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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Por soleá. FLAMENCOS Y CORPORACIONES ORGANIZADOS.

Durante la celebración de la XXXI Semana de Estudios Flamencos organizada por la Peña Flamenca de Jaén y dedicada a la figura de Vicente Soto Barea “Vicente Soto Sordera”, el escritor, estudioso y crítico flamenco Manuel Martín Martín, en su disertación sobre “El amplio árbol genealógico flamenco de Vicente Soto ‘Sordera”, refirió que las grandes familias flamencas de la Baja Andalucía se encuadraban unos pocos apellidos gitanos de pueblos como Utrera, Lebrija, Morón, Jerez de la Frontera, Cádiz, etc., pero que principalmente se había establecido un eje importantísimo y unificador de clanes establecidos entre Utrera-Lebrija-Jerez.

María "la Perrata"
Argumentaba que solo había que citar algunos apellidos para comprobar con fehaciencia la mezcla de figuras cantaoras de unas y otras localidades. Citar por ejemplo a Francisco Valencia Soto “Paco La Luz”, recordar a Juan Valencia Carpio “Juanito Mojama”, o Manuel Soto Loreto “Manuel Torre”, es reconocer la riqueza artística y creativa de grandes figuras de Jerez de la Frontera, las cuales tiene mucho que ver con los Valencia de Lebrija, entre los que hay que destacar a Manuel Valencia Carrasco “Manuel de Paula” o Fernando Peña Soto “Pinini”. Buscar a los Fernández de Lebrija  como María Fernández Granados “La Perrata” y aseverar su linaje con intérpretes de la talla de Gregorio Manuel Fernández “Tío Borrico”, o Fernando Fernández Monje “Terremoto de Jerez”. Y, como no, establecer igualmente relación entre los Jiménez Peña de Utrera (Fernanda y Bernarda de Utrera) y los Moreno Jiménez de Jerez (Los Moraos). Así podríamos ir llenando páginas y páginas.

Pues, los que elucubran y trabajan por nuestro arte se están poniendo de acuerdo, tanto institucionalmente como artísticamente, para remarcar las viejas escuelas de nuestra música y procurar su conocimiento y conservación. Por ejemplo, lo que establece la siguiente noticia: “La asociación de las Casas Cantaoras ya tiene protocolo”. ‘El Ayuntamiento de Jerez apuesta por el flamenco como una piedra capaz de generar actividad económica’. Y sigue: La junta de gobierno local aprobó el pasado viernes el 'Protocolo General referente a la Declaración de Intenciones entre los Ayuntamientos de Jerez de la Frontera, Lebrija, Mairena del Alcor, Morón de la Frontera y Utrera para la creación de la Asociación de las Casas Cantaoras de la Baja Andalucía.' Este documento tiene como objetivo "establecer las líneas básicas para la constitución de una asociación del desarrollo de la cultura flamenca y su potencialidad turística denominada Asociación Cultural Turística Casas Cantaoras de la Baja Andalucía".

La iniciativa tiene su origen en la dedicatoria de un día a las Casas Cantaoras de la Baja Andalucía en la pasada Fiesta de la Bulería. "A partir de ahí, y a iniciativa de Jerez, hemos visto la posibilidad de continuar creando un contexto de colaboración que puede definirse en un programa de actuaciones turístico y de promoción nacional de lo que significan las Casas Cantaoras de la Baja Andalucía", explica el teniente de alcaldesa de Urbanismo, Dinamización Cultural, Patrimonio y Seguridad, Francisco Camas.

La tarea se ha puesto en marcha y las líneas se han marcado. Enhorabuena.
Rafael Valera Espinosa

lunes, 4 de julio de 2016

MEMORIA FLAMENCA. Fernanda de Utrera (II).

Finalicé el primer capítulo de la serie sobre Fernanda de Utrera con el relato que la “Dama de las soleares” me hizo de algunos de las anécdotas de su abuelo Fernando Peña Soto “Pinini de Utrera”. Y con el recuerdo del personaje en boca de Fernanda Jiménez Peña “Fernanda de Utrera” voy a continuar, no sin antes aclara un pequeño error del capítulo pasado, el de que “La Feonga” no era comadre sino prima de Fernanda.

“Mi abuelo, sobre “too”, cantaba. ¡Fíjate! Mi tía me contó que una vez fue Enrique el Mellizo a su casa. Y claro, estaban “toos revolucionaos” porque entonces El Mellizo era un cantaor que no veas… Pues llegó mi abuelo, El Pinini, y le dijeron que cantara, y como cantaría que El Mellizo no quiso abrir su boca.” Mas como siempre, yo tenía curiosidad por las entonces atractivas y raras cantiñas de su abuelo para los aficionados que teníamos poco vivido en el flamenco, y le pregunté si alguna vez se las había escuchado: “Sí, y también a mi tía (no llegó a especificar si era Luisa o Pepa Peña Vargas). Mi abuelo tenía más alegría en el cante, pero mi tía tenía una voz… ¡Josú que voz! No como la mía que es aguardientosa, era más fina, más laína… ella cantaba los cantes de su padre, mi abuelo. Con más pureza él y con más alegría. Mi abuelo además, con esa alegría que tenía cantando hacía bailar al que no sabía. Eso que canta Bernarda “La calle nueva sal’borotao / porque El Pinini se ha emborrachao…” Y es que El Pinini se iba al matadero –porque era matarife- y se ponía ciego de aguardiente, y cuando volvía “pa” su casa iba cantando y bailando… y al entrar por la calle nueva “toas” las vecinas se asomaban al balcón y ese era el alboroto, porque salían “pa” escucharlo.”

