Mostrando entradas con la etiqueta Enrique "el Mellizo". Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Enrique "el Mellizo". Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de junio de 2018

Por soleá. AÑEJO CAUDAL FLAMENCO (y III).

Finalizo la referencia sobre la crítica ‘Cilindros de Cera’ de la Junta de Andalucía de 2005 con lo que sigue: Vuelve Rafael Moreno el de Jerez a constatar su arte con una malagueña que desarrolla con claras resonancias de ‘El Mellizo’. En las cartageneras de la grabación 20, ‘El Sevillano’ demuestra la musicalidad que el estilo mantiene hoy, mas con determinado reposamiento que nos suena algo primigenio. En cuanto a la murciana de El Mochuelo nos sorprende que no guarde mucha relación con la que conocemos de El Cojo de Málaga y nos remita hacia los aires por malagueñas, aunque la segunda letra se asemeja más a la cartagenera clásica.

En el capítulo de las soleares y las siguiriyas, ya en el segundo volumen, continúan con su protagonismo ‘Manuel el Sevillano’ y ‘El Mochuelo’. El primero desarrolla unos tercios que tienen ecos de las apolás de Triana, con ciertas reminiscencias de ‘La Andonda’. Por su parte, el segundo, con tres cortes por el estilo, principalmente se basa en los personalismos de la citada cantaora de Jerez y de su paisana Mercedes ‘La Serneta’. En cuanto al cante por serranas, Antonio Pozo realiza el cante de una forma simple en la primera versión, elaborando más el estilo en la segunda grabación. En la siguiriyas, El Mochuelo siente especial predilección por evocar a dos añejos por el estilo, como son ‘El Viejo de la Isla’ y ‘Manuel Molina’.

Mas diversidad personal se aprecia en las siguientes guajiras, donde ‘Rafael Moreno el de Jerez’ plantea un cante con los clásicos sones caribeños, circunstancia que reitera ‘Paca Aguilera’ pero con más ritmo y fiesta. ‘El Mochuelo’ con su habitual profesionalidad y por el estilo va marcando una línea clásica primeramente, para en la segunda estructurar una interpretación más moderna. Poco comentario suscita la del Sr. Reina, pero demuestra que algunos intérpretes de música clásica también se sentían atraídos por algunos sones del flamenco.

El Niño de Medina
(blog de Manuel Campos)
Las peteneras acrecientan su grado folclórico en la voz de ‘El Mochuelo’ con un acompañamiento que nos recuerda a los desaparecidos “Coros y danzas”, evidenciando así otra muestra más de cuál es el origen de nuestro arte flamenco. Imaginamos que, a partir de esta estructura, partirían ‘El Viejo Medina’, ‘El Niño Medina’ y ‘Pastora Pavón’. En las saetas encontramos, en la primera, como la clásica letra de Antonio Machado ya era utilizada con el matiz flamenco propio del estilo. En la segunda -con aire arcaico- nos puede remitir a la que en su día grabara para la antología de Vergara, Manuel Zapata como saeta vieja de Arcos. Similares tesituras tonales a esta segunda saeta tienen los denominados “Cantes de Pasión” que se conservan y cantan en la localidad jiennense de Villacarrillo

En el resto de estilos, como son farruca, sevillanas, asturianada y jota aragonesa, solo tienen el interés de poder comprobar cómo un cantaor flamenco, Antonio Pozo ‘El Mochuelo’ consigue aportar matices flamencos a unas piezas netamente folclóricas. 

Rafael Valera Espinosa
(crítico flamenco y vicepresidente
de la Peña Flamenca de Jaén)

lunes, 19 de febrero de 2018

Por soleá. "FLAMENCOLOGÍA". ANSELMO GONZÁLEZ CLIMENT.

A veces la creación es más conocida que el propio autor, circunstancia que generalmente se produce más en las artes que en las ciencias. Este es el caso de nuestro protagonista del día de hoy, el cual publicó en 1955 un tratado muy certero sobre el flamenco que tituló ‘Flamencología’, término que quedó acuñado a partir de entonces para definir la ciencia de los estudios en torno al arte flamenco, aunque siempre han existido autores que no han estado de acuerdo con el vocablo. 

Anselmo González Climent, creador del libro, fue un autor argentino de padres nacidos en San Roque (Cádiz), pueblo en el que pasó grandes temporadas. El libro es de capital importancia para el flamenco y también para los toros, según expresan numerosos y prestigiosos analistas de ambas artes. Fue a raíz de su lectura por parte de Ricardo Molina Tenor, cuando éste (artífice de la institucionalización del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba de 1956) busca la amistad del argentino para estructurar el citado concurso.

Junto con el poeta de Puente Genil, Anselmo se erigió en alma del referido Concurso hasta la III Edición de 1962, en la que se le entrega ‘La Llave de Oro del Flamenco” al mairenero Antonio Cruz García ‘Antonio Mairena’, lo cual significó la casi total ruptura de la relación entre ambos escritores, entre otras circunstancias porque Ricardo Molina defendía el gitanismo de la escuela ‘mairenera’ influenciado por Antonio y Juan Talega, y Anselmo se inclinaba más por la escuela gaditana que representaban grandes figuras como ‘Enrique el Mellizo’, Enrique Ortega ‘El Gordo’, ‘Curro Dulce’, don Antonio Chacón… aleccionado por Aurelio Selles.

Tal fue la importancia del libro ‘Flamencología’ que su prologuista, el gaditano y escritor José María Pemán expresó:

"He aquí un libro para el cual, si su autor no me hubiera pedido tan amablemente un prólogo, creo que yo hubiera solicitado e intrigado hasta conseguir el honor de escribirlo".

