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lunes, 5 de marzo de 2018

Por soleá. FLAMENCOS Y MESTIZOS

'Flamencos y Mestizos' surge con la misma filosofía que los ciclos que el productor ubetense suele programar en Madrid, en los que se abarca un abanico de artistas que van del flamenco más puro a la música más mestiza o que bordean los límites del flamenco. Otra de sus características será la apertura a la ciudad, de manera que el flamenco suene por todos los rincones de Úbeda. Contempla así actuaciones en lugares habituales e incorpora otros escenarios para acercar el flamenco a diversos públicos. Hasta aquí la noticia.

Cartel "Flamencos y Mestizos (2018)
Particularmente, he de alabar la titularidad de la programación: “Flamencos y Mestizos”. Por la misma, considero el amplio conocimiento que nuestro comprovinciano Paco Ortega tiene del tema: ‘Flamencos’ por un lado y ‘Mestizos’ por otro. Porque esa es la verdadera unión-separación de una cultura musical como es nuestro flamenco, y la serie de trabajos y movimientos musicales que, apoyándose en las raíces flamencas, intentan y consiguen estructurar otras melodías que pueden acercar a los neófitos hacia este arte nuestro.

Lo he referido y escrito en ocasiones y lo reitero de nuevo. La música clásica tiene sus denominaciones bien estructuradas. George P. Telemann, Antonio Vivaldi, Jean Philippe Rameau, Juan Sebastián Bach, o George F. Händel, están encuadrados en el movimiento barroco. Después, Beethoven, Mendelssohn, Brahms… están considerados como románticos. Y George Gershwin, Igor Strawinsky o Benjamín Britten, son modernos.

Otro tanto pasa en la pintura. ¿Por qué no en el flamenco? ¿Hay que calificar al ‘Fillo’, ‘Tomás El Nitri’, ‘Curro Dulce’ o ‘Juan Encueros’… cantaores trasnochados de nuestro arte? ¡No! Son los barrocos del flamenco; como Enrique ‘El Mellizo’, Juan Breva, don Antonio Chacón o Manuel Torre, los románticos; o ‘La Niña de los Peines’, Pepe Pinto, Pepe Marchena, o Manolo Caracol, los modernos. Cada uno en su época y reconociendo su arte.

Siempre he escrito que para alabar ‘Las señoritas de Avignon’ de Picasso no hay que menospreciar ‘Las Meninas de Velázquez’; o loar ‘El Pájaro de Fuego’ de Strawinsky en contraposición del ‘Réquiem’ de Mozart; así como tampoco se puede ponderar ‘la Canastera’ de ‘Camarón de la Isla’ ante la creatividad por tangos de Pastora Pavón ‘Niña de los Peines’. Cada pieza en su sitio y con su denominación adecuada. Nunca olvidaré cuando al preguntarle a Enrique Morente por las siguiriyas de Manuel Torre, este me respondió con cierto desdén que ‘Yo no hago cante de cavernas’, cuando esos cantes que él denominaba así le sirvieron para efectuar la serie de modernidades que le dieron fama y popularidad en el mundo flamenco.

Por tanto, insisto, me ha parecido de un acierto relevante la titularidad que el ubetense Paco Ortega ha escogido para la serie de espectáculos que se celebrarán en la renacentista ciudad de Úbeda bajo la denominación ‘Flamencos y Mestizos’, desde el día 6 de abril al 5 de mayo, en el que actuarán flamencos como ‘La Moneta’ y Antonio Reyes; y mestizos como Ana Corbel o Elena Salguero.

Rafael Valera Espinosa

jueves, 30 de noviembre de 2017

Memoria flamenca. DIEGO ANDRADE MARTAGÓN “DIEGO CLAVEL” (I).

“GANAR EL CONCURSO DE MAIRENA EN AQUEL TIEMPO ERO LO MAXIMO.”

Corría el año 1981 y la Peña Flamenca de Jaén celebró el X Aniversario de su fundación oficial. El acontecimiento se había institucionalizado en el mes de abril, y Diego Andrade Martagón ‘Diego Clavel’, fue el elegido –por ser primera figura cantaora de los festivales de la época- como el cantaor que sustentara el prestigio que la entidad venía estableciendo por sus iniciativas flamencas en la que destacaba, además de su Semana de Estudios Flamencos, la edición de la revista Candil.

