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lunes, 5 de octubre de 2020

Memoria flamenca. Y Jaén volvió a ser flamenco.

La presentación del l libro 'Rosario López' se convirtió en una velada cargada de protagonistas del panorama cultural provincial.


RAFAEL VALERA 
(17 de junio de 2007)

Cinco fueron los protagonistas de la noche del jueves en la Peña Flamenca de Jaén. Cuatro flamencos y una institución. José Sánchez del Moral, Rosario López Carrascosa, Eduardo Martínez Redondo, José Rojo Moreno y la Obra Social de Caja de Jaén. Y hubo arte por los cuatro costados; por el literario, el sentimental, el cante y el toque.

Todo estuvo propiciado por la presentación del libro 'Rosario López', de Pepe Sánchez del Moral. Un trabajo poético en el que su autor ha establecido los orígenes de su afición flamenca -en la que el coso de Alameda ejerció de atractivo talismán en los años cincuenta-, escuchando a cantaores como Canalejas, Valderrama, Farina o El Cojo de Málaga, los cuales le encaminaron a emocionarse con los cantes de su amiga de la niñez, Rosario López. 

Un libro -editado por la Obra Social de Caja de Jaén- por el cual el lector puede sumergirse en el mundo flamenco jienense, en el del costumbrismo de nuestra capital, en la evocación de señeros lugares jaeneros plasmados con sencillez, y en el conocimiento de dos personas que llevan en su corazón el flamenco y la tierra que los vio nacer, Rosario López y Pepe Sánchez del Moral. 

Para complementar el acontecimiento, nada mejor que el cante de 'Niño Jorge' con la guitarra de José Rojo. Y como rindiendo tributo a la homenajeada, Eduardo Martínez comenzó con mirabrás en las que estableció su personalidad con entremezcla de los ecos de Rafael Romero 'El Gallina' y 'Chano Lobato', marcando con precisión el compás y el ritmo del estilo. Continuó con el repertorio habitual de R. López, es decir, por tientos-tangos con resonancias de Juanito Mojama por 'El Gallina', ofertados con fuerza y entrega. 

Las continuadoras soleares las encaminó por las apolás de "El Tenazas de Morón" -como en sus tiempos lo hiciera Rosario, inclinándose después al tratamiento que Enrique Morente efectuó de las conocidas como de 'Charamusco'. También cantó por peteneras y con las mismas características, ecos de Rafael Romero, templaza cantaora, matiz flamenco y poderío tonal por Pastora. Finalizó con siguiriyas estructuradas con conocimiento y resolución flamenca por personalismos complejos como los de 'El Nitri', Silverio Franconetti, Juan Junquera por Manuel Torre, y la cabal del Loco Mateo.

Virtuosismo, técnica, adecuado manejo del traste, poderío en la mano derecha, y prestancia flamenca fueron las bazas que utilizó el licenciado José Rojo para encaminar los ecos de 'Niño Jorge'.


Rosario López en la Peña Flamenca de Jaén

miércoles, 26 de agosto de 2020

ROSARIO LÓPEZ: CUATRO AÑOS DE ETERNIDAD.

La universal cantaora jiennense (1943-2016) falleció una semana como esta, en pleno agosto, lo mismo que Lorca, el poeta al que tanto admiraba y al que incluso homenajeó con su arte. Cuatro años después de su marcha, Jaén recuerda a su hija predilecta desde diferentes puntos de vista.

Rosario López (fotografía de Paco Sánchez)

"Rosario López ha sido una completa cantaora que ha dado prestigio y fama a la cuna que la vio nacer, la capital jiennense. Era simpática, nerviosa, dicharachera, extrovertida, locuaz, divertida, rebelde y afable, despistada y cariñosa... Toda una gama de calificativos que definían la personalidad de una mujer que hizo del arte flamenco su razón de ser, su eje vital y por lo que luchar. Nunca Jaén y sus flamenc@s te olvidarán".

Ninguna lápida, ninguna cinta enredada en una corona de flores ni obituario alguno recordarían con tanta exactitud la figura y la persona de cuya marcha se cumplieron cuatro años el pasado martes 18. Nadie como el ya también eterno crítico y expresidente de la Peña Flamenca local Rafael Valera para definir en cuatro renglones la inmensidad de una artista de aquí a la que el mismísimo García Lorca 'escogió' para compartir con ella fecha de muerte y, así, repartirse necrológicas y parabienes de tú a tú. 

Sí, hasta en eso fue flamenca Rosario López, que a sus setenta y tres años de existencia, un 18 de agosto como lo fue el martes pasado, salió camino de la gloria dejando un lorquiano rastro de lágrimas tras de sí. De lágrimas... y de admiración.

EN LA CARRERA NACÍ...

Hija del músico Enrique López y de Isabel Carrascosa, su infancia transcurrió entre las bambalinas del mítico teatro Cervantes de la capital jiennense, donde su padre trabajaba como conserje. Eso de pisar el escenario como el patio de su casa, unido a sus cualidades artísticas, forjó seguramente a una intérprete irremediable que primero en el género de la copla y definitivamente en el flamenco, la llevaron a alcanzar una posición de gran cartel en el panorama jondo (y, de paso, a cumplir su vocación originaria).

 Foto: Peña Flamenca de Jaén
Obligada por la enfermedad, dejó su amado Jaén en la década de los 70 y se trasladó a Barcelona, donde rápidamente se integró en los ambientes flamencos y consiguió renombre. No en vano, cuando algún artista jiennense se desplazaba a Cataluña, la visita a Rosario López era obligada, lo mismo que hacían los republicanos españoles cuando acudían a la casa de Rafael Alberti en la romana vía Garibaldi, desde donde el poeta le escribió a José Menese (gran amigo de la cantaora y fallecido unos días antes que ella) unas soleares antológicas. Toda una peregrinación. La cantaora jiennense y el gran José Menese, fotografiados en Jaén a principios de los 90. Ambos morirían en 2016.

