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lunes, 9 de abril de 2018

Por soleá. ¡QUÉ BIEN VENDE EL FLAMENCO! (III).

Puede que me tire toda la vida escribiendo sobre el tema. Muchos no se enteran, aunque otros insisten porque ¡Qué bien vende el flamenco! Lean por favor: “Los Vivancos exhibirán en el Olympia (de Valencia) flamenco extremo, artes marciales y acrobacia en 'Nacidos para Bailar. 

La compañía artística fusiona "flamenco extremo”, artes marciales, acrobacia y música con una puesta en escena espectacular en la que se celebra la vida y la diversidad. En la escenografía, que une riesgo con efectos especiales, han tenido el asesoramiento técnico del ingeniero espacial de la NASA, Eduardo García Llama.”

Y sigo: ''CAMARÓN: FLAMENCO Y REVOLUCIÓN'' de Alexis Morante tendrá su estreno mundial en el Festival de Cine de Málaga el próximo viernes 20 de abril. La película, narrada por Juan Diego, y con guion de Alexis Morante y Raúl Santos, tiene como protagonista a José Monge Cruz 'Camarón de la Isla'.” “SINOPSIS: El 5 de Diciembre de 1950 nacía Camarón de la Isla, la figura que revolucionó el arte del Flamenco. Denostado por los puristas y convertido en todo un icono para el público y en un referente para el pueblo gitano, Camarón llevó una vida siempre al límite.”

Y así hasta no sé cuántas noticias semanales más. Ante esto, no tengo más remedio que volver a preguntarme lo de siempre ¿Qué es ‘flamenco extremo’ que hasta ha de intervenir un técnico de la NASA? ¡No lo creo, será en otra modalidad! ¿Quién puede argumentar que ‘Camarón de la Isla” ha estado y está denostado por los ‘puritas’? Por cierto ¿Quiénes son los puristas? ¡Posiblemente yo!

Al público en general ¿Han escuchado que la música clásica, jazz, blues, tango argentino, soul, reggae, son cubano, reguetón, pop-rock… tengan puristas? Solo tienen apasionados que se inclinan por una fase o grupos más que por otra u otros. Pues, en el flamenco sucede lo mismo, a muchos nos puede gustar una época de nuestro arte como la de Rafael Romero "el Gallina", ‘Canalejas’, ‘Niña de los Peines’… A otros les atrae más ‘Manolo Caracol’, ‘Pepe Marchena’, Juanito Valderrama, ‘Angelillo’… Y, generalmente, nos gusta a todos Antonio Molina, ‘Los Chichos’, Triana, ‘Lole y Manuel’… aunque no sean tan flamencos. Mas, cada uno en su sitio y en su época.

Si la revolución de ‘Camarón’ fue tal como se quiere vender ¿por qué en su disco de 1987 ‘Flamenco Vivo’, grabado en directo en festivales de Cádiz, Sevilla, Bornos, San Fernando, Jerez, Puebla de Cazalla, Tomares y Triana, se argumenta: ‘De todas las grabaciones realizadas, hemos seleccionado una muestra que creemos representativa de lo que es hoy el flamenco vivo, en directo’, y en su promoción de venta por Internet se dice que: ‘Voz viva y alegre que deleita al mezclarse con los sonidos de la penetrante guitarra de Tomatito. Nos permite escuchar muchas canciones antes grabadas en estudios de una forma más natural.’? ¿Cuál es el mejor y más cierto, el natural o el del estudio?

Rafael Valera Espinosa

viernes, 9 de septiembre de 2016

Por soleá. FLAMENCA RENOVACIÓN GENERACIONAL.

En determinados colectivos flamencos de nuestra Andalucía, y más concretamente en las artísticas y ancestrales comarcas sevillanas y gaditanas, se está incubando el desasosiego de que el “artisteo flamenco” va desapareciendo. Cierto es que, a veces, nosotros también lo pensamos y tememos. La muerte de grandes figuras de nuestro arte amilana a lo más veteranos porque comprueban que sus ídolos, los que vieron formarse en el comienzo de su pubertad, que después ganaron concursos y "famoseo" en su juventud y que, por ultimo, alcanzaron la plenitud cantaora, por lo inexorable del tiempo van dejándonos. “Nos tamos quedando sin cantaores, sin artistas flamencos”, dicen bastantes. Y afortunadamente eso no es así.