El 25 de abril del citado año, Diego cantó, con el acompañamiento de la guitarra de Pedro Peña Fernández “Pedro Peña”, por palo de Antonio ‘El Fillo’ y soleá rondeña del gaditano Enrique Ortega; peteneras de ‘Medina El Viejo’ y de ‘La Niña de los Peines’; tientos de ‘Antonio Frijones’, ‘Manolita La Gitana’, Fernando ‘El Herrero’ y ‘La Niña de los Peines’, derivando a los tangos de ‘El Titi de Triana’, ‘La Niña de los Peines’, ‘El Garrido de Jerez’, y la malagueña Dolores ‘La Pirula’; bulerías por soleá de Antonio ‘La Peña’, Rafael Ramos ‘El Niño Gloria’, su hermana Luisa ‘La Pompi’, María ‘La Moreno’, el linarense ‘Sordo La Luz’, y juguetillo de ‘El Loco Mateo’; media granaína (denominada granaína) de Tomás Pavón, y granaína (conocida como media granaína) de Manuel Vallejo; alegrías de Enrique ‘El Mellizo’, Aurelio Sellé, ‘Tío José el Águila’, Rosario ‘La Mejorana’, Gabriela Ortega, nuevamente de ‘La Mejorana’, más de ‘El Mellizo’, y remate de ‘El Cojo Pavón’; malagueñas de ‘La Trini’, Concha ‘La Peñaranda’, y malagueñas por bulería de ‘Juan Breva’; soleares del trianero ‘Noriega’, de la alcalaína Dolores ‘La Roesna’, de los también trianeros ‘Pinea El Zapatero’ y ‘El Sordillo’, vuelta a ‘La Roesna’, también de ‘La Jilica de Marchena’, del gaditano ‘Enrique El Morcilla’, del alcalaíno Joaquín ‘El de la Paula’, y remate por ‘Juanillero de Marchena’.  ¡Ahí es ná! Demostración de conocimiento de los personalismos cantaores.

Además, ‘Diego Clavel’ arrastraba la merecida aureola de ser el máximo reivindicador de los cantes por siguiriyas en el época, especialmente por haber reincorporado al repertorio cantaor el cambio del jerezano Manuel Molina, que tras las interpretaciones de Rafael Ramos Antúnez ‘Niño Gloria’, Manuel Vallejo y Antonio Mairena, llevaba bastante tiempo en el olvido de los artistas flamencos. La tarde del referido 25 de abril, en la casa del buen amigo y mejor aficionado, Joaquín Sánchez Martínez, la entrevista sirvió para que Diego se sincerara y estableciera –a sus treinta y cinco años- sus reivindicaciones flamencas.

Pregunta: ¿De dónde viene tu afición flamenca? ¿Han existido antecedentes cantaores en tu familia?

 Respuesta: “¡No¡ Yo no tengo ningún antecedente cantaor en mi familia. Siempre digo que la raíz cantaora de mi casa la he iniciado yo. Mi madre, eso sí, cantaba, pero cantaba como cualquier persona. Si quieres te digo más, en mi pueblo, en La Puebla de Cazalla no ha habio cantaores de renombre, sin olvidarnos de ‘La Niña de La Puebla’. Se habla de un tal Gallardo… que dicen que cantaba mu bien. Yo lo conocí, pero era cuando no estaba interesado por el cante, ni ná… porque yo era muy joven.

Te puedo decir que me inicié formando parte de un grupo de campanilleros, en el que yo hacía los solos. ¡Oye!¡ ¡Sabes! En La Puebla siempre hubo grupos de campanilleros que cantaban mu requetebién. Bueno, pues en ese grupo se vio que yo destacaba un poquito porque –la verdad- se nace con el cante, que este no se aprende, se aprenden los estilos y los palos, pero el cante no se aprende, se nace con él dentro.”

