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lunes, 7 de marzo de 2022

Cincuentenario de la Peña Flamenca de Jaén (7 de marzo de 1972).

En este año se cumple el cincuentenario de la creación de la Peña Flamenca de Jaén. Será tiempo pues, para el recuerdo. Por ello desde esta opinión me situaré en dos nombres de dos socios que fueron fundadores de la entidad. Me refiero a Fausto Olivares Palacios y Francisco Cañada Cejudo. Yo tuve la suerte de acompañarles en la realización de este hecho cultural. Ellos, los dos, fueron personas de grandeza, trabajo y entrega.

Pasado el tiempo, desde la cercanía uno o lejanía otro, nuestra voz, la voz de la amistad, sentida y llorada, una vez más, quiere testimoniar en estas líneas, nuestro pesar por la pérdida de Fausto Olivares, fundador que fuera de nuestra Peña Flamenca, pintor de actitud jonda y amor al flamenco. Y Francisco Cañada, toda una vida de entrega a la entidad de sus sueños. Con su adiós, el mundo flamenco perdía el eco más cabal y auténtico del aficionado al cante.

Francisco Cañada Cejudo. Se ha dicho, —yo lo certificaría— que Francisco Cañada, era el alma de la Peña Flamenca de Jaén. Porque Paco era hombre de serena actitud y con mirada asequible a la amistad; santo y seña de toda persona llamada a ser buena, por encima de todo. Nominado a ser candidato a proclamar, en un mundo de discordia, que la bondad era riqueza asequible para todos.

Paco Cañada, Rosario López y Chano Lobato

Y como buen aficionado, la discografía de Paco, era rica y variada. No faltaban cantaores de larga y añeja leyenda histórica, junto a jóvenes que empezaban a demostrar su saber a la vez que sus facultades ya ofrecían capacidades para la recreación desde nuevos conceptos musicales, pero buscando la ortodoxia, como esencia para definir el cante.

El corazón escribe: Amigo Paco: ¿Por qué te fuiste? Todavía tu sonrisa nos acompaña y como recuerdo, traigo aquí el dolor que nos dejaste. Paco en eterna despedida. Con la serenidad de las personas como él.

Fausto Olivares Palacios. Y, cómo no, hoy la mirada busca, necesariamente, la herida abierta que permanece, mientras mis ojos se humedecen de lágrimas y recuerdos, al recordar a mi entrañable amigo, Fausto.

Madrugada de cante en la Peña Flamenca. Añoro y vivo. Nuestro interés en recoger la herencia de Pepe Polluelas. Ecos, melismas, difíciles de olvidar. Todos éramos cómplices de emociones. Françoise Gérardin, “Fafa”, puso orden al diálogo y definió: En el murmullo confuso una guitarra torpe acompaña los choques ruidosos del vino... Una voz. Una voz tan sorda dijo “levántate tempranito”. Por soleá la guitarra. Por soleá la intención.

Con él, con Fausto Olivares, pintura y flamenco se unen para ahondar en las raíces y sacar a la luz de los pinceles, las más hermosas e inéditas secuencias del cante, el toque y el baile en una exposición de misterio y armonía, de quejío desgarrado o compás desesperado.

Pintura de Fausto Olivares, desde el conocimiento y la perfección hasta crear una reyerta de soles. Rompió un cristal de sueños para que naciera el arco iris. La memoria, en arrebato de versos, pregunta a la noche: ¿Dónde estarán aquellos mis amigos dormidos por el tiempo?

Juan Antonio Ibáñez

Más información: Diario JAÉN

lunes, 16 de marzo de 2020

Hace 50 años de la Peña Flamenca de Jaén. Autorretrato.

- Allá por los años 70 bullía el arte por doquier, la provincia de Jaén era toda una sinfonía en partitura de anhelos, y el flamenco, en casi todos los aspectos.
Juan Antonio Ibáñez entrevista a Antonio Mairena

@diariojaen
De Juan Antonio Ibáñez, periodista y flamencólogo.

En el texto de una conferencia ofrecida en su día, un 7 de mayo por cierto, y en la sede de la Peña Flamenca de Jaén, titulada “Autorretrato flamenco, la otra mirada de @candil_flamenco”, en su inicio advertía a los lectores que no venía a disertar, a dar una conferencia, sólo a recordar y compartir una etapa, unos aficionados y unos amigos, que hicieron posible que Jaén fuera acogida y reconocida en los ámbitos flamencos de todo el orbe #jondo. Como introducción al artículo, situaba mí atención en una época de luces y sombras donde el futuro nos aventuraba a predecir un mañana de ilusionantes realidad.

Y continuaba el escrito explicando: En los años 70, en Jaén, en esta tierra de olivos, sabia, entera, profundamente verdadera y sincera, es de todos conocido que, al calor de la amistad, nace un empeño por situar al #flamenco en su justa dimensión. Habrá que preguntarse, ¿cómo era aquella llama primera de una convivencia artística difícil de olvidar y, ciertamente, al menos para mí, muy difícil de reproducir y condensar durante unos minutos? Digamos en principio que eran otros tiempos para el mundo del arte en general, y también del flamenco que había salido de la penuria errática de posguerra. Y no voy a hacer un retrato detallado de la España de los 70; sí, desde luego, reseñar, en boceto de emociones que deposito en este recinto de tan significado sentido para mí, algunos trazos de la época.

