuniones! De vergüenza me moría delante de aquellos monstruos. Decían ‘Vamos a escuchar un poquito a Manolito…’ y yo salía huyendo. Por lo único que me atrevía a cantar y ellos me respetaban, tanto Pastora, como Pepe Pinto, Juan Talega… era por saetas. Ahí sí, ‘¡Vaya Manolito! ¡Mira mi hermanillo…!’ Me dieron lo que hay que dar. Yo me sentía muy orgulloso, porque cuando ellos decían que yo sabía cantar por saetas ¡Imagínate! Es que cantar gitano es una cosa, y cantar bien es otra.”

¿Pesa la herencia?
- “Pesa bastante porque yo mismo he querido que pese. Si yo me hubiera tirado por otros derroteros quizás hubiera pesado menos, pero como he cogido el mismo camino, la misma verea que Antonio… entonces pesa. Yo no me he querido apartar y meterme en otra forma de cantar, en otro aire, en otros cantes… ¡No! Yo sigo el mismo derrotero de Antonio aunque sin creer llegar a la meta. Pienso que siempre me faltará algo. Creo que soy un cantaor respetable y no un cantaor vanidoso. ¿Pensar que por ser hermano de Antonio Mairena, lo soy toó? ¡No! Yo tengo mucho que aprender todavía y fíjate la edad que tengo. Mira a la edad que murió Antonio y murió aprendiendo.”

A pesar de todo esto ¿te cuesta trabajo sacar tu personalidad?
- “Más del cincuenta por ciento de los aficionados saben que yo tengo mi propia personalidad; ahora que, en la fuente que bebo es en la de Antonio. Mi garganta tendrá la misma construcción, el eco es muy parecido, la forma de respirar cantando es similar… Yo creo conocer muy bien a mi hermano, imitarlo no. Yo hago los cantes como los siento y como los vivo. Cierto es que escucho la grabación de un disco, otra de otro diferente… Yo no soy un imitador, lo que pasa es que me parezco mucho y eso lo decía él, que por mucho que yo no quisiera parecerme siempre me parecería a él. Me decía ‘Aunque te bañes en el lago del león, no se te quita la mancha que de mí te salió’ Y es verdad, no se me puede ir nunca de la mente, ni del eco, ni del sentimiento, ni de las vivencias.”

¿Intentaba Antonio mediatizarte?
- “Ojalá yo hubiera sido un cantaor de la vanidad y el orgullo de Antonio… ¿Yo…? ¡No! A última hora Antonio sabía quién era y eso le generaba vanidad y con razón. Yo lo que siempre propicié es que la gente conociera a Antonio Mairena. Siempre decliné la responsabilidad en él, ahora la responsabilidad la tengo yo. Actualmente la plana me la tengo que arreglar yo, antes lo tenía él.”

Recuerdo que el 6 de septiembre de 1991, el Excmo. Ayuntamiento de Ecija, por iniciativa del crítico flamenco astigitano Manuel Martín Martín, institucionalizó un reconocimiento a los críticos de este arte más prolíficos en su tarea de Andalucía. Cada uno tuvimos que presentar un artistas en el correspondiente festival flamenco de la ciudad de las torres de Sevilla, y a mí me correspondió hacerlo con Manolo Mairena. No cité para nada a su hermano Antonio; quise resaltar su propia personalidad y su propio arte. Y a fuer de ser sincero, creo que cumplí con la tarea, pues tras mi presentación flamenca, Manolo Mairena me dio un fuerte abrazo, señal –así lo consideré- de que había acertado con sus deseos.   
             Rafael Valera Espinosa


martes, 6 de septiembre de 2016

MEMORIA FLAMENCA. MANUEL MAIRENA (I)

“MI HERMANO ANTONIO TENIA CELOS DE MI.”

Manuel Mairena y Rafael Valera
Se celebraba el XXII aniversario de la fundación de la Peña Flamenca de Jaén, el XV de la edición de la revista Candil, y el X de la muerte de Antonio Cruz García “Antonio Mairena”, y los directivos de la entidad y promotores a su vez de la revista, decidimos que Manuel Mairena era el artista flamenco imprescindible –por la determinación de las fechas- para protagonizar el mencionado aniversario de la creación de la entidad cultural flamenca capitalina. Corría la primavera del año 1993 y la entrevista al menor de la casa de Rafael Cruz Vargas era de obligado menester. Existían situaciones anímicas que no eran las más propicias para mantener este diálogo, quizás hasta pudieron resultar contraproducentes por el hecho de cumplirse diez años de la muerte de su hermano Antonio. Mas, esa misma contradicción acarreó un resultado tan loable que me indujo a no sopesar, en futuros encuentros con artistas, cual debe ser el momento idóneo para establecer el contacto.