Tiene cierta lógica que nos entristezcamos con la pérdida de los amigos cantaores, con las figuras que hemos vivido reuniones de cabales, éxitos festivaleros, conseguimientos de concursos, y expectantes puestas de largo con las ediciones de sus discos o los homenajes ofertados. Sin embargo, el ánimo hay que recuperarlo, tenerlo alto y pleno de ilusiones flamencas, porque la vida continúa y nuestra universal música con sus brillantes representantes también.

Canalejas de Puerto Real
Recuerdo cuando mi padre, Justo Domingo Valera Rodríguez, me miraba de soslayo y, ante mi defensa de artistas como Tomás Pavón y su hermana Pastora Pavón, Mairena, Terremoto de Jerez, Chocolate, Juan Varea o Rafael Romero, me decía: “Esos nos tienen nada que hacer ante Pepe Marchena, Angelillo, Pepe Palanca, El Carbonerillo o Canalejas de Puerto Real...”.

Hasta pasado bastante tiempo de aquellas observaciones paternas, no me había dado cuenta de que –como he intentado explicar en bastantes otras columnas- todo tiene su renovación generacional, y en el flamenco no va a ser diferente. Tras El Mochuelo, Manuel Torre, don Antonio Chacón, El Niño Medina, El Gloria, o Frijones de Jerez (por ceñirnos en los ciclos a los comienzos del siglo XX), aparecieron Tomás Pavón, Manuel Vallejo, Juanito Valderrama y los citados por mi padre. En mí época de frenesí afición destacaron el citado Terremoto, Fosforito, La Paquera, José Menese, Naranjito de Triana, El Lebrijano, Calixto Sánchez, Chano Lobato, Fernanda y Bernarda de Utrera… Posteriormente, lo harían Camarón, Enrique Morente,  Luis de Córdoba, El Cabrero, José Mercé, El Pele…

Quiero especificar con lo referido que el arte flamenco siempre va a tener continuadores en sus tres disciplinas. Y considero que con los avances que se establecen en cada una de las generaciones, nuestra cultura musical tendrá mayor aceptación, diversidad, proyección e internacionalidad. Los gustos pueden que cambien en función de las modas y las trayectorias que se impongan las figuras, mas los aficionados siempre disfrutaran y se emocionaran con viejas grabaciones, como se disfruta con la visión de un Velazquez, Murillo o Rembrandt, o la audición de una obra de Bach o Mozart.

Y los más pesimistas que piensen que en la actualidad tenemos a Mayte Martin, Miguel Poveda, Arcángel, David Palomar, Antonio Reyes, Antonio Agujetas, Marina Heredia, Carmen de la Jara, Manuela Cordero, Miguel de Tena, Estrella Morente… Y sigue con calidad la lista.

Rafael Valera Espinosa

jueves, 28 de abril de 2016

MEMORIA FLAMENCA. Enrique Morente (II)

“Marchena ha sido uno de los tres o cuatro artistas más grandes”.

Encabezaba la primera parte de la Memoria Flamenca dedicada a Enrique Morente con la frase: “el genio más grande del flamenco”, la cual el artista granaíno se la dedicó a don Antonio Chacón. Y aclarado lo anterior, considero que es preciso continuar en esta segunda con mi defensa de la ortodoxia flamenca y los criterios que Enrique vertía sobre la heterodoxia a cada una de mis observaciones y preguntas. No hemos de olvidar que corría el año 1984.

Tras lo apuntado sobre el arcaísmo de Cagancho sobre su creatividad en la siguiriya popularizada con la letra “Reniego de mi sino…” que Tomás Pavón engrandeciera y recreara con mas “aire y frescura”, según Morente, insistí en que artistas como Manuel Torre o el aludido Tomás Pavón, así como otros anteriores creativos flamencos, habían recogido los melismas añejos adaptándolos a sus personalidades para dar un nuevo empuje al flamenco de su época, estableciendo mi criterio de que eso era abrir caminos nuevos dentro de la ortodoxia:

R: “Sí que se salieron –dijo- de la ortodoxia. Y si no se hubiesen salido habría seguido el cante como antes de ellos. Si no hubieran existido guitarristas como Ramón Montoya se seguiría tocando como Miguel Borrull el viejo o como tocaría el maestro Patiño. Y si el cante de aquella época de Manuel Torre o Tomás Pavón hubiese sido tan observao como lo es ahora por la crítica y por la afición, que me parece positivo porque es como un freno que mantiene… Si esos señores hubieran sido tan observaos, no en vano Demófilo ya criticaba aquella situación, también habrían sido criticados si existieran en este momento.”