Hay que decir que corría por Europa un aire nuevo de libertad. El mayo francés impregnaba, en buena medida, toda manifestación artística. Y el flamenco, no lo olvidemos, nació queriendo libertad. Libertad de un pueblo o de varios pueblos que, unidos, reclamaban su voz. Voz que al ser tan rica y verdadera se hizo #arte.

Hay que situarse en el escenario de los hechos. Para unos, supone la nostalgia. Para los jóvenes, el conocimiento del ayer. Para todos, la historia. Es acudir a la memoria y con la memoria caminar más seguro. Pues bien, en aquellos años bullía el arte por doquier. Jaén era toda una sinfonía en partitura de anhelos. Y el flamenco, en casi todos los actos. Premios, distinciones y allí estaba Rafael Romero, El Gallina, para recibir el preciado galardón. Corría ya el año 1971 y los poetas del grupo el Olivo concedían sus olivos de oro. Uno para Rafael Romero “cantaor de flamenco —se lee en el programa— nacido en Andújar. Su nombre figura hoy en varias antologías de cantaores flamencos y tiene grabados numerosos discos”. Fernando Quiñones, el amigo Fernando, llegaba a la radio con su gozo gaditano —inenarrable su vocabulario— y me decía “Juan A. ya tenemos 25.000 pesetas para hacer la semana cultural Avances”. Y acudían poetas, músicos y, claro, flamencos. Pepe el de la Matrona insigne patriarca nos ofrecía su teoría-lección del cante. Al cantaor le fue impuesta la insignia de la Peña Flamenca jiennense.

Así pues, de forma definitiva, se produce la incorporación a la geografía cantaora andaluza de una provincia, Jaén, con elementos más que suficientes como para sentir, en su paisaje y en sus gentes, la verdad nacida y autentificada en este Sur nuestro. Jaén se siente receptora a cuanto proviene de otras zonas enmarcadas, ya hace tiempo, en una labor investigativa y de pureza. Todo aquel que acudía para cruzar el espejo de nuestras vivencias, ya se quedaba en nosotros. Hablo de Fernando Quiñones, José Manuel Caballero Bonal, la familia Mairena, Los Perrate, Enrique Morente, Tía Anica La Piriñaca, José Menese las espléndidas embajadas jerezanas. También, Fernanda y Bernarda. La Perrata, El Lebrijano.

Y se anima la actividad flamenca; no solo en la capital, también en otros puntos de la provincia. Surgen peñas y grupos de aficionados en preocupante actitud por sintonizar con los ecos y las voces que empapan, con su decir, aquellos añejos y expresivos escenarios de nuestra vida pasada. Y en este contexto, primavera de 1978, nace la revista CANDIL. En 1980, la Revista es galardonada con el premio de Divulgación de la Cátedra de Flamencología de Jerez. La publicación se consolida. Un nutrido grupo de colaboradores entre escritores e ilustradores: pintores y escultores, la sustentan. Y he aquí que pintura, escritura y flamenco se hicieron cómplices para sacar a la luz las más hermosas e inéditas secuencias del cante, el toque y baile.

Múltiples eran, han sido, las actividades de la Peña. San Lucas, la feria, brillaba en nuestra caseta y los artistas que la llenaban. Y llegó el momento de enaltecer la figura de Pepe Polluelas. Su festival, que se repite anualmente, lo testimonian. El veterano Pregón navideño, la Semana de Estudios Flamencos, etc.

50 años de historia y compromiso con el Flamenco. Podría haber seguido con el relato. No era necesario. Solo he querido recordar y traer a mi mirada un retablo; hecho primero de intenciones, luego de realidades. De aquel ayer al hoy, han pasado cincuenta años de un tiempo de largo recorrido en el que los componentes de sus juntas directivas, socios y colaboradores en general, desde la dignidad y buen hacer, han trabajado en pro del arte flamenco.

Termino. Sean como final, los versos de Fernando Quiñones que escribiera y recitara en nuestra primitiva sede, un día de fiesta y honores, cuando los duendes y su compás vinieron a visitarnos:


Cuando ya no haya más,
cuando ya no haya más
que americanos
y Bancos, cuando todo
hasta un tercio de Soleá
se compre, ya a esta
Peña Flamenca de Jaén
no habrá quien la derribe
puesto que ahora y aquí
la comulgamos, la tenemos,
la dejamos aquí entre todos
clavada a este papel
entre la luz locuaz y eterna
de la guitarra y las voces.

martes, 5 de noviembre de 2019

Presentación de la revista "Candil".

Hace unos días veía la luz una nueva entrega, tras el acuerdo de colaboración con Diputación Provincial para hacer cuatro publicaciones al año.

