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martes, 21 de febrero de 2017

Por soleá. LA GRANDEZA DE PACO DE LUCIA (III)

Finalicé la pasada columna con los testimonios sobre ‘Paco de Lucía’ de tres grandes maestros de la guitarra flamenca como Juan Carmona “Habichuela”, Manuel Moreno Jiménez “Manuel Morao” y José Luis Postigo. En la continuación del sucinto homenaje que me he atrevido a ofrecerle en el tercer aniversario de su muerte, hoy he querido recoger las de jóvenes maestros consagrados de la guitarra.

Juan el de la Vara y Paco de Lucía
El primero elegido ha sido al conocido y prestigioso Vicente Amigo, el cual, en la entrevista que le hice para Candil en  abril de 1990, junto con Juan Moreno Maya “El Pele”, contestó a mi pregunta sobre el algecireño con la prestante rotundidez que sigue: “Paco de Lucía es para mí el dios que yo conozco de la guitarra flamenca; si hay otro, yo no lo he visto todavía. Paco es la guitarra flamenca en persona. El canta con su guitarra.”

Mas, también he de referir la admiración que por el maestro siempre ha sentido uno de los más sobresalientes flamencos de la historia de esta provincia, como es el guitarrista José Moreno Justicia “Pepe Justicia”, natural de Mancha Real, que ha sido galardonado con los más prestigiosos premios del ámbito flamenco  como el Premio Internacional de Guitarra Flamenca, Jerez 1987 y 1999; Premio Nacional de la Crítica al mejor disco de Guitarra Flamenca en 2003, entre otros, y que desde el año 2007 es profesor de Guitarra Flamenca en el Conservatorio Superior de Danza de Málaga. En el otoño de 1987, a Pedro Sánchez Ortega y a mí nos manifestó que “Paco de Lucía ha influido en mí porque Paco ha influido en el flamenco. Paco de Lucía ha influido en todos los guitarristas y hasta en los cantaores, por su creatividad. Pienso que Paco no es un fenómeno de generación espontánea, sino el resultado de una evolución de muchos años, que empieza con los primeros guitarristas como Miguel Borrull, Ramón Montoya, Niño Ricardo… Todo esto ha ido a parar a un tío que tiene unas condiciones únicas para tocar la guitarra; condiciones físicas, técnicas, de sensibilidad… y este ha sido el resultado de esta evolución.”

Otro de los más importantes tocaores de acompañamiento en la actualidad es Antonio Carrión Jiménez “Niño Carrión” o “Antonio Carrión”. Estas son sus manifestaciones para Candil sobre Paco de Lucía en diciembre de 2000: “Paco de Lucía es punto y aparte. Paco es el gran monstruo. Paco le ha dado un impulso enorme a la guitarra flamenca, y muy concretamente entre la juventud. Lo que no sé es si esto es bueno o no tan bueno, pues chavales que se comen la guitarra los hay a manojitos, pero que después le pongan un cantaor para acompañarle y sepan hacerlo, eso ya es más difícil. Y todo esto viene por querer ser como Paco. No se entera la gente de que Paco deja de ser solista y se vuelve acompañante a las mil maravillas, porque ya antes desarrolló esta faceta.”


Rafael Valera Espinosa

lunes, 13 de febrero de 2017

Por soleá. LA GRANDEZA DE PACO DE LUCIA (II)


Finalizaba esta columna la pasada semana con unas declaraciones sobre Francisco Sánchez Gómez ‘Paco de Lucía’ -del que se cumplirán tres años de su muerte el próximo 25 de febrero- con unas loables frases sobre su arte del también desaparecido guitarrista Enrique de Melchor, tras argumentar que han sido los profesionales flamencos del instrumento los que mejor han definido siempre la figura de ‘Paco de Lucía’. Es por ello que en este homenaje que vengo rindiendo al guitarrista, los que fueron sus compañeros y admiradores son los que certifican la inigualable calidad de su toque.

Aunque ya está publicado en estas páginas, quiero volver a resaltar lo que Juan Carmona Carmona ‘Juan Habichuela’, me refirió en 1986 sobre el maestro: “Paco de Lucía es Paco de Lucía, es un auténtico monstruo. Es el mejor que ha dao la historia de la guitarra flamenca. Eso que dicen algunos de que Paco no toca pa cantar… Toca mejor que todos pa cantar ¡Mejor que todos! Lo que pasa es que hay que saber lo que está haciendo ese tío… ¿Qué luego toca solo? Pues ahí está lo que hace.”

En el verano 1995, como en tantas otras ocasiones, José Luis Postigo Guerra vino a la Peña Flamenca de Jaén a continuar patentizando su poderío tocaor, la entrevista fue pertinente, como también la opinión sobre ‘Paco de Lucía’ del que fuera Premio "Manuel de Huelva" en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba (1983) y Premio Nacional de Guitarra concedido por la Cátedra de Flamenco de Jerez de la Frontera (1983): “Es un fenómeno. Soy un gran admirador de él y te voy a contar una anécdota que da fe de ello. Estaba yo en Barcelona trabajando en ‘Los Tarantos’, en el año 69. En un descanso estábamos sentaos en el suelo bromeando cuando entra Fosforito, su mujer y detrás venía Paco. Al verlo, inmediatamente me levanté y me puse firme como si estuviera en el cuartel viendo a un general.”