Mas, no solo Anselmo González Climent escribió ‘Flamencología’; también fue autor de ‘Oído al cante’, ‘Bulerías’, ‘Antología de la poesía flamenca’, ‘Pepe Marchena y la Opera Flamenca y otros ensayos’, o ‘Cante en Córdoba’, amén de otros trabajos literarios y de investigación como la enciclopedia ‘Historia de la Marina Mercante de Argentina’. A raíz de la celebración del XIII Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba de 1992, se publicó un volumen bastante clarificador de los entresijos que rodearon el de la ‘Llave de Oro’ treinta años antes, con el título ‘Cartas de Ricardo Molina a Anselmo González Climent’, gracias a la colaboración de la Peña Flamenca de Jaén, depositaría de bastantes documentos literarios del autor argentino.

Igualmente, la revista Candil publicó por entregas otro apreciado volumen que no llegó a editarse como tal, bajo el título ‘Viejo carnet Flamenco’. Una transcripción de las entrevistas que en su día Anselmo González realizó a los más señeros cantaores de la época.

Este año se cumplen 20 de su fallecimiento. Su recuerdo es capital.


Rafael Valera Espinosa

domingo, 9 de julio de 2017

Jaén rinde homenaje a 'Camarón'.

El Ayuntamiento respondió al ruego de la Corporación de San Fernando para que se sumara al reconocimiento del cantaor.

Con el recinto peñístico jienense a rebosar y cuatro días después de que se conmemorara el 25 aniversario de la muerte de José Monge Cruz 'Camarón de la Isla', el pasado jueves el Ayuntamiento de Jaén, a través de su Patronato de Cultura y Educación, respondió al ruego efectuado por la Corporación de San Fernando para que se sumara al reconocimiento del cantaor más famoso de la Isla gaditana.

El mismo consistió en un recital flamenco protagonizado por el cantaor José Heredia Heredia 'Joselete de Linares', quien estuvo acompañado por la guitarra del mairenero Antonio Carrión. Para programar el acontecimiento, el Patronato Municipal contó con la organización de la Peña Flamenca de Jaén, y con la colaboración de la Obra Social de UNICAJA.

El espectáculo lo inició el cantaor linarense con melódica granaína-malagueña que popularizara Manuel Torre a la cual le sumó, con personalidad, las formas melismáticas de Manolo Caracol, derivando seguidamente a la prestante malagueña de Enrique 'El Mellizo' en la misma línea cantaora.

En estos últimos tiempos, José ha incorporado a su repertorio el cante de la 'mariana'. Este fue el segundo estilo realizado en su puesta en escena, con determinadas resonancias de Menese, mas, efectuado con fuerza, entrega y alguna disonancia. En los tangos se centró con buen compás por los localismos sevillanos, para después ubicarse en las formas de los conocidos como extremeños -que tanta popularidad de le dieron a 'Camarón'-, para cerrar a través de la creatividad de Pastora Pavón.

Amplio fue el recorrido establecido en sus soleares, con inicio por las del alcalaíno Joaquín el de la Paula con matices caracoleros, y también con evocaciones de Tomás Pavón, localismos utreranos y unas finales de 'Curro Frijones', con influencias de 'Tío Borrico de Jerez'. En los fandangos, se centró en el recuerdo de Enrique 'El Almendro', tío de Manolo Caracol, a través de la recreación personal que estableciera el cantaor sevillano, para volver a recordar a 'Camarón' por el personalismo de 'El Chato Méndez', reiterando después los matices caracoleros.

Finalizó con una zambra de Manolo Caracol, la cual le sirvió para enlazar con el compás de las bulerías por los sones jerezanos, a veces con recuerdos de Manuel 'Agujetas', más influencias caracoleras y un final con sonoridades de 'Los Sorderas'.

Por su parte, Antonio Carrión volvió a establecer su reconocida calidad en el dominio de la guitarra flamenca, su prestancia en el acompañamiento, sus variaciones o falsetas virtuosas, la flamenca entremezcla de las clásicas y legendarias escuelas como las del 'Niño Ricardo', 'Melchor de Marchena', 'Manolo el de Huelva', o la de 'Diego el del Gastor'. Todo desarrollado con la técnica más precisa para emocionarnos con sus trémolos y arpegios, así como con espectaculares y limpios picaos, complementado todo con un magnifico dominio del diapasón y un exhaustivo trabajo en la prima.

http://www.ideal.es/culturas/jaen/jaen-rinde-homenaje-20170709202547-nt.html

domingo, 2 de julio de 2017

Memoria flamenca. José Antonio Díaz Fernández "Chaquetón" (III).

«Mi tío 'El Chaqueta' ha sío un monstruo, lo dijo Camarón». 

Generalmente, los aspectos más señalados de estas 'Memorias Flamencas' considero que son los que nos informan de los inicios y formación artística de nuestros protagonistas, entre otras cosas, porque nos orientan en la cronología flamenca, en descubrirnos quienes han sido los maestros de otras figuras, y, además, nos establecen la evolución personal de los artistas y la del flamenco, en general.

En el último párrafo de la entrega anterior, 'Chaquetón', como muchos otros, se coronó de ciertos laureles que -aunque posiblemente fueron merecidos- se marchitaron antes de la entronización. Mas, como he referido, lo interesante está en los inicios y con ellos avanzamos en esta segunda parte de la entrevista de 1991.

Rafael Valera: De los tiempos de la taberna de tu padre ¿Qué te ha quedado?

Respuesta: «Muchas cosas. Recuerdo la bronca que le echó 'La Niña de los Peines' a su marido. 'Pepe Pinto' estaba malo y el médico le había prohibido que bebiera. El caso es que mi padre y él se enzarzaron en una buena conversación y copa va y copa viene. A las cuatro de la tarde se presentó Pastora y le lió la bronca. Le echó la culpa a mi padre que no sabía que 'El Pinto' estaba malo, y recuerdo la frase que le dijo: 'Por culpa del besugo del Flecha estás así'. Lo de besugo se lo decía porque mi padre tenía los ojos azules.

