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lunes, 19 de marzo de 2018

Por soleá. FLAMENCO Y POETAS.

Mi amigo, estudioso, escritor y crítico flamenco de ‘El Mundo’, el astigitano Manuel Martín Martín, a través de un artículo sobre el aflamencamiento de la poesía de Miguel Hernández para la revista ‘Candil’, me ha permitido descubrir que el poeta de Orihuela ha sido –si no me equivoco- el más tratado por los artistas de nuestro arte para alcanzar tal honor. ¡Pero hombre…! ¿Y García Lorca? Eso creía yo, que el granadino era el mejor considerado por los flamencos para aflamencar su poesía.

Rebuscando datos, muchos han sido los poetas que han tenido un tratamiento flamenco por parte de nuestros artistas. Por ejemplo, Vicente Soto ‘Sordera’ ha utilizado poemas del portugués Fernando Pessoa, Manuel Alejandro, José Hierro, José Bergamín, Miguel de Unamuno, Luis de Góngora, Lope de Vega, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Miguel de Cervantes, Alfonso Reyes, Valle Inclán, José Asunción Silva, Rafael Alberti, García Lorca, Francisco de Quevedo, el francés Molière, o su paisano Juan Manuel Caballero Bonald ¡Ahí es ná! Mas, cosa curiosa, nada de Miguel Hernández que yo haya podido averiguar.

Por su parte, nuestra comprovinciana Carmen Pacheco Rodríguez ‘Carmen Linares’, otra cantaora de rompe y rasga e intelectual a la vez, también ha recabado poemas para aflamencarlos de Antonio Machado, Miguel Hernández, José Angel Valente, García Montero, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Jorge Luis Borges, Rafael Alberti, Caballero Bonald, Fernando Quiñones o Manuel Ríos Ruiz.

Cierto es que ha habido y hay otros muchos cantaora/es flamencos que también han tomado los textos poéticos de numerosos escritores españoles e incluso extranjeros para desarrollarlos a través de los diferentes estilos de nuestro arte.

Sin embargo, analizando el texto de Manuel Martín Martín, en un desarrollado y exhaustivo estudio, he podido contar que la cantidad de veintitrés artistas es la que han utilizado los textos de Miguel Hernández para realizar sus discos, coreografías, obras flamencas e incluso conciertos de guitarra flamenca. Nos lo voy a citar a todos, pero si a referir a los más conocidos por el público flamenco como Enrique Morente, la citada Carmen Linares, ‘Camarón de la Isla’, el ‘Trio Los Bolecos’ encabezados por Matilde Coral, con su marido ‘Rafael El Negro’ y Antonio Montoya Flores ‘Farruco’, o los populares ‘Lole y Manuel’, y así hasta los veintitres detallados por Martín Martín.

Particularmente, considero que este interés por el poeta por parte de los cantaores de flamenco es algo inusitado, y más cuando se considera que la poesía culta es la más difícil de canalizarla a través de los palos de nuestro arte. Es posible que la filiación del poeta, su vida, y en especial su muerte, sin entrar en la calidad de su poesía, así como el espacio temporal en que aparecieron los primeros trabajos (finales de la dictadura), influyeran en los aspectos reivindicativos que siempre han imperado en el arte flamenco. Nunca olvidaré la sorpresa que me llevé al descubrir el disco de ‘El Corruco de Algeciras’ con el título de ‘Fandangos republicanos’.    

Rafael Valera Espinosa

jueves, 9 de marzo de 2017

Memoria flamenca. MATILDE CORAL (I).

“DEBUTÉ PROFESIONALMENTE CON PEPE PINTO Y PASTORA PAVÓN.”      
  
“Como en su baile, la alegría preside su semblante, ademanes y conversación. Porque Matilde Coral es todo simpatía y gracia. Mas, no deja pasar la oportunidad para mostrar sabiduría flamenca y bailaora, una erudición artística adquirida por sus más de cuarenta años de figura flamenca. No escatima respuestas ni regatea verdades, sus verdades, las de una bailaora que sabe del amargor de los sufrimientos y de las dulzuras de los triunfos. Se lamenta de la posible falta de renocimiento oficial a su impartición de clases, como si hubiera alguien que pudiera autorizar o aprobar su arte, un arte que ha sido doctorado por todos los públicos del mundo en el examen diario del escenario. Refiere con alegría y cierta nostalgia su connivencia con otros artistas y presume de haber tenido el valor de rebelarse contra todos por amor.”

