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lunes, 16 de marzo de 2020

Hace 50 años de la Peña Flamenca de Jaén. Autorretrato.

- Allá por los años 70 bullía el arte por doquier, la provincia de Jaén era toda una sinfonía en partitura de anhelos, y el flamenco, en casi todos los aspectos.
Juan Antonio Ibáñez entrevista a Antonio Mairena

@diariojaen
De Juan Antonio Ibáñez, periodista y flamencólogo.

En el texto de una conferencia ofrecida en su día, un 7 de mayo por cierto, y en la sede de la Peña Flamenca de Jaén, titulada “Autorretrato flamenco, la otra mirada de @candil_flamenco”, en su inicio advertía a los lectores que no venía a disertar, a dar una conferencia, sólo a recordar y compartir una etapa, unos aficionados y unos amigos, que hicieron posible que Jaén fuera acogida y reconocida en los ámbitos flamencos de todo el orbe #jondo. Como introducción al artículo, situaba mí atención en una época de luces y sombras donde el futuro nos aventuraba a predecir un mañana de ilusionantes realidad.

Y continuaba el escrito explicando: En los años 70, en Jaén, en esta tierra de olivos, sabia, entera, profundamente verdadera y sincera, es de todos conocido que, al calor de la amistad, nace un empeño por situar al #flamenco en su justa dimensión. Habrá que preguntarse, ¿cómo era aquella llama primera de una convivencia artística difícil de olvidar y, ciertamente, al menos para mí, muy difícil de reproducir y condensar durante unos minutos? Digamos en principio que eran otros tiempos para el mundo del arte en general, y también del flamenco que había salido de la penuria errática de posguerra. Y no voy a hacer un retrato detallado de la España de los 70; sí, desde luego, reseñar, en boceto de emociones que deposito en este recinto de tan significado sentido para mí, algunos trazos de la época.

Hay que decir que corría por Europa un aire nuevo de libertad. El mayo francés impregnaba, en buena medida, toda manifestación artística. Y el flamenco, no lo olvidemos, nació queriendo libertad. Libertad de un pueblo o de varios pueblos que, unidos, reclamaban su voz. Voz que al ser tan rica y verdadera se hizo #arte.

Hay que situarse en el escenario de los hechos. Para unos, supone la nostalgia. Para los jóvenes, el conocimiento del ayer. Para todos, la historia. Es acudir a la memoria y con la memoria caminar más seguro. Pues bien, en aquellos años bullía el arte por doquier. Jaén era toda una sinfonía en partitura de anhelos. Y el flamenco, en casi todos los actos. Premios, distinciones y allí estaba Rafael Romero, El Gallina, para recibir el preciado galardón. Corría ya el año 1971 y los poetas del grupo el Olivo concedían sus olivos de oro. Uno para Rafael Romero “cantaor de flamenco —se lee en el programa— nacido en Andújar. Su nombre figura hoy en varias antologías de cantaores flamencos y tiene grabados numerosos discos”. Fernando Quiñones, el amigo Fernando, llegaba a la radio con su gozo gaditano —inenarrable su vocabulario— y me decía “Juan A. ya tenemos 25.000 pesetas para hacer la semana cultural Avances”. Y acudían poetas, músicos y, claro, flamencos. Pepe el de la Matrona insigne patriarca nos ofrecía su teoría-lección del cante. Al cantaor le fue impuesta la insignia de la Peña Flamenca jiennense.

Así pues, de forma definitiva, se produce la incorporación a la geografía cantaora andaluza de una provincia, Jaén, con elementos más que suficientes como para sentir, en su paisaje y en sus gentes, la verdad nacida y autentificada en este Sur nuestro. Jaén se siente receptora a cuanto proviene de otras zonas enmarcadas, ya hace tiempo, en una labor investigativa y de pureza. Todo aquel que acudía para cruzar el espejo de nuestras vivencias, ya se quedaba en nosotros. Hablo de Fernando Quiñones, José Manuel Caballero Bonal, la familia Mairena, Los Perrate, Enrique Morente, Tía Anica La Piriñaca, José Menese las espléndidas embajadas jerezanas. También, Fernanda y Bernarda. La Perrata, El Lebrijano.

Y se anima la actividad flamenca; no solo en la capital, también en otros puntos de la provincia. Surgen peñas y grupos de aficionados en preocupante actitud por sintonizar con los ecos y las voces que empapan, con su decir, aquellos añejos y expresivos escenarios de nuestra vida pasada. Y en este contexto, primavera de 1978, nace la revista CANDIL. En 1980, la Revista es galardonada con el premio de Divulgación de la Cátedra de Flamencología de Jerez. La publicación se consolida. Un nutrido grupo de colaboradores entre escritores e ilustradores: pintores y escultores, la sustentan. Y he aquí que pintura, escritura y flamenco se hicieron cómplices para sacar a la luz las más hermosas e inéditas secuencias del cante, el toque y baile.

Múltiples eran, han sido, las actividades de la Peña. San Lucas, la feria, brillaba en nuestra caseta y los artistas que la llenaban. Y llegó el momento de enaltecer la figura de Pepe Polluelas. Su festival, que se repite anualmente, lo testimonian. El veterano Pregón navideño, la Semana de Estudios Flamencos, etc.

50 años de historia y compromiso con el Flamenco. Podría haber seguido con el relato. No era necesario. Solo he querido recordar y traer a mi mirada un retablo; hecho primero de intenciones, luego de realidades. De aquel ayer al hoy, han pasado cincuenta años de un tiempo de largo recorrido en el que los componentes de sus juntas directivas, socios y colaboradores en general, desde la dignidad y buen hacer, han trabajado en pro del arte flamenco.