Diego Clavel y Pedro Peña
en el recital realizado el abril de 1981 en la antigua sede de la Peña Flamenca de Jaén,
hoy Salón Mudéjar del Palacio de Cultura del Ayuntamiento de Jaén
Pregunta: ¿Tú surgiste en el Concurso de Mairena?

Respuesta: “¡Bueno…! Antes de presentarme en Mairena ya me había presentao a otros de por la parte de Córdoba. Al primer concurso que fui fue a uno de Cabra, que me tuvieron que arrastrar mis hermanos, porque yo he sio siempre mu corto de espíritu… ¡cortísimo! Por eso nunca he querío dedicarme al cante, y esto te lo puedes creer. ¡Mira! ¡Si yo hubiese sido un buen albañil…! ¡Cuanto me hubiera gustao y cuanto daría por ser un buen albañil! Lo que pasa es que era un albañil mu malo, mu torpe… ¡Vamos…! Que aquello no me entraba a mí en la cabeza. Si hubiese sio al revés, yo sería hoy un buen albañil en vez de un cantaor. Nunca he querio dedicarme a esto, pero hoy me entrego al cante con toa la fuerza de mi alma y mis entrañas. El caso es que mis hermanos se compraron un R-8 pa llevarme y traerme…

Volviendo a lo de Cabra, me hicieron una prueba y me seleccionaron para la final. Yo me ilusioné un poquito porque me dieron el tercer premio, aunque, la verdad, hubo protestas favorables a mí porque consideraban que debía haber quedado en mejor lugar. Total, que aquello me gustó ya un poquito, aunque todavía tenían mis hermanos que seguir arrastrándome. Por eso, volví otro año a Cabra pero no me seleccionaron para la final. Fíjate lo que son las cosas, pues ese mismo año me presente en Mairena al grupo de siguiriyas y martinetes y me llevé el premio. En aquellos años ganar el concurso de Mairena del Alcor era lo máximo para un aficionao; prueba de ello es que de allí salió Camarón de la Isla, José Menese… ¡Vamos…! Que ha salio mu buena gente de allí. El año que yo gané (1970), Calixto Sánchez ganó el premio por malagueñas.

Me contaría después sus vivencias en Madrid en casa de Pepe Menese, las letras reivindicativas que le compuso Caballero Bonald, sus divergencias con la crítica flamenca, la popularidad que le acarreó sus interpretaciones del cambio por siguiriyas del jerezano Manuel Molina, las orientaciones que establecían las casa grabadoras, y muchos más criterios sobre al arte flamenco.

Rafael Valera Espinosa

jueves, 2 de marzo de 2017

Crónica flamenca. ANTONIO DEL PUERTO’ HACE HONOR AL ECO DE SU TIERRA.


He referido en bastantes ocasiones que la zona de “Los Puertos” gaditanos, es decir, Puerto Real, Sanlúcar de Barrameda, Puerto de Santa María, Rota, San Fernando, etc., han sido cunas históricas de legendarios artistas flamencos. Todos han tenido y tienen su influencia flamenca de grandes urbes como son Cádiz y Jerez de la Frontera, en función de su cercanía geográfica. Pero las figuras de estas grandes ciudades, a su vez, también han bebido de las fuentes creativas de reconocidos cantaores de los citados “Puertos”. Reitero nuevamente que Francisco Ortega Vargas “El Fillo”, nació en Puerto Real dentro del primer quinto del Siglo XIX, fue alumno de “El Planeta” y, a su vez, maestro del ilustre Tomás Francisco Lázaro de la Santa Trinidad Ortega López “Tomás El Nitri”, nacido en el Puerto de Santamaría, del cual aprendió el legendario y sevillano Silverio Franconetti y Aguilar.

Lo referido está en consonancia con el arte expresado por el porteño –del Puerto de Santamaría- Antonio Gutiérrez Navarro “Antonio del Puerto”, el pasado viernes, 24 de febrero, con motivo del recital organizado por la Peña Flamenca de Jaén para celebrar el Día de Andalucía, estando acompañado por la flamenca (plena de tonalidades, variaciones personales virtuosas con prestante dominio del diapasón) y prestigiosa guitarra del iliturgitano Antonio Gómez. Y como he citado anteriormente, nuestro protagonista tiene influencias de las figuras del cante jerezano. No olvidemos que en un tiempo Puerto Real perteneció al municipio de Jerez, y El Puerto de Santa María canalizaba toda la economía exportadora de la ciudad bodeguera. También de Cádiz capital, mas, no tantas.