En aquellos tiempos los aficionados aún manteníamos esencial la enjundia cantaora de figuras como Juan Talega, Mairena, Aurelio Sellé, Rafael Romero “El Gallina”, Tío Manuel Agujetas el Viejo, etc., y considerábamos con matices de atenorados, musicales y acupletados a los principales protagonistas del segundo tercio del siglo XX como Angelillo o Marchena. Por estar mi predilección sobre los primeros, mi pregunta entonces no podía ser otra ¿Crees que la Opera Flamenca benefició al flamenco?

R: “¡Mucho! La Opera Flamenca benefició muchísimo al flamenco. Yo estoy en total desacuerdo con esta leyenda que hay sobre la citada Opera. Lo único de feo que tiene es el título, que me imagino sería un invento de algún empresario, de algún productor de los que había en aquella época, que eran grandes hombres seguramente.

(Cierto, fue un ardid de empresarios como el murciano Alberto Monserrat y su cuñado Carlos Hernández “Vedrines” para acogerse a las subvenciones que por entonces tenía la Opera Clásica, aunque el calificativo existía desde mucho antes.)

En la Ópera Flamenca iban Ramón Montoya tocando, la Niña de los Peines cantando, iba Pepe Marchena, Manuel Vallejo, Cepero… para que te voy a contar ¡maravillas! ¿Qué defecto le vamos a buscar a la Opera Flamenca? No tuvo ninguno, nada más que el titulo que es horrible. Benefició muchísimo en contra de todas las teorías que hay. Al contrario, muy buena, muy positiva esa iniciativa que tuvieron los magníficos artistas de aquella época empezando por Pepe Marchena que fue el primero que llevó el flamenco al teatro.”

P: ¿Fue un genio Marchena?

R: “Creo que ha sido uno de los tres o cuatro artistas más grandes que ha tenío el arte flamenco. Me chiflan sus entonaciones. Siempre me he preguntao como era posible que en aquella época hubiera un artista tan grande y tan avanzao.”

P: Mas, yo seguí sin querer doblegarme en mi criterio ¿No crees que ese periodo del flamenco dejó en la sombra a cantaores como el propio Tomás Pavón, Juan Talega o Tía Anica La Piriñaca? ¿Por qué a partir de mediados de los cincuenta con la antología de Hispavox y el Concurso de Córdoba se rompe con ese movimiento y se vuelve la cara hacia atrás?

R:“No sé por qué la gente que viene tiene que romper con lo que haya habido anteriormente para poder tirar pa`lante. Muchas veces volver la cara atrás es volver pa`lante. Pero eso no quiere decir nada ya que Tomás y Manuel Torre no eran artistas de teatro, como tampoco lo fue don Antonio Chacón, de ahí el prestigio de Los Gabrieles o el Villa Rosa. Para eso se inventaron esas casas, para escuchar cante en el cuarto, que es diferente al tablao y al escenario. Antes no había un Palacio de los Deportes donde se cantara delante de veinte mil personas como yo lo he hecho. Los tiempos cambian y no nos queremos dar cuenta los puristas… Los tiempos cambian para mal y para bien, nos dan y nos quitan cosas. La proyección que tiene el flamenco a través de los discos en la actualidad no existía antes.”

P: Pero, tú eres un intérprete que de alguna forma se te ha puesto el sello de intelectual, un buscador de nuevos caminos. Pienso que uno de tus mejores discos ha sido el que dedicaste a Miguel Hernández allá por los primeros años setenta, y creo que uno de los más interesantes porque supiste llenarte del sentimiento del poeta y expresarlo a través de nuestro arte. Opino que eso si es buscar nuevos caminos sin salirse de los cánones ¿No es mejor esa línea? Cuando te haces acompañar con otros instrumentos además de la guitarra ¿No hay algo de comercialidad en esas grabaciones?

R: “La comercialidad, siempre que sea con una intención sana de hacer arte es positiva. Hay que buscarla porque comercial es todo. Comercial es una simple reunión de señores para cantar en un cuarto, siempre que el que cante se dedique a eso y va a cobrar. Por tanto, comercial es todo y lo comercial es lícito. Desde este punto de vista hay que procurar que el disco que grabas tenga una posible venta, porque si no poco hemos hecho. Ese disco se tiene que vender en una cantidad tal que para el próximo año la casa de discos te vuelva a contratar. Es que son muchos los problemas y muchas las vicisitudes.” 
   