Termino. Sean como final, los versos de Fernando Quiñones que escribiera y recitara en nuestra primitiva sede, un día de fiesta y honores, cuando los duendes y su compás vinieron a visitarnos:


Cuando ya no haya más,
cuando ya no haya más
que americanos
y Bancos, cuando todo
hasta un tercio de Soleá
se compre, ya a esta
Peña Flamenca de Jaén
no habrá quien la derribe
puesto que ahora y aquí
la comulgamos, la tenemos,
la dejamos aquí entre todos
clavada a este papel
entre la luz locuaz y eterna
de la guitarra y las voces.

lunes, 27 de mayo de 2019

Firma del Convenio de Colaboración para la coedición de la revista "Candil".

La Diputación de Jaén colaborará con la Peña Flamenca de Jaén para garantizar la edición de la revista "Candil". El presidente de la Administración provincial, Francisco Reyes, y el presidente de la Peña Flamenca de Jaén, Alfonso Ibáñez, han suscrito el convenio por el que las dos instituciones se comprometen a coeditar esta publicación trimestral que cuenta con cuatro décadas de historia y una colección de 160 números. «En el marco de las competencias que tiene la Diputación se encuentran la protección y fomento de las expresiones culturales que se desarrollan en la provincia de Jaén, entre las que destaca el flamenco, declarado Patrimonio Cultura Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, y Patrimonio Inmaterial Etnológico Cultural Andaluz. Un arte que goza de un gran arraigo en la provincia, tierra que también le ha aportado su personalidad, reflejada en formas y estilos musicales propios, como la taranta y los cantes de laboreo», destaca Reyes.
Antonio Anguita Ayala, Paco Reyes,
Rafael Valera y Paco Cañada
El presidente de la Diputación, Francisco Reyes, recuerda que la Peña Flamenca de Jaén publica desde 1978 «esta prestigiosa revista que recoge en sus páginas trabajos de investigación y prospección flamenca, de crítica literaria y discográfica sobre este arte, hasta el punto de convertirse en una publicación de referencia en esta cultura musical, no solo en el ámbito provincial o autonómico, sino también en el nacional e internacional».

En este sentido, Reyes pone nombre propio a algunas de las plumas de escritores, poetas, pintores y estudiosos del flamenco: «Manuel Andújar, Manuel Barrios, José Manuel Caballero Bonald, Félix Grande, Manuel Urbano, Arcadio Larrea, Juan Barnier, Antonio Murciano, Manuel Ríos Ruiz o Francisco Moreno Galván, entre otros muchos, que han colaborado y dejado su impronta en la revista Candil».
Esta colaboración de la Diputación de Jaén con la Peña Flamenca de Jaén ha permitido recuperar esta publicación que dejó de editarse en 2006 y cuyo número 160 vio la luz el pasado mes de diciembre. Mediante este convenio, se garantiza su pervivencia para «hacer más visible el flamenco, y de un modo particular el flamenco que aparece ligado a Jaén, tierra con una profunda importancia en la historia de este arte», recalca el presidente de la Diputación Provincial.

lunes, 7 de enero de 2019

Im Memoriam. El legado de Rafael Valera.

Ramón Porras (ex-presidente de la Peña
Flamenca de Jaén)
Con emoción tardía, como consecuencia de mi desconocimiento de su fallecimiento, he leído la hermosa crónica que sobre Rafael Valera se ha publicado el pasado 2 de diciembre, en este mismo diario. Y no otro extremo he de añadir que en todo caso, no sea superlativizar el tamaño de su pérdida, subrayando su congénita bondad, su persistente compromiso sindical y, cómo no, su, tal vez, desconocida trayectoria, en defensa del flamenco. Y sobre este último particular quiero referirme, reitero, porque solo muy pocos la conocen, Rafael Valera entró en contacto con el núcleo fundacional de la Peña Flamenca de Jaén, a los pocos meses de constituirse esta. Era el tiempo, en esta ciudad, en que había que rescatar de los prostíbulos y de juergas de señoritos la verdad de esa estremecedora expresión que es el arte flamenco.

Resulta increíble la falta de sensibilidad pública y social en general, de que adolecía Jaén en esa época (segunda mitad del siglo pasado) para, cuando menos, hacerse eco de la creatividad de toda una generación de cantaores, así como de la existencia de eventos tan importantes como el Concurso Nacional de Córdoba en el que se inicia el denominado neoclasicismo flamenco, la publicación de obras tan emblemáticas como “Oído al Cante” de Anselmo González Climent, el “Archivo de Cantes Flamenco” de Caballero Bonal, “El Mundo y forma del cante flamenco” de Ricardo Molina y Antonio Mairena, “De Cádiz y sus cantes” de Fernando Quiñones, etcétera.

Era tiempo del declive de los “Cafés Cantantes” que, en Jaén, no tuvieron ningún relieve, ya que la única taberna en que se podía escuchar algún eco de fandango ramplón era en "casa del manco", o en algún puterío periférico.

Poco tiempo después de que Rafael Valera interviniese y colaborase en los debates de aquel colectivo, se produce la publicación de la revista “Candil”, Jaén obtenía en toda Andalucía, público reconocimiento como centro importantísimo de investigación y difusión del flamenco. Y he singularizado en Rafael Valera, mi amigo desaparecido, porque él constituyó un caso excepcional en la identificación y análisis de los cantes antiguos así como de los publicados en las últimas décadas del siglo pasado, hasta nuestros días.