De vuelta a Jaén, la cantaora se convirtió con el paso de los años en toda una referencia del arte jondo, acumuló distinciones, publicó nuevos discos, copó escenarios y hasta hizo de su frágil figura una estatua viviente las noches de El Abuelo, madrugadas de Viernes Santo que sin su voz en los cantones, en la calle Maestra o en Bernabé Soriano, donde vivió siempre, perdían mucho, pero que mucho:

"En la Carrera nací,
y en la Carrera yo vivo.
Aquí jugué de chiquilla
y aquí sigo mi camino", 

resumía por tientos tangos la artista de manera magistral, entrañable. 

Cofrade, amante de las tradiciones de su patria chica, obtuvo los mayores reconocimientos que la ciudad del Lagarto concede: una calle con su nombre y el título de hija predilecta, como el mismísimo Nuestro Padre Jesús, hasta llegar ella misma a leyenda, a mito local.

LA PEÑA FLAMENCA DE JAÉN, "SU SEGUNDA CASA".

"Era una persona muy importante no solo para el flamenco, sino también para Jaén. Era un referente fundamental para el cante local y para la provincia". Así la define Alfonso Ibáñez, presidente de la Peña Flamenca de Jaén, "su segunda casa". "La Peña la echa mucho de menos, era nuestra cantaora por excelencia, amiga de todos, se llevaba bien con todo el mundo y transmitió su gran sabiduría flamenca a todos los socios, entre ellos yo, que he bebido de ahí", asegura el máximo responsable de la ensolerada entidad de la calle Maestra.

Y es que en el histórico edificio de principios del XX, sostenido por columnas que evidencian su adscripción a la arquitectura del hierro, Rosario López anduvo como Antoñete por el patio de Las Ventas, donde había nacido: "Era su segunda familia con Fausto Olivares, José Solís, el tito Adri, Ángel García 'Berrinches', el 'Sastre Magdalenas', Rafael Villanueva, Canalejas...".

Para Ibáñez, la figura y la obra de la cantaora, pese al reconocimiento del que gozan en su tierra natal, no le hacen la suficiente justicia como artista: "Se merece mucho más. Había estado con los grandes: empezó con las asonancias de Pastora Pavón, conoció a Rafael Romero, cantó con Enrique Morente, con todos los grandes, consiguió grandes éxitos, recorrió toda España y fue muy reconocida en Japón, donde estuvo en cinco ocasiones", detalla el presidente.

A su entender, la jiennense "era una cantaora muy larga, que dominaba todos los cantes, sobre todo los más difíciles", una intérprete "muy preparada que se merece estar ella misma entre los más grandes del flamenco", sentencia.

Tres grandes del flamenco: el gaditano Chano Lobato, Chari López y Francisco Cañada.
Foto: Peña Flamenca de Jaén.
"Recuerdo ir a verla con Rafael Valera y con Paco Cañada a su casa (los tres ya fallecidos, esto es tremendo). Tengo muchos momentos bonitos con ella". Tan claro lo tienen en la Peña Flamenca de Jaén que hasta echan de menos un monumento que la recuerde en la trama urbana de la capital de la provincia. "Con Rafa [Valera] y Paquillo [Cañada] vivos, nos reunimos en distintas ocasiones con la Diputación y el Ayuntamiento para presentarles un proyecto que diseñó el artista Pepe Rodríguez Gabucio, presupuestado. Tuvimos buena receptividad, pero poco éxito. Sigue sobre la mesa. Seguimos pensando que hay que hacerlo. El lugar elegido era la Plaza de San Francisco, enfrente de donde vivía, junto a la Catedral", explica, y esculpe en la conversación lo que podría ser la leyenda de esa estatua: "Con todos los homenajes que se le hagan, nos quedamos cortos".

"UNA ARTISTA MUY CABAL" (Carmen Linares).

De grande a grande, de mujer a mujer y de jiennense a jiennense, la universal Carmen Linares no quiere faltar en las páginas de Lacontradejaén dedicadas a la memoria de la intérprete de discos tan significativos en el universo jondo como Rosario López, de 1975; El cante de Rosario López, editado en el 78, en plena Transición; los celebrados Villancicos flamencos, que grabó en 1988, o Raíces y Esencias, a comienzos del siglo XXI, entre otros.

"Quiero tener un recuerdo, con todo mi cariño, para Rosario López, cantaora y compañera sobre los escenarios desde que las dos éramos muy jóvenes. Ha sido una artista muy cabal, que ha dado todo por el flamenco, cantando siempre con mucha verdad. Era una gran persona, muy cariñosa... Te seguiremos llevando todos siempre en el corazón", expresa la linarense.

Como la propia artista evoca, fueron muchas las ocasiones en las que ambas coincidieron sobre las tablas e incluso confraternizaron sus voces en discos corales como Canta Jaén, de 1982, o el magno Ellas dan el cante, que bajo el sello de Radio Televisión Española grabó en 2007 junto con figuras como la propia Linares, Fernanda de Utrera, Mayte Martín, Lole Montoya, María Vargas, Encarnación Fernández, Aurora Vargas, Ginesa Ortega y La Negra. 

Junto con ellas, las históricas Perla de Cádiz y Tía Anica la Piriñaca conforman una colección de cantes que es, también, toda una antología femenina del flamenco, en la que la de Jaén brilla con luz propia.

"GENEROSA, GRANDE Y MUY BUENA GENTE" (Carmen Gersol).

"Yo me estaba iniciando, tenía más o menos unos quince años. Ella presentó uno de sus discos a las peñas flamencas de Barcelona y mi padre, que es cantaor, iba a esas peñas. Para mí era un lujo pensar que Rosario viniera a Barcelona. Mi padre y ella se conocían desde jovencitos y ahí empecé a tener más contacto con ella no solo como artista, en el escenario, sino también personalmente", recuerda la cantaora Carmen Gersol. 

Carmen Gersol, Carmen Linares y Rosario López
En tierras catalanas, Chari (como la conocían muchos en el mar de olivos) agrandó su innata cultura flamenca, sus saberes cabales junto a su por entonces esposo, Ramón Porras, y encontró también remedio a sus problemas de salud de la mano de su hermana Juani, que salvó su vida donándole un riñón. 