Su exposición cantaora la realizó con valentía por los cantes de fragua con ecos de Jerez, aunque igualmente evocó en ciertos momentos a su paisano José Reyes “El Negro”, volviendo posteriormente a exponer ciertas resonancias de Tío Borrico. Posteriormente, y al igual que plasmara en la discografía antigua el gaditano Aurelio Sellé, Antonio del Puerto acometió la granaina chaconiana-marchenera que recreo Aurelio para poder afianzarse de lleno en el quejumbroso eco de “el Mellizo” por malagueña, efectuada esta con conocimiento y adecuado melisma.

Sus soleares evidenciaron enamoramientos de los localismos de Alcalá de Guadaira y Utrera, con adecuados acercamientos a las creatividades de la Casa de Los Talega, en las primeras, y a la de Fernanda Jiménez Peña “Fernanda de Utrera”, en las segundas, marcando reposado compás y valentía tonal en las de remate. Volvió a la ‘Tacita de Plata’ por cantiñas-alegrias con matices de Manolo Vargas con resonancias de Rancapino en las aludidas cantiñas, para finalizar por alegrías con determinada prestancia y nuevo envite tonal al final de la serie. En los siguientes fandangos, y con matiz muy reposado, se acordó del jerezano “El Gloria”, en su segunda letra con ecos de Huelva, continuando con el tratamiento que al estilo le imprimía Agujetas de Jerez. Con ciertas disonancias ofertó cantes mineros a través de la taranta-taranto de Manuel Torre y cierta falta de estructura musical, para finalizar con una segunda letra que recordó a Fosforito y ecos de Rancapino, en la misma tesitura.
 
Mas, su punto álgido flamenco lo alcanzó con tientos de Jerez, realizados con auténtico eco gitano y matices de Juanito Mojama por el tratamiento de Agujetas, marcados de ‘jondura’ plena, solvencia estilística y estructurado compás, circunstancias estas que reiteró en las siguientes letras por el estilo. Establecido así el eco pertinente, ofertó seguidamente pellizco por la siguiriya de su paisano Tomás “El Nitri”, para acercase a la impronta creativa del jerezano Tío José de Paula con formas de Tía Anica ‘La Piriñaca’, y meterse de lleno en una siguiriya-liviana de Los Puertos con aires de Tomás El Nitri e influencias de El Fillo, que remató con ecos de El Tuerto de la Peña. Finalizó su recital con fandangos de Huelva con evocaciones de Paco Toronjo, a través del valiente de Alosno que popularizara José Rebollo.

Rafael Valera Espinosa

                 

miércoles, 1 de febrero de 2017

Por soleá. MARI CRUZ Y VERONICA “CANALEJAS”.

Hace semanas que escribía sobre lo acertada que había sido la unión de varios pueblos flamencos de nuestra comunidad como Jerez –de donde partió la idea-, Lebrija, Utrera, Morón de la Frontera y Mairena del Alcor, a los cuales se podrían haber sumado Alcalá de Guadaira, San Fernando, Algeciras y no sé cuantos más, con la intención de velar por las castas flamencas que en los mismos se han conformado, para incrementar así un mayor conocimiento de los clanes más añejos y artísticos de nuestro arte.

Villancicos 2016
Y en cuestiones de sagas cantaoras de reconocida trayectoria… ¿Qué pasa con Jaén? Desde mi consideración particular, la esperanza estaba -aparte de alguna más, pero sin un establecido liderazgo- en la raíz flamenca de Juan Pérez Sánchez “Canalejas de Puerto Real”. Una esencia artística oriunda y trasvasada a nuestra tierra del pueblo gaditano donde viera la luz artistas de la talla de Francisco Ortega Vargas “El Fillo”, alumno del legendario Antonio Monge Rivero “El Planeta”, y maestro de dos grandes figuras como Tomás de Vargas Suarez “Tomás El Nitri”, y Silverio Franconetti Aguilar “Silverio Franconetti”, si me apuran, los artífices de la historia del flamenco desde finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.  