ANTONIO ORDÓÑEZ (Diario IDEAL - JAÉN).
La Peña Flamenca de Jaén acogió hace unos días la última entrega de la revista 'Candil', publicación especializada editada por esta entidad en colaboración con la Diputación. El presidente de la Administración provincial, Francisco Reyes, participó en la presentación de este nuevo número, el 161, acto celebrado en la sede de esta Peña, ubicada en la calle Maestra de  la capital jienense, y en el que también intervinieron el presidente de esta asociación, Alfonso Ibáñez, el alcalde de Jaén, Julio Millán, y el flamencólogo y periodista, Juan Antonio Ibáñez. 
Alfonso Ibáñez recordó que 'Candil' «publicó su primer número en marzo 1978, con mucho voluntarismo. Hoy tenemos el honor de presentar el número 161 y este evento, sin duda importante para el mundo del flamenco, ha de servirnos para reconocer públicamente, y de manera especial, a dos personas por su contribución a la divulgación e investigación flamencas: Ramón Porras, que dirigió los primeros 100 números de la revista, y a nuestro añorado Rafael Valera, quien fuera presidente de esta Peña y director de 'Candil', durante los siguientes 60 números. Además de a ellos, agradezcamos también las colaboraciones, sin duda altruistas, de los inolvidables Leovigildo Aguilar. José Luis Buendía y Migolo, por citar solo a unos cuantos».

Ibáñez valoró muy positivamente el reciente convenio para la coedición de 'Candil' con la Diputación Provincial, «no solo por lo que supone para los 'candiles' que vienen (los próximos números de la revista, felizmente comprometidos), sino por los 'candiles' que vuelven, esto es: por toda la colección de la revista hasta hoy (161 números), que será digitalizada por el Instituto de Estudios Giennenses, lo que sin duda garantizará la proyección de 'Candil'», incidió. Este convenio fija la maquetación e impresión de cuatro números anuales de la revista, su distribución entre socios y socias de la Peña, colaboradores e instituciones públicas y privadas interesadas en el arte del Flamenco, el escaneo y digitalización y subida de 'Candil' a la plataforma Dialnet, como una herramienta fundamental para la búsqueda de información de calidad, que pretende dar mayor visibilidad a la literatura científica de calidad.


Por su parte, el presidente de Diputación destacó que «la investigación, estudio y análisis es una forma de cuidar y proteger un arte como el flamenco, arte que es patrimonio inmaterial de la humanidad y, por ende, también de la provincia de Jaén». Así, incidió en el valor de esta publicación, «tanto para aficionados y estudiosos, como para creadores y artistas de hoy, quienes pueden acudir a estas líneas para encontrar inspiración, llenar de contenido su arte y dotarlo de un mayor significado». En ese sentido, «el conocimiento de la tradición, la historia y la herencia recibida de otros artistas pueden enriquecer aquello que se hace hoy», afirmó el presidente de la Diputación. 

Contenidos.

Este número incluye una decena de artículos en los que se abordan temas como las mujeres flamencas con actividad en torno al año 1927, de Antonio Hernández. Antonio Conde recupera la figura de África Vázquez, cantaora granadina del siglo XIX. La reivindicación republicana en las letras flamencas centran el texto de Pedro Sánchez Ortega. Por otro lado, Manuel Martín Martín habla de Vicente Soto, cantaor contemporáneo. En este número hay también un recuerdo para el guitarrista Paco de Lucía, y Rafael Valera, el que fuera presidente de la Peña Flamenca de Jaén y director de esta publicación, fallecido a finales del año pasado.
Como se ha indicado, en el acto también intervino el flamencólogo y periodista, Juan Antonio Ibáñez. Respecto a la portada, que es un homenaje a Paco de Lucía, destacó que se trata de «un original de José Olivares, artista de raíz jaenera que ha visitado, para llenar sus lienzos, todos los paisajes de la geografía del Santo Reino». Respecto a los contenidos, indicó que «nuestros colaboradores traen a estas páginas – en variedad de temas– unos muy interesantes trabajos a tener en cuenta. Se conforma así un conjunto de opiniones, estudios y crítica. Versatilidad, conocimiento y capacidad de comunicación convergen en cada escrito o trabajo...».

martes, 14 de mayo de 2019

Arte jondo y renacimiento se funden durante seis días (Diario JAÉN).

XXXIV Semana de Estudios Flamencos.

La edición comienza con una conferencia del periodista Juan Antonio Ibáñez.

Una semana dedicada por y para el flamenco. Siete días en los que no solo se hablará y conversará sobre este arte, sino que será la oportunidad perfecta para homenajear también a una figura incuestionable dentro del flamenco en Jaén, Rafael Valera, presidente de la Peña Flamenca. La XXXIV Semana de Estudios Flamencos comienza con una conferencia de categoría, en la que Juan Antonio Ibáñez Jiménez, periodista, escritor y crítico flamenco, hablará acerca del renacimiento flamenco y de sus cantaores.

Una conferencia inaugural de gran calado puesto que, tal y como apuntan desde la Peña Flamenca, escritores y flamencólogos han denominado a lo largo del tiempo a la etapa de los años 50 y posteriores “del Renacimiento flamenco”. Así, se analizará y hará un paralelismo entre estos dos conceptos englobándolos dentro del arte genuino que forma parte de Andalucía. En concreto, en el estudio que ha elaborado a lo largo del tiempo el periodista Juan Antonio Ibáñez, se destacan, los festivales flamencos, la universidad, las peñas flamencas o ateneos flamencos de la cultura andaluza, las producciones teatrales, los tablaos y otros cauces expresivos como la poesía social.