De esta forma comenzaba la introducción a la entrevista que para Candil le efectué en febrero de 1996 a una de las más insignes bailaoras de todos los tiempos del arte flamenco. Matilde Corrales González “Matilde Coral”, la cual comenzó relatándome sus comienzos flamencos:

Matilde Coral: “Cuando comienzo a enamorarme de la gente que veía por la tarde, en la puerta de mi casa, pues tengo 61 años, y, por tanto, he vivio los últimos años de los barrios que se alumbraban con luz de gas, concretamente en el de Chapina, el Zurraque que es donde yo me he criao, y porque me ha gustao mucho la música. Mi pad

re cantaba muy bonito la soleá de Triana y tenía amigos como Antonio ‘El Arenero', Manolito ‘Olivé de Triana’ –que hizo la mili con él- y muchos más. Esto, desde muy niña me influenció bastante. Luego, en la parte de atrás de mi casa, que era una fábrica, los gitanos hacían sus ‘gatos’, como ellos suelen decir, conviviendo con personas y con familias de una estirpe fuera de serie como la de ‘Los Peluos’, ‘Los Amador’ que antes eran los ‘Tío Raimundo’, ‘Los Currilis’… Todo eso lo he vivido y me ha llenado de arte, y, para colmo, me casé con un gitano maravilloso que es mi marido Rafael, lo que supuso rizar el rizo. Sé también muchas cosas por mi marido de la fragua de ‘Los Caganchos’; él sonaba –pertenecía- a ‘Curro Puya’, padre de ‘Gitanillo de Triana’, y su primo ‘Titi’ le sonaba –estaba emparentado- a la familia ‘Canales’.

P: Entonces ¿tu baile se forma de lo aprendido de las familias?

R. “¡Claro, como se bailaba antes! En aquellos tiempos no había escuelas de baile flamenco, esto ha venido después. Lo que sí había en Madrid era una serie de escuelas de gitanas mayores que sí se dedicaban a la enseñanza del flamenco. Después, a partir de Enrique ‘El Cojo’ y ‘Realito’, sí que hubo, pero éste era otro baile… Un baile más estudioso dentro de la raíz, porque estábamos más cerca de la base. Hoy hay más estudio que raíz, por desgracia.”

P: ¿Hubo antecedentes en tu familia en el baile?

R: “Mi abuela Pepa bailaba muy bien por tangos. Era alta, morena, con ojos verdes… Según ellos era ‘gachí’, cosa que yo no pongo en duda. Yo me parezco a mi bisabuela que era muy rubia… Vendía higos chumbos y los pregonaba muy bien. Pero yo quiero destacar a mi padre, que como te he dicho antes, el cante por soleá de Triana lo hacía muy bonito. No quiero dejar de decir que también he visto y asimilado el arte de mucha gente de mi barrio como ‘Carmen La Ciega’ que sabía lo que hacía.”

R: Y profesionalmente ¿cuándo comienzas?

R: Lo hice con Pepe Pinto en el penúltimo espectáculo que montó, que se llamaba ‘España y su cantaora’. Como es lógico, las figuras estelares eran Pastora Pavón y Pepe Pinto; después ‘La Niña de los Peines’ dejó de cantar. Más tarde lo hizo Pepe Pinto con ‘Los Gaditanos’ y yo estuve en esa compañía durante cuatro años, comenzando con dieciséis. A partir de aquí, me entusiasmé y comencé a bailar en uno de los primeros tablaos que se abrieron en Sevilla después del bache que hubo tras los cafés cantantes, que se llamaba ‘Cortijo El Guajiro’, por donde han pasado los mejores artistas. Yo alternaba con Manuela Vargas, que era una rumbera de tronío, ‘Pastorita’, la primera mujer de ‘Farruco’, que cantaba aquello de ‘ovejas negras…’, ‘El Moro’, un gitano que bailaba pa rabiar y que le decíamos ‘Don Circo’; Carmen Carreras, que se casó con un grande de España y está retirada; Maruchi Martín, que era de Málaga y tenía un baile exquisito; Trini España, que era mi miedo y yo el de ella…”

P: ¿Qué pasó con el Premio ‘Juana La Macarrona’ en Mairena?