Hermanos Canalejas, junto a Paco Cañada

En un comienzo –finales de los cincuenta e inicio de los sesenta-, los heredados acordes cantaores no estaban donde debieran. Tras el fallecimiento de Juan (diciembre de 1966), patriarca y figura visible, nadie se atrevía a manifestar su arte como no fuera en reuniones o festejos familiares muy particulares e íntimos. Ciertos sentimientos de orfandad cantaora, sobrecogimiento de no poder alcanzar el suficiente empaque artístico, y otras muchas por desidia, el tiempo se fue alargando sin percibir ninguna señal del linaje flamenco. Cierto es que Manolo, una vez perdidas las inhibiciones en las reuniones con amigos, comenzó a desentrañar todo el arte que atesoraba. A través de sus profesionales intervenciones en los Pregones Flamencos de la Navidad, algunos que otros festivales, y recitales en Peñas, convenció a los aficionados jiennenses de que la saga flamenca tenía cierta continuación.


Hoy en día, y en similar tesitura con su padre, los villancicos flamencos han canalizado la orientación profesional de Mari Cruz y su incentivación artística hacia otros estilos. La inicial valentía de ésta, ha propiciado que su hermana Verónica también se sume a corresponsabilizarse en la perpetuación de la saga “Canalejas”.

Demostradas sus determinadas solvencias en los cantes de Navidad, menester y recomendable es que sigan trabajando en el estudio –voces me han llegado que así es-  de estilos como las soleares, siguiriyas, malagueñas, tarantas, fandangos de Lucena, cantiñas-alegrías, serranas, bulerías –en especial de Cádiz-, guajiras por bulerías, saetas, etc., estilos en los que su abuelo patentizó una personalidad inigualable.

Cuentan con la base más primordial: la casta cantaora. Por su formación académica y conocimientos culturales, la tarea está determinada por incrementar su amor y afición por una cultura musical que supo enaltecer su abuelo, hasta lograr ser figura inolvidable del flamenco.

Rafael Valera Espinosa          

jueves, 26 de enero de 2017

Por soleá. EL CANTE, BASE PRIMORDIAL FLAMENCA (I)

Me ha llamado la atención las declaraciones de mi admirado y ciertamente amigo Manuel Moreno Jiménez “Morao de Jerez”, al cual se le concedió el pasado noviembre la “XXIV Palma de Plata. Ciudad de Algeciras”, que organiza la Sociedad del Cante Grande de la localidad, en un reconocido y merecido homenaje a su figura, similar al que la Peña Flamenca de Jaén le realizó con la XVI Semana de Estudios Flamencos y la publicación del número 132 de la revista Candil, monográfico sobre su persona. Manuel “Morao” ha dicho: “Me gusta mucho la música en general, pero sobre todo el cante. Me he preocupado mucho siempre por el cante. La base primordial del flamenco es el cante. Todo lo demás son aditivos para el cante. No entiendo por qué tiene tanto protagonismo el baile” ¡Ahí queda eso!

"Pastora Imperio"
Retrato del dibujante español
Rafael Sanchís Yago (1891)
Creo acertadas las declaraciones de este añejo maestro de la guitarra flamenca jerezana, descubridor de artistas como su cuñado “Terremoto de Jerez”, y de las más importantes figuras de su tierra de los últimos cincuenta años. Y estoy de acuerdo porque son sentenciosas. A lo largo de la historia de nuestro arte y muy concretamente en el siglo XIX, el protagonismo lo han tenido los cantaores, desde Antonio Monge “El Planeta” –nacido en el último tercio del siglo XVIII, al cual lo hizo famoso Estébanez Calderón en sus “Escena Andaluzas- hasta Pastora Pavón “Niña de los Peines”, citándola por haber nacido en 1890, pasando por Francisco Vargas “El Fillo”, Tomás de Vargas Suarez “Tomás El Nitri, Silverio Franconetti, Francisco "La Perla", Manuel Molina, Frasco El Colorao, “Los Caganchos”, Paco La Luz, Diego el Marruro, José Yllanda, don Antonio Chacón, Joaquín Lacherna, Manuel Torre, o Pepe el de la Matrona, tres años mayor de Pastora.