Es obvio que no puede defenderse de la vulgaridad y de la ramplonería aquello que no se conoce. Y Rafael, no sé cómo, creo que con audiciones personalísimas, captó la verdad del cante. En realidad, ese era el propósito de aquel colectivo, profundamente enamorado del flamenco, y la aportación de Rafael Valera se concretaba, en la mayoría de los casos, en discernir falsas mixturas, en impostaciones superfluas, en constatar el eco de una escuela de cante determinada, en valorar el metal de voz más adecuado para uno y otro estilo.

Son innumerables las anécdotas que, como interviniente destacado, hay que atribuir a Rafael Valera. Espero que, en este año 2019 aparezca ya esa deseada historia de la Peña flamenca de Jaén. En ella podrá conocerse la anchura de la cultura flamenca de Rafael Valera. Descansa en paz, amigo.

viernes, 14 de diciembre de 2018

Invitación a la presentación de la revista "Candil".

Llegó el gran día. El jueves, 20 de diciembre, presentamos el número 160 de la revista "Candil".

Fue una primavera de 1978 cuando en la Peña Flamenca de Jaén se fundó la flamenca revista "Candil". Debido a determinadas circunstancias y, principalmente, por la falta de recursos económicos ante el advenimiento de la crisis, esta inigualable e histórica publicación sobre nuestro universal arte flamenco dejó de editarse en febrero de 2006 con la publicación del número 158. Posteriormente, hubo nuevo amago con la edición de una nueva publicación en Enero-Marzo de 2014 del ejemplar 159, sopesada la incipiente y progresiva mejoría de nuestra economía, mas, por puros trámites y nuevos requisitos burocráticos, tampoco pudo llevarse a cabo el ansiado proyecto de retomar la publicación de la prestigiosa revista de una manera continuada y permanente.

Sin embargo, el Equipo Ejecutivo de la Diputación Provincial de Jaén no ha cejado en su empeño de volver a editar esta prestigiosa revista Candil, que ha contado con colaboraciones de eminentes escritores, poetas, pintores y estudiosos de nuestro arte, entre los que destacamos a Manuel Andújar, Manuel Barrios, Caballero Bonald, Félix Grande, Arcadio Larrea, Manuel Urbano, Juan Barnier, Antonio Murciano, Manuel Ríos Ruiz, Francisco Moreno Galván, el añorado Rafael Varela, etc, y habiéndola sustentado económicamente el organismo provincial desde el 2001.

Cuando se cumplen cuarenta años del nacimiento Candil y se ha celebrado el 75 aniversario de la muerte de Miguel Hernández, cuyo legado está custodiado en la Diputación Provincial de Jaén, en una nueva e ilusionante etapa, hemos editado el ejemplar número 160 de Candil, encuadrado en una nueva época y de publicación cuatrimestral, con un homenaje al poeta de Orihuela, así como aportaciones de prestigiosos autores sobre el tratamiento de su poesía en el arte flamenco.

Lugar: Sede de la Peña Flamenca de Jaén, en calle Maestra, 11.
Día: 20 de diciembre de 2018.
Hora: 19 horas.

jueves, 5 de julio de 2018

Manuel Martín se recrea en la amplia trayectoria flamenca de Diego Clavel.

El complemento artístico en el inicio de la XXIV Semana de Estudios Flamencos, que tiene como escenario la Peña de Jaén, lo puso Raúl Montensinos.

07/05/2009 - Autor: Rafael Valera - Fuente: Ideal

El escritor, estudioso y crítico flamenco astigitano Manuel Martín Martín, en la jornada inaugural de de la XXIV Semana de Estudios Flamencos de la Peña Flamenca de Jaén, la cual homenajea a Diego Clavel, dejó una vez más constancia de su amplio conocimiento de la vida y hechos de los artistas flamencos.


Y aunque parezca extraño, en la exposición de su conferencia La devoción insatisfecha de Diego Clavel, constató que el cantaor de la Puebla de Cazalla es uno de los maestros actuales que más progresión y enseñanzas artísticas ha establecido en los últimos cuarenta años.

Su popularidad -dijo- se acrecienta cuando en 1970 gana el Concurso de Mairena del Alcor, revaloriza la forma interpretativa de la siguiriya de Manuel Molina al estilo de Manuel Vallejo, acompaña con su cante a la desaparecida y legendaria bailaora Pilar López, interpreta y graba letras reivindicativas de Caballero Bonald, participa en varios programas flamencos de TVE, y culmina una obra investigadora con la grabación de las antologías de la malagueña, de las soleares, siguiriyas, cantes mineros y fandangos de Huelva. Finalizó expresando que En el arte de Diego tienen cabida todos los perfumes del cante.


Raúl Montesinos
(foto: IDEAL) 
El complemento artístico lo efectuó el joven y también morisco Raúl Montesinos, el cual estuvo acompañado por la maestría del guitarrista mairenero Antonio Carrión, exponiendo ambos su profesionalidad en un comienzo por malagueña-granaína de Manuel Torre con excesivo alargamiento melódico, para derivar a la rondeña de Rafael Romero, enlazar con fandango de Lucena, y rematar con zángano de Puente Genil y resonancias fosforeras.

En lo siguientes tientos-tangos se centró en la evocación que Diego efectúa de Juanito Mojama, también por el localismo gaditano, recuerdos de El Lebrijano, evocaciones de Pastora y un final a través de los ecos del Titi de Triana y más de la Niña de los Peines.

Pero su conocimiento e impronta artística la expuso por soleares y siguiriyas. En las iniciales del tres por cuatro se ubicó primeramente en Alcalá y resonancias de Juan Talega, continuó con matices de El Mellizo y derivar a las utreranas de Juaniquín de Lebrija. En las segundas, Raúl estableció fuerza tonal por Tomás "El Nitri", pellizco en la recreación que de Juan Junquera hizo Manuel Torre, para enlazar con la de cambio de Manuel Molina y finalizar con la cabal de El Tuerto de la Peña.