Me acuerdo también de ver a mi padre detrás del mostrador cantando la malagueña grande del Mellizo y, Melchor de Marchena, sin tocar la guitarra, llorando como un chiquillo de lo emocionao que estaba. O de la Nochebuena en que mi padre cerró el bar con el Niño Ricardo y otros dentro, mi madre poniendo la cena y ellos, de lo bien que lo estaban pasando, ni acordarse de la cena ni ná».

«A mí no me gustaba, pero bastó que no quisiera para que me quedara en 'Chaquetón' pa los restos»
P: ¿Tu madre cantaba? 

R: «Mi madre bailaba muy bien. ¡Hombre. Como buena gitana también cantaba! Pero lo suyo era bailar. Según dicen los de la familia de 'Los Lucía', Ramón y su padre, porque Paco era muy chico, bailaba con aire especial».

P: ¿Por qué el apelativo de Chaquetón?

R: A mí me decían 'Chalequito' y entonces me llamó Augusto Butler para grabar unos tangos en un disco que se llamó 'Carnaval de Cádiz'. ¡Como me gustaría tener ese disco! Porque llamaron a mi padre para hacerlo y no quiso. Entonces los hice yo, en la casa Philips, cuando esta casa estaba en el Paseo de las Delicias, en Madrid ¡La cantidad de años que han pasao ya.! Por aquél entonces estaba mi tío 'El Chaqueta' en Madrid y vino a la grabación. Yo me parecía mucho en la voz a mi tío 'El Chaleco', y mi tío Antonio dijo que si me ponían 'Chalequito' podía haber cierta confusión. Entonces dijo mi tío Antonio que me iban a poner 'Chaquetón'. A mí no me gustaba y por tanto no quería, pero bastó que no quisiera para que me quedara en 'Chaquetón' pa los restos. Luego grabé un disco con Manolo Sanlúcar, cuyo productor era el padre de 'Paco de Lucía', y está hecho con Manolo Sanlúcar como digo, y también me toca, cosa curiosa, 'Pepe de Lucía' el cantaor. Antonio Sánchez Pecino -el padre de 'Los Lucías'- me quiso quitar el nombre y ponerme el segundo de mi madre; ella se llamaba María Fernández de los Santos, porque decía que era muy bonito. Pero, después se dio cuenta y me dijo que 'Chaquetón' no me lo quitaba nadie.

P: ¿Cómo surge tu enamoramiento por los ecos de Aurelio Sellé? 

R: Primero fue por mi padre. A mí me gusta too el mundo. Yo he sio y soy un enamorado de Tomás Pavón, que ha sio un monstruo y creo que no se le está dando el sitio que se le tiene que dar. Se está hablando mucho de Pepe el de la Matrona, del otro y el otro. ¡Es que hay que hablar de Tomás Pavón! Al primero que escuché fue a mi padre y me gustaba como cantaba. Yo decía que parecía un león porque cantaba con mucha garra. Con ocho o nueve años tuve la suerte de escuchar en Cádiz a mi padre en una reunión con Aurelio también cantando. Entonces me dice mi padre: 'Hazle a Aurelio la granaína y la malagueña esas que haces tú.' Tras cantárselas, Aurelio me cogió y me sentó en sus rodillas y él cantó también en la radio, porque estábamos en la radio.

Aquello se me quedó grabao. Aurelio ha sio un cantaor que ha tenío mucho arte. La gente está equivoca con Aurelio. ¿Quién tiene la culpa.? ¡Las grabaciones! Este hombre vino a grabar a Madrid con mucha edad, aunque antes vino más joven. Yo tengo esas grabaciones y a mí me gustan mucho, pero no dan la medida de lo que era Aurelio. Montoya se come too el disco; Montoya iba arrebatao, de una manera. Había un señor en Cádiz que se llamaba Capinetti, y aunque no era un virtuoso, tocaba los cantes de Cádiz maravillosamente; con él tenía que haber grabao Aurelio.

Gorgojeo único. 

Luego viene a Madrid más viejo Aurelio, demasiao mayor. Aurelio tenía que haber grabao ese disco. Porque ese gorgojeo que hace no lo había hecho él en su vida. Entonces. cuando hablas de Aurelio, mucha gente se echa a reír, pero claro. ¿Ustedes qué sabéis como ha cantao este hombre? Por todo esto, yo creo que hay una escalera con la que se puede aclarar el cante de Cádiz. Primero 'El Mellizo', Aurelio después. Yo antes no hablaba de mi familia. Yo nunca mentaba a mi padre y tampoco a mi tío 'Antonio El Chaqueta'. Cuando se citaba a mi tío siempre le ponían peros, y ahora 'El Chaqueta' es un monstruo porque lo ha dicho 'Camarón'. Y aunque antes no quería hablar. ¡Ahora lo voy a hacer! ¿Después de Aurelio? ¡Mi padre! Es más, por malagueñas me gusta más mi padre que Aurelio. Por alegrías me gusta más Aurelio. Por siguiriyas cantaba más mi padre que Aurelio de aquí a Pamplona. para mi gusto como aficionao.

P: ¿Motivo?

R: Porque mi padre tenía más facultades. Aurelio no tenía bajos, mi padre sí. Entonces lloraba ahí abajo y Aurelio metía la nariz. Yo le decía eso a mi padre y me pegaba dos guantazos. ¡Tú qué sabes quién es Aurelio! Me decía. Y, sin embargo, mi ídolo ha sio mi tío 'El Chaqueta'. Puede influir la cosa de la familia, pero lo que hace mucho tiempo que yo decía de mi tío, la gente lo está diciendo ahora.