Sin embargo, el baile solo ha estado representado por nombres muy significativos, mas sin la importancia de los cantaores citados. Quizás del siglo XIX podemos citar como primordiales bailaoras a Rita Ortega, la cual vio la luz en 1854; Rosario La Mejorana (1862); Gabriela Ortega, también del 1862, madre de Rafael, Joselito y Fernando, conocidos toreros con el apelativo de “Los Gallos”;  Juana Vargas “La Macarrona”, nacida en 1870; Magdalena Seda “La Malena”, siete años menor que Juana Vargas; Antonia Mercé “La Argentina”, de 1890; o Mariquita Malvido. También bailaores como Antonio Páez “Lamparilla” (1869); el jerezano “El Estampio” (1879); o el vallisoletano Vicente Escudero (1888).

Ante lo referido, son los cantaores y cantaoras auténticos artífices del progreso de esta universal cultura musical nuestra. Es más, artistas de la talla de José Greco, Antonio Ruiz Soler “Antonio el bailarín”, por citar a los más cercanos en la historia, siempre se han rodeado de cantaores de auténtica enjundia flamenca, como nuestro comprovinciano Rafael Romero “El Gallina”, con el primero, o Antonio Mairena o “Chano Lobato”, con el segundo. Y, curiosamente, sendos cantaores se salieron del cante atrás para ser figuras inolvidables del cante “alante”. Mas, queda mucho por referir.


Rafael Valera Espinosa     

martes, 24 de enero de 2017

Crónica flamenca. SIGUIRIYAS Y SOLEARES MARCAN EL ARTE DE AROA CALA.

Desde que el alumno de Francisco Ortega Vargas “El Fillo”, el porteño Tomás de Vargas Suárez “Tomás El Nitri”, autentico ídolo de Antonio Mairena, nacido en el Puerto de Santa María a comienzos de la segunda mitad del siglo XIX, el bello y famoso pueblo de Cádiz ha venido ofertando categoría cantaora a través de artistas como Antonia García Moreno “La Obispa” (l886), Pedro Niño "El Brujo", Antonia "La Coquinera", Luisa "La del Puerto", José Reyes "El Negro", los romanceros flamencos Alonso, Juana y Dolores "Los del Cepillo", sin olvidar a los más jóvenes Ramón "Orillo" o "Pansequito”, etc. En la actualidad, hay otros muchos entre los que destacan las hermanas Nazaret y Aroa Cala.

Para conmemorar la institucionalizada Fiesta de San Antón de la Peña Flamenca de Jaén, la entidad organizó el pasado viernes, 20 de enero, un recital de Aroa Cala, la cual estuvo acompañada por la guitarra de otro porteño –este de Puerto Real- como es Miguel Ramos, prestante en su sonido flamenco, comedido y siempre ofertando las tonalidades que le requirió su acompañada. El inicio del mismo lo efectúo con potencia tonal y adecuada melodía por la conocida malagueña atribuida a la unionense Concha ‘La Peñaranda’, enlazando con sensibilidad la rondeña de Rafael Romero “El Gallina”, y rematando con fuerza por la rondeña clásica de Málaga. En las soleares estableció los recuerdos creativos por Alcalá de Guadaira de Enrique ‘El Mellizo’, resonancias de Fernanda de Utrera con influencias ‘maireneras’, más ecos de Fernanda por el personalismo de ‘La Serneta’ con entrega y potencia final, para rematar en la última tesitura citada por el jerezano ‘Juaniquín de Lebrija’. Sus cantes por cantiñas-alegrías tuvieron matices personales y reposados ecos de Manolo Vargas, cierta estentoreidad en las alegrías, adecuado acercamiento a la personalidad de Pastora Pavón, y un final de juguetillo por el estilo en los aires de Pericón de Cádiz.