R. “Aquello fue muy gracioso, una anécdota de las que hacen época. El primer premio era el de ‘Juana La Macarrona’, y el segundo el de ‘La Malena’, y no sé por qué se catalogaron así, porque las dos bailaban magníficamente. Yo vi bailar primeramente a Trini por soleá, con sus castañuelas y esa estampa tan de Zuloaga, porque ella tenía esa figura que era una joya, y yo me dije ¡Nada… este premio es para esta mujer! Mis pensamientos fueron interrumpidos por Juan Talega, que estaba a mi lao hablando conmigo, diciendo que lo de las castañuelas parecía como algo muy desenfadao, poco serio… Yo le dije que según Antonio Mairena y él mismo, que las bailaoras antiguas hacían el baile por soleá acompañándose de castañuelas, y ella lo estaba haciendo muy bien. Después salí yo por alegrías y, sin saber cómo bailaba ‘La Macarrona’, porque no tuve el gusto de conocerla, aunque a ‘La Malena’ si, porque mi muchacha –la que nos cuidaba cuando mi madre salía- era de Sevilla y secretaria de Azaña, pa que toó se sepa, y la conocía y me llevó a verla alguna que otra vez, con mi bata de cola, sencillamente braceando, una cabeza colocada… Juan Talega se levantó –después de mi actuación- y dijo: ‘¡Señores… esto no tiene discusión porque ‘La Macarrona’ bailaba así!

Hasta aquí, parte de un precioso y humorístico relato que tiene una sustanciosa continuación de competencia entre bailaoras flamencas de tronío como Matilde Coral y ‘Trini España’.


Rafael Valera Espinosa

martes, 31 de enero de 2017

Por soleá. EL CANTE, BASE PRIMORDIAL FLAMENCA (y II)

La semana pasada recuperaba la sentenciosa declaración de Manuel Moreno Jiménez ‘Morao de Jerez’: “No entiendo por qué tiene tanto protagonismo el baile”. Y he de reiterar su siempre  actualizada visión de nuestro arte. Mas, hemos de considerar que los tiempos han cambiado. Cierto que el cante siempre ha sido el impulsor del progreso de esta universal música. Hay que tener en cuenta que un cantaor con un guitarrista flamenco han podido siempre estar en cualquier rincón de nuestra geografía –hasta en los tiempos más antiguos de nuestro arte- y ofertar un espectáculo flamenco de categoría sustanciosa. La historia de la guitarra flamenca –sin el cante- por sí sola ha estado huérfana hasta que Paco de Lucía monta sus espectáculos en los que él es el protagonista, el cantaor se subordina a ser el vocalista del grupo (adecuado ejemplo fue su hermano Pepe de Lucía), el bailaor es otro componente más del mismo, y además incorpora el cajón de Rubén Dantas y otros instrumentos como el bajo eléctrico, el saxo o la flauta flamenca, en función de su creatividad musical. Por otro lado, el baile siempre ha necesitado y necesita de cantaores, guitarristas, escenografías y aforos para establecer un adecuado espectáculo.

Matilde Coral
Todo ha cambiado y progresado, en función de los aspectos económicos y, muy concretamente, por la popularidad que el flamenco ha venido estableciendo como universal cultura del pueblo andaluz. Las academias de baile se han ido multiplicando, la creación de recintos se han institucionalizado, y la afición se ha ido incrementando sobre esta disciplina, entre otros aspectos porque generalmente muchos aspirantes pueden intentar ser destacadas figuras sin quemarse en un escenario formando parte de un grupo de baile triunfador o no. El cantaor o tocaor ‘alante’ –como decía ‘Chano Lobato’- debía y debe de tener la suficiente calidad para progresar como artista en el difícil mundo del flamenco. 


Farruco
Las academias de cante son minoritarias –por no citar casi irrelevantes-; las de guitarra –gracias a los conservatorios- son más numerosas, mas no tanto como debieran para que sobresalieran con la calidad de autodidactas y sonoros nombres como el citado Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Paco Cepero, Enrique de Melchor, Antonio Carrión, etc.; y las de baile existen a millares porque varias composiciones de figura bien estructuradas, tres o cuatros pasos de baile, algunas que otras simples coreografías y medidas del escenario, son realizadas por incipientes aficionadas/os con determinadas virtudes flamencas, sin llegar a destacar como cualificadas/os para ostentar la versatilidad flamenca de, insisto, autodidactas como Eduardo Serrano “El Güito”, Mario Maya, Antonio Montoya “Farruco”, Matilde Coral,  Antonio Gades, Milagros Mengibar, Manuela Carrasco, “El Mistela”, Javier Latorre, Blanca del Rey, Isabel Bayón… y no sé cuántas/os más.

Los concursos siempre destacan a los ganadores del cante, aunque en los últimos tiempos también a los del baile y la guitarra. Mas, a la pregunta ¿quién ha ganado el concurso…? siempre figura el cantaor. ¡Qué razón tiene ‘El Morao’!

Rafael Valera Espinosa