Sin embargo, hubo una referencia muy peculiar sobre Paco que me llamó mucho la atención por la ¿acertada? reflexión con que fue realizada. Me la hizo Manuel Moreno Jiménez ‘Morao de Jerez’ en el año 2001. No escatimó alabanzas sobre nuestro protagonista, mas, creo que rizó el rizo: “Pienso que Paco de Lucía es un gran artista de su época y pienso que es otra cosa.  Insisto, es un artista que ha nacido dentro de su época. Porque también hay una equivocación con el nacimiento de los artistas. Cuando los artistas nacemos fuera de época es muy difícil triunfar. Si naces en la época que a ti te viene bien por tu manera de ser, por lo que tú haces, por lo que crees y por lo que conceptúas en la vida, entonces tienes el noventa por ciento ganao. Por eso, considero a Paco de Lucía un gran artista, pero con la circunstancia de que ha nacido dentro de su época.”


Rafael Valera Espinosa

lunes, 6 de febrero de 2017

Por soleá. LA GRANDEZA DE PACO DE LUCIA (I)

El próximo 25 de febrero se cumplen tres años de la muerte de Francisco Sánchez Gómez “Paco de Lucía”. Es posible considerar que los flamencos nos sintamos huérfanos desde la referida fecha, mas no es así. Paco sigue y seguirá vigente en la historia de nuestra universal música por haber sido el mayor impulsor de la cultura flamenca en todo el mundo. Gracias a su inconmensurable arte nuestro flamenco nunca será olvidado por cualquier habitante del planeta tierra.

Releyendo las muchas páginas de la también universal revista “Candil” para mis publicaciones de la serie “Memoria Flamenca”, y muy concretamente en las referencias de mis entrevistados sobre la guitarra, la figura de Paco de Lucía es la más ponderable de la historia. Desde Juan Carmona “Habichuela”, pasando por Antonio Fernández Díaz “Fosforito”, Manolo Sanlúcar, Manuel Moreno “Morao de Jerez”, José Luis Postigo, Juan Manuel Rodríguez Sarabia “Chano Lobato”, etc., todos han manifestado que no ha habido otro mejor que Paco de Lucía. Y no solo en su arte, también como buena persona y artista asequible, a pesar de su enorme popularidad.    

En varias ocasiones he tenido la suerte de haber sido participe de la actitud simple y cariñosa del maestro. Como he referido siempre, la primera cuando disfruté del placentero momento que junto a él viví durante la entrevista que le efectué para Candil en el Teatro-Cine Asuán de nuestra jiennense capital, un exultante día artístico de la primavera de 1986. Poco antes del comienzo de su recital, encontrándome a un Paco de Lucía con semblante de preocupación, quizá porque en aquellos tiempos era reacio a las entrevistas. Igualmente, consideré que ese estado de ánimo también era por la siempre responsabilidad que le suponía subirse a cualquier escenario y presentarse delante de un público amante del flamenco como era y es el de nuestra tierra. Jaén fue uno de los primeros lugares donde presentó sus nuevas composiciones. La entrevista fue corta por la premura que el guitarrista me recomendó para poder llevar a cabo la puesta a punto de su mente, manos y grupo. Y siempre con un comportamiento tan sencillo y cariñoso, como si nos conociéramos de toda la vida. Así era Paco.

Mas, son las manifestaciones de sus compañeros las que lo han hecho aún más grande. Como primer ejemplo citaré lo que me comentó Enrique de Melchor: “La calidad y la popularidad de Paco de Lucía no margina al resto de los guitarristas. Lo que pasa es que Paco ha llegado a una altura tan grande, y además ha puesto el listón tan alto que es casi imposible llegar ahí. Insisto en que no margina porque el mejor momento de la guitarra flamenca es el de ahora (año 1994). Lo que sucede es que Paco toca tan bien que para llegar a estar dignamente al lao de él, hay que echarle muchas horas a la guitarra. A mí me gustaría que salieran muchos Pacos de Lucía.”
Rafael Valera Espinosa

domingo, 29 de enero de 2017

Por soleá. MARTIN GARCIA RUIZ.

Siempre he mantenido el orgullo –y lo seguiré ostentando- de haber sido amigo del pegalajeño Martín García Ruiz, Jefe de Cirugía Infantil que fue hasta su jubilación del Hospital Maternal de Jaén. Profesional de recias manos, exquisita finura quirúrgica y prestante sabiduría médica. Era persona de seriedad meticulosa y comedida en su trabajo. Pero también de entrañable trato, jovial, con fina ironía e inclinación optimista ante la resolución de los problemas. Tras terminar sus estudios en la Facultad de Medicina de Granada, formó parte de su Cátedra de Cirugía, y entró como médico interno en Hospital General  "Virgen de Las Nieves" de dicha ciudad, donde conoció a su esposa, María Luisa García de Sola, hasta su traslado a Jaén. A la profesión lo inclinó su madre, Ana María Ruiz Siles, que le rogó que fuera médico como el padre de ésta, su abuelo, aunque su verdadera vocación fue la de agricultor por la enorme devoción que le procesó a su padre, Francisco García Morillas, y por las enormes satisfacciones que experimentaba con estas tareas.