Mas, como casi siempre suele acontecer, fueron las siguiriyas las que marcaron su prestancia cantaora acometiendo el estilo con salida quejumbrosa, continuando con solvencia y conocimiento por su paisano Tomás ‘El Nitri’; posteriores formas cantaoras ‘maireneras’ en el recuerdo del jerezano Juan Junquera, y un entregado y potencial remate por la siguiriya que primeramente grabara ‘El Gallina’ con matices de Silverio, recreación posterior de Juan Junquera y aportaciones de Antonio Mairena, inicio con ecos de ‘El Planeta’ y remate por las resonancias de María Borrico.

Complementó  el repertorio con los aires más asequibles de la zambra caracolera, derivación a los tangos con ubicaciones en Triana, posteriores ecos de ‘La Pirula de Málaga’, con resonancias de los del monte granadino, resaltación de la creatividad de La Niña de los Peines, y ciertos matices de la comarca utrerana. Finalizó con un amplio recorrido de bulerías por Jerez, formas musicales de Francisca Méndez Garrido  ‘La Paquera’ por copla flamenca; acercamiento a Cádiz por el personalismo del alcalaíno Manolito el de María, finalizando con una mezcla de romance por bulerías en los tonos de Fernanda de Utrera, también de su hermana Bernarda, y nuevamente  bulerías por ‘La Paquera’. Concluyó su recital con fandangos de corte caracolero con evocaciones de Francisca Méndez, Enrique el Almendro a través de Manolo Caracol, de Antonio el de la Calzá y las aportaciones de José el de la Tomasa, y un potencial y entregado recuerdo de Rafael Ramos Antúnez ‘El Niño Gloria’. Remató con un bis fandanguero por la Huelva de Alosno, con homenaje a José Rebollo establecido con singularidad por los ecos de Paco Toronjo.

Rafael Valera Espinosa     

jueves, 3 de noviembre de 2016

Crónica flamenca. JOSE ANGEL EXPOSITO GONZALEZ APUNTA MANERAS.

Escuchando a los jóvenes de hoy, los que comienzan, me doy cuenta de que nuestra universal música flamenca sigue manteniendo un desarrollo uniforme en relación con las figuras consagradas desde que se tienen conocimiento del cante. Es decir, los grandes maestros nacidos en el último tercio del siglo XIX –por empezar en ese tramo histórico- don Antonio Chacón, Manuel Torre, Tomás Pavón, La Niña de los Peines, El Gloria, etc., fueron influenciados por otros legendarios creativos como El Fillo, Francisco la Perla, Manuel Molina, Curro Dulce…

Los citados primeramente han servido de base a otros excelentes artistas como Antonio Mairena, Manolo Caracol, Rafael Romero “El Gallina”, Canalejas de Puerto Real, Pepe Pinto, El Carbonerillo, etc., y estos a su vez lo han hecho con Chocolate, Fosforito, Lebrijano, Chano Lobato o José Menese, continuando la misma progresión con Camarón, El Pele, José Mercé, Miguel Poveda, Arcángel, etc. Por tanto, como apunto al comienzo, los posibles figuras de mañana se sienten imbuidos por los actuales.

De lo citado tuvimos ejemplo claro el pasado miércoles 18 de mayo de 2016, en la Peña Flamenca de Jaén, con el debutante ubetense -con ascendencias familiares cantaoras como son Francisco Delgado “El Tato” por la paterna, y Paco Sánchez por la materna- José Angel Expósito que, con la guitarra de su paisano José Romero, cerró la celebración del 45 aniversario de la fundación de la misma. 

Comenzó su recital con granaína y posterior granaína grande, con referencias melódicas a la creatividad de don Antonio Chacón. En los cantes mineros se acercó a las formas camaroneras por taranta-taranto de Manuel Torre, en doble letra para, seguidamente, abordar la cartagenera de Chacón, mas también por los ecos del de San Fernando. En las cantiñas-alegrías resonaron matices estructurales de Manolo Vargas, por las tesituras establecidas por José Monje Cruz.


Sin embargo, en su recorrido por las soleares la tendencia la modificó un  poco, pues su inicial ubicación en Alcalá sonó más añeja, en el recuerdo de las del Mellizo nos ofertó evocaciones de Tomás Pavón, para finalizar por Juaniquín de Lebrijano con entremezcla de Mairena y El Lebrijano. Demostró enjundia en las siguiriyas de Manuel Torre,  de Paco La Luz y de Silverio. En los tientos volvió a reiterar sus recuerdos de Camarón, así como en las bulerías y en los fandangos, aunque al final estableció un buen recuerdo de Manuel Vega “El Carbonerillo”.