"Siempre se ha portado muy bien conmigo, ha tenido detalles muy bonito en lo personal y en lo profesional, era muy grande, generosa y buena gente", recuerda Carmen Gersol, que acumula experiencias y recuerdos vinculados con López:  "Se enteró de que había nacido mi primer hijo, de que yo había estado en la UCI, y vino al hospital a verme. Me dijo: 'Yo no te he traído nada, pero creo en los detalles personales, de sentimiento, así que te voy a regalar algo a lo que tengo mucho cariño', evoca. Ni corta ni perezosa, Rosario se quitó una pulsera de oro que llevaba puesta y se la entregó. "No quiero ponérmela porque no la quiero perder", apostilla la hija del Niño de Cabra. 

Recuerda además cómo, en cuanto los problemas de salud desplazaron a la protagonista de este reportaje de citas tan arraigadas en la ciudad y en su propia agenda como la Navidad Flamenca, en la Peña, ella misma fue elegida para "sustituirla", otra ocasión para dejar clara la pasta de la que estaba hecha López: "No faltaba un año que no me llamara horas antes para desearme que me saliera todo bien, y si se enteraba de que iba a cantar a cualquier sitio siempre me tranquilizaba y me deseaba suerte. Incluso me proporcionó la misa flamenca, que ella cantaba; no tuvo ningún problema en darme lo que tenía". "Cada uno tiene su estilo, yo tengo una voz muy diferente a ella, pero sí es cierto que, por ejemplo, en los Villancicos de Andújar todos hemos tenido que escucharla. En su disco de villancicos de Jaén les dio un aire muy bonito, y todos los que queremos cantarlos tenemos que acudir a ella, es un referente". "Lo mismo que en las saetas", sentencia Gersol. "La primera Semana Santa tras su muerte, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús me invitó a cantar desde el balcón de su casa de hermandad al paso de El Abuelo, con una gran foto de Rosario a mi lado; estaban allí un primo suyo y su hermana Juani, que en cuanto terminé de cantar se abrazó a mí, muy emocionada", rememora. Emocionada también a través del teléfono, Carmen echa la vista atrás en busca de la última imagen que guarda de Rosario López, una suerte de alegre tristeza becqueriana: "Fui a verla una semana antes de morir, a la Residencia Fuente de la Peña, me acerqué a ella, me miró fijamente y le pregunté si me conocía: —'¿No te voy a conocer, Mari Carmen?', me dijo. Eso fue muy bonito para mí".

DE CERCA.

Antonio Carrascosa Anguita une a su parentesco con Rosario López sus querencias cofrades, su amor a las cosas de Jaén. Ex hermano mayor de la Cofradía de la Virgen de la Capilla, patrona de la ciudad, en esta hermandad, principalmente, volcó la cantaora el frasco de sus devociones, compartidas con otras imágenes de la capital.
"Mi padre y su madre eran primos hermanos", recuerda Carrascosa. "Nosotros nacimos en San Ildefonso y la Chari [así la llama, cariñosamente, y así quiere que quede reflejado] en el teatro Cervantes, muy cerca. Hemos tenido siempre mucha relación".

Según su pariente, López destacaba por su personalidad desde su infancia, "era una explosión, una chiquilla vivaracha, cariñosa como todas sus hermanas". Mujer familiar, lamenta que la enfermedad privara a su prima de la experiencia de la maternidad.

En el ámbito cofrade destaca su papel como camarera de la patrona, cuyas fiestas pregonó en el que Carrascosa define como "el primer pregón de la Virgen en el que se cantó": "Le dije, ¡cántate una cosilla por lo menos!, y lo hizo". Y es que, como aclara el que fuera máximo responsable de la hermandad mariana, "la Virgen de la Capilla era su pasión": "Es lógico, había nacido cerca de San Ildefonso, lo había mamado. Era una apasionada y una camarera que ejercía de camarera, curraba, limpiaba... Auténticamente, una servidora de la Virgen".

Rosario López, acompañada a la guitarra con Antonio Anguita Ayala, en los años 80.
(Foto cedida por Joaquín Sánchez Estrella)

A él le tocó el triste privilegio de dirigir unas palabras a los asistentes a su entierro aquel mes de agosto de 2016, momentos antes de que sus restos, breves como el remate de una soleá, gigantes en su estatura artística, descansara para siempre con la medalla de la patrona colgada de su cuello y en el más flamenco de los camposantos posibles: el Puente de la Sierra. 

En la revista de la cofradía de Jesús de 2017, ya sin su saeta en los cantones, alguien le escribió: "Chari, descansa en paz y donde estés canta, canta mucho para que, aunque sea solo tu eco, a este valle de lágrimas llegue la caricia de tu canto, esa que derrochabas cuando, como no lo ha hecho nadie, le decías:

No te vayas, Jesús mío,
detrás de ti, Nazareno,
Jaén te reza y te llama
Padre Jesús El Abuelo

Pues eso...

martes, 18 de agosto de 2020

Biografía de Rosario López.

Biografía:

Era hija del músico Enrique López que trabajaba en el desaparecido Teatro Cervantes de Jaén. Desde niña se aficiona al cante flamenco, influenciada por vivir en el desaparecido teatro, la música, las canciones y las bambalinas, la llevarían a ser artista. En sus comienzos, se acerca a la canción española y más adelante, tras casarse, es el flamenco el que impera en su personalidad artística, arrastrada por su ex-marido, el estudioso Ramón Porras, y un entorno flamenco se inclina por el cante jondo. 

Posteriormente, Rafael Romero 'El Gallina', la descubre actuando en el desaparecido Cine Lis Palace, junto al Gitano de Andújar y un jovencísimo Enrique Morente, a partir de este momento entabla relación con personas del flamenco jiennense y se integra en la Peña Flamenca de Jaén, hasta que por enfermedad se traslada a Barcelona a principios de los años setenta, donde le trasplantan un riñón, donado por su hermana Juana, que salva su vida. 