Tuvo dos grandes aficiones, la de taurófilo y la del flamenco. A la primera y más constante llegó por tener que realizar sustituciones en la enfermería de la plaza de toros de Granada durante su periodo profesional en el citado Hospital General "Virgen de Las Nieves". La segunda tuvo inicios más tempranos cuando estudiaba, y en los ratos de ocio se trasladaba con sus paisanos y amigos a la famosa taberna granadina de “El Faquillas”, en el Campo del Príncipe, y a los festivales flamencos que se organizaban en “El Paseo de los Tristes”.

De izquierda a derecha: Pepe Gabucio, Tomás Cabrera, 
Paco Cañada, Lucas Martínez, Martín García, 
Eduardo Castro, Rafael Valera, Isidro Cabrera,
 Alfonso Ibáñez, Ana Fernández y Gerardo Fuentes
Nuestra amistad se produjo por las diplomáticas y entrañables condiciones personales de su compañero y amigo, el ginecólogo Gerardo Fuentes Gutiérrez, sabio en su especialidad y en el conocimiento del flamenco, de ahí que al comienzo de los setenta fuera cofundador de la Peña Flamenca de Jaén. Las veladas en la entidad capitalina eran de verdadero deleite por su gracejo personal en las disensiones que mantenía con nosotrosen los criterios flamencos. Además solía referirnos anécdotas taurinas de sus guardias en la plaza de toros, y defendía con determinada pasión su origen pegalajeño, sus trabajos en su finca de olivas en la ribera del conocido como rio Pegalajar, a la vez que demostraba su conocimiento de este monocultivo y sus aceites. 

Poseía igualmente la virtud de tranquilizarnos en cuantas cuestiones médicas personales le planteábamos, y nos animaba a disfrutar de la vida, y muy concretamente cuando nos invitaba en su casería a la primera fritada de habas de la temporada.

No ha comenzado bien este 2017 para los flamencos capitalinos jiennenses después del luctuoso verano del pasado año, en el que fallecieron, entre otros, Juan Peña ‘Lebrijano, Juan Carmona ‘Habichuela’, Pepe Menese, etc., y nuestra eminente cantaora Rosario López. Ahora, en este comienzo de año, hemos perdido a un prestante socio de la Peña Flamenca de Jaén: Martín García Ruiz. Descanse en paz.

Rafael Valera Espinosa

viernes, 19 de agosto de 2016

HA MUERTO LA MAS INSIGNE CANTAORA FLAMENCA DE JAEN: ROSARIO LOPEZ.

Ha muerto nuestra entrañable, querida y prestante cantaora de Jaén, Rosario López Carrascosa “Rosario López”. Cierto es que el tiempo pasa su factura, mas creo que los aficionados no queremos, ni estamos preparados, ni nos merecemos que sus vidas las vaya reclamando con tanta premura. Aún estamos en la tarea de asimilar las ausencias de Juana la del Revuelo, Juan Carmona “Habichuela”, Juan Peña “El Lebrijano”, José Menese, y ahora Rosario López. 

José Menese y Rosario López
Rosario ha sido una cantaora jiennense que ha bebido de las fuentes flamencas más prestigiosas de este arte. Sus vivencias en el desaparecido Teatro Cervantes –su natal cuna-, viendo y escuchando a las figuras que formaban los elencos de las compañías flamencas que hasta mediados de los sesenta por el mismo desfilaban, le influyeron en su talante artístico. 

Primero fue la copla, porque se adaptaba muy bien a sus condiciones vocales, y también por imaginar un mundo esplendoroso de guirnaldas, luces, tramoyas y escenarios, es decir, el continuar viviendo como protagonista lo que estaba experimentando y admirando en su añorada casa. Mas, fueron sus amigos y antiguo esposo, Ramón Porras González, los que incidieron en su amor por el flamenco. Un poquito más adelante y tras sus reuniones cantaoras en el antiguo "El Monterrey", ubicado en la actual calle Arco del Consuelo, fue el iliturgitano Rafael Romero “El Gallina” y la admiración de ambos por La Niña de los Peines, la que le marcaron en el camino a seguir en su trayectoria profesional, una carrera en la que sus vicisitudes le han hecho dolerse con prestancia y quejío en los estilos serios; en la que sus alegrías le han aportado el ritmo y la fiesta necesaria para acometer con buen compás los cantes festeros; y en la que su sensibilidad y versatilidad cultural le ha inclinado a dominar la melodía y el melísma de los estilos libres.. 

Hasta aquí las principales cualidades de sus raíces flamencas, las cuales le propiciaron la grabación de dos Lp’s con las guitarras de José Cala “El Poeta” y Juan Carmona Carmona “Habichuela”, otro sobre la vida y muerte de García Lorca, así como el que compartiera con su maestro Rafael, su amiga Carmen Linares, su apreciable Pepe Polluelas y Carlos Cruz,  este último compañero artístico en tantos momentos de enjundia flamenca. Figura su arte, igualmente, en antologías flamencas como la de Zafiro, en el disco del sello RTVE “Ellas dan el cante”, siendo la que más cantes aportó, siete, y en su último CD “Raíces y Esencias”, sin olvidar el monográfico de villancicos flamencos editado por el Ayuntamiento de Jaén, y los que le grabaron en directo en sus tres viajes a Japón.  