Rafael Valera Espinosa


http://www.ideal.es/jaen/culturas/201703/15/chaqueta-monstruo-dijo-camaron-20170315012658-v.html

Facebook de la Peña: https://www.facebook.com/peniaflamenca.blogspot.com.es/posts/1385276241586626

jueves, 2 de marzo de 2017

Crónica flamenca. ANTONIO DEL PUERTO’ HACE HONOR AL ECO DE SU TIERRA.


He referido en bastantes ocasiones que la zona de “Los Puertos” gaditanos, es decir, Puerto Real, Sanlúcar de Barrameda, Puerto de Santa María, Rota, San Fernando, etc., han sido cunas históricas de legendarios artistas flamencos. Todos han tenido y tienen su influencia flamenca de grandes urbes como son Cádiz y Jerez de la Frontera, en función de su cercanía geográfica. Pero las figuras de estas grandes ciudades, a su vez, también han bebido de las fuentes creativas de reconocidos cantaores de los citados “Puertos”. Reitero nuevamente que Francisco Ortega Vargas “El Fillo”, nació en Puerto Real dentro del primer quinto del Siglo XIX, fue alumno de “El Planeta” y, a su vez, maestro del ilustre Tomás Francisco Lázaro de la Santa Trinidad Ortega López “Tomás El Nitri”, nacido en el Puerto de Santamaría, del cual aprendió el legendario y sevillano Silverio Franconetti y Aguilar.

Lo referido está en consonancia con el arte expresado por el porteño –del Puerto de Santamaría- Antonio Gutiérrez Navarro “Antonio del Puerto”, el pasado viernes, 24 de febrero, con motivo del recital organizado por la Peña Flamenca de Jaén para celebrar el Día de Andalucía, estando acompañado por la flamenca (plena de tonalidades, variaciones personales virtuosas con prestante dominio del diapasón) y prestigiosa guitarra del iliturgitano Antonio Gómez. Y como he citado anteriormente, nuestro protagonista tiene influencias de las figuras del cante jerezano. No olvidemos que en un tiempo Puerto Real perteneció al municipio de Jerez, y El Puerto de Santa María canalizaba toda la economía exportadora de la ciudad bodeguera. También de Cádiz capital, mas, no tantas.

Su exposición cantaora la realizó con valentía por los cantes de fragua con ecos de Jerez, aunque igualmente evocó en ciertos momentos a su paisano José Reyes “El Negro”, volviendo posteriormente a exponer ciertas resonancias de Tío Borrico. Posteriormente, y al igual que plasmara en la discografía antigua el gaditano Aurelio Sellé, Antonio del Puerto acometió la granaina chaconiana-marchenera que recreo Aurelio para poder afianzarse de lleno en el quejumbroso eco de “el Mellizo” por malagueña, efectuada esta con conocimiento y adecuado melisma.

Sus soleares evidenciaron enamoramientos de los localismos de Alcalá de Guadaira y Utrera, con adecuados acercamientos a las creatividades de la Casa de Los Talega, en las primeras, y a la de Fernanda Jiménez Peña “Fernanda de Utrera”, en las segundas, marcando reposado compás y valentía tonal en las de remate. Volvió a la ‘Tacita de Plata’ por cantiñas-alegrias con matices de Manolo Vargas con resonancias de Rancapino en las aludidas cantiñas, para finalizar por alegrías con determinada prestancia y nuevo envite tonal al final de la serie. En los siguientes fandangos, y con matiz muy reposado, se acordó del jerezano “El Gloria”, en su segunda letra con ecos de Huelva, continuando con el tratamiento que al estilo le imprimía Agujetas de Jerez. Con ciertas disonancias ofertó cantes mineros a través de la taranta-taranto de Manuel Torre y cierta falta de estructura musical, para finalizar con una segunda letra que recordó a Fosforito y ecos de Rancapino, en la misma tesitura.
 
Mas, su punto álgido flamenco lo alcanzó con tientos de Jerez, realizados con auténtico eco gitano y matices de Juanito Mojama por el tratamiento de Agujetas, marcados de ‘jondura’ plena, solvencia estilística y estructurado compás, circunstancias estas que reiteró en las siguientes letras por el estilo. Establecido así el eco pertinente, ofertó seguidamente pellizco por la siguiriya de su paisano Tomás “El Nitri”, para acercase a la impronta creativa del jerezano Tío José de Paula con formas de Tía Anica ‘La Piriñaca’, y meterse de lleno en una siguiriya-liviana de Los Puertos con aires de Tomás El Nitri e influencias de El Fillo, que remató con ecos de El Tuerto de la Peña. Finalizó su recital con fandangos de Huelva con evocaciones de Paco Toronjo, a través del valiente de Alosno que popularizara José Rebollo.

Rafael Valera Espinosa

                 

lunes, 27 de febrero de 2017

Memoria Flamenca. MANUEL LLERENA “EL CHATO DE LA ISLA” (II)

“VALDERRAMA ES UN PEDAZO DE ARTISTA. LO DIGO YO.”

El 16 de marzo de 1990, Manuel Llerena Ramos “El Chato de la Isla”, ofreció un recital en la Peña Flamenca de Jaén en el que interpretó cantiñas-alegrías con aires de El Mellizo y La Mejorana; cantes de ‘El Piyayo’; malagueñas de Enrique El Mellizo; fandangos de “Enrique El Almendro”, a través de Caracol; siguiriyas de Manuel Molina, Paco La Luz y Manuel Torre; tientos-tangos de ‘El Melu’ y El Mellizo; fandangos de ‘Macandé’, ‘El Carbonerillo’ y Pepe Aznalcóllar; zambras y tientos con evocaciones de Manolo Caracol; Soleares de ‘La Andonda’, Antonio Frijones y El Loco Mateo; bulerías, y fandangos de Huelva por el localismo de Santa Eulalia y el personalismo de El Cojo de Huelva. Todos los estilos desarrollados con personalidad, recreaciones singulares y mucho conocimiento.