Cantó también por cartagenera de Chacón y por la taranta que popularizara Pastora Pavón conocida como de La Gabriela.

Finalizó con fandangos de Cepero, Vallejo, El Niño Gloria y los onubenses de Paco Isidro y el valiente de Alonso.


lunes, 19 de marzo de 2018

Por soleá. FLAMENCO Y POETAS.

Mi amigo, estudioso, escritor y crítico flamenco de ‘El Mundo’, el astigitano Manuel Martín Martín, a través de un artículo sobre el aflamencamiento de la poesía de Miguel Hernández para la revista ‘Candil’, me ha permitido descubrir que el poeta de Orihuela ha sido –si no me equivoco- el más tratado por los artistas de nuestro arte para alcanzar tal honor. ¡Pero hombre…! ¿Y García Lorca? Eso creía yo, que el granadino era el mejor considerado por los flamencos para aflamencar su poesía.

Rebuscando datos, muchos han sido los poetas que han tenido un tratamiento flamenco por parte de nuestros artistas. Por ejemplo, Vicente Soto ‘Sordera’ ha utilizado poemas del portugués Fernando Pessoa, Manuel Alejandro, José Hierro, José Bergamín, Miguel de Unamuno, Luis de Góngora, Lope de Vega, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Miguel de Cervantes, Alfonso Reyes, Valle Inclán, José Asunción Silva, Rafael Alberti, García Lorca, Francisco de Quevedo, el francés Molière, o su paisano Juan Manuel Caballero Bonald ¡Ahí es ná! Mas, cosa curiosa, nada de Miguel Hernández que yo haya podido averiguar.

Por su parte, nuestra comprovinciana Carmen Pacheco Rodríguez ‘Carmen Linares’, otra cantaora de rompe y rasga e intelectual a la vez, también ha recabado poemas para aflamencarlos de Antonio Machado, Miguel Hernández, José Angel Valente, García Montero, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Jorge Luis Borges, Rafael Alberti, Caballero Bonald, Fernando Quiñones o Manuel Ríos Ruiz.

Cierto es que ha habido y hay otros muchos cantaora/es flamencos que también han tomado los textos poéticos de numerosos escritores españoles e incluso extranjeros para desarrollarlos a través de los diferentes estilos de nuestro arte.

Sin embargo, analizando el texto de Manuel Martín Martín, en un desarrollado y exhaustivo estudio, he podido contar que la cantidad de veintitrés artistas es la que han utilizado los textos de Miguel Hernández para realizar sus discos, coreografías, obras flamencas e incluso conciertos de guitarra flamenca. Nos lo voy a citar a todos, pero si a referir a los más conocidos por el público flamenco como Enrique Morente, la citada Carmen Linares, ‘Camarón de la Isla’, el ‘Trio Los Bolecos’ encabezados por Matilde Coral, con su marido ‘Rafael El Negro’ y Antonio Montoya Flores ‘Farruco’, o los populares ‘Lole y Manuel’, y así hasta los veintitres detallados por Martín Martín.

Particularmente, considero que este interés por el poeta por parte de los cantaores de flamenco es algo inusitado, y más cuando se considera que la poesía culta es la más difícil de canalizarla a través de los palos de nuestro arte. Es posible que la filiación del poeta, su vida, y en especial su muerte, sin entrar en la calidad de su poesía, así como el espacio temporal en que aparecieron los primeros trabajos (finales de la dictadura), influyeran en los aspectos reivindicativos que siempre han imperado en el arte flamenco. Nunca olvidaré la sorpresa que me llevé al descubrir el disco de ‘El Corruco de Algeciras’ con el título de ‘Fandangos republicanos’.    

Rafael Valera Espinosa

viernes, 1 de diciembre de 2017

Memoria flamenca. DIEGO ANDRADE MARTAGÓN “DIEGO CLAVEL” (II).

“YO NO HE REINVENTAO EL CAMBIO POR SIGUIRIYAS DE ‘MANUEL MOLINA’.”

Diego Clavel con Rafael Valera
Quizás, una de las épocas más entrañables de la trayectoria artística de ‘Diego Clavel’ fue la década de los setenta del pasado siglo. Lo significativo fue su premio por siguiriyas en el Concurso de Mairena del Alcor, en 1970. Seguidamente, el Catavino de Oro de la Peña ‘El Lucero’ de Montilla, durante festival La Cata de Montilla, en competencia con El Lebrijano, Menese, Curro Malena, Camarón de la Isla y Fosforito. Otro de sus galardones más prestigiosos fue el de la ‘Saeta de Oro’ de Radio Nacional de España de Sevilla. En 1972, participa en el concurso del Cincuentenario de Granada, alcanzando una excelente clasificación. Y, seguidamente, su estancia en Madrid. Por ahí continuó la entrevista que le realicé en abril de 1981.

Pregunta: Después de tus éxitos en los concursos vinieron las grabaciones con las letras éticas y de testimonio político que te compuso Juan Manuel Caballero Bonald:

Respuesta: “¡Bueno! A raíz de que yo ganara el premio de Mairena, Moreno Galván me llevó a Madrid; si Paco no me hubiera llevado a Madrid quizá yo estaría todavía en la Puebla de Cazalla. Con él –tú sabes que Moreno Galván hacía letras políticas- grabé dos discos chiquitos en la RCA; luego me pasé a Ariola. Pero allí quien llevaba el flamenco era Caballero Bonald, y le dijo a Moreno Galván que si me hacía algunas letras, y este le dijo que sí. Y así salió el disco que dices, que sí, que eran un poco políticas las letras, pero hay un cante que es la caña, que la letra la hice yo personalmente.”