Aún perduran en mi memoria –y pienso que para siempre- las entonaciones de Rosario López por tientos de Juan Mojama a través de Rafael Romero, establecidos con netas dosis de recreación. ¿Evolución flamenca? ¡Quién puede dudarlo! Y es que nuestra cantaora jienense y universal ha sido dominadora como poca/os –y he de reiterar lo de poca/os- de este estilo tan difícil y quejumbroso de nuestro arte. Y todo porque el mismo reúne características tan encomiables de nuestra música como el sentimiento, la entrega, las facultades, y el enlace con la fiesta flamenca al derivar a los tangos. 

Algunos dirán que no llevo razón, pero en sus tientos-tangos se configuraban casi los mismos sentimientos y sensaciones que se pueden experimentar al escuchar las siguiriyas enlazadas con las bulerías. Puede sonar extraño pero así lo quiero establecer.

Rosario López Carrascosa ha sido una cantaora que bebió de las fuentes flamencas más prestigiosas de este arte, constatando unas cualidades personales con las que ha marcado una de las líneas más ortodoxas que en la actualidad flamenca existen. A renglón seguido hay que matizar entre otros aspectos el enciclopedismo cantaor que la jaenera poseía y que, tras el determinado acrisolamiento que su figura efectuaba de los personalismos que ella quería implicar en su arte, dichas circunstancias revertían en una singularidad artística que atemperaba su peculiar sello personal.

Siempre nos ha llenado de emoción y transmisión sus soleares de Tomás Pavón con matices de Fernanda, así como los ecos “apolaos” de “El Tenazas de Morón”, Antonio Silva “El Portugués por los aires de “Cobitos", los de “Olivé de Triana” y “Manolillo el Pintor”; los cantes de la madrugá, las peteneras y la caña del iliturgitano Rafael Romero; la serrana de Cayetano Muriel “Niño de Cabra”; las siguiriyas de “Joaquín La Cherna” con resonancias de La Niña de los Peines, las cantiñas-alegrías-mirabrás de Manolo Vargas y “El Gallina”; los fandangos de Manuel Vallejo, José Cepero, Canalejas de Puerto Real, José Rebollo o Rafael Ramos Antúnez “El Niño Gloria”; las granaínas y media granaína; las bulerías con marcadas inclinaciones evocadoras de Pastora Pavón; y unos singulares villancicos flamencos que supo incardinar en el ambiente más hermoso y fraternal de las fiestas navideñas. En definitiva, Rosario López ha sido una completa cantaora que ha dado prestigio y fama a la cuna que la vio nacer, la capital jiennense. 

Era simpática, nerviosa, dicharachera, extrovertida, locuaz, divertida, rebelde y afable, despistada y cariñosa... Toda una gama de calificativos que definían la personalidad de una mujer que ha hizo del arte flamenco su razón de ser, su eje vital y por lo que luchar. 

Nunca Jaén y sus flamencos te olvidarán.

Rafael Valera Espinosa
(Presidente de la Peña Flamenca de Jaén
y flamencólogo) 


lunes, 8 de agosto de 2016

Memoria flamenca. Juan Carmona 'Habichuela' (y IV).

José Mercé con Juan "Habichuela"
Refería Juan Carmona Carmona 'Habichuela' en su última respuesta de la pasada semana que «Todos los estilos son perfectos y bonitos para tocarlos.» Además me respondía que lo que más le gustaba tocar, aparte de el taranto, la siguiriya o la bulería, era la solea, Por ahí vino mi interés en conocer como Juan estructuraba su buen toque, el por qué de ese sonido añejo y flamenco que parecía a veces moderno, su versatilidad para acompañar al más pintado de los artistas, y su calidad humana para ayudar a los más humildes y a los noveles.

Centrados los dos en el toque por soleá, le pregunté que si era en ese estilo donde trabajaba más a la hora de hacer variaciones. 

R: «Puede que sí. Creo que tiene más campo para hacer más cosas. Quitao de que un cantaor te diga pónmela al siete, entonces no tienes casi espacio para hacer cosas. Pero cuando un cantaor te dice ponla al dos o al tres, pues ahí tienes unas posibilidades. La siguiriya también me encanta».

¿Cuál ha sido, de los tocaores antiguos que tú hayas podido escuchar, el que más te ha llegado? 

R: «¿De los viejos? Ramón -se refería a Ramón Montoya-. También Manolo el de Huelva, y el que a mí me enseñó a tocar, Juan el Ovejilla, que como dije antes, no lo conocía nadie.»

Pero tú debes de tener influencias de algún tocaor. Tú te habrás dejado llevar por algún toque para luego después desarrollar el tuyo ¿Si? 

R: «Ricardo me ha gustao mucho. Tenía una escuela muy específica y además me aconsejaba mucho. El toque del Niño Ricardo me va mucho. ¡Claro.! Antes yo hacía más cosas de Ricardo que ahora. No es que sea una descortesía hacer cosas de esos monstruos, pero yo prefiero hacer cosas personales, porque si no dejas de ser tú. ¡Mira! Paco tiene o ha tenido cosas de Ricardo, pero ahora Paco de Lucía es Paco de Lucía, es un auténtico monstruo. Es el mejor que ha dao la historia de la guitarra flamenca. Eso que dicen algunos de que Paco no toca pa cantar. Toca mejor que todos pa cantar ¡Mejor que todos! Lo que pasa es que hay que saber lo que está haciendo ese tío. ¿Qué luego toca solo? Pues ahí está lo que hace.»

¿Está evolucionando la guitarra flamenca?