Juan Antonio Ibáñez (conferenciante)
Foto Diario JAÉN
“Mi conferencia hace un cierto paralelismo entre el Renacimiento como movimiento aparecido en el Siglo XV y el arte flamenco en su revitalización a mediados del siglo pasado. El Renacimiento es un movimiento, no solo cultural, que retoma los valores de la antigüedad en un proceso renovador, basándose en la cultura grecolatina. Todo ello estaba dado por dos principios: la libertad y la igualdad. Si nos vamos al mundo del flamenco, encontramos unos signos muy coincidentes. En la mitad del siglo XX se intenta que el flamenco vuelva a sus raíces, a su esencia y pureza y, así, reactivar su conocimiento hasta llegar a una revitalización de lo jondo”, explica Ibáñez. Lo cierto, es que a partir de 1950 este arte fue cambiando, con unas letras que se acercaron más al pueblo. “Artistas como Juan Talega, Antonio Mairena, Fernanda y Bernarda de Utrera, Fosforito o Jarrito fueron ejemplo de esto. Son artistas que aparecen y que tienen un amplio contenido social”, sostiene.

Pero no son los únicos que acercaron los contenidos y las líricas del flamenco al pueblo, poetas como Caballero Bonald o Pepe Heredia, se convirtieron en letristas “de lujo” a la nómina amplia y reivindicativa del cante de estos años. “Hay un nuevo cauce expresivo que toma cuerpo con ellos y es muy interesante reconocer que el flamenco recoge el testigo denunciado por los poetas sociales de la época. Se empieza a hablar del Renacimiento flamenco. Ambos movimientos están avalados por dos principios: la libertad y la igualdad. Entonces encontramos letras eminentemente sociales y que avalan mucho la libertad”, explica Ibáñez.

La conferencia también pasará por la creación de las peñas flamencas, la llegada de los festivales flamencos y estudia la intervención de la universidad que incide en que haya más especialistas de flamenco y se hagan más investigaciones dentro de este ámbito. Por otro lado, reconoce que está plenamente emocionado al ser el encargado de inaugurar esta edición, en honor a Rafael Valera. “Mi satisfacción es enorme a nivel personal porque yo era y seré muy amigo de Rafael Valera. Un hombre, una persona muy rica en sentimientos”, añade emocionado.


Extracto de la conferencia: En Jaén donde resisto

miércoles, 23 de mayo de 2018

Crónica flamenca. El flamenco une a Miguel Hernández y Enrique Morente.

Juan Antonio Ibáñez pronuncia una elegía sobre los dos genios, en la Peña Flamenca de Jaén.

La 33ª Semana de Estudios Flamencos que organiza la Peña Flamenca de Jaén ha celebrado  la conferencia ‘Elegía Flamenca. De Miguel Hernández a Enrique Morente’, a cargo del periodista y flamencólogo Juan Antonio Ibáñez. Durante su intervención, unió en el tiempo a los dos genios, señalando la relación de Hernández con el flamenco y cómo éste favoreció su poesía e hizo suya la palabra del alicantino; y cómo Enrique Morente fue el primero que cantó los versos del de Orihuela.


Ambos maestros se encontraron cuando el granadino, en la década de los setenta, puso su voz al servicio de la palabra de Miguel Hernández y versionó al flamenco los poemas  ‘Nana de las cebollas’, ‘Andaluces’ o ‘El niño yuntero’, entre otros. “Fue Enrique Morente quien se asomó por primera vez a los ojos dolidos de Miguel Hernández”, dijo el flamencólogo.

El periodista fue testigo de excepción, presentando el Festival de Flamenco de Pegalajar, en el año 1971, de cómo Morente, por primera vez, cantó los versos de Hernández que homenajeaban a los aceituneros altivos.

Al concluir, Juan Antonio Ibáñez presentó su poemario flamenco ‘En la esquina del duende’, en una noche que continuó con el recital flamenco de Pepe El Boleco, con la guitarra de Antonio Carrión.

De derecha a izquierda: Antonio Carrión, Pepe El Boleco,
Juan Antonio Ibáñez, el padre de El Boleco y Alfonso Ibáñez



jueves, 8 de febrero de 2018

Por soleá. EL FESTIVAL DE PEGALAJAR CUMPLE 50 AÑOS.

No conocí las primeras ediciones del más popular de los festivales flamencos de nuestra provincia por su antigüedad, pues solo tenía 18 años y para poder asistir a dichos acontecimientos había que poseer vehículo o amigos que lo tuvieran –no todos eran ni son aficionados-, permiso paterno y, sobre todo, economía para solventar el desplazamiento y los gastos complementarios. Tampoco estaba totalmente subyugado por nuestro arte, a pesar de servir de especialista de sonido y control para grabar los programas sobre flamenco de Fernando Arévalo con Fernando Pérez Mesa ‘Canalejas hijo’, en ‘La Voz de Jaén. Emisora Sindical’.