Pregunta: Entonces ¿desde tus inicios has venido escribiendo tus propias letras?

Respuesta: “No solamente aquella. Después he empezao a cantar mis letras. Concretamente, en el disco ‘Encuentros’ hay cinco cantes con letras mías. También en el último todos los cantes tienen mis letras.”

Pregunta: Generalmente, y porque te lo piden, realizas el cambio por siguiriyas del jerezano ‘Manuel Molina’. Creo que se puede decir, sin riesgo de equivocarse, que, tras Manuel Vallejo, has sido quien más ha revalorizado este cambio ¿Cómo surgió esto en ti?

Respuesta: “A este cante yo no lo conocía como de ‘Manuel Molina’. Este cante se lo escuché a Antonio Mairena, y Antonio lo hacía sin ligarlo tanto como Vallejo. Entonces yo le dije a Francisco Moreno Galván ¿Yo puedo hacer este cante toó seguío? Y él me dijo que sí, que lo hiciera si podía. Y todo esto sin habérselo yo escuchao a Vallejo, y resulta que lo ligué por mi cuenta, y parece que esto lo he reinventao yo. ¡No el cante! La forma que yo te he dicho que había escuchao a Antonio Mairena. Luego, después fue cuando escuché a Vallejo. Y luego tengo críticas que dicen que yo lo alargo mucho, etc., etc. Pero lo cierto es que este cante ha vuelto a tener auge desde que yo lo hice en Mairena. Y tengo que reconocer que este cante ha sio el que me ha dao el poquito nombre que tengo. Lo que me fastidia un poco es que solo me pidan ese cante. ¡Mira! Cuando me dicen ¡Clavel, por siguiriyas…! Me están pidiendo el cambio de ‘Manuel Molina’, y yo también hago otros cantes y estos no me lo piden.”

Pregunta: Pero no deja de ser un halago.

Respuesta: “¡Si… claro! Pero yo hago otros cantes.”

Pregunta: Y mientras, los críticos diciendo que te encasillas…

Respuesta: “¡Bueno…! El tema de los críticos es otro. Y de esto prefiero casi no hablar. Porque, a veces se hacen críticas sin saber de cante, y eso no es así ¡vamos… que ya está bien! Yo respeto a los críticos que son eso ¡críticos! Yo agradezco tanto una crítica buena o mala que, a veces, también nos la merecemos. Pero para mí, los críticos lo primero que tienen es que saber de cante, después escuchar imparcialmente al cantaor y, tras esa escucha, realizar su crítica que pa eso están.”

Pregunta: ¿Qué me dices de los cantes comerciales?

Respuesta: “¡Hombre! Ahora que me mientas eso, yo no sé cómo la gente realiza comentarios. ¡Fíjate! Porque en mi último disco he metío unos fandangos de Huelva ya se ha dicho que son comerciales… ¡Bueno¡ Yo no lo creo así porque me ido al que creo que los realizó siempre con mucho corazón y pundonor, a Paquito Toronjo. También por hacer esto se me ha dicho que he perdió mi línea. Y te sigo diciendo que esto no es así, porque los fandangos de Huelva tienen su calidad y, estando bien hechos, pueden ser tan grandes como cualquier otro estilo, y que conste que no son ¡comercialeeees…!

Pregunta: Diego ¿crees que en flamenco caben otros instrumentos musicales que no sean la guitarra?

Respuesta: ¡Oée! Tendrán cabida para otros, a mí eso no me va. ¿Quién lo haga…? Bien hecho está ¡claro… para él! A mí, sacándome de la guitarra que no me busquen otro sitio. Yo no puedo querer más que a la guitarra.”

Pregunta: ¿Qué opinión te merecen las casas grabadoras? ¿Malean a los cantaores incitándoles a que hagan cantes comerciales?

Respuesta: “¡No sé qué decirte! Por mi propia experiencia no puedo decir que sí; quizás sea porque yo me he marcao siempre una línea mu seria pa mis cantes ¡Ea...! Qué no sé andar por otro sitio. Además, mi experiencia en casas grabadoras no ha sío mu buena, pues he tenío bastante mala suerte. Puede que haya fallao la promoción, que haya fallao yo, que no lo creo porque hago festivales y bastantes actuaciones en las Peñas. Lo que sí puedo decirte es que a las casas grabadoras lo que les va son los cantes que no tengan mucha complicación a la hora de escucharlos y, así, cualquiera que esté trabajando, o haciendo cualquier cosa, pueda escucharlos sin profundizar en lo que es el cante y lo que expresa el cantaor. Pero al cante, como tú sabes, hay que dedicarle mucha atención y, lo que es más importante, una atención especial.”


Rafael Valera Espinosa  

miércoles, 19 de julio de 2017

Por soleá. Laureado AGUSTÍN GÓMEZ PÉREZ.

Es normal que cualquier Peña Flamenca lleve el nombre de un artista de nuestra universal música, ya sea del cante, baile o guitarra. Es bastante raro que la titularidad de estas asociaciones culturales se denomine con la personalización de algún estudioso, gran aficionado, mecenas o empresario promocionador este arte. Cierto que existirán excepciones que yo no conozca, mas deben de ser muy pocas. Son los autores-escritores los que pueden tener más éxito en recibir este reconocimiento sin llegar a ser artistas de las disciplinas clásicas del flamenco. Por tanto, y como posibles ejemplos, que en su pueblo natal, Mérida (Badajoz), o en el de adopción, Tomelloso (Ciudad Real), al escritor y mejor aficionado Félix Grande, le hubieran puesto su nombre a una peña flamenca parece que no suena extraño. Otro tanto acontecería si a Caballero Bonald se lo hicieran en su Jerez de la Frontera, y a Manuel Machado o a su padre “Demófilo”, se lo establecieran en una entidad sevillana, o a García Lorca en alguna granadina. Más allá de estos ejemplos posibles parece ser que es casi imposible.