R: «¡Muchísimo! Cualquier niño sale tocando y se la come. Te queas asustao. Lo que pasa es que luego no saben pararse. No acarician a la guitarra. La guitarra es como cuando se educan a los seres, hay que recriminarles para que aprendan y reconocerles las cosas bien hechas.» 

¿Es posible que no sepan parar porque les falte conocimiento o afinación? 

R: «¡Puede que sí, puede que no! A veces, quizás se inclinen hacia el neófito que asiste a un festival y quieran ponerlo de pie, y lo ponen. Se tiran un minuto picando la prima y lo ponen de pie. Es como el cantaor de mucha fuerza que empieza haciendo ¡aaaaah!, y se tira mucho tiempo haciéndolo y se dice ¡Qué fuerza la de ese tío! Pero luego no dice ná, y el público comenta: ¡Que fuerza. Que fuerza tiene ese tío! Pero ¿y la calidad, donde la dejamos? ¿Y el gusto? ¿Y el flamenco.? Eso es lo que pasa muchas veces en muchos festivales flamencos». ¿Qué piensas de los festivales? ¡Qué son muy largos! Los más largos del mundo.»

Más encuentros. 

Hasta aquí la entrevista reiteradamente mencionada de 1986. Posteriormente, vinieron muchos más encuentros. Más viajes juntos para asistir a los festivales provinciales donde actuaba, yo de copiloto, estableciendo así mi viaje gratis para retransmitir a través de Radiocadena Española -perteneciente a RTVE- los espectáculos con el magnífico trabajo en la emisora de Jaén de uno de los mejores técnicos habidos en nuestra tierra, y por tanto también de Andalucía, el marteño Rafael Martos Ruiz.

El reconocimiento del arte de Juan Carmona 'Habichuela' lo estableció la Peña Flamenca de Jaén con el homenaje que en nuestra tierra significo la XX Semana de Estudios Flamencos celebrada en mayo del año 2000. Volvieron las reuniones para su celebración, y también nuevas preguntas para conformar el número 126 de la revista Candil, monográfico sobre su persona. 

Después de recordar muchas de las declaraciones anteriormente publicadas en esta sección, surgieron otras nuevas en función de los acontecimientos vividos por el artista durante los catorce años posteriores. Habían cambiado bastantes cosas en el flamenco, y también la trayectoria de muchos flamencos. Como los aficionados sabemos, y tras lo vertido por Juan en anteriores capítulos, sobre todo su amor por la ortodoxia, en un momento clave me sentí con la obligación de preguntarle sobre el arte de su querido Enrique Morente, tras sus trabajos revolucionarios como la colaboración con Lagartija Nick en el disco 'Omega'. Y de sopetón la pregunta.

¿Lo último que ha hecho y hace Enrique es flamenco? 

R: «¡Mira! To lo que hace Enrique es flamenco. Lo que pasa es que hace otra música. Enrique es un músico de la 'ostia'. Un peazo de músico muy largo y a veces hay que cogerlo en su momento para que haga el flamenco clásico. A Enrique hay que mimarlo y en algunos momentos cortarlo, porque canta muy bien flamenco; aparte de todo lo que hace, y el único, pienso yo, que lo entiende cuando canta flamenco clásico se llama Juan Carmona 'Habichuela'».

Por aquellos años comenzaba a sobresalir Estrella Morente y Juan resaltaba su arte: 

R: «La hija en la actualidad es la que canta con diferencia de todas. y de todos. La Estrella canta que te mueres. Y lo he comprobao cuando por ejemplo he estao en Graná con ella. Hace con la voz lo que le da la gana, lo que quiere. Concretando. Estuvo haciendo 'Ojos verdes' con verdaderos matices flamencos que no se puede hacer más bonito. Los flamencos y yo el primero, no asimilamos como debiéramos esta música. A nosotros nos han acostumbrao desde pequeñitos a emocionarnos con el quejío, con el pellizco. Y, aunque toda esa música nos gusta, a veces hasta con pasión, no sentimos la misma emoción que cuando escuchamos el quejío flamenco.» 

Y sentenció: 

R: «Es posible que nuestra educación musical no haya sido tan amplia como debiera. Con Caracol se me pone el vello de punta; con Enrique se me pone el vello de punta; con Camarón se me pone el vello de punta. Con Terremoto, con Fernanda y Bernarda, con Estrella.»

Pienso que quiso decirme que con los tres últimos moría de placer.

http://www.ideal.es/jaen/culturas/201608/02/enrique-morente-musico-ostia-20160802004427-v.html

martes, 26 de julio de 2016

Memoria flamenca. JUAN CARMONA “HABICHUELA” (III)

"LE DIJE A MAIRENA ¡QUE BIEN HAS CANTAO, CON QUE PERFECCIÓN!"


 En el relato de sus vivencias, Juan Carmona Carmona “Habichuela”, me fue estableciendo el ejemplo del guitarrista flamenco de mediados del siglo pasado: honesto, trabajador, profesional y eminentemente artista. Como ha venido especificando a través de sus respuestas, Juan ha tenido siempre la certeza de ocupar el lugar que su arte atesoraba, el de primera figura de la guitarra flamenca para engrandecer a sus acompañantes. Tarea responsable, difícil, significada y prestante a pesar de ser el segundo de la fila con las suficientes garantías y calidades para sobresalir como el verdadero protagonista. Son muchos los que se han apoyado en su toque flamenco para alcanzar la fama.