Pero antes –como generalmente siempre acontecía- estábamos enfrascados en la entrevista que le efectué para la revista Candil, la cual comencé a publicar la semana pasada. Como a la totalidad de mis entrevistados, a Manuel Llerena también le pedí su opinión sobre los festivales flamencos:

Respuesta: “¡Hombre los veo perfectamente bien! Los veo maravillosos y que no se pierdan nunca. Desgraciaos de nosotros si se perdieran los festivales. Lo que pasa es que se hacen algunos demasiados largos y duran hasta las cinco de la madrugá, y cuando va a cantar el último, ni tiene ganas de cantar ni ganas de ná… lo que tiene es gana de irse. Son demasiado ‘jartibles’. Si los pusieran un poquito más cortos, por ejemplo, empezar a las once de la noche y terminar a las tres de la madrugá, yo creo que estarían bastante mejor. Cuando te toca salir a las cinco o seis de la mañana, sales sin ganas de cantar y sin ganas de mirar a nadie. Además, no se canta ni bien. Na más que del sufrimiento te quedas mudo, te quedas ronco. Y hay que justificarse ante el público pa poner la mano.”

P: ¿Aún te poner nervioso antes de salir?

R: “¡Hombre! Manda el respeto. Y el que diga que no, eso es incierto. Los micros siempre imponen. Sentarte donde hay un público manda respeto. A mí no mucho por la costumbre que ya tengo. Yo salgo como si estuviera en mi casa, pero manda respeto.

El Chato de la Isla entrevistado por Rafael Valera
P: ¿No crees que a veces puede parecer que en los festivales hay cierto abuso a la hora de interpretar fandangos, colombianas, etc?

R: “Bueno, cada uno hace lo que puede. Ni lo veo bien ni lo veo mal. Cada uno va a su son. Eso sí, yo salgo a cantar y canto mi soleá, mi siguiriya, mi malagueña, mis tientos, mis tarantos, mis bulerías, mis alegrías… Las colombianas y esas cosas no las canto, sé cantarlas pero no me van. Mira que las tengo grabadas y too, pero son cantes que no les veo yo salsa. Pero eso sí, yo les tengo respeto a quienes los cantan.”

P: ¿Se podría con la moda de estos cantes volver a los ecos de la ‘Opereta Flamenca’? ¿Podrían tener más popularidad cantaores como Pepe Marchena, Juan Valderrama, Manolo el de la Ribera, o el Niño de la Huerta?

R: “Con el respeto de todos, Valderrama es un pedazo de artista desde los pies a la cabeza. Lo digo yo. Lo dice ‘El Chato de la Isla’… ¡Pero de los pies a la cabeza! Lo que resulta es –y lo veo requetebién- que si yo ahora cantando como estoy cantando, gano cuatro duros, y cantando que si un pasodoble, que si esto, que si lo otro, me pongo millonario, pues yo me voy al pasodoble, porque es lo que da dinero. Valderrama todo lo que canta lo canta bien y muy bonito, con mucho gusto. Lo digo yo que le he escuchao en un escenario, y tal como estamos ahora nosotros. Valderrama, el difunto de Porrina, y yo, los tres en mi trabajo. Entonces trabajaba yo en ‘Las Brujas’, en la calle Norte, número 15. Nos metimos en un cuarto con unos señores y cantó Valderrama que no se puede cantar mejor. Conociendo los cantes como Dios manda. Digan lo que digan y hablen lo que hablen. Yo digo la realidad porque la he vivido y la he escuchao ¡Que sí es muy payo…! No hace falta ser gitano pa cantar bien. Y yo no tengo na en contra de los gitanos, pues lo poquito que sé se lo debo a los gitanos.”

P: ¿Cómo está el ambiente flamenco en Madrid?

R: “¡Vamos tirando! Ahora está la cosilla más floja, antes estaba mejor. ¡Pero vamos…! Yo no tengo queja. A mí no me falta el trabajo. Y eso que llevo muchísimos años, desde que dejé la Venta de Vargas hace veintisiete años que en Madrid. Me fui en un camión de pescao, ¡que llegué de mierda…! No te puedes hacer una idea. Cuando llegué a Madrid en ese estao, mi representante me tuvo que llevar a una tienda y comprarme otro traje que luego le pagué. En aquella época ganaba yo trescientas cincuenta pesetas; diez duros para el representante y las trescientas para mí. Le mandaba a mi mujer dinero todas las semanas y pagaba mi pensión. Luego se vino conmigo y allí seguimos estando. Me tiré veintiún años trabajando en la misma casa. En estos momentos estoy en El Café de Chinitas.”

P: ¿Qué ambientes se viven en los tablaos?

R: “Lo que pasa es que los artistas en los tablaos se queman. Se queman porque siempre es la misma rutina: la soleá, la alegría, la soleá, la alegría… y de ahí no se sale y, entonces se envician los cantes. En los tablaos se envician los cantes, se envician los bailes, se envicia too. Como no se tenga cuidao se echa a perder too. Lo que pasa es que está bien para el turismo, pero al que le guste escuchar el flamenco, no va a escucharlo. Hay doce mujeres, dos cantaores y dos guitarristas, y a ver quién hace más ruido, el que chilla más… Eso no es flamenco, ese no es el flamenco. El flamenco es, por ejemplo, coger tu sillita, te sientas y que la gente te escuche, eso sí es flamenco. Allí está trabajando también José Mercé, que el único que sale solito con la silla y hace unos cantecitos y se acabó.”

Rafael Valera Espinosa

miércoles, 15 de febrero de 2017

Memoria flamenca. MANUEL LLERENA “EL CHATO DE LA ISLA” (I)

“CAMARÓN ES UN FUERA DE SERIE.”