Presentación 49 festival flamenco de Pegalajar (Verano 2017)
El Festival Flamenco de Pegalagar se institucionalizó un agosto de 1968 siguiendo las estelas de los exitosos ‘Potaje de Utrera’ (1957); Concurso Nacional del Cante de Las Minas en La Unión (1961); Festival Flamenco de Mairena del Alcor (1962), aunque desde mediados de los cincuenta se celebraban fiestas flamencas con Antonio Mairena en la festividad de San Bartolomé; Concurso Nacional de Tarantas de Linares (1962) ‘Caracola de Lebrija’ (1965); Festival Flamenco de Música y Danza en el ‘Paseo de los Tristes’ (1965) ‘Gazpacho de Morón’ (1967), etc. Y se creó gracias a un entusiasta colectivo de aficionados pegalajeños capitaneados por Luis Chica, al que luego se unirían el jiennense José Solís Rostaing, el pintor Miguel Ayala, el jovencísimo Pedro León, etc.

Su historia está plagada de grandes momentos flamencos. Me contaba uno de sus presentadores más añejos, Juan Antonio Ibáñez, que en un primer tiempo la Peña de Pegalajar se denominó ‘Peña Flamenca Miguel Hernández’, y que por este motivo el granadino Enrique Morente cantó –creo que por peteneras- ‘Andaluces de Jaén’ en el festival del año 1971.

Por el escenario de ‘La Charca’ han pasado los más prestigiosos artistas de los últimos 70 años de la historia de nuestra música: ‘Antonio Mairena’ y sus hermanos ‘Curro’ y Manolo, ‘Terremoto de Jerez’, ‘Fosforito’, Rafael Romero, ‘Fernanda y Bernarda de Utrera’, José Menese, Diego Clavel, ‘La Perrata de Utrera’ y sus hijos ‘El Lebrijano’ y Pedro Peña, Calixto Sánchez, ‘Camarón de la Isla’, dos jovencísimas cantaoras como Rosario López y Carmen Linares arropadas por Rafael Romero, ‘La Niña de la Puebla’, José Mercé… Es decir, toda la mejor nómina de artistas habidos desde la fundación del festival.

Recuerdo las anécdotas que me contaba mi entrañable y desaparecido amigo Martín García Ruíz cuando acompañaba a Luis Chica y las vicisitudes que a veces vivían por culpa de los artistas, obligándoles según contrato a salir de nuevo en la segunda parte.

Igualmente, siempre mantendré en mi memoria la impresión que me causó ver bailar por primera vez a la impar gitana sevillana Manuela Carrasco, y como ‘La Perrata’ la jaleaba desde detrás del escenario. O la sorpresa que me llevé cuando anunciaron al maestro de profesionales del baile como era Enrique ‘El Cojo’, bailar con magnificencia, poderío y profesionalidad por alegrías, teniendo un pie más corto que otro.

¡Larga vida al festival pegalajeño!


Rafael Valera Espinosa

viernes, 27 de octubre de 2017

Por soleá. JOSE SOLIS ROSTAING. PRIMER PRESIDENTE DE LA PEÑA DE JAEN

Vuelve el mes de agosto a evidenciarnos que la vida sigue y que sus jiennenses protagonistas flamencos van desapareciendo. Si el pasado día 18 se cumplió un año de la muerte de Rosario López, su querido amigo y prestante aficionado José Solís Rostaing se ha unido en el más allá con ella dos días antes de este primer aniversario de su óbito.

José Solís Rostaing (primer presidente de la
Peña Flamenca de Jaén)
Muchos son los recuerdos e importante la tarea que ambos y sus amigos desarrollaron para institucionalizar la Peña Flamenca de Jaén desde mediados de los años sesenta hasta la oficialización de la Peña como tal en 1971, siendo elegido José Solís Rostaing democráticamente por sus miembros como el primer presidente de la entidad.

Pocos años después, a finales de 1973 -casi clandestinamente- yo frecuentaba con mi amigo Ramón Béjar la prestigiosa y tertuliana taberna del cordobés Andrés Molina y su acogedora esposa y magnifica cocinera –de origen carchelejeño- María González, arropados por su yerno Luis de la Rosa Galán y su hija Anita, sita en el popular callejón ‘Arco del Consuelo’ una puerta más abajo -hacia la calle Cerón- de la popular y antigua taberna ‘La Manchega’. Allí conocí, gracias a mi amistad con Fernando Pérez Mesa ‘Canalejas hijo’, a la élite de los sabios flamencos de aquella época como Ángel García Cruz, José Solís Rostaing y su esposa Angelines, José Cruz García ‘Pepe Cruz’, Antonio Altés Sánchez-Rando, Fausto Olivares, Ramón Porras, Juan Antonio Ibáñez y demás miembros de la tertulia primigenia fundadora de la Peña Flamenca de Jaén.

Ávido de sus conocimientos, preguntaba e inquiría sobre nuestro arte y siempre recibía la información demandaba. A veces, incluso me atrevía a crear polémica sobre el por qué La Niña de los Peines acaparaba tanto su afición que dejaban al margen a otros artistas como Juan Talega o Aurelio Sellé, siendo José Solís –como siempre- el diplomático y sabio catalizador de la respuesta explicativa de que en el flamenco había y hay preferencias sobre unos u otros artistas en función de los gustos y sentimientos personales. Esa forma de actuar fue una de sus constantes principales de José Solís Rostaing, un amigo ecuánime, a veces distante pero muy cercano, intelectual, serio, y siempre entregado a los demás.