Durante su estancia en Cataluña se relacionó con diversas peñas flamencas, logrando numerosos éxitos. Más tarde, vuelve a Jaén y graba su primer disco, de clara influencia flamenca. Se hace cantaora en distintos festivales, junto a Pepe Cruz, Rafael Romero 'El Gallina' y la guitarra de Perico el del Lunar hijo. Seguidamente grabó el disco Pasión, muerte y entierro de García Lorca, junto al estudioso flamenco Juan Antonio Ibáñez. En el X Congreso de Actividades Flamencas que se celebró en Jaén en 1982, se entregó un disco titulado Canta Jaén, donde compartió cartel con Carmen Linares, Rafael Romero, Carlos Cruz y Pepe Polluelas. Obtiene grandes éxitos en toda España y comienza la grabación de su disco El Cante de Rosario López, donde la guitarra de Juan Habichuela la conduce por los auténticos caminos del cante flamenco. Por iniciativa del Ayuntamiento de Jaén, grabó el disco Villancicos Flamencos, donde plasma su sentimiento y la adaptabilidad del flamenco. 

Estuvo varias veces en Japón representando obras flamencas como El amor brujo. Ha grabado el disco Raíces y Esencias, patrocinado por el Ayuntamiento de Jaén, con motivo del homenaje que este le rindió en el 2002. Y en 2007, el sello RTVE-Músicaeditó un doble álbum en el que comparte cortes con figuras de la talla de Fernanda de Utrera, La Perla de Cádiz, Carmen Linares, Mayte Martín, siendo Rosario la que más aporta con sus cinco estilos.[5]​ Es digno de destacar la unión de Chari López con Jaén y sus tradiciones como son la Semana Santa y las Cofradías. Un clásico eran las saetas de Rosario a Nuestro Padre Jesús en el "Cantón" en la antigua Madrugada de Jaén; sus saetas a la Buena Muerte desde su propio domicilio frente a Diputación Provincial; sus saetas a la Virgen de la Amargura en Óptica Amate (Hermandad que la nombró Hermana de Honor); y fuera de la Semana Santa su amor a la Virgen de la Capilla a quien sirvió como "Camarera", siendo la Medalla de la Patrona la que le acompañaría en su óbito.

Rosario López, con Chano Lobato y Paco Cañada

Discografía:

Rosario López. 1975
Entierro para Federico García Lorca. 1977
El Cante de Rosario López. 1978
Antología del Cante Flamenco 1980
Canta Jaén. 1982
Villancicos Flamencos de Rosario López. 1988
Raíces y Esencias. 2002
Jaén canta a la Navidad.
A la verde oliva. 2009[6]​ 

Premios:

Aceituna de Oro, (23 de marzo de 1979), otorgado por el Excmo. Ayto. De Jaén. Esta imposición la realizó el entonces alcalde de la ciudad, D. Antonio Herrera.
Premio Nacional Populares, a la revelación del año 1976, por la COPE.
Canal Sur Radio, distingue el día de su inauguración en Jaén a Rosario López Carrascosa por ser ejemplo para toda una generación de artistas flamencos, (14 de diciembre de 1989).
Palma de Oro en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, (abril de 1990).
Aceituna de oro e insignia con el Escudo de Oro de Jaén, otorgado por la Ciudad de Jaén, (octubre de 2002).
Galardón Ciudadana 2009, concedido por el Ayuntamiento de Jaén.[7]​ 

Referencias:

Diario IDEAL-Jaén. 'Chari' López dice adiós
Rafael Abolafia (9 de MARZO de 2010). Diario Jaén, ed. «Rosario López, el cante jondo con identidad propia». Archivado desde el original el 24 de noviembre de 2010. Consultado el 29 de septiembre de 2010. «está considerada en el mundo flamenco como una de las más grandes voces de las últimas décadas.»
Jienense.com. «Rosario López Carrascosa " Chari López "». Archivado desde el original el 19 de septiembre de 2011. Consultado el 29 de septiembre de 2010.
Aurora Guzmán (17 de noviembre de 2009). vivajaen, ed. «Con el sello de Rosario López». Consultado el 29 de septiembre de 2010. «Diputación y la Federación de Peñas Flamencas coeditan el CD ‘A la verde oliva’ con temas de la cantaora».
Raúl Beltrán (17 de noviembre de 2009). vivajaen, ed. «Artista, ciudadana y jienense». Consultado el 29 de septiembre de 2010. «por toda una vida paseando el nombre de su tierra por todo el mundo y dejando el listón muy alto para las nuevas generaciones que quieren abrirse camino en el flamenco.»



jueves, 9 de abril de 2020

Obituario. Paco Cañada.

En el recuerdo de todos los que te quieren.
Son muchos los que todavía te echan de menos y recuerdan todas y cada una de las cosas que hiciste por ellos. Siempre has sido un ejemplo de esfuerzo, de trabajo, de profesionalidad y de vida en general. Supiste hacer lo necesario y correcto en cada momento y es por esta razón que ninguna de las personas que te conoció hoy no te olvida. Sé que estás ahora en un lugar mejor y colmado de buenos momentos y alegrías, porque es lo que mereces tras todo este tiempo. Tu familia, que te recuerda, y lo hará por siempre, debido al inmenso amor que siempre les profesaste y tuviste con ellos. Es la razón por la que solo tienen buenas palabras para ti, por los buenos momentos que les hiciste pasar, por las anécdotas, las risas, incluso los momentos que fueron malos, todos cuentan y fueron importantes para ellos.
Ahora, con la emoción propia, siguen pensando en ti cada día que pasa, porque aunque ya no estés físicamente aquí, estás dentro de cada uno de los corazones de aquellos que te quieren y que todavía te hacen vivir aquí.

Paco Cañada junto a Alfonso Ibáñez y Pepe R. Gabucio en La Manchega
Nació en el histórico barrio de La Alcantarilla de Jaén capital, aunque su infancia la pasó en el entorno de Puente de la Sierra, donde creció y, tras profesionalizarse en la restauración, abrió el famoso Bar Cañada. Fue así, tras la barra, cómo consiguió entablar amista con numerosos artistas y amistad con el incomparable Fernando Pérez Mesa (conocido como Fernando Canalejas), el pintor Fausto Olivares Palacios y sus hermanos Pepe y Paco, la cantaora Rosario López o el poeta y abogado Ramón Porras.
Inició, de esta forma, sus conocimientos en mundo del arte flamenco. Y, en 1975, se inscribió como socio de la Peña Flamenca de Jaén, donde, con el tiempo, se convirtió en una de las personas más relevantes, llegando a ostentar el cargo de vicepresidente.
Fue un hombre que no paró de mostrar inquietudes por conocer más de este arte, de sus estilos y nuevos artistas. Cuando se marchó, dejó un enorme vacío en la Peña Flamenca de Jaén, de la que fue uno de sus pilares, hasta el fin de sus días y donde siempre lo recordarán.

lunes, 27 de enero de 2020

Segundo Falcón y Manolo Franco en la Peña.