El Chato de la Isla entrevistado por Rafael Valera
Estábamos en la primavera de 1990 y ya habían desaparecido singulares y eminentes artistas representativos del sello gaditano como Manolo Vargas o Pericón de Cádiz, herederos de Aurelio Sellés Nondedeu, el cual a su vez había establecido el seguimiento de la escuela de Enrique Jiménez “El Mellizo”. Cierto que había otros representantes de la referida escuela como Benito Rodríguez Rey “Beni de Cádiz”, o Juan Manuel Rodríguez Sarabia “Chano Lobato”. Mas, estos últimos acrisolaban en su arte una doble escuela, la aludida y la caracolera. Es menester señalar que nuestro protagonista también estaba subyugado por la citada dicotomía cantaora. Sin embargo, Manuel Llerena Ramos “El Chato de la Isla” era un poco –no mucho- más antiguo que los dos últimos. El afán del colectivo de la Peña Flamenca de Jaén era conocer de primera mano los ambientes cantaores gaditanos de la postguerra, de ahí que se reclamara la presencia del añejo cantaor de San Fernando para que cantara y nos relatara sus vivencias para la revista “Candil”.

Era menudo y con singular e inconfundible aspecto por su chatera. Alegre, jovial y, a pesar de su edad cuando le hice la entrevista, estaba pleno de vitalidad. Vino a la Peña de Jaén para constatar su ensolerado arte, el cual estaba impregnado de aires salineros y ecos de Manolo Caracol. ‘El Chato de la Isla’ era uno de esos cantaores a los que se cuajó la voz cantando en tranvías que hacían el trayecto entre San Fernando y Cádiz. Muchas fueron sus vivencias flamencas, y numerosos los artistas con lo que convivió. Al igual que otros intérpretes de su comarca cantaora, José Llerena Ramos emigró a Madrid, a comienzos de los sesenta, en busca de una vida más coherente con su arte, y que a la vez fuera compatible con la desarrollada en las ventas y tugurios de la zona que le vio nacer. Mantenía una auténtica devoción por Camarón de la Isla, enamoramiento que iba aparejado por los ecos de Manolo Caracol. Nacido en 1926, accedió a que le entrevistara para ‘Candil” con auténtico deleite.

Rafael Valera: ¿Cómo fueron tus inicios flamencos?

Respuesta:“Empecé desde muy chiquitito, tendría unos siete años. Comencé a cantar en los tranvías que iban de Cádiz a San Fernando por aquella época. Me quedé sin padre y tenía que mantener a mí familia, a mis hermanas, que eran mayores que  yo. Cantaba –como he dicho- en los tranvías, luego pasaba la gorrilla, cogía dos perrillas y llevaba que comer a mí casa todos los días. Casé a mis hermanas, que por cierto ya han muerto las pobres… De veinticuatro que tuvo mi madre, el único que queda soy yo, el más feo: ‘El Chato de la Isla’.

P: Normalmente ¿Cuánto sacabas en una jornada de cante en los tranvías?

R: “Pues sacaba mucho dinero. Yo estaba como si fuera inspector, me bajaba de uno y me subía en otro, me subía y me bajaba, así estaba todo el día y al final me iba a mi casa con los bolsillos llenos de perras. Los primero dos reales que ganaba me los daba el cobrador del tranvía para que picara la gente, luego se los devolvía. Así me tiré algunos años… lo menos seis u ocho. Después me fui a la Venta de Vargas y allí me tiré dieciocho o veinte años, y así fue como he ido pasando la vida.”

P: ¿En tu familia ha habido antecedentes cantaores?

R: “En la familia mía, mi padre cantaba muy requetebién, pero no se dedicaba a esto porque era patrón de barco de pesca, pero cantaba muy bien. Cantaba cuando tenía dos copas, pero no se dedicó al cante. Profesionalmente yo he sío el primero de mi familia. Bueno, aunque no se han dedicao tampoco a esto, en mi familia de los Pavones si hay algunos primos que cantan bien. Mi padre se llamaba Ramón Llerena Pavón. Mis primos están bien colocaos y ninguno se inclinó por el cante.”

P: ¿Y tus hijos, apuntan algo?

R: ¿Mis chiquillos…? ¡Ninguno! Les gusta el toque pero ninguno canta. ¡Bueno… tengo uno que canta!  Ya ves, lo más difícil… Uno que ha nació en Madrid canta gracioso, pero no canta las cosas del padre, canta las cosas de Camarón. Y es que le gusta el Camarón a rabiar y yo lo veo muy bien.”

P: ¿Tú conviviste con Camarón y Rancapino en tus años de cante en Cádiz?

R: “¡Si hombre! Rancapino me gusta mucho cantando porque canta gracioso y me gusta a mí. Canta con cierta fatiguita, pero muy a compás y con mucho ritmo, canta muy requetebién. Y del Camarón ¿qué quieres que te diga…? Que es un fuera de serie, lo mejor que ha dao la historia. No de ahora, sino de hace muchísimos años.”

P: Volviendo a tu vida y a tu cante en los tranvías… ¿la gente te solicitaba los cantes?

R: “¡No, qué va! Yo cantaba lo que me salía y así trincaba. Cantaba fandangos, bulerías, alegrías… Lo que me salía en el momento, después pasaba mi gorrilla y a trincar. Como he referido, siendo ya mayor pasé a la Venta de Vargas y después a Madrid.”

P: ¿Con quién alternabas en la Venta de Vargas?

R: “Allí ha estao Fosforito, que entonces estaba haciendo la mili y allí nos buscábamos la vida los dos. También estuvo mi compadre Fernando Terremoto… Hasta Canalejas de Puerto Real estuvo cantando con nosotros. Caracol también ha cantao en la Venta, Juan Valderrama también estuvo allí… Por la Venta de Vargas han pasao muchos artistas.”

P: ¿Se vivía mejor entonces mejor el flamenco?