Destacó profesionalmente en sus diversos cometidos como Jefe de Negociado en la Delegación Provincial de Trabajo jiennense. Por todas las virtudes citadas fue elegido como primer Presidente de la Peña Flamenca de Jaén.

Vivió con intensidad y junto a sus amigos, como Angel García Cruz, su amor por el arte flamenco y el de toros, desplazándose en numerosas ocasiones  para visionar los espectáculos más importantes de la época como el ‘Potaje de Utrera’ y disfrutar con el arte de Fernanda de Utrera, el ‘Gazpacho de Morón’ y admirad el toque de ‘Diego el del Gastor’, o el buen toreo de ‘Curro Romero’ o ‘Rafael de Paula’ en el Puerto de Santa María.

Descanse en paz.
Rafael Valera Espinosa

  

martes, 13 de septiembre de 2016

SI ACASO LA MEMORIA. A ti, Rosario López


Juan Antonio Ibáñez y Julio de Benito, delegado de IDEAL en los años '70,
entrevistando a Rosario López. :: ARCHIVO CANDIL :: IDEAL JAÉN. 
En un poema reflexiono y escribo: Que será de mí cuando un río, en cauce de testimonios, vaya dejando, palabra a palabra, aquellos inacabados viajes por la memoria, que detalla y el olvido adormece.

Y aquí estoy, no en el olvido, sí en la memoria que detalla y vive de nuevo la historia que fue en nosotros llama vivida y sentida desde el crepúsculo que no quiere dejar de latir como, inexorablemente, marca el calendario del tiempo. Y, además, para dejar que mis ojos se humedezcan y la sonrisa del recuerdo se revuelva inquieta frente a la tristeza.

Y es que Rosario López, Chari, desde los sentidos de la amistad y en su adiós, requiere mi voz de llanto para unir palabras que, sin decirlo, la existencia decidió que los dos, antes, protagonizáramos. Sea mi deseo hablar del perfil artístico y humano de esta, nuestra cantaora. Cierto es que su duende, su capacidad profesional, se entremezclaba con su forma de ser, creando en su entorno cariño y admiración hacia su arte; porque ella, Chari, era, es, un todo en el escenario y en su trato personal. Y bueno será referenciar que el flamenco -lo dicen ilustres escritores e investigadores-, es un modo, una forma de vivir, de sentir una cultura, de oír los aldabonazos de un pueblo a las puertas de la verdad.

La historia nos dice que en los años setenta, por tierras jaeneras, un grupo de aficionados decidió hacer suyos esos aldabonazos que los rumores del pasado nos acercaban en hermosa transcripción de música y palabra. Y miren por dónde, allí estaba Rosario López, en el centro de la reunión, del grupo de amigos. Para indicar el camino con su cante, con sus maneras de concebir y sentir el quejío de un grito oculto, que de vez en cuando, araña a un ser determinado, a un elegido, porque necesita salir, respirar y decir.

Ese grito se llama Andalucía. Sin más vueltas, huyendo de desviaciones territoriales que el final terminan en una geografía que se mira en el gran espejo –«mar que ama el silencio»-, para huir de la realidad impuesta desde las cordilleras del desafío.

Y Rosario, Chari, fue y es musa de madrugada, cobijada entonces, en el ‘tempo’ de una época que nosotros, cada día, inventábamos. Y tú, Chari, decías con un gesto, aquello que el pueblo determina que sea. Pueblo herido por las músicas dispersas de la existencia que, para mí, es el cante en su propia raíz.

Así fue como Rosario López anidó, en su ser, la luz del parto supremo del saber. Los escenarios, las Peñas iban recibiendo su visita, su Ángel, su personalidad. Y ella dejaba su definida impronta. Su permanente actitud en el duelo cotidiano con los duendes. Duendes que no duermen y que, ansiosos en la penumbra, asaltan las múltiples formas de hablar en Libertad. Don Miguel de Cervantes, como caballero andante, ingenioso e hidalgo, ya proclamó: «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos». Esa libertad impresa en la razón que reivindica la memoria, para ser uno mismo, con sus duquelas y aquella nostalgia, colgada en los versos de la vida.

Es un rosario de ayes, de penas ahuyentadas por alegrías, y aquel ilustre llanto bailando por tientos-tangos. Es Rosario la que canta y llora de madrugada, con sollozos de una garganta esclavita de su mirada. Es el duende que rompe y se deshace, que desnudo la belleza vive y muere, sin el calor de nadie. ¡Ay!, que Rosario dice.

Chari, me dirijo a ti allí donde estés. ¿Te acuerdas de esas páginas abiertas a los sentimientos que compartíamos auspiciados por la felicidad de la sonrisa joven de aquellos años? ¿Recuerdas cuando un camino de rosas invitaba a la Luna a mirarse en él?