Sin embargo, afortunadamente los aficionados siempre encuentran razones y estamentos para rendir homenaje a los merecedores que han venido a lo largo de una extensa trayectoria trabajando para prestigiar el conocimiento, la promoción, y el engrandecimiento de esta cultura musical andaluza. Y los hay en buena cantidad y cada uno laborando en su ciudad, comarca, provincia y hasta en su Comunidad autónoma, como es el cordobés Agustín Gómez Pérez.

Lean la noticia:

La Cátedra de Flamencología de la Universidad de Córdoba (UCO) ha pasado a llamarse Cátedra Agustín Gómez, tras el acto celebrado el pasado  en la facultad de Ciencias del Trabajo y que, en la práctica, se convirtió en un homenaje del mundo del flamenco, de los investigadores de este saber y de la propia Universidad de Córdoba al especialista, escritor, crítico y divulgador de este arte reconocido Patrimonio de la Humanidad. En el acto, al que asistió el rector de la UCO, José Carlos Gómez Villamandos, se recordó la trayectoria de Agustín Gómez desde 1965, su labor como divulgador y crítico en medios como Diario CORDOBA, y su labor como primer titular de la Cátedra de Flamencología, al que sucedió Luis de Córdoba, también presente”.

Hace tiempo que no nos vemos y he sentido emoción al conocer el hecho, pues como bien queda arriba expresado, ha trabajado desde muy joven por el flamenco. Nuestras vivencias se establecieron en los Concursos Nacionales de Arte Flamenco de Córdoba de los años 1992 y 1995 a los que me requirió como miembro del jurado, en Seminarios de “Flamenco y Universidad”, en las Semanas de Estudios Flamencos jiennenses, en un Concurso de la Diputación cordobesa, y en algún que otro Congreso de Críticos Flamencos. Conocedor como pocos de nuestro arte, siempre ha mantenido el acierto en la difícil dualidad de la crítica y la literatura flamenca.

Rafael Valera Espinosa

martes, 10 de enero de 2017

Memoria flamenca. MANUEL ZAPATA “ZAPATA DE ARCOS” (I).

“HE CANTAO JUNTO A TOMAS PAVÓN.”

Corría el verano del año 1983 cuando Tomás Ortiz Ibáñez y yo, en su entonces prestante R-7, nos trasladamos a Jerez de la Frontera para pasar unos días de vacaciones juntos a los flamencos de las peñas de Manuel Carpio “El Garbanzo”, de “Los Cernícalos”, de “La Buena Gente”, etc., y acercarnos también al bello pueblo de Arcos de la Frontera para vivir una jornada con los amigos de la Peña Flamenca de la localidad, fundada entre otros por el poeta Antonio Murciano. Habíamos establecido amistad en el homenaje que años antes se le había rendido a Manuel Torre en su tierra natal, Jerez, organizado por la Cátedra de Flamencología de la ciudad del vino fino.

En estos viajes siempre había la doble intención de disfrutar del arte flamenco y entrevistar a los artistas que eran merecedores de aparecer en la revista”Candil”. Conocíamos la popularidad que Caballero Bonald había establecido en su famosa Antología de Flamenco de 1965, más conocida como “Archivo Flamenco de Vergara”, del cantaor de Arcos de la Frontera, “Zapata de Arcos”, principalmente por ser el conservador-intérprete de la “Saeta vieja de Arcos”. Aparecimos en el pueblo y nos recibió con simpatía y amabilidad, y establecimos el diálogo.

Como fue un artista que no gozó del conocimiento debido entre los aficionados en general, antes quiero referir parte de su biografía para una mayor claridad de nuestro interés por su carrera artística. De él se puede leer en Internet:

MANUEL GALLARDO TÉLLEZ, cantaor payo, más conocido en el mundo del arte del cante flamenco con el nombre artístico de MANOLO ZAPATA, nació en Arcos de la Frontera (Cádiz) en el año de 1912 y murió en su ciudad natal en 1990. A partir de 1930 aparece ya en los carteles de espectáculos flamencos celebrados en su pueblo. Dedicado principalmente al trato y a la cría de caballos, la imagen de Zapata, con su sombrero cordobés y su elegante prestancia, se paseó por distintos escenarios, siempre mostrando el mejor cante.

Manolo Zapata, que ilustró numerosas conferencias y recitales del poeta arcense Antonio Murciano, fue un excelente intérprete de tarantas, fandangos, malagueñas o soleares y una referencia viva de las sobrias y primitivas saetas de Arcos, entre el canto gregoriano y las antiguas tonás flamencas, de las que dejó grabado notables ejemplos. En recordando los cantes de Cádiz en el numero 7 Manolo Zapata nos canta unas Saeta Vieja de Arcos.”

El comienzo de la entrevista lo enfoqué en el relato de su vida.

Rafael Valera: ¿Cómo se crió, Manuel?

Respuesta: “¡Huy! Yo le temía a mi padre como una vara verde, porque a mí de chico me escucharon cantar y querían que me fuera a una compañía, pero estaba criao de una forma que no era posible eso. A mí me escuchó cantar “El Carbonero” –se refería a Manuel Vega García “El Carbonerillo”-, que era el que quería que me fuera con él. Me decía ¡Vente! ¡Vente! ¡Vente! Pero claro, no me fui. Quizás hubiera sido una figura flamenca, pero también podía haber sido un desgraciado, y esto último me pudo más.”