La pasada semana Juan “Habichuela” recordaba como con diecisiete años empezó a ganarse la vida acompañando al sevillano Antonio el de la Calzá:

Estuve con él cinco años. En aquellos tiempos un monstruo cantando por fandangos. Pa mi ha sio el mejor que ha cantao por fandangos de toos los que yo he escuchao. También estuve con Antonio el Gitano, que entonces también se estaba buscando la vida en Graná. El mencionado “Gandinga” que cantaba, como he dicho, muy bien por soleá. Ellos tenían cuarenta o cincuenta años y yo dieciocho. Y siempre escuchando y aprendiendo. Insisto, modestia aparte, toque mejor o peor, lo que si he sio es un buen aficionao desde que tenía babero. Me ha gustao y me gusta mucho el flamenco.”

“Cuando llegaban a Graná las troupes, me cogía mi padre -que en paz descanse- y nos íbamos a verlos. Allí llegaban Canalejas de Puerto Real, José Cepero, la Niña de la Puebla, Luquitas de Marchena… que todos iban a la plaza de toros vieja de Granada. Me cogía de la mano mi padre y yo me quedaba embelesao escuchando a esa gente. Ramón Montoya… ¡como tocaba la guitarra…! Entonces no había esa megafonía que hay hoy.”

“Luego me casé en mi tierra y me fui con Gracia del Sacromonte, una bailaora de mi tierra que estuvo con “José El Greco” en América y que era también sobrina del que me enseñó a tocar la guitarra, el Juan el Ovejilla, que antes te dije. Estuve con ella como un año o un año y medio, y después, Mario Maya –en Graná- me dijo que me fuera con él, que por aquella época debutaba en “El Duende”, en Madrid. Debutamos en el tablao de Pastora Imperio hace casi treinta años. Posteriormente, nos pasamos a Torre Bermeja, pues con Mario estuve bastante tiempo. Después me fui a la mili y cuando me licencie grabé mi primer disco con Rafael Farina, el famoso disco de la grabación “Por Dios que me vuelvo loco”, en Barcelona. Volví a Madrid y al poco tiempo grabé el disco de Manolo Caracol, que por aquél tiempo estaba bastante tocao de la voz por la edad, pues tenía sesenta y algo de años, que por cierto estuvo muy bien y ahí está el disco. Luego, comencé a acompañar a Fosforito, que por cierto, hicimos una tourné por América, la cual recorrimos de punta a punta. Volvimos a España y comenzamos los festivales flamencos. Por aquella época los pioneros de los festivales eran Fosforito, Jacinto Almadén, Jarrito, Terremoto de Jerez… y los guitarristas Melchor de Marchena, Juanito Serrano, El Poeta y yo.”

En aquellos tiempos, aunque la entrevista se la realicé en 1986, me remití a los festivales anteriores, ya que eran el tipo de espectáculos que nos concentraban a los aficionados, pues las peñas que entonces no eran tan numerosas carecían de economía suficiente para contratar a las figuras, y tenía curiosidad por conocer los entresijos de los mismos, y le solicite que me hablara de aquellas sesiones artísticas:

“Yo tengo un recuerdo de Antonio Mairena –que en paz descanse- en un festival de Granada que no le cogió bien de voz. No estuvo bien. Allí estaba Juan Talega y el hijo de Manuel Torre. Y Mairena dice ¿Aquí no hay nada que beber? Y Manuel Martín Liñán -¡qué gran aficionao!- dice, ¿Qué quieres? ¡Tráete dos botellas de whisky! Y el hombre –se refería a Mairena- con too el miedo que tenía porque aquello estaba hasta los topes, con cerca de cuatro o cinco mil personas… se bebió casi media botella en poco tiempo y no cantó bien. Repito que no estaba bien de voz pero no cantó malamente porque Mairena no sabía cantar malamente. Antonio era un cantaor que todo lo sabía cantar. Pero físicamente no estaba bien de la voz. Total, que se termina el festival y me voy al hotel a dormir, y a los diez minutos viene Manuel Martín Liñán… ¡Venga, hombre, que estamos ahí en “El Alamo” Antonio Mairena, Meneses…! Y allí fue una de las mejores veces que yo he escuchao cantar a Mairena en todo el tiempo que llevo de artista. Cantó lo menos quince palos, por soleá, ocho o diez letras por siguiriyas, cantó por alegrías… ¡Bueno, yo que sé lo que canto! Y le digo a Mairena ¡Qué bien has cantao, con qué perfección! Yo hubiera querio que hubieras cantao así en el Paseo de Los Tristes ante esa gran cantidad de aficionaos que hubieran disfrutao escuchándote así. Y me dice… ¡Cuanto sabes! Qué diferencia de cantar en el Paseo de Los Tristes y aquí. Y es que a Mairena –a veces- le daba miedo de cantar ante un público tan numeroso.

Y como esos recuerdos muchos de los festivales. La primera vez que yo le toqué a Jacinto Almadén en Granada fue en un festival. En los ensayos me dijo ¡Juan, no me vayas a sonar mucho la guitarra! Pues no le hice casi ná, hasta el punto que me dijo ¡Bueno, Juan, suena ya!”