Tiempos que la magia de lo imposible hacia verdadero, palpable, ruidoso para ser cierto. ¡Ay! ¡Cuántos peldaños subimos juntos! Ahora los bajamos desde la soledad cercana. Y puede que la fortaleza nos haga, en ocasiones, ahogarnos en lágrimas, suspendidas en un arco iris de notas musicales no definidas, y, por tanto, inconcretas, pero sí verdaderas.

Y he dicho que la Peña Flamenca de Jaén ha tenido la suerte de contar siempre entre sus socios, entre sus amigos, a grandes artistas. Todos ellos son ese cuerpo que trasiega, que vive, se funde y confunde con el aplauso, con el entusiasmo, con el clamor del alboroto y el silencio en la quietud del cante. Cuerpo que no es otro que el afortunado poseedor de la ciencia y la sabiduría de nuestro arte y que transmite con su voz, con su baile o toque.

En mil novecientos setenta y uno -quizás la primera vez que lo hiciera refiriéndome a Rosario López- escribí: «por la guitarra empieza a rodar una lágrima. Una mujer cantaora por la gracia de Dios, junta sus manos, cierra los ojos, inclina la cabeza, y el silencio es tan denso que se puede cortar con una navaja de Albacete; de esas que cantara Federico García Lorca. Y la guitarra da paso a la voz, y la voz todo poderío dice unos versos que tradujera, desde el rincón de un corazón que suspira, el mejor poeta de todos los tiempos, el pueblo. La siguiriya tuvo que rendirse ante su dolido y solemne quejío».

Años más tarde, yo mismo puntualizaba: «ha recopilado en su voz, junto a la llama de una afición inquebrantable, la mejor tradición. Cuando dice, cuando interpreta un estilo, la historia del flamenco encuentra en su voz una transmisión de resuelta verdad».

Y hoy debo añadir que «ha sabido recoger todos los viejos ecos; por viejos, auténticos ecos, de un arte forjado en el yunque de la historia; o sea a golpes de sufrimiento, modelando el eslabón, ya no perdido, que enlaza pueblos y culturas Ella se hizo albacea y matrona del cante, mientras su voz pellizcaba al tiempo, en sublime grito de Arte Flamenco».

Termino. Sigue cantando, Chari. Canta para alumbrarnos cada mañana y convocarnos al gran espectáculo del amor que, a pesar de las inclemencias, nos asiste. Porque tú serás para nosotros, para quien una vez más se asoma a tu persona, nuestra, MI CANTAORA.


JUAN ANTONIO IBÁÑEZ
Periodista y
socio fundador de la Peña Flamenca de Jaén 

martes, 26 de abril de 2016

MEMORIA FLAMENCA. Enrique Morente (I).

Era la primavera del año 1984 (concretamente el 28 de abril) y aún la Peña Flamenca de Jaén tenía su sede en los bajos del Casino Primitivo, actual Salón Mudéjar del Palacio de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Jaén. Enrique Morente Cotelo ya había triunfado en su tierra, en el tablao Zambra madrileño y en numerosos festivales flamencos, habiendo conseguido prestigiosos premios de aquél tiempo como el Nacional de Cante (Flamenco Premio Nacional de Cante) otorgado por la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez (1972), y el Premio Nacional a la mejor grabación popular, otorgado por el Ministerio de Cultura (1978).

También en nuestra Peña, con varias actuaciones en la misma gracias a las influencias sobre la entidad de su paisano Juan Antonio Ibáñez –entonces locutor/presentador en Radio Popular de un programa flamenco- y a las recomendaciones de Rafael Romero “El Gallina”, maestro suyo en el citado tablao madrileño, junto a sus compañeros Pepe el de la Matrona, Bernardo el de los Lobitos o Juan Varea. Por entonces Candil tenía cinco años y bastante prestigio ganado. Ser entrevistado por la revista era un triunfo: Darse a conocer entre los estudiosos de la época y de los aficionados. Nuestro encuentro tuvo lugar en casa de Luis de la Rosa Galán, magnifico anfitrión y amigo del cantaor en la sobremesa anterior a su recital. 

Por aquél tiempo Enrique tenía varios discos publicados de éxito (Cante flamenco, 1967. Cantes antiguos del flamenco, 1969. Homenaje flamenco a Miguel Hernández, 1971. Se Hace camino al andar, 1975. Homenaje a Don Antonio Chacón, 1977. Despegando, 1977. Sacromonte, 1982. Y, Cruz y Luna, 1983)  y la ortodoxia flamenca con los tres últimos se iba solapando con la serie de recreaciones y nuevos tratamientos que el artista granaíno venia experimentando con aceptación de parte de la intelectualidad literaria –que no la musical y artística-, y los neófitos modernistas universitarios, así como con los recelos de los sabios aficionados. Y por ahí se entabló el diálogo.


Ejerciendo de convencido defensor del diablo –digo de la ortodoxia- me arropé con preguntas sobre sus inicios flamencos. Don Antonio Chacón fue zapatero remendón antes que cantaor, y Enrique también:

- "Bueno, ese ha sido uno de los muchos oficios que he tenido mientras me dedicaba a cantar. Empecé a meterme con los profesionales, a escucharles como aficionao y donde yo también hacia algo. Me di cuenta que algunos equivocaos querían escucharme cantar, y creo que han metío la pata porque podrían haber elegío a otro que no fuera Enrique  Morente. Pero esto ha pasao así y aquí estoy cantando."