Rafael Valera Espinosa

miércoles, 11 de abril de 2012

Crónica. COMPAS Y RITMO SALINERO EN DAVID PALOMAR

Cádiz siempre se ha distinguido en general por la gracia, viveza, alegría y desenfado de sus gentes. En el flamenco lo ha establecido por su primigenia creación, por sus jondos y emocionados sentimientos, y también por estructurar el compás y el ritmo de los estilos como los mejores. De ahí que su escuela cantaora representada por artistas –no quiero citar a las numerosas figuras creadoras que no han grabado- de la talla Aurelio Sellé, Manolo Vargas, Pericón de Cádiz, y los más cercanos Beni de Cádiz o Chano Lobato, hayan marcado la esencia cantaora y festera de su tierra.


David Palomar representa a la última generación gaditana que se arroga con prestancia la continuación de la escuela citada. Todo su repertorio flamenco (su final fue algo cupletero) lo basó en los estilos que representan las cadencias, ritmos y companses empleados por sus admiradas y citadas figuras. En las bulerías iniciales con letras alusivas a las chuflillas de su tierra, recordó con personalidad propia a maestros como Ignacio Ezpeleta, Manolo Vargas y Pericón de Cádiz., manteniendo con soltura la aludida prestancia del ritmo y el compás.

Las siguiriyas las abordó con la dificultad que supone evocar a un maestro como Antonio Mairena por la creatividad primera del porteño Tomás el Nitri, progresando en resolución tonal hacia el jerezano Tío José de Paula con entremezcla de las improntas artísticas de Tía Aníca La Piriñaca y Mairena, ofertando después el jondo sentimiento del estilo por la creatividad de Curro Durse con aproximaciones tonales a Manuel Agujetas, para establecer un resolutivo final por la cabal de El Fillo.

En las cantiñas-alegrías volvió a constatar su cuna natal con el posicionamiento en los ritmos y compases de Pericón de Cádiz establecidos con conocimiento y singularidad artística, para seguidamente demostrar lo primigenio de la jota gaditana en la conformación de este grupo de cantes, y volver a resaltar el compás y la gracia que por aquí marcaron Aurelio Sellé y Chano Lobato. En las continuadoras malagueñas, David quiso igualmente establecer su inquietud musical por encontrar nuevos aportes con el recuerdo de la creatividad de su comprovinciano Francisco Lema “Fofosforito”, mas edulcorando la melodía con ciertas aproximaciones a Morente y determinada falta de estructura melódica por evocar los barrocos melismas del granaíno; mejor y más centrado estuvo en la de su paisano Enrique el Mellizo por las resonancias de Aurelio.

En cuanto a las soleares, Palomar concibió un recorrido que favorecía la adecuación rítmica del estilo, así como sus condiciones tonales. Comenzó por Juaniquín de Lebrija para establecer los ecos de Curro Frijones con tonos de Agujetas y poder meterse de lleno en Enrique el Mellizo, seguidamente se subió a los matices trianeros de Ramón el Ollero, para descender hacia la especial y campesina personalidad de El Chozas de Jerez  y finalizar por su paisano Paquirri el Guanté. En los tanguillos reiteró el establecimiento de las personalidades de Chano Lobato y Pericón de Cádiz, principalmente. Y en las bulerías se olvidó del acelerado ritmo de su tierra para centrarse en los ecos de Jerez y ciertas modernidades de Pansequito del Puerto, así como puesta en escena de Beni de Cádiz, con coplas que se adaptan poco al ritmo y compás del estilo.

Buen recuerdo el establecido de Diego el del Gastor por la guitarra de Ricardo Rivera, con fases en las que demostró cierta sensibilidad musical y determinado virtuosismo, a la vez que se acoplaba con precisión en el diapasón y cierta búsqueda de nuevos argumentos musicales con su acompañado.
Rafael Valera Espinosa
Presidente de la Peña Flamenca de Jaén
Flamencólogo