Como a los cantaores casi siempre les preguntaba en que cante se encontraban más cómodos, más felices, a Juan Carmona le inquirí si existía para él un toque perfecto:

“Perfectos son casi todos los toques. Para hacerlos bien todos son bonitos. A mí me gusta mucho la soleá, siguiriyas… El taranto me encanta, la bulería también. Si se hacen con el corazón todos los toques son bonitos. La soleá es lo que más me gusta.”

Esta fue una pregunta muy significativa por lo que después declaró Juan Carmona Carmona “Habichuela” en las siguientes sobre la guitarra flamenca, el toque antiguo y el moderno de aquellos tiempos, los añejos maestros y las nuevas figuras.
Continuará.


Rafael Valera Espinosa    

martes, 19 de julio de 2016

Memoria flamenca. JUAN CARMONA “HABICHUELA” (II)

"A LOS DIECISIETE AÑOS ME BUSCABA LA VIDA CON ANTONIO EL DE LA CALZÁ."

Refería Juan Carmona “Habichuela” en la entrevista que le realicé en el año 1986, como los artistas después de sus actuaciones se reunían en los cuartos de cabales de las ventas y se cantaban y tocaban unos a otros, especificando que se escuchaban entre ellos y cada uno cogía lo que más le interesaba o le gustaba del otro, lo acrisolaba con su creatividad y se engrandecían las escuelas flamencas. Solamente una vez Juan no estuvo de acuerdo con el comportamiento que un gran maestro de la guitarra flamenca como Manolo de Huelva, y este fue relato:

- “Tan solo te voy a contar una anécdota que me paso con Manolo de Huelva. Yo creo que ha sido el único que nos dio portazo. Estaba entonces en el final de su carrera y tocaba en la Venta de Manzanilla, en Madrid, en la carretera de Barcelona. Fuimos un día allí Juan Maya “Marote” y yo, y le dije ¡Juan, no digas na! Porque sabíamos lo raro que era. Nos metimos en el cuarto y me dice, Juan ¿Qué cantaor hay? A mí no me importa, el que haya que entre, yo vengo a escuchar a Manolo de Huelva. Entró el “Cojo de Madrid” que era el que había, nos sentamos, se nos queda mirando… ¡Claro! Manolo de Huelva no nos conocía, nosotros a él sí. Como en aquella época tocábamos también pa bailar, teníamos en las uñas ese pegamento que se echa cuando se toca en estas circunstancias. Se nos queda mirando las uñas y nos dice ¿Qué venís a copiarme? Lo que yo hago se lo va a comer la tierra. Cogió su guitarra, la metió en el estuche y nos dejó allí con el cantaor. Entonces, cogió la guitarra Juan Maya y estuvimos escuchando al “Cojo Madrid”. Esto es una excepción porque Manolo era muy raro. Pero, hoy hay más malicia que antes. Antes me decían ¡Juan, haz una falseta que te guste! O yo le decía, por ejemplo, a Melchor de Marchena, Melchor toca esa falseta por soleá otra vez que me ha gustao mucho ¡Ahora mismo! Y la hacía. ¿Pero hoy? Hoy está cantando un cantaor y hay otro escuchándolo y dice que  eso no es así. Y me pregunto yo ¿Cómo es entonces…?”

La casa de los “Habichuela” hoy en día es muy numerosa. Sin lugar a dudas, tú has sido el que les ha dado popularidad ¿Se puede decir que los “Habichuela” han creado escuela?

Habichuela con Juan Manuel Rodríguez Sarabia "Chano Labato"
- ¡Bueno, en algunas cosas quizás te pueda decir que sí! Por ejemplo, en el acompañamiento ahí está lo que he hecho. Hoy en día hay mucha gente que se come la guitarra, que la toca fenomenalmente, pero a la hora de acompañar el guitarrista tiene que pararse, escuchar al cantaor y ayudarle, sobre todo cuando tiene la voz rozada. No meterle variaciones largas, hacerle cosas raras para dejarlo más afónico, sino ayudarle para que se tranquilice y pueda salir de lo que está haciendo porque está físicamente mal. Eso es lo que tiene que hacer un guitarrista que acompaña. Y hoy, que me perdonen muchos guitarristas que hay que tocan muy bien, están locos porque el cantaor termine la salía, para empezar a picar y hacer cosas que arranquen el aplauso. Yo lo hago también algunas veces, pero no es eso. Cuando el cantaor termina su cante se le hace una variación cortita y entra otra vez. Se le ayuda a respirar y a entonar de nuevo.”

¿Se subordina la guitarra así, o mantiene su papel esencial de acompañamiento a la vez que adquiere un protagonismo similar al del cantaor?

 –  ¡Hombre! Si es un guitarrista responsable, ahí está su labor. Nosotros hemos tenido mala suerte en eso, porque la figura es el cantaor y nosotros somos la segunda figura, si se le puede llamar así. Entonces, si hay un guitarrista que le acompaña bien, es otra figura. Ahora, si se quiere destacar por encima del cantaor, ya no lo es. Y hay muchos que quieren sobresalir. Yo conozco a bastantes que les pegan más aplausos que al cantaor. El cantaor es el mataor y el guitarrista el banderillero. Hay que dejarlos cantar y, si el guitarrista quiere sobresalir que haga después dos solos para que el público sepa que también es figura. Pero mientras el cantaor está actuando, el guitarrista tiene que estar supeditao a lo que hace el cantaor.”