P: ¿Qué recuerdos tiene de “El Carbonerillo”?

R: “Yo tengo buenos recuerdos de él. Ya he dicho que me escuchó cantar y quería que me fuera. Sus fandangos eran primorosos y difíciles de hacer, ¡muy bonitos! El fandango es lo que más se pega. Tenía un eco tan bonito que se paladeaba. También cantaba soleares y otros estilos, pero sus fandangos eran los que más me gustaba. Por supuesto que yo aprendí algunos fandangos suyos, y de vez en cuando, cuando encarta, los canto; cuando no, pues hago otros cantes. Canto por soleares, canto por siguiriyas, y eso si que es difícil, porque casi nunca hago la siguiriya. Canto por malagueñas, canto tarantas… Y a propósito de las tarantas, cuando estuve en Linares, que fui a cantar tarantas, allí estaba el alcalde de Jaén, al cual le gustó mucho mi cante.”

P: ¿Cómo un cantaor de Arcos, zona tan distante de Linares, realiza precisamente las tarantas de esta tierra?

R: “¡Hombre! Cada uno es aficionao y se queda con los ecos que más le gusta. También hay que tener buen oído. Yo he escuchao a una persona y al día siguiente, estando yo en mi casa, porque mi padre era tratante, ahora te hablo de mi crianza, siempre tenía tres o cuatro caballos en la cuadra de mi casa y yo era el encargao de ellos. Y como te digo, estando allí y acordándome de lo que había escuchao, comenzaba a tararear hasta que lo sacaba. Así he aprendío yo a cantar.”

P: ¿Dónde escuchaba a los cantaores?

R: “Pues en el teatro. De los tres o cuatro cantaores que actuaban en el teatro, como hubiera alguno que me gustara, ese lo sacaba yo al día siguiente. Pero no solo en el teatro de Arcos, sino también en Jerez, en Córdoba, que hice el servicio militar. Me acuerdo que limpiando los caballos por la mañana, las mujeres pasaban al mercao, yo hecho un chavea, y me sentían cantar asomás a la ventana de la cuadra y me decían ¡Olé tus cojones…!”

P: Aparte de “El Carbonerillo”,  ¿ha convivido con más artistas flamencos?

R: “¡No! Convivir con ninguno. He coincidido con algún cantaor y sí hemos echao un rato.”

P: ¿Cuál ha sido el cantaor antiguo que más le ha gustado?

R: “No puedo decir cuál es. Me acuerdo que una noche estuve cantando con Tomás Pavón en Castilleja de la Cuesta. La víspera del Corpus, estuve toa la noche con él. Yo estuve con José Cantos Ropero, que ya murió. Ese hombre ha dejao en cintas grabas lo que no sabe nadie. Tenía cajones y cajones de cintas, que ahora tiene su mujer. Eso vale una fortuna.”

P: ¿Pero qué recuerdos tiene de ese día con Tomás Pavón?

R: “Aquella mañana estaba en la esquina de la calle Sierpes y me acuerdo que me daba el sol de cara, y yo estaba haciendo el ridículo, porque había echao la noche por alto con el notario y estuvimos en una casa de fulanas. Bueno, yo había ido con el notario haciendo un servicio, me perdí, y estuve entonces en Castilleja, porque el notario me dijo que no me necesitaba hasta otro día. Y claro, eché toa la noche con Tomás. Tomás era un cantaor muy bueno. Estuvo cantando y siempre algo se pega. Porque que no he copiao… y he copiao. He escuchao una nota de soleares y me he dicho esa nota se la meto yo a las soleares que canto, y esa ha sio mi función. No se puede decir que yo cante por fulanito ni cetanico, he cogió ecos y los he adaptao a mi persona. Tampoco puedo decir que ese cante es mío porque tiene notas de otros.”

Continuará.
Rafael Valera Espinosa

lunes, 17 de octubre de 2016

Memoria flamenca. JUAN PEÑA FERNANDEZ “EL LEBRIJANO” (I)

“CON QUINCE AÑOS IBA TOCANDO LA GUITARRA A ‘LA PAQUERA’”.

Leovigildo Aguilar, Vicente Barranco,
Juan Peña "Lebrijano" y esposa y Rafael Valera
(foto. Pepe Pamos)
La entrevista realizada a Juan de la Santísima Trinidad Peña Fernández “El Lebrijano”, la efectué en el otoño de 1993, una vez iniciado el curso universitario. Vino a nuestra tierra con el guitarrista Enrique de Melchor y el crítico, escritor e investigador astigitano Manuel Martín Martín, para desarrollar el proyecto establecido por la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía denominado “Flamenco en la Universidad. Una encrucijada de caminos.” apuesta ésta que se elaboró para intentar la máxima aceptación en nuestra Comunidad Autónoma de la Universal Cultura Flamenca en el ámbito universitario. Las cuatro sesiones-ponencias literarias-musicales se desarrollaron dos en Jaén, Linares y Úbeda. El cuartel general lo establecieron en nuestra capital y los contactos fueron asiduos, festivos, muy dialogantes y tabernarios. Nuestro fraternal entendimiento ya se había establecido en numerosas ocasiones, y muchas de ellas con el apoyo de su prestante reivindicador y guitarrista hermano Pedro Peña. La entrevista se cuajó a los postres de una amigable y relajada comida en el antiguo “Mesón Vicente” ubicado entre la calle Maestra y la del Arco de “El Consuelo”.