Sabido el magisterio que tuvo Fernanda en los cantes por soleá y que mi ídolo por aquél tiempo era Tomás Pavón por sus formas de ligar y alagar los tercios de los cantes y muy especialmente las soleares, la pregunta no pudo ser otra, la de si había escuchado los cantes por soleá de Tomás Pavón: 

- “A Tomás lo he “escuchao” y le “cantao” “mu” chiquitita. Vino a casa, no me acuerdo si lo llevó Mairena o Caracol (se aclara después que fue Antonio) y le canté por bulerías. Luego me sentó encima de él, y Antonio Mairena me dijo que le cantara un poco por solea. ¡Ya verás…! Entonces tendría yo unos siete u ocho años, y le cante por solea a Tomás. Porque oye, yo me agarré por ese palo, como aquél que dice, casi desde que nací. Ya te he dicho que me puse a coser y no aprendí porque me iba a las fiestas flamencas.” Más yo insití y le inquirí si se acordaba de lo que dijo Tomás cuando la escucho: “Pues sí. Le dijo a Antonio Mairena que yo iba a cantar, que iba a cantar… con ese tonillo favorable.” Y de nuevo a la carga con la pregunta ¿Tú crees que los cantes por soleá de Tomás tienen alguna relación con los de La Serneta? A lo que Fernanda con bastante seriedad me respondiendo tajantemente: ¡No, no! Tomás cogió los cantes de Triana, o sea, a Tomás le pasó lo mismo que a Antonio Mairena. Mairena, como tienen sentencia aquí en Utrera, los cantes los cortó a la larga (quiso decir que los recortó) y Tomás alargó los cantes de Triana, los cantes de estos… “los alfareros”. Estos son cortos y Tomás los alargó.

Llegado a este punto, las respuestas no me acababan de convencer. Sabiamos o creíamos que Tomás Pavón había tenido influencias de La Serneta e incluso hubo inclinando también a su hermana Pastora hacia el citado personalismo, según después demostraron Luis y Ramón Soler en su libro “Antonio Mairena en el mundo de la siguiriya y la soleá”; Tomás Pavón sí que cantó soleares de Joaquín el de la Paula, Enrique el Mellizo y Frijones, mas también de “La Serneta”. Parecía que Fernanda quería establecer que toda la historia flamenca era eso, historia, y que gran parte de la importancia por esas fechas -finales de los setenta y comienzos de los ochenta- en los cantes por solea pertenecía a ella. Nuevamente insistí sobre el tema preguntándole si creía que Tomás tenía un cante muy especial: 

- “¡Hombre…! Bastante, aunque a mí me gustaba más La Niña; ¡mucho cuidao! A mí La Niña de los Peines. Los discos de Tomás no me han convenció. Pero la niña no era solearera ni siguiriyera, La Niña era festera… ya está”

Seguían sin cuadrarme las respuestas por las enseñanzas de mi amigo Angel García Cruz. En el citado libro de Luis y Ramón Soler figuran 65 cantes por soleá y 32 siguiriyas grabadas por Pastora, la cantaora que más grabaciones tiene con creatividad personal de la historia de nuestra música. No le satisfizo mucho a Fernanda las caras que pusimos los presentes con sus aseveraciones porque continuó diciendo: 

- “¡Bueno…¡ Por aquella época lo que pasaba es que se alternaba con todos en los espectáculos, con Centeno, Vallejo, Cepero… y ella era la única mujer, estaba sola, porque La Serneta no actuaba, La Trini, según dicen, no salió de Málaga… ¡Claro, había pocas mujeres, La Niña estaba sola y se llevaba la palma.”

Como era nuestra invitada y tras la entrevista tenía que dar un recital en la Peña Flamenca de Jaén –magnifico, por cierto- no quise más incomodos y cambie el tercio preguntándole si en esos años ochenta se cantaba mejor que en los anteriores, por la serie de nombres que había citado anteriormente: 

- “¡Oh! No, no, no, y que no. Y no me digas eso porque no “pueo” estar de acuerdo contigo. ¡Que no!” Perdón, solo preguntaba ¿Cuáles son tus razones para ser tan rotunda? “Te lo voy a explicar. Es muy fácil porque ninguno expone. Hoy todos son grandes artistas, pero ninguno expone ¡Ya está…! Mira a El Lebrijano la línea de Mairena clavá; Curro Malena también Mairena clavao; ¿Pepe Meneses…? Mairena clavao. ¡Coño! No too va a ser Mairena. Ahora los tocaores “toos” menean la mano como Paco de Lucía, y mira que hay tocaores buenos… Toos imitan hasta el meneíto de cabeza de Paco. ¡Coño! ¡Fijate! Está este chiquito de Melchor –se refería a Enrique de Melchor- que es un fenómeno. Están los “Habichuelas” que son toos fenómenos; Manolo Domínguez, de Sevilla, otro fenómeno; Cepero… toos. Pero mira, Paco Cepero ha metio el dedo –en referencia al poderío del pulgar- y ya lo mete too el mundo. Ahora quien se luce es el tocaor, y ese es el motivo de que antes se cantara mejor. ¿“El Carbonerillo”? Su sello propio. “El Niño de la Calza” también su sello propio. ¿El Sevillano, El Gloria…? Todos tenían su algo.

Rafael Valera Espinosa