R: “Ahora se vive mejor que antes. Entonces se pasaban muchísimas fatigas para poder vivir con el flamenco. Primero que te pagaban muy poco y te tenían toa la noche para ganar veinte duros. Y además te decían… ¿Qué quieres…? Yo trabajo ocho horas para ganar quince duros y encima te pago veinte. Era una época jodia. ¡Ahora sí! Había otra solera, otra cosa, otro… ¡Yo qué sé cómo explicarlo…! No sé explicarlo porque soy un analfabeto, pero había otra solera, otro compañerismo, gente más sana. Ahora hay más picardía. En aquél tiempo me llevaba muy bien con Fosforito… Eramos como hermanos. También con otro cantaor que se llamaba ‘El Chaqueta de Chiclana’ que ya no se dedica a esto.”

Continuará.

Rafael Valera Espinosa

jueves, 20 de octubre de 2016

Crítica de la actuación de Joselete hijo y Joselete en la comida de la Peña.

EL LINARENSE FRANCISCO HEREDIA ENSEÑA SUS PODERES FLAMENCOS.

Joselete hijo y El Cali
JoseleteA lo largo de la historia flamenca, las familias cantaoras, guitarrísticas y de baile, se han venido configurando como las principales canteras de figuras de nuestro arte para que este siga estableciendo su perduración en el tiempo. Castas flamencas como las de los Mairena, los Habichuelas, los Sorderas, también la casa de los Agujetas, los Moneos, la Fernández de “Terremoto de Jerez”, los Peñas de Lebrija, Fernández de Utrera, los Valencia de Lebrija-Jerez, Moreno-Carpio igualmente de Jerez, etc -curiosamente clanes gitanos todos-, están manteniendo la trasmisión cantaora de nuestro arte desde el siglo XIX hasta nuestros días. Cierto que también existen determinadas familias payas que, igualmente, aportan su montaña de arena.

Mas, curiosamente, casi todas ellas pertenecen a Sevilla, Jerez y Cádiz. Por otro lado, no podemos olvidar que la casta cantaora de José Salazar Molina “Porrina de Badajoz”, también viene mostrando con jóvenes figuras su encaste cantaor. En nuestra provincia, la cuestión está más difícil. Cierto es que Rafael Romero tuvo una progenie de artistas, pero sin alcanzar la popularidad de los clanes citados. También hay que considerar que la torrecampeña casa de los Valderrama ha tenido determinados artistas flamencos ¿pero después de Juan,  hasta donde…?

Joselete hijo
El viernes, 14 de octubre, con motivo de la comida de feria de la Peña Flamenca de Jaén, escuchamos a un joven cantaor de Linares que responde al nombre de “Francisco Heredia”, el cual debería de adoptar un apelativo más flamenco para acrecentar su popularidad. Es hijo de José Heredia Heredia “Joselete de Linares”, y sus maneras apuntan para establecer una continuación artística del clan familiar, pues su progenitor está llamado a figurar en la historia de nuestra música por sus logros artísticos, metal de voz, y enjundia flamenca.

El Cali
Con la guitarra del singular y netamente guitarrista gitano-flamenco Fernando Contreras “El Cali” –singular, prestante, de sonido flamenco neto y escuela evocativa del mejor Melchor de Marchena- Francisco inició su recital con granaína-malagueña de Manuel Torre, con melódica estructura y adecuado melisma, tesituras estas que le abrieron el camino a la enjundiosa y difícil malagueña de Enrique El Mellizo, con tonalidades caracoleras. Seguidamente, se ubicó en Alcalá de Guadaira para realizar soleares de La Andonda y un valiente remate por el gaditano Paquirri El Guanté. Retomó la melodía de la granaína (bien denominada media por ser más fácil que la conocida como media) con matices de Chacón y ecos camaroneros entremezclados con los melismas de Marchena, para derivar a la media granaína (en su verdadera denominación “granaina”) con eco paterno, buen melisma y poderío tonal. Se acercó a la creatividad de Pastora por los tangos y más influencias de su progenitor, con prestante compás. Remató por fandangos con aires de Pepe Pinto y entonaciones caracoleras.

Joselete y El Cali
No pudo sustraerse “Joselete de Linares” a complementar el arte de su hijo, subiéndose al escenario para ofertar un cante por marianas (no recuerdo a un gitano cantar el estilo) con resonancias personales y ecos de Menese. Remató por siguiriyas con pellizco, quejío y entrega tonal por Manuel Molina versión de Manuel Torre, estructurada con armonía musical de Pepe Pinto y ecos caracoleros, para continuar con el personalismo de Tío José de Paula y rematar por Curro Durse.

Rafael Valera Espinosa                                                                                                                                     

lunes, 10 de octubre de 2016

Memoria flamenca. PACO TORONJO (II)

“YO NO HE CONOCIO A ‘LA CONEJILLA’”.

Francisco Gómez Arreciado “Paco Toronjo”, con la guitarra de José Sousa, cantó en la Peña Flamenca de Jaén el 31 de enero de 1987 veintiséis fandangos de Huelva y una malagueña. En los primeros cantó por los localismos de Huelva, de Santa Eulalia, de Alosno incluidos los valientes, a la vez que engrandeció personalismos como los de Antonio Rengel, El Acalmao, Juan Rebollo, Marcos Jiménez, Bartolo el de la Tomasa, y los de su  personal aire. En la malagueña evocó al creativo gaditano Francisco Antonio Enrique Jiménez Fernández “Enrique el Mellizo”. De varios de estos personajes estuvimos hablando con el ilustre cantaor de Alosno en la segunda parte de la entrevista del citado 31 de enero.

En un momento de la charla no quise abordar de lleno cómo Paco había establecido una especial forma de hacer los fandangos de su tierra. Por aquella época había intérpretes populares que recordaban a los más significativos cantaores y, por ahí le fui sacando ciertos criterios interesantes a tener en cuenta sobre los fandangos de Huelva.