Segundo Falcón y Manolo Franco hicieron disfrutar a la afición jiennense con un repertorio largo de cantes clásicos y un guiño a los palos mineros de la provincia.

Llenazo en los 'tendidos' de 'La Maestranza' jiennense del flamenco el pasado sábado. No era para menos. La Peña de aquí confeccionó un cartel de primeros espadas del cante y el toque que en cuanto pusieron los pies sobre el 'ruedo' de la calle Maestra derrocharon eso que, en una plaza, habría que calificar como 'torería'.
Sí, Segundo Falcón huele a jondura por los poros de sus cuatro costados, por donde le trasmina el aroma a la sangre flamenca de los Janega de la misma manera que a un marqués que se precie se le adivina la nobleza nada más que por los andares o la forma de estarse quieto.
No a cualquiera lo lanza a los escenarios un mito del cante como don Antonio Mairena, que cuando recibió la llave del cante en el 62 entendió que, además de para adornarle las estanterías de su casita sevillana, le venía de perlas para abrir caminos a quienes tuvieran el privilegio de llamar su atención. Segundo Falcón es de esos.

Bajo los altos techos finiseculares del antiguo Lyon D'Or, el artista oriundo de El Viso del Alcor derrochó compás y conocimiento; deleitó por alegrías a su manera, hizo taconear en sus sillas hasta al más marmolillo cuando se arrancó por malagueñas; por soleá, un poco más y hace presente al mismísimo José Illanda en el templo jiennense de la jondura, y en su repertorio no faltaron ni seguirillas de Tomás el Nitri ni la que muchos llaman la madre del cante, la caña. Tiró también de los palos de ida y vuelta y, por guajiras, su voz laína alcanzó instantes cimeros.
Pero no solo eso, no. Tenía a su lado a un himalaya del toque (como lo hubiera calificado Andrés Segovia, que sabía la tira de flamenco aunque se ganase la vida con las cosas de Bach, Villalobos o alguno de los clásicos que hubieran dado media vida por sonar en su guitarra). Manolo Franco es un 'Barón' de la guitarra y eso se nota, vaya que si se nota. A ver si no cómo iba a salirles como les salió esa taranta jaenerísima que remató con unos tangos de La Carlotica como solo saben hacerlo los grandes, como lo hacía Rosario López, por poner un ejemplo emocionante.
De nada faltó en una cita, que volvió a dejar claras varias cosas; una, que a Paco Cañada no se le va a olvidar nunca, mientras haya hueco en el aire para un melisma, mientras la memoria y justicia sean conceptos indisolubles. La otra, que la Peña Flamenca de Jaén sabe sacar pañuelos cuando hay que sacarlos, callarse ante una maravilla cantada de la misma manera que lo hace el público de Sevilla con un natural hondo, y mantener su estatus de auditorio serio hasta con las hojas de sus puertas verdes cerradas a cal y canto.

Obituario. Porras a Paquillo.

El puente de Paco


    19 ENE 2020







    Se nos fue Paco, Paquillo, y años atrás también se nos fue su puente, éste demolido por el empuje miserable de las inmobiliarias. Y Paco que se nos murió en silencio, como guardando la voz para que nuestra soledad pudiera refugiarse en el olvido. Pero no. Hoy quiero instalarme en la memoria de aquellos años de Jaén, en que ardieron las pasiones sobre el flamenco y las personas que lo encarnaban. Y él, al lado, siempre en la sombra, con su enorme sencillez, con esa claridad para identificar los ecos más jondos que a pocos entonces nos estremecían, con una absoluta disposición al humilde consejo, apalabrando vivencias de los viejos y nuevos maestros, aquilatando, peldaño a peldaño, el pedestal para que otros brillaran o acaso, exhibieran una cultura aprendida, tan distinta de la suya que era básicamente existencial.
    Posiblemente, Paco no leyera monografía alguna sobre éste o aquel cante o cantaor, ni tampoco se valiese de ensayos eruditos sobre la jondura de este arte. No lo necesitó, porque el flamenco lo guardaba dentro y cayó sobre su piel, dejando sobre ella una valiosísima servidumbre de la que nos alimentamos todos.

    La historia de la Peña Flamenca de Jaén, si se escribe, debe de reservar una mención pormenorizada de personas como 'Paco el del Puente', como lo fue, en su día, Leovigildo Aguilar y como lo son algunos, afortunadamente, vivos. Fueron ellos los que posibilitaron este colectivo que tanto se comprometió en el rescate de este arte, sumido, no hace demasiadas décadas en la ramplonería y el envilecimiento.

    Al igual que existe un cante “palante” y otro “patrás”, también existen quienes formalmente operan como la voz social de estudio de ese instrumento que supieron ser las peñas flamencas de Andalucía, y otros que “pa'trás” hicieron y hacen posible ese instrumento. No solo con su sacrificado trabajo de gestión, sino con una atención amorosa hacia este arte, recopilando, como lo hiciera 'Paco el del Puente', todas las grabaciones de su entrañable amiga Rosario López, de las que se ha derivado parte de su discografía.

    Hace más de veinticinco años, en mi poemario “Arco del consuelo”, dediqué a Paco un soneto cuyos dos tercetos reproducen, pienso yo, al personaje: “Imprevisto y veloz, como el calambre, buscavidas sagaz, conserva olfato, de perdiguero astuto como el hambre. Tan leal como Job y tan paciente, que no incurre al pensarla en desacato, velará nuestro entierro desde el Puente.
    Por desgracia, hemos tenido que velar tu entierro. Tu puente ya es el puente de las lágrimas, amigo.

    miércoles, 16 de octubre de 2019

    XLVII Festival Flamenco "Pepe Polluelas". El Mundo.