¿Cómo se te despertó la afición flamenca?

- "Al principio no tenía conciencia de que eso era afición. Me gustaba cantar y cantaba. Tuve conciencia de lo que es ser aficionado muy posterior. Porque ser aficionado no va siempre junto con ser cantaor. Creo que hay artistas buenos que no son aficionaos. Muchas veces no van juntos. Yo me considero, aparte de ser cantaor, aficionao."

Por la curiosidad y las reglas lógicas de la entrevista indagué en si pertenecía a cierta saga cantaora: 

- "¡No! En mi familia no ha habido ningún cantaor. Por supuesto que si ha habido aficionaos."

Y a partir de ahí se estableció mi defensa y la suya cuando le argumenté que si no le gustaba más la ortodoxia que los caminos nuevos que estaba buscando: 

- "Son cosas diferentes, etapas diferentes, situaciones diferentes… Un cantaor profesional se debe a muchas cosas y situaciones. Casi nunca se hace lo que se quiere, como se quiere y cuando se quiere."

Incidí sobre la ortodoxia y sus maestros, principalmente con Pepe el de la Matrona: 

- "Pepe fue un gran maestro, fue un gran amigo y fue un hombre del que aprendí muchísimas cosas de la vida y del cante. Coincidió mi pasión por el flamenco con la entrega que él tenía por el cante, que a pesar de ser un hombre de tantísimos años –había fallecido en Madrid cuatro años antes con 93 cumplidos- todavía vivía y soñaba para el cante. Estaba siempre haciendo proyectos para el futuro hasta el último momento."

Yo quería resaltar la ortodoxia y machaqué sobre la figura de don Antonio Chacón por el éxito que entre los aficionados en general había tenido su doble LP  dedicado al jerezano con la guitarra de Pepe Carmona “Habichuela”:

- "El primero que me lo destacó fue Pepe el de la Matrona. Fue una de las muchísimas cosas que le escuché hablar, aprendí y me di cuenta después escuchando las grabaciones de este hombre que fue uno de los genios, tal vez el genio más grande que ha tenío el cante flamenco."

Y con tan pocas grabaciones como hizo el jerezano ¿Cómo has llegado a tener tan exacto conocimiento de su personalidad?

- "Se lo debo en gran parte a Pepe el de la Matrona y Bernardo el de los Lobitos. Aurelio Sellé también me habló de él y el guitarrista Manolo el de Huelva. Pero básicamente a Pepe. "

Consideré pertinente preguntarle por Perico el del Lunar, tocaor que fue de Chacón y precursor de la primera antología de flamenco, la de Hispavox de 1954, en la que participaron entre otros los referidos Rafael Romero, el Matrona, el de los Lobitos o Juan Varea, por si había influido sobre su enamoramiento de los ecos de don Antonio y… 

- "¡No! Una vez llegado a Madrid le conocí porque me lo presentó Pepe en el rastro madrileño y ya no volví a tratarlo más."

En aquellas fechas, y por lo sabido y comprobado de que el flamenco no vendía muchos discos, conociendo además que en bastantes ocasiones las casas discográficas incidían sobre los artistas para que plasmaran matices más asequibles, le solté si había tenido algún condicionante:

- "Creo que todo el mundo está condicionado de alguna forma por su situación. No quiero decir con esto que lo que estoy haciendo sea por alguna presión. El hombre es él y sus circunstancias. Dentro de eso lo que hay que hacer es arte y eso es lo que importa. La ortodoxia, y estoy plenamente seguro, a uno de los que más le gusta es a mí, pero creo que la ortodoxia debe de servir, repito, para hacer arte, para invitar a ver nuevas vereas, nuevos caminos y, si esto está hecho sinceridad y honestidad, siempre sirve para ver nuevas experiencias y los errores sirven para abrir nuevas ventanas."

- "Cuando se intenta nuevas cosas, todo no va a salir perfecto, todo no va a salir bien; eso siempre es un riesgo. Para mí sería mucho más cómodo estar cantando siempre la malagueña de El Canario, etc. Yo soy una persona que me aburre cantar siempre igual, y pienso que la ortodoxia e inspirarse y poder hacer cosas que invite a crear algo nuevo. Porque esto es una música viva; esto no es una música de museo, si no estaríamos paraos, estaríamos todavía en la caverna, estaríamos todavía en la fragua, estaríamos todavía en el campo, y esto es un arte de profesionales que procede de ahí, de todos esos sitios que acabo de mencionar."

- "Por eso tiene esa fuerza el flamenco. Somos los profesionales los que llevamos el arte por el mundo entero, los que hacen que el “Reniego…” por ejemplo, en una etapa lo hiciera Cagancho con unos quejios, melismas y cadencias arcaicas, y luego llegue Tomás Pavón y entonces lo canta más airoso, más fresco."

Rafael Valera (flamencólogo).


El blog de la revista "Candil": http://revistacandil.blogspot.com.es/2016/04/memoria-flamenca-enrique-morente-i.html