Ante mi solicitud, ni se mostró huraño ni hubo ningún desplante por su parte, todo lo contrario. Estuvo comedido, amable y sincero, pero triste. No hacía mucho tiempo que su hermano Curro Mairena se había llevado –el 18 de enero de ese 1993- su grito siguiriyero en su alma, y el sentimiento de orfandad imperaba en el ánimo de Manuel. Por otro lado, como he referido anteriormente, el cercano décimo aniversario -5 de septiembre del mismo año- de la muerte de Antonio y la serie de preparativos que se estaban hilvanando para su conmemoración, ahondaban más la pena de nuestro protagonista, pues todo contribuía a que el cantaor se sintiera el último de su casta cantaora. En su posterior recital tras la entrevista, todos los sentimientos se aunaron con su arte para proporcionarnos una auténtica noche de cabales.

Su repertorio, con la guitarra de Antonio Carrión, lo estableció por soleá por bulerías, soleares jerezanas de "El Gloria" y Frijones, de La Andonda, Joaquín el de la Paula, más Frijones y La Andonda, de El Quino y Manuel el Chino. Igualmente, mostró su enjundia por tientos destacando el recuerdo de Rafael Pareja; por tangos de Frijones, Mellizo, Pastora, su hermano Antonio y Fernando El Herrero. En las siguiriyas de acordó de Manuel Molina, Paco La Luz, El Marruro, Francisco La Perla y cabal de Silverio. Se basó en las bulerías por Antonio La Peña, La Sordita, y en su hermano Antonio por romances. Finalizó por tonás de Juanelo de Jerez, Juan El Pelao y Antonio El Baboso, maestro de Tomás Pavón en la debla. Plenitud de flamencura “jonda”.  

Como solía establecer en este tipo de entrevista, la primera pregunta que le hice estaba enfocada a que nos contara sus comienzos cantaores en la fragua de su padre, Rafael Cruz:

- “Mi padre era tal aficionao que generalmente siempre había alguna que otra fiesta en mi casa. Aquello era para vivirlo, porque el flamenco que nosotros hacemos es de convivencia. Después ha habido que ser artista y dedicarse profesionalmente a este arte. En casa era flamenco de familia. Mi padre era tal aficionao que cuando tuvo edad su primer hijo para llevarlo de la mano,  Antonio, se iba con él a escuchar a cantaores como Manuel Torre, El Gloria, los Pavones…” ¿Y qué artistas iban a tu casa? “En Mairena había dos casas. Una era la de Juan Carmelo –que era la más pudiente-, familia de Diego de la Gloria, de Mairena, y de Anselmo, de Ecija… y mi casa. Mi padre le montaba espectáculos a Manuel Torre, y mi padre decía que no tenía ni que cantar, que con el timbre de su voz acababa con too. Mi padre era un hombre inteligente, muy gitano, con sus cosas… muy trabajador, sabiendo leer y escribir perfectamente, con su pequeño capital… que podía, porque todas las familias gitanas no estaban como él. Y claro, los artistas iban por mi casa.”

¿Hubo un hijo predilecto?

- “El predilecto fue Antonio. En las segundas nupcias de mi padre vine yo y Antonio era ya un hombre curtido. Antonio era muy celoso y yo el más chico de la familia, y lo que pasa con los pequeños… Por aquél entonces empiezo a cantiñear y cantar en la fragua por saetas, que es lo primero que se canta en mi pueblo por ser una ciudad muy saetera. Mi padre comienza a escucharme y a llevarme a los sitios de los flamencos. Con trece años conseguí el premio de saetas de la radio en Sevilla. Con toda esta serie de circunstancias, Antonio comienza a tener unos pocos celos porque siempre había sido él el predilecto. Luego surgieron unas diferencias entre mi padre y Antonio, ya que él no había querido que se casara por segunda vez. ¡Ojo! Antonio siempre se llevó magníficamente con mi madre.”

¿Es por esto que te fuiste con Enrique el Cojo?