    FLAMENCO
     XLVII Festival Pepe Polluelas Opinión de Manuel Martín Martín

    Jaén, el lado vigente del cante


    Rubito Hijo clausuró el festival encumbrando a Cepero y Toronjo por fandangos. M.M.M.

    XLVII FESTIVAL "PEPE POLLUELAS".

    Espectáculo: XLVII Festival de Flamenco "Pepe Polluelas" / Al cante: Antonia Contreras, Manuela Cordero, Rubito Hijo y Coronel Chico / Al toque: Antonio Carrión y Juan Ramón Caro / Lugar y fecha: Teatro Darymelia. 11 de octubre de 2019.
    Calificación: ****
    La capital del Santo Reino principió la garantía de la libertad expresiva desde la difusión del conocimiento de este tiempo hacia 1971, tanto con la creación de la Peña Flamenca de Jaén, sin duda de las más autorizadas del territorio nacional, cuanto con el primer festival flamenco en los jardines de Jabalcuz, a lo que hemos de sumar la publicación desde 1978 de la prestigiosa revista Candil, que en estos días sacará a la luz el número 161.
    A mayor mérito ha de sumarse la acreditada Semana de Estudios Flamencos, inalterable desde 1986, y el impulso por aquellas calendas de cantaores como Pepe Cruz, Fernando Montoro, Rosario López, Manolo Canalejas o, entre otros, el también amigo en el recuerdo Pepe Polluelas (1924-1990), cantaor de referencia en la segunda mitad del siglo XX que, tras su muerte, vio eternizada su figura con la creación del festival que hoy lleva su nombre.
    Mucho ha llovido desde aquel 1991 en que, atendiendo al clamor de la afición, nació el primer festival que lleva el nombre del jienense de la calle de San Clemente, encuentro que persiste en el amparo y perpetuación de las formas clásicas y que este año ha contado con dos guitarras maestras, las de Antonio Carrión y Juan Ramón Caro, en las que se conjugaron el dominio técnico y la exquisita sensibilidad necesaria para que el espectador se dejara llevar por el profundo concepto musical y la claridad estética tanto de Coronel Chico, Manuela Cordero y Rubito Hijo con el sevillano, como de Antonia Contreras con el barcelonés.
    Así las cosas, y con la puntualidad británica que exigen los criterios racionales del siglo XXI, los contrastes entre tensión y distensión se convirtieron en el punto clave para entender el discurso expresivo de Coronel Chico, joven linarense con muy buenas maneras que, pese a que acababa de dar cristiana sepultura a su abuelo, Coronel de Linares, toda una leyenda en la taranta del terruño, nos dejó un rayo de esperanza en medio de las tinieblas de la bulería por soleá y la taranta linarense, a más de buscar el contraste en las seguiriyas de Manuel Torre y los fandangos a capela, aplicando sus esfuerzos en dotar a la interpretación de los estilos de expresividad corporal.
    A buena altura flamenca colocó el linarense el nivel agravado por la tristeza pero ensalzado por el público, lo que supuso alentar las exigencias de Manuela Cordero, la cantaora roteña que basó su actuación en la probidad y su capacidad para conceder pasión inusitada a los cantes, tal que los tientos-tangos, soleá con madurez suprema en Triana, alegrías y bulerías para monumentalizar al Turronero, credenciales que nos presentó con trazos claros y sobrios, consciente del extenso camino que aguarda en los descensos atonales y de la necesidad de derrochar todas las energías hasta el cierre final, como hizo en el fandango, donde con convicción llevó al extremo el repertorio más apasionado.
    Y para seguridad y dulzura, la malagueña Antonia Contreras, una artista que siempre muestra todos sus registros pero sin perder su cohesión, lo que unido a su fraseo fluido e impecable y sus texturas transparentes, ofreció en su conjunto un juego de encajes rigurosamente elaborado, como quedó de manifiesto en los tangos, malagueña con rondeña y seguiriyas trazadas con precisión arquitectónica, aportando, además, luminosidad en los contrastes de los fandangos, cantes en los que detectamos una gran gama de recursos en cuanto a intensidad y matiz se refiere, mostrándolos en todo su esplendor y llevando los tercios a su límite expresivo, para luego sumergirse en el magma sonoro de la tipología como si de una sirena marina que aparece y desaparece en la superficie del océano de las melodías.
    Le correspondió a Rubito Hijo la clausura de la noche con el espléndido Carrión, ofreciendo, como en el morisco es habitual, las garantías para que el resultado fuera de la mejor factura, entremezclando la angustia del largo recorrido de los tercios con el majestuoso regocijo de su final por fandangos de Cepero y Toronjo, al par de no comprometer jamás la coherencia formal de cantes como la granaína y media granaína, los tangos, la petenera y las bulerías, a los que impuso las letras de Moreno Galván y el reto de articular la singularidad de cada variante, de ahí que igual se ganó las sentidas palmas a compás del respetable que consiguió prolongados silencios en los que parecía que el público no quería despertar del sueño ante la música del mejor caudal y vocalización.

    miércoles, 5 de diciembre de 2018

    No ni ná, Rafael Valera.

    Del ideal.es Jaén

    Domingo, 2 diciembre 2018. 

    Noviembre acaba dejándonos la triste noticia del fallecimiento de Rafael Valera Espinosa. No me lo podía creer. Porque Rafael Valera era un personaje entrañablemente eterno, el mejor referente que siempre he conocido en Jaén del flamenco. Era el incuestionable cronista, indefectiblemente, del arte jondo en las tierras jienenses. Y durante décadas ha sido el reputado informador, el crítico, el historiador, del flamenco en la radio y especialmente en la prensa escrita, donde en IDEAL sentó cátedra hace años, con sus reportajes, sus artículos de opinión y su serie de memorias de entrevistas históricas a tantos personajes del universo del flamenco: «la canción protesta más irrompible y duradera (...). Un género musical que nació para mirar de frente las emociones más trágicas de la conciencia humana» que decía Félix Grande.