Rafael Valera (flamencólogo y presidente de la Peña Flamenca de Jaén)

miércoles, 2 de mayo de 2012

CICLOS FLAMENCOS.

Los que hemos vivido con determinada intensidad el mundo del flamenco desde la perspicacia que ofrece la edad, y por tanto estamos educados en unos conceptos por los que apreciamos el pellizco y la jondura reivindicativa de la raza calé, así como los parámetros musicales, educativos e investigadores de los payos, establecemos y diferenciamos que no todo lo que hoy ofertan los artistas que se acogen bajo el manto del calificativo flamenco lo son como tales, y voy a intentar explicar mi concepto de artista y cantaor flamenco.

Pericón de Cádiz
​Por ejemplo, Morente por su “Omega”, “Morente sueña la Ahambra” o “El Barbero de Picasso”, no ha sido un cantaor flamenco, ha sido un artista de tendencia flamenca. A Enrique yo lo he considerado cantaor cuando se acordaba y acrisolaba con cierta singularidad y arte los ecos y escuelas de Chacón, Pepe el de la Matrona, Rafael Romero, Juan Varea, Pericón de Cádiz, La Niña de los Peines o Bernardo el de los Lobitos. Puede que esté equivocado, mas ese es mi criterio personal. Y pensemos que todos los citados han bebido en fuentes añejas a las de sus épocas.

Es decir, Enrique Morente, Camarón de la Isla, Carmen Linares, José Menese, El Lebrijano, etc., han ejecutado e interpretan el flamenco aprendido de otros grandes maestros, mas con sus cualidades vocales, creatividad personal, versatilidad artística y correspondencia con el mundo en el que han vivido y viven. Pocos de ellos se han influenciado de Pepe Marchena, Angelillo, La Niña de la Puebla, El Niño de la Huerta, etc., aunque los adoren, pues sus ambientes flamencos han estado estructurados en las vivencias de sus clanes gitanos, así como en los criterios artísticos y musicales que se derivaron de la publicación que Hispavox hizo de su famosa “Antología del Cante Flamenco” de 1954, que adquirió fama por el premio de la Academia Nacional del Disco de Francia –si hubiera sido de España habría pasado sin pena ni gloria-, y por el ambiente que se creó con el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba de 1956 que ganara “Fosforito” en sus cuatro apartados y la preponderancia acertada de Mairena.

​¿Qué tienen de malo Marchena, Angelillo, la de la Puebla, Valderrama, etc.? ¡Nada, todo positivo! Y aún más, musicalmente casi insuperables y además auténticos incentivos para acercar a los neófitos a nuestro arte. Su época fue la insufladora de la popularidad y el amor por el flamenco gracias a la instauración y preponderancia de la radio, a los espectáculos de las compañías en los teatros y plazas de toros, y a las subvenciones estatales por la denominación del movimiento artístico como “Opera Flamenca”, ya que la clásica era la principal receptora de las citadas ayudas. Fue el tiempo de los cantaores citados, a los que también hay que sumar a Manuel Vallejo, Manolo Caracol –heterodoxo flamenco como pocos- Canalejas de Puerto Real, Manolo el Malagueño, o Pepe Pinto, los que gustaban y defendían la generación nacida a comienzos del siglo XX.

Aún añoro las divergencias con mi padre sobre los gustos flamencos: “Más alegría, buena garganta, cante de pecho y no tanto quejío”, me decía Justo-Domingo Valera. Era la forma de olvidar los avatares y penurias de la guerra de su generación.

​Toda la historia del flamenco son ciclos. Es decir, como siempre se repite. Ahora estamos inmersos en el final de una cierta modernidad, generada a raíz de los avances técnicos, el marketing comercial y la afortunada carencia de vicisitudes de los artistas para sobrevivir, circunstancia que anteriormente establecía que el cantaor incluyera un mensaje subliminal en sus letras para difundir sus padeceres. Esto último es lo que incardinó la queja, el ¡Ay! en el flamenco.

​La actual modernidad nunca solapará a las épocas anteriores, como Picasso no lo ha hecho con Velázquez. Cada una tendrá su lugar, como la tienen los citados pintores. Mas, quiero establecer como final una opinión personal. Yo con el quejío y el pellizco flamenco me divierto y sobre todo me emociono, con la musicalidad actual solo me divierto. Insisto. Criterio individual.