- “¡No! Lo de Enrique el Cojo surge porque yo iba a la academia, ya que a mí me gustaba mucho el baile también. Iba a lo de Manuela Vargas a verla ensayar en su academia. Entonces en Sevilla se vivía de las fiestas más que hoy; las que organizaban la Duquesa de Alba, el Marqués de Paradas… Enrique me metió con una pareja de baile en la que ella era suiza y él catalán, pero tenían un ‘algo’ y trabajaban mucho. Con ellos estuvieron Pepe el de la Matrona y José Mercé. Cuando Pepe se fue me llamaron a mí y estuve mucho tiempo con ellos… con Susana y José, que así se llamaban. Generalmente donde más actuábamos era en el extranjero. De ahí viene lo de Enrique el Cojo, porque a Enrique le gustaban mucho mis cosas… le gustaba que yo me diera mis vueltecitas. Después vino lo de Manuela Vargas, con la que también estuve unos pocos de años.”

¿Hiciste muchas giras por el extranjero?

- “Más que aquí, en España. Una vez, para lo de la antorcha –consiguió La Antorcha del Cante de Mairena del Alcor en 1965- tuve que venir de Londres. Cuando me llamaron les dije que me tenían que pagar el viaje de ida y vuelta para que pudiera estar en Mairena para lo de la antorcha.”

Durante el resto de la entrevista Manuel Mairena nos relató innumerables cosas y situaciones de su hermano Antonio Mairena, y la curiosa circunstancia de que Manolo estuvo cantando –sin competir- en el famoso Concurso Nacional de Arte Flamenco de 1962, en el que le dieron a su hermano la III Llave de Oro del Cante Flamenco. Parte de todo eso lo narraré en la siguiente entrega.


Memoria flamenca. MANUEL MAIRENA (II).

"EL DISCO ‘EL CALOR DE MIS RECUERDOS’ MATÓ A ANTONIO MAIRENA."

Manuel Mairena y Antonio Carrión
Como dejé entrever en la pasada semana, hubo una circunstancia muy llamativa pero poco conocida durante el transcurso del III Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba celebrado en 1962. Uno de los miembros del jurado, el poeta de Puente Genil, Ricardo Molina Tenor, amigo incipiente -por mor de la presentación que su paisano Antonio Fernández Díaz “Fosforito” le hizo de Antnio Mairena- del maestro de los alcores, incidió en que el citado concurso fuera la merecida catapulta que el de Mairena necesitaba para establecer su escuela flamenca y el predominio de la tendencia ortodoxa que acabaría con los ecos melismáticos, dulzones y heterodoxos de la conocida ‘Opera Flamenca’, que contrastaban con las esencias ‘jondas’ del flamenco antiguo y racial, y nada pretencioso de los teatros, plazas de toros, y auditorios abiertos en los que triunfaban cantaores de pletóricas facultades.

Dicho concurso exigió en sus bases que:

“Se establece conceder, en esta edición del Concurso Nacional, la Llave de Oro del Cante, valorando para el mencionado premio, además de la actuación pública, el historial flamenco de los concursantes. Los grupos de cantes que deben de interpretar los artistas se distribuyen de la siguiente forma: siguiriyas, tonás y soleares.”

Es decir, los tres grupos de cantes en los que Antonio Mairena ha sido uno de los mejores –el dominador sin igual en aquél tiempo- y el más resaltable en la historia –particularmente para mí- del conjunto de estos tres estilos. Y siguen las bases del certamen:

Los cantes por siguiriyas y soleá tendrán que hacerse por tres estilos diferentes.’ Mairena los dominaba casi todos. ‘En las tonás, cada cantaor deberá de ejecutar tonás, toná grande, martinetes y debla.’

Antonio también los dominaba mejor qué los más sobresalientes artistas de la época. Y siguen las bases:

‘Además, cada cantaor debe de completar su actuación con dos cantes a su libre elección.’

¡Pan comido para el maestro!

Cierto que participaron en dicho concurso cantaores de la talla de Juan Varea, Antonio Fernández Díaz “Fosforito”, Antonio Montoya Núñez “Chocolate”, ‘Platerito de Alcalá’ – hubo de buscarlo porque nadie más se atrevió a presentarse- y el ganador, Antonio Mairena. Refiero esto porque considero que todas las Llaves de Oro del Flamenco han sido preparadas para otorgarlas de forma preferencial por un artista. Y, a partir de lo relatado, para que los aficionados y lectores tengan bases para la adecuado comprensión de la entrevista que sigue a Manuel Mairena, continúo con su respuestas a mis preguntas, las cuales son bastantes específicas sobre el aludido concurso.