    Por eso yo, aprendiz eterno en los lares del duende y el quejío, y del mirar interpelador, siempre le llamaba dómine Rafael, a lo que él me respondía socarronamente acerca de su humildad o con algún cumplido a mis ya años juntando palabras en IDEAL, medio en el que hemos simultaneado tantas y tantas columnas de opinión, y por el que hemos compartido momentos únicos.

    Como bien titulaban ayer Lorena Cádiz, Antonio Ordóñez y Laura Velasco en esa magnífica e impagable crónica del adiós de Rafael Valera, se va el flamencólogo y el amigo. No puedo decir mucho más que no se haya dicho en ese reportaje, ni en los diferentes obituarios en otros medios y en las redes sociales. No quiero repetir un perfil que ahora se ha desvelado en su imponente dimensión.

    Rafa Valera con Rosa Ibáñez y Alfonso Ibáñez
    (en Onda Jaén Radio)
    Conocí a Rafael hace ya muchos años. En la Casa de Cultura de Andújar, cuando se celebraban las Jornadas de Estudios Flamencos. Ahí estaba él con aquel magnetofón de bobinas grabando para la radio y haciendo las pertinentes entrevistas. Luego hicimos amistad y como digo hemos compartido más que momentos. En la Peña Flamenca de Jaén, de la que fue con tantos aciertos su presidente hasta hace poco más de un año, en festivales y concursos en los que ejerció de presentador o jurado, y siempre de cronista; en la revista Candil, de la que ha sido importante alma mater y director; en cursos y conferencias, en la Peña de Andújar, o en el ámbito de este periódico, han sido espacios donde he aprendido del maestro, he compartido su bonhomía, he valorado su inconmensurable sabiduría del flamenco, y, sobre todo, su sentido crítico al respecto.

    E, igualmente, he apreciado su impar estilo de articulista, y conocido de primera mano su humor irónico, destilado entre ese eterno puro que siempre le prologaba. Su cátedra siempre tenía líneas mayúsculas y conspicuas para los diferentes cantaores de Jaén que han pisado y pisan con luz propia el devenir del flamenco jienense, y ahí como ejemplo está sobresaliendo Carmen Linares, o Rosario López, de la que valoraba ese eco encastrado en el inefable cante del andujareño Rafael Romero, del que Rafael Valera fue un férreo portavoz.

    Y ahora que por todos nuestros pueblos y ciudades se han encendido las luces navideñas dando el pistoletazo de salida a todo ese maremágnum que envuelve la Navidad, donde tanto cabe quiero recordar esos 'villancicos de Andújar' que cantaba Rafael Romero y que, con Rafael Valera, recordé en alguna que otra ocasión: «Están haciendo un convento/ detrás de Sierra Morena/ todo de piedra labrada/ para el Santo Sacramento.(...) Esta noche le ponen al Niño/ mantilla y pañales, faja y faldellín/ porque vienen los fríos de enero/ y el rey de los cielos se quea sin vestir. (...) Tendiendo en el romero/ la Virgen está lavando/ los pajarillos cantando/ y el agua se va riendo. (...) Oh mare María/ oh mare de Dios/ noche de maitines/ pariste a Dios».

    Hoy, en honor a ese gran erudito del cante flamenco que fue Rafael Valera, escucho estos villancicos de Rafael Romero, acompañado a la guitarra por su querido Perico el del Lunar. Cuando llega diciembre, ya el flamenco siente hasta los tuétanos la Navidad. Porque el cante flamenco es un grito místico que nos pone delante de Dios, al menos pretende hacerlo, y nos interroga en ese ámbito y le interroga a Él, encendiendo una llama singular de celebración profunda, desde la idiosincrasia del pueblo, desde sentimientos profundos.

    Rafael Valera conocía perfectamente esto, y sabiendo que se tenía que ir al lugar del compás más hondo, no quiso estropear esa puerta de la Navidad. Así era su sabiduría y su socrática (el conocimiento lleva a la virtud) socarronería. Mientras, va 'pa´arriba', porque se ha ido 'pa´arriba', cantando por bulerías el villancico del Gloria: «La Virgen quiso sentarse / al abrigo de un olivo / y las hojas se volvieron / pa ver al recién nacido.(...) a la gloria, / y a su bendita mare Victoria/ gloria, al rey de los cielos gloria».

    martes, 4 de diciembre de 2018

    Adiós a un flamencólogo y a un amigo (Diario IDEAL-Jaén).

    Rafael Valera Espinosa falleció a los 68 años y dejó conmocionado al mundo del flamenco, que tanto amaba y que tanto defendió durante toda su trayectoria.

    Recordar a Rafael Valera y que en la imagen que venga a la memoria no esté acompañado de su puro, es prácticamente imposible. Eran amigos inseparables. El puro y su socarronería iban siempre con este carchelejero, nacido en 1950, y que ayer (30 de noviembre), a sus 68 años, dejó este mundo para irse a otro en el que seguro está ya sentado en torno a una mesa junto a sus queridos Pepe Polluelas, El Gallina o Rosario López, disfrutando de sus cantes o hablando de este Jaén que tanto quería Rafa Valera.

    Rafael Valera (foto de Jorge Pastor - IDEAL)
    Un cáncer vino a por él hace pocos meses y se lo llevó demasiado pronto, aunque el legado que deja es amplio. Rafael Valera era un apasionado del flamenco, uno de los mayores expertos en la materia, que fue la voz del flamenco en Jaén durante muchos años y que durante décadas y hasta que la enfermedad lo sorprendió, puso negro sobre blanco sus conocimientos, en esta casa, en IDEAL.

    A Rafael Valera le entró la pasión por el flamenco cuando tenía 14 años e ingresó en la emisora La Voz de Jaén, después Radiocadena y Radio Nacional. Allí desarrolló toda su trayectoria laboral, en la gestión administrativa, siendo director de la emisora el también fallecido Fernando Arévalo.

    «Tenía un sentido del humor extraordinario y era de una calidad humana increíble» Carmen Linares | Cantaora. 