Rafael Valera Espinosa
(presidente de la Peña Flamenca de Jaén y flamencólogo).

CICLOS FLAMENCOS.

Los que hemos vivido con determinada intensidad el mundo del flamenco desde la perspicacia que ofrece la edad, y por tanto estamos educados en unos conceptos por los que apreciamos el pellizco y la jondura reivindicativa de la raza calé, así como los parámetros musicales, educativos e investigadores de los payos, establecemos y diferenciamos que no todo lo que hoy ofertan los artistas que se acogen bajo el manto del calificativo flamenco lo son como tales, y voy a intentar explicar mi concepto de artista y cantaor flamenco.

Pericón de Cádiz
​Por ejemplo, Morente por su “Omega”, “Morente sueña la Ahambra” o “El Barbero de Picasso”, no ha sido un cantaor flamenco, ha sido un artista de tendencia flamenca. A Enrique yo lo he considerado cantaor cuando se acordaba y acrisolaba con cierta singularidad y arte los ecos y escuelas de Chacón, Pepe el de la Matrona, Rafael Romero, Juan Varea, Pericón de Cádiz, La Niña de los Peines o Bernardo el de los Lobitos. Puede que esté equivocado, mas ese es mi criterio personal. Y pensemos que todos los citados han bebido en fuentes añejas a las de sus épocas.

Es decir, Enrique Morente, Camarón de la Isla, Carmen Linares, José Menese, El Lebrijano, etc., han ejecutado e interpretan el flamenco aprendido de otros grandes maestros, mas con sus cualidades vocales, creatividad personal, versatilidad artística y correspondencia con el mundo en el que han vivido y viven. Pocos de ellos se han influenciado de Pepe Marchena, Angelillo, La Niña de la Puebla, El Niño de la Huerta, etc., aunque los adoren, pues sus ambientes flamencos han estado estructurados en las vivencias de sus clanes gitanos, así como en los criterios artísticos y musicales que se derivaron de la publicación que Hispavox hizo de su famosa “Antología del Cante Flamenco” de 1954, que adquirió fama por el premio de la Academia Nacional del Disco de Francia –si hubiera sido de España habría pasado sin pena ni gloria-, y por el ambiente que se creó con el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba de 1956 que ganara “Fosforito” en sus cuatro apartados y la preponderancia acertada de Mairena.

​¿Qué tienen de malo Marchena, Angelillo, la de la Puebla, Valderrama, etc.? ¡Nada, todo positivo! Y aún más, musicalmente casi insuperables y además auténticos incentivos para acercar a los neófitos a nuestro arte. Su época fue la insufladora de la popularidad y el amor por el flamenco gracias a la instauración y preponderancia de la radio, a los espectáculos de las compañías en los teatros y plazas de toros, y a las subvenciones estatales por la denominación del movimiento artístico como “Opera Flamenca”, ya que la clásica era la principal receptora de las citadas ayudas. Fue el tiempo de los cantaores citados, a los que también hay que sumar a Manuel Vallejo, Manolo Caracol –heterodoxo flamenco como pocos- Canalejas de Puerto Real, Manolo el Malagueño, o Pepe Pinto, los que gustaban y defendían la generación nacida a comienzos del siglo XX.

Aún añoro las divergencias con mi padre sobre los gustos flamencos: “Más alegría, buena garganta, cante de pecho y no tanto quejío”, me decía Justo-Domingo Valera. Era la forma de olvidar los avatares y penurias de la guerra de su generación.

​Toda la historia del flamenco son ciclos. Es decir, como siempre se repite. Ahora estamos inmersos en el final de una cierta modernidad, generada a raíz de los avances técnicos, el marketing comercial y la afortunada carencia de vicisitudes de los artistas para sobrevivir, circunstancia que anteriormente establecía que el cantaor incluyera un mensaje subliminal en sus letras para difundir sus padeceres. Esto último es lo que incardinó la queja, el ¡Ay! en el flamenco.

​La actual modernidad nunca solapará a las épocas anteriores, como Picasso no lo ha hecho con Velázquez. Cada una tendrá su lugar,
como la tienen los citados pintores. Mas, quiero establecer como final una opinión personal. Yo con el quejío y el pellizco flamenco me divierto y sobre todo me emociono, con la musicalidad actual solo me divierto. Insisto. Criterio individual.

Rafael Valera Espinosa
(presidente de la Peña Flamenca de Jaén y flamencólogo).