Después de que me relatara sus giras con elencos flamencos como el de Manuela Vargas, le referí ¡Y Antonio por otro lado del mundo!

- ‘Mi hermano estaba también de giras con el ballet de Antonio Ruíz Soler ‘Antonio el bailarín’. Habiendo estado unos pocos de años con Antonio –entonces yo era muy joven- mi hermano se dio cuenta que su etapa con Antonio se tenía que acabar, como así fue. Por aquél entonces conoció a Ricardo Molina y hablándole de Sevilla, de los cantes de Triana, de Pastora, Tomás… hizo de Ricardo –que era muy amigo de Fosforito- un andaluz asevillanao. Le presentó a Juan Talega, le explicó, le contó… Ricardo, como hombre inteligente y culto se maravilló de lo que mi hermano decía. Y es que Antonio tenía un embrujo que cambiaba a quien él quisiera, lo cambiaba por derecho por la verdad por delante, él nunca engañó. Tú sabes que en el cante jondo, o cante gitano-andaluz hay mucha ‘ojana’, y el buen aficionao del cante gitano-andaluz es el que se da cuenta de donde está y no la ‘ojana’. Y yo creo que también hay que nacer con esa virtud, porque eso no se puede enseñar… ¿Qué tú sepas separar y distinguir el cante gitano-andaluz? Eso es un don que da Dios también al aficionao, no solamente al cantaor que lo canta.’

¿A quién le cantaste en el año sesenta y dos en el concurso de Córdoba?

- ‘Aquello fue el descubrimiento de que yo le cante a Farruco y a Carmen Carrera, y a los dos le premiaron en el baile. A mí no me dejaron entrar en el concurso y además, Antonio no quería pujar con su hermano el más chico e hizo bien. En aquél momento para mí no, pero hizo bien ¿El iba a pujar por la Llave de Oro con un hermano chico suyo? ¡Eso no estaba bien! Así que yo canté ‘pa bailar’ y no canté con el nombre de Manuel Mairena. Después lo tuvo que decir López Murcia por Radio Nacional de España, porque canté tan bien… tan bien… ¡Mira! Hay que decirlo claro. Y lo dijo: ‘Este hombre es hermano de Antonio Mairena. Es Manuel Mairena, no es Manolito Soto… En Córdoba me pusieron Manolito Soto.

¿Por qué lo de Manolito Soto?

- ‘Porque Antonio y Ricardo no querían que hubiera otro Mairena en el concurso. Yo creo que acertaron, porque yo no estaba todavía hecho, no estaba preparao, sabía bastante pero no estaba completamente hecho como cantaor. Hoy si estoy hecho cantaor, aunque en el cante gitano-andaluz no se acaba nunca de aprender. Aprendes una cosa y hay veinticinco mil más que no sabes.’

¿Qué sentiste cuando le dieron la Llave a tu hermano?  

- ‘¡Hombre! Sentí una satisfacción muy grande, como si me la hubieran dao a mí. Igual. Yo siempre he estao muy respaldao por Antonio, aunque con nuestras diferencias y nuestras cosas. A pesar de que la gente quiso que fueran más que menos, nosotros hemos tenido nuestras diferencias, pero estas eran siempre familiares. ¿En el cante…? ¡Ninguna! Nunca dije que jamás cantaría  con Antonio, nunca. A mí me gustan que me digan ‘Cantaor hermano de Antonio Mairena’ Porque yo sé que llegar a donde ha llegao Antonio, con esa cabeza y esa sabiduría… Yo sé positivamente que no. ¡Puede que en un momento… quizá… llegar o mejor… pero en un momento…¿ Después…? ¡No! La constancia y la trayectoria de mi hermano no la puedo superar. Antonio era un hombre mucho más aficionao que yo y más que too el mundo. Antonio se levantaba y se acostaba con el cante. Y yo hay muchas veces que tengo ganas de escuchar cantar y otras que… Antonio no vivió  nada más que para el cante y por el cante. El cante es el que lo mata. Si él no hace ‘El calor de mis recuerdos’… Si no efectúa ese esfuerzo, seguiría viviendo o hubiera vivido unos añitos más. O si no hubiera sido tan ‘jiñón’ y se hubiera operado del corazón… Si él se opera viviría todavía.’

Rafael Valera Espinosa
(crítico flamenco)