    Fue de la mano del periodista Juan José Fernández Trevijano que llevó su pasión por el flamenco a los medios de comunicación. En 1974, comenzó en Radio Nacional de España un programa de flamenco, que se mantuvo hasta 1993, aunque después siguió también asomándose a los receptores con los sones flamencos. En IDEAL ha ejercido durante décadas como crítico flamenco, y cada domingo publicaba su opinión 'Por soleá'. En los últimos años sumó a esto la sección 'Memoria flamenca', en la que repasaba sus crónicas de años de entrevistas en la Peña Flamenca de Jaén.

    Fue uno de los fundadores de la revista "Candil", de la que seguía siendo su director, y firmó como tal el número 160 de esta publicación, que se presentará el próximo 20 de diciembre, aunque él ya no podrá estar presente.

    «El flamenco de Jaén pierde a uno de sus grandes defensores, pero quedan sus publicaciones». Francisco Viedma | Federación de Peñas

    Fue presidente de la Peña Flamenca de Jaén desde 2003 y hasta abril de este mismo año, en el que le relevó en el cargo Alfonso Ibáñez, y el pasó a un segundo plano, como vicepresidente.

    Ayer, el mundo del flamenco, el mundo de los medios de comunicación y buena parte de la sociedad jienense quedaba en estado de 'shock' tras conocer la noticia, que la propia directiva de la Peña Flamenca de Jaén daba a conocer a través de las redes sociales.

    Reacciones.


    Son muchas las reacciones que ha provocado su marcha. La cantaora Carmen Linares ayer se mostraba muy afectada y hablaba de muchas vivencias junto a Rafa Valera y su familia, desde que se conocieron en un festival de Pegalajar, allá por 1970. «Decía que Rosario López y yo éramos sus dos cantaoras», recordaba Carmen Linares. «Tenía un sentido del humor extraordinario, era de una calidad humana increíble, que estaba muy orgulloso de su hija y que ha sido un pilar para el mundo del flamenco, por la gran difusión que le ha dado».

    El actual presidente de la Peña Flamenca de Jaén, Alfonso Ibáñez, aseguraba que «ha sido una gran pérdida para la Peña Flamenca de Jaén y para el flamenco en general». «Ha sido una persona muy entendida, poco comprendida quizás -porque decía verdades como puños en relación al flamenco-. Ha sido un trabajador incansable para poner el flamenco en el lugar que él entendía que debía estar, y últimamente, una vez que dejó la presidencia de la Peña, ha escrito algunos artículos muy reivindicativos a favor del flamenco».

    El abogado y escritor, Alfonso Fernández Malo, destacó su labor como presidente de la Peña Flamenca, así como su esfuerzo por difundir el flamenco.

    Rafael Valera (retrato de Alfonso Ibáñez)
    El secretario general de Podemos Jaén, Lucas Martínez, aseguró que para «el flamenco de Jaén es una pérdida irreparable, pues sin duda es el flamencólogo más importante que ha tenido Jaén. Sabía de todo y conocía de todos, y además no era de los que se quedaba en su casa escribiendo, quería sacar el flamenco adelante como fuera. En la Peña Flamenca de Jaén ha hecho un trabajo increíble, y como persona también ha sido increíble. Lo voy a echar mucho de menos y ojalá el flamenco de Jaén pueda superar esta pérdida».

    Francisco Viedma, presidente de la Federación de Peñas Flamencas de Jaén y presidente de la Confederación Andaluza de Peñas Flamencas, dijo que «con el fallecimiento de Rafa, el flamenco de Jaén pierde uno de sus grandes defensores. Con sus publicaciones es la persona que más ha sabido defender el flamenco de la tierra, reivindicando el flamenco de Jaén, y el origen en Linares de la taranta como madre de los cantes de la minas. En su trabajo como investigador, es destacable también la semblanza que ha realizado de los cantes de nuestra tierra, al igual que la difusión y el apoyo a cantaores como Rafael Romero 'El Gallina' o Gabriel Moreno». Viedma continuó asegurando que «el flamenco de Jaén y su base de investigación va a sentir su pérdida. Pero ahí están sus publicaciones, pues desde sus semblanzas en IDEAL y en la revista Candil, ha escrito sobre los grandes clásicos del flamenco. Ha sido una digna labor, y desde aquí lanzo la idea de recopilar sus artículos de 'Por Soleá', sus opiniones... y juntarlos en un libro sobre el flamenco de Jaén».

    El cantaor 'Niño Jorge' reconoció estar «conmocionado». «Para todos los que conocimos a Rafa en el ambiente del flamenco, sabemos qué clase de persona ha sido. Ha sido de las personas más importantes, pues siempre ha estado a favor de nuestro arte. Llevaba vinculado a la Peña prácticamente desde sus inicios, ha sido un crítico y estudioso buenísimo; y siempre ha apostado por los cantaores de la tierra. En mi caso, ha sido una persona que siempre ha creído en mí y me ha ayudado en todo lo que ha podido. Y ya si hablo de él como persona, pues ha sido un gran amigo, con el que he disfrutado noches inolvidables en muchos lugares, en Barcelona, Santander, en mil sitios. Ha sido una persona que ha aportado mucho al flamenco de Jaén».

    En la misma línea se pronunció el guitarrista, José Rojo. «Creo que se ha perdido un gran aficionado al flamenco, pero además hemos perdido a un gran amigo. Rafa era la cabeza visible del flamenco en la capital jienense. Era una enciclopedia del arte flamenco que sabía aconsejar sobre lo que había que hacer. Era una persona que amaba el flamenco. Y que amaba mucho a su peña flamenca. Ha sido durante muchos años el presidente de una peña flamenca como la de Jaén, con el trabajo que ello conlleva, por lo que la capital ha perdido a su cabeza visible. Y en el plano personal, se me ha ido un amigo. Un amigo que me ha prestado siempre su apoyo incondicional. Sabía tanto de flamenco que sus consejos los escuchabas, y los aplicabas cuando tenías que hacerlo. Siempre que le pedía su consejo estaba ahí para echar una mano».

    Diario IDEAL-Jaén https://www.ideal.es/culturas/jaen/adios-flamencologo-amigo-20181201232546-ntvo.html