“DEBUTÉ
PROFESIONALMENTE CON PEPE PINTO Y PASTORA PAVÓN.”
“Como
en su baile, la alegría preside su semblante, ademanes y conversación. Porque
Matilde Coral es todo simpatía y gracia. Mas, no deja pasar la oportunidad para
mostrar sabiduría flamenca y bailaora, una erudición artística adquirida por
sus más de cuarenta años de figura flamenca. No escatima respuestas ni regatea
verdades, sus verdades, las de una bailaora que sabe del amargor de los
sufrimientos y de las dulzuras de los triunfos. Se lamenta de la posible falta
de renocimiento oficial a su impartición de clases, como si hubiera alguien que
pudiera autorizar o aprobar su arte, un arte que ha sido doctorado por todos
los públicos del mundo en el examen diario del escenario. Refiere con alegría y
cierta nostalgia su connivencia con otros artistas y presume de haber tenido el
valor de rebelarse contra todos por amor.”
De esta forma
comenzaba la introducción a la entrevista que para Candil le efectué en febrero
de 1996 a una de las más insignes bailaoras de todos los tiempos del arte
flamenco. Matilde Corrales González
“Matilde Coral”, la cual comenzó relatándome sus comienzos flamencos:
Matilde
Coral: “Cuando comienzo a enamorarme de la gente que veía
por la tarde, en la puerta de mi casa, pues tengo 61 años, y, por tanto, he
vivio los últimos años de los barrios que se alumbraban con luz de gas,
concretamente en el de Chapina, el Zurraque que es donde yo me he criao, y
porque me ha gustao mucho la música. Mi pad
re cantaba muy bonito la soleá de Triana y tenía amigos como Antonio ‘El Arenero', Manolito ‘Olivé de Triana’ –que hizo la mili con él- y muchos más. Esto, desde muy niña me influenció bastante. Luego, en la parte de atrás de mi casa, que era una fábrica, los gitanos hacían sus ‘gatos’, como ellos suelen decir, conviviendo con personas y con familias de una estirpe fuera de serie como la de ‘Los Peluos’, ‘Los Amador’ que antes eran los ‘Tío Raimundo’, ‘Los Currilis’… Todo eso lo he vivido y me ha llenado de arte, y, para colmo, me casé con un gitano maravilloso que es mi marido Rafael, lo que supuso rizar el rizo. Sé también muchas cosas por mi marido de la fragua de ‘Los Caganchos’; él sonaba –pertenecía- a ‘Curro Puya’, padre de ‘Gitanillo de Triana’, y su primo ‘Titi’ le sonaba –estaba emparentado- a la familia ‘Canales’.
P:
Entonces ¿tu
baile se forma de lo aprendido de las familias?
R.
“¡Claro,
como se bailaba antes! En aquellos tiempos no había escuelas de baile flamenco,
esto ha venido después. Lo que sí había en Madrid era una serie de escuelas de
gitanas mayores que sí se dedicaban a la enseñanza del flamenco. Después, a
partir de Enrique ‘El Cojo’ y ‘Realito’, sí que hubo, pero éste era
otro baile… Un baile más estudioso dentro de la raíz, porque estábamos más
cerca de la base. Hoy hay más estudio que raíz, por desgracia.”
P:
¿Hubo
antecedentes en tu familia en el baile?
R: Y profesionalmente ¿cuándo
comienzas?
R:
Lo
hice con Pepe Pinto en el penúltimo
espectáculo que montó, que se llamaba ‘España y su cantaora’. Como es lógico,
las figuras estelares eran Pastora Pavón
y Pepe Pinto; después ‘La Niña de los
Peines’ dejó de cantar. Más tarde lo hizo Pepe Pinto con ‘Los Gaditanos’ y
yo estuve en esa compañía durante cuatro años, comenzando con dieciséis. A
partir de aquí, me entusiasmé y comencé a bailar en uno de los primeros tablaos
que se abrieron en Sevilla después del bache que hubo tras los cafés cantantes,
que se llamaba ‘Cortijo El Guajiro’,
por donde han pasado los mejores artistas. Yo alternaba con Manuela Vargas, que era una rumbera de
tronío, ‘Pastorita’, la primera
mujer de ‘Farruco’, que cantaba
aquello de ‘ovejas negras…’, ‘El Moro’,
un gitano que bailaba pa rabiar y que le decíamos ‘Don Circo’; Carmen Carreras,
que se casó con un grande de España y está retirada; Maruchi Martín, que era de Málaga y tenía un baile exquisito; Trini España, que era mi miedo y yo el
de ella…”
P:
¿Qué pasó con el
Premio ‘Juana La Macarrona’ en Mairena?
R.
“Aquello
fue muy gracioso, una anécdota de las que hacen época. El primer premio era el
de ‘Juana La Macarrona’, y el
segundo el de ‘La Malena’, y no sé
por qué se catalogaron así, porque las dos bailaban magníficamente. Yo vi
bailar primeramente a Trini por soleá, con sus castañuelas y esa estampa tan de
Zuloaga, porque ella tenía esa figura que era una joya, y yo me dije ¡Nada… este
premio es para esta mujer! Mis pensamientos fueron interrumpidos por Juan Talega, que estaba a mi lao
hablando conmigo, diciendo que lo de las castañuelas parecía como algo muy
desenfadao, poco serio… Yo le dije que según Antonio Mairena y él mismo, que las bailaoras antiguas hacían el
baile por soleá acompañándose de castañuelas, y ella lo estaba haciendo muy
bien. Después salí yo por alegrías y, sin saber cómo
bailaba ‘La Macarrona’, porque no tuve el gusto de conocerla, aunque a ‘La
Malena’ si, porque mi muchacha –la que nos cuidaba cuando mi madre salía- era
de Sevilla y secretaria de Azaña, pa que toó se sepa, y la conocía y me llevó a
verla alguna que otra vez, con mi bata de cola, sencillamente braceando, una
cabeza colocada… Juan Talega se levantó –después de mi actuación- y dijo:
‘¡Señores… esto no tiene discusión porque ‘La Macarrona’ bailaba así!
Hasta aquí, parte
de un precioso y humorístico relato que tiene una sustanciosa continuación de
competencia entre bailaoras flamencas de tronío como Matilde Coral y ‘Trini
España’.
Rafael
Valera Espinosa
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