Particularmente, considero que todo el diálogo fue interesante, evocador de viejos tiempos de vida flamenca, clara defensa de sus rebuscadas formas de concebir nuestro arte con múltiples enfoques de fusión, modernismos e investigación sobre el posible origen de su etnía y, cómo no, la importante –casi total para él- aportación de los gitanos al arte flamenco. Todo lo referido en segundo lugar estaba establecido por su trayectoria artística, la de un cantaor consagrado por sus numerosos trabajos discográficos de notoria popularidad: El Lebrijano con la colaboración especial de Paco de Lucía, 1970. La palabra de Dios a un Gitano, 1972, Persecución, 1976. Ven y sígueme, 1982 Rocío Jurado y el guitarrista Manolo Sanlúcar "Encuentros (álbum) (aún no redactado)">Encuentros, 1985 con la Orquesta Andalusí de Tánger y Paco Cepero a la guitarra, o Tierra, 1992, dedicado al quinto centenario del descubrimiento de América, con letras de Manuel Caballero Bonald Y como premisa establecida por Candil, lo primero sus relatos sobre los comienzos artísticos: 


Y como premisa establecida por Candil, lo primero sus relatos sobre los comienzos artísticos: 
- “Comienzo a cantar desde pequeñito. Mi madre –La Perrata de Utrera- decía que iba por la calle como un loco, siempre cantando. ¡Y escucha que curiosidad…! Yo empecé en el mundo de los artistas como guitarrista. Con quince años y teniendo como compañero a Paco Cepero… Iba tocándole a “La Paquera” y estuve con ella un par de años. La verdad es que siempre he cantao y en aquellos tiempos “La Paquera” me obligaba a dejar la guitarra y a que cantara. A los diecisiete años -1958-  me fui a Sevilla a un tablao que había abierto “Gitanillo de Triana” que se llamaba “El Duende”, y de este Duende sevillano pasé al de Madrid donde actuaba como primera figura la eminente bailaora Pastora Imperio, casada con Rafael Gómez “El Gallo” –solo un año- y suegra del mencionado “Gitanillo de Triana”. En la capital estuve como seis o siete años hasta que me fui con Antonio Gades, con el que actué durante seis años, volviendo más tarde a Sevilla en la época en que estaban proliferando los festivales. A partir de ahí, comencé mi carrera en solitario.”

Por el material flamenco, en el que había numerosas referencias a los Concurso de Córdoba, que Ramón Porras y Pedro Sánchez habían comprado para Candil en Argentina –durante la dictadura de Videla- a la viuda de Anselmo González Climent, el cual, junto con el poeta de Puente Genil, Ricardo Molina Tenor, el cantaor gaditano Aurelio Sellé, y el músico Mauricio Ohana, fue máximo impulsor del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, yo sabía que Juan Peña no había establecido una buena presentación en la “Opción a Premio” del año 1959. Sobre este tema incidí en nuestro diálogo: 

- “Lo cierto es que yo no me presenté… me presentaron. Nunca he creído en los concursos –no quiso presentarse a la I Bienal de Arte Flamenco de Sevilla de 1980, habiendo sido el cantaor más votado por las peñas andaluzas, que en esa época eran las que decidían con su sufragio-, no porque no los considere válidos, sino porque cuando un artista tiene un respaldo de cierta trayectoria, no necesita de ellos. Cuando participo en el de Córdoba ya había grabado el disco “Sevilla-Cádiz” -1969 con Paco de Lucía- y estaba en esa tesitura de que el concurso era importante y no importante”. 

Juan pensó, aunque le cité la fecha de 1959, que le estaba preguntando sobre el concurso del año 1974 donde ganó el Premio “Mercé La Serneta” por soleares, polos, cañas y serranas. No quise rememorar el del 59 por su mala proyección, y le dejé seguir por el del año 74. 
- “Ese compromiso me lo creó Antonio Pulpón, y todos sabemos la fuerza que este hombre tenía, y había que aceptar de buena manera que te inscribiera en el certamen.”

- “Yo no estaba pa concursos, ni tenía ánimos y, la prueba es que no he participado después en ninguno más. ¡Bueno… sí! Estuve en el año setenta y cuatro en Mairena del Alcor y lo gané. Tampoco es una cuestión de ganar o no ganar… Creo que los profesionales no debemos de entrar nunca en un concurso. ¿Cómo se puede enjuiciar el arte de un profesional? ¿Con qué criterios se puede definir el cante de un artista si él ha creído conveniente hacerlo así? Y después… ¿Dónde está la imparcialidad? Porque todos tenemos siempre un determinado amor por la personalidad de uno o varios cantaores, y en el cante impera más fanatismo que en la guitarra y el baile, y eso es peligroso.”

- “Tú sabes que soy un artista que evoluciono, que busco algo más… ¿Cómo se enjuicia entonces mi cante? Fórmula de no entrar nunca en una polémica de buenos o malos, de comprendidos o incomprendidos, es no entrando. Tanto es así que cuando se produce lo del Giraldillo –aquí confirma lo anteriormente referido por mí- yo decido quedarme fuera. No discuto que el que participó lo hiciera mal, si no afirmando que particularmente no creo en los concursos para profesionales.”

No hay que olvidar que un amplio número de personas flamencas votaron tu participación. Reconocían tu calidad como artista flamenco.
- “Es cierto y se lo agradecí a las peñas y reitero mi agradecimiento desde esta revista. No quiero citar nombres, pero todos sabemos que artistas con un prestigio enorme cayeron en lo que considero un error. ¿Quién tiene la presión…? Quien más puede perder. Entra sin presión el que no tiene que perder un determinado prestigio conseguido con miles de esfuerzos; entra más tranquilo, sin riesgos…”

Continuará.

Rafael Valera Espinosa