¿Por qué en estos últimos tiempos cantaores de renombre y mucha popularidad están incrementando la interpretación de los fandangos de Huelva por los aires de José Rebollo?
- ‘Rebollo tenía un fandango que yo hago a mi manera, y hay un cantaor que no es de Huelva, que es un gran amigo mío, que es ‘El Cabrero’, que después de no ser de Huelva no lo hace mal… ¡Pero, amigo mío! Lo ha cogió too de aquí –se señala él- , de los discos, de las cosas… pero se defiende’

¿Se acuerdan los cantaores de hoy en día al cantar por Huelva de artistas añejos como Rebollo, Pérez de Guzmán…?
- ‘El fandango de Pérez de Guzmán no es de Huelva, es amalagueñao, es abandolao, lleva el ritmo de verdial, aunque lo tengo yo grabao a mi manera, pero lleva el ritmo de verdial y lo influye; es un fandango más. Pérez de Guzmán estuvo mucho tiempo en Málaga, escuchó mucho al Cojo de Málaga e hizo un fandango a su manera, pero que es verdial.’

¿Si tuvieras que salvar un fandango salvarías solo el de Alosno?
- ‘¡No! Es muy difícil. Alosno solo tiene dieciséis tipos de fandangos; luego vienen los pueblos… Está el de Rengel, el de Rebollo; Paco Isidro no, Paco Isidro lo hacía bien, pero no me llegó nunca. Rengel y Rebollo solo hicieron un par de discos; los dos están en un mismo disco y no me quedo satisfecho cuando los escucho. Luego he escuchao a Rengel en persona y eso era otra cosa, pero el disco no; no sé si sería porque era discos de pizarra que luego los han sacao en casette –era la época de este formato-. Pasa lo mismo con ‘El Carbonerillo’, que por cierto casi toos los fandangos que hacia tenían el ritmo de Huelva, y fíjate que nació en La Macarena, pues toos los fandangos que hacía tenían ritmo de Huelva… ¡Ojo! Tocándole Ricardo’ Se refería a Manuel Serrapí Sánchez ‘Niño Ricardo’.

Como en el mensaje subliminal de sus declaraciones imperaba su ego creativo, quise entresacarle si había conocido algún cantaor profesional o aficionado que le hubiera gustado y así lo siguiera estableciendo.

¿Ha habido en tu tierra cantaores aficionados que te hayan llegado de verdad?
- ‘¡No¡ Porque en Alosno desde luego ha habio gente, pero luego no se dedicaban a eso. Los mineros… Marcos Jiménez que era abogado, o Manolillo el Calmao. Eran los que cantaban cuando se tomaban seis o siete copas de aguardiente o cuando se metían en fiesta y ya no cantaban otra vez hasta que no se terciaba. ¡Vamos, que no se dedicaban a eso! Cantaban a su forma pero no eran profesionales. También estaban el de Bartolo, el de la Matea… Eran toos aficionados del pueblo.

No quedándome muy satisfecho con sus declaraciones, insistí: ¿Y en tu juventud había alguien con garra?
- ‘Desde mi juventud hasta ahora no he escuchao gente con garra. Eran mayores todos. Marcos Jiménez hace ya un montón de años que murió; Bartolo igual; el de la Matea igual; Juan María igual… Esa gente si vivieran tendrían ya más de cien años.’

Y seguí reiterando mi curiosidad por si saltaba algún nombre. ¿María ‘La Conejilla’ quién era? - ‘¡Mira! Yo tengo cincuenta años y yo no la he conocío. La gente dice fandangos de ‘La Conejilla’ y yo me criao en el Alosno, nacío en el Alosno… ¡Fíjate! Me he llevao treinta años en el Alosno hasta que me fui a vivir a Madrid, tengo dos hijos madrileños y me he venío pa mi tierra, porque estaba ya hasta las narices de Madrid, pero a ‘La Conejilla’ no la he conoció.’

Tras esta última firme aseveración, con la cual pienso que quiso establecer su primacía cantaora por Huelva, retomé el dialogo hacia su vida profesional.

¿Cómo has desarrollado tu vida artística en Madrid?
- ¡Muy bien! Terminé una tourné con Juanito Valderrama y me quedé a grabar un disco con Hispavox. Entonces pasamos por el tablao de ‘Las Brujas’ y no sé quien estaba allí de Huelva que habló con el dueño de la sala ¡Mira que van a salir y tal…! Entonces iba conmigo este que ha grabao el último disco conmigo, Juan Díaz, que también de Alosno, y es un hombre que tampoco se dedica por completo a esto. Entonces salimos mi hermano y yo,  y al escucharnos nos dijeron que si queríamos seguir allí. Total que seguimos y me llevé a mi familia a Madrid. Luego estuve en cuatro o cinco tablaos, aunque yo venía toos los años a mi tierra, al Rocío, a la feria de Sevilla, o alguna cosa particular. Después he estao dieciséis años en el tablao ‘Las Cuevas de Nemesio’, que está en la Cava Alta; el primer tablao que yo pisé en Madrid, que por cierto, me llevó Pulpón… todavía estaba ese guitarrista célebre que salió con nosotros, ‘El Pinche’, que tocaba con las cuerdas metálicas que tienen un sonido diferente a todos y, además, con las cuerdas esas no puede tocar nadie. Yo no sé como ese hombre aguantó una feria de Sevilla sin echarse na en los deos ni na, pero tenía un aire distinto.

¿Cómo se vive el flamenco en Madrid?
- ‘Pues mira… yo caí muy bien en Madrid, porque a la gente le gustaba y estaba acostumbrá al fandanguillo y, cuando escucharon el fandango se dijeron que este no era el fandanguillo, era distinto. Se vive muy bien, muy bien…’ Continuará.

Rafael Valera Espinosa