Por aquellas fechas, los festivales eran numerosos y ciertamente que había tocaores que querían sobresalir por encima del cantaor. Los aficionados considerábamos las actitudes y, aunque siempre valorábamos las virtudes del guitarrista, el duende nos lo despertaba mayormente el cantaor.

El aspecto señalado por Juan Carmona significaba mucho para mí, entre otras cosas porque existían algunos colectivos que se inclinaban por resaltar más al guitarrista y a veces me reprochaban que en mis críticas periodísticas y radiofónicas no estuviera de su parte. Pienso que Juan dejó bastante claro el tema poniendo a cada uno en su lugar.

Volví nuevamente a que Juan Carmona “Habichuela” me hablara de sus correrías y sus compañeros de Granada:

- “Con los cantaores he tenido muchas vivencias. El que más me gustaba en Granada era Juanillo el Gitano. Aún estando en Madrid, en Torre Bermeja, ganaba por aquella época quinientas cincuenta pesetas y todos los días ahorraba quince o veinte duros, y cuando juntaba diez o doce mil pesetas, eso es muy importante en el aficionao –yo voy a hablar ahora como aficionao-, cogía este dinero y me montaba en el tren por la noche y amanecía en Graná. Llevaba en mi mente lo que me iba a gastar, que me quedara dinero para el viaje de vuelta. Luego, dos mil pesetas para Juanillo el Gitano, otro tanto para el guitarrista y a tirarme todo un día entero con Juanillo. ¿Qué me cantaba…? ¡Magnifico!, ¿Qué me hablaba…? ¡Mejor! Nos comíamos nuestros pollos con ajos en la venta, hasta que solo me quedaba dinero para la vuelta a Madrid. Eso lo he hecho muchas veces por escuchar a ese gitano granaíno.

Luego tengo otras vivencias en Graná con muy buen sabor. Allí llegó uno que le decían Enrique el Gitano, que ya murió, y cantaba por tarantas muy bien, pero que muy bien. Yo iba detrás de él como un perrillo. Me decía “¡Niño que siempre estás…!” Yo tenía quince o dieciséis años. Y se acompañaba solo. Luego estuvo "El de la Calzá" y con él me buscaba yo  ya la vida”.
Rafael Valera Espinosa
(presidente de la Peña Flamenca de Jaén y flamencólogo)

lunes, 11 de julio de 2016

MEMORIA FLAMENCA. Juan Carmona Carmona “HABICHUELA” (I)

- “ACTUÉ CON LA PAQUERA, FOSFORITO, BAMBINO, EL GÜITO, JARRITO…”

Corría el comienzo del verano de 1986, y mis impresiones sobre la guitarra flamenca tras la entrevista realizada dos meses antes a Paco de Lucía estaban a flor de piel. La subyugación por el uso del instrumento para la fase de solista o interprete de  concierto que Paco me había establecido, y mi convencimiento tras algunas de sus respuestas sobre la idoneidad de aprender acompañando para luego establecer la propia personalidad, las tenía muy presentes. Dialogar después a uno de los maestros sinceros, humildes y conocedores de los entresijos del acompañamiento como Juan Carmona Carmona “Habichuela”, fue un colofón en mis expectativas de aficionado flamenco. Ahora, tras su muerte, mi memoria se acrecienta, sufre… mas, igualmente se emociona y disfruta al evocar los memorables momentos vividos con este legendario guitarrista, amigo de sus amigos, y también entrañable amigo con el que disfruté en muchas reuiones de cabales flamencos.

La primera pregunta fue muy clásica: ¿Cuándo y de donde tu afición?

– “Antes de tocar la guitarra bailaba. Fui bailaor. No es que fuera un fenómeno, pero bailaba bastante regular y eso que no me gustaba el baile. Mi padre me tocaba y cada vez que bailaba, notaba que a mí no me gustaba esta faceta flamenca. Veía a Mario Maya que entonces empezaba… Bueno, empezamos los dos juntos a bailar con Juan Maya “Marote” en las cuevas de Graná. Y cuando yo veía a ese niño bailar, decía pa mí que iba a ser un monstruo. Claro, cada vez que me tocaba mi padre, yo estaba loco por termina y entonces le cogía la guitarra a él. Apenas alcanzaba a subirme a unos taburetillos que había en un bar que le decían “El Mesón”, y allí ponía el pie y comenzaba a tocar. Mi padre me decía ¡Niño, tu a lo tuyo, a bailar! Y me quitaba la guitarra, Yo le decía “¡Papá… Tú me perdonas pero a mí no me gusta bailar!  Así que en aquellos años, después de terminar de bailar me sentaba y cogía la guitarra.

Por aquella época había en Granada un monstruo –vocablo muy habitual de Juan para describir a sus admirados- que se llamaba “Juan El Ovejilla”, que, por cierto, no lo ha conocido nadie. Su verdadero nombre era Juan Hidalgo López y tocaba la guitarra muy bien. Llegaba Ricardo –se refería a Manuel Serrapí “Niño Ricardo”- con Valderrama (en la troupe flamenca montada por el torrecampeño para actuar en Granada)  y preguntaba por él para escucharlo. Era un monstruo. Ese fue el que me enseñó a tocar la guitarra. Así empecé y hasta ahora.”

-¿Y lo de “Habichuela?

– Por mi padre. El era bajito como yo. Vestía muy bien y decían: ¡Míralo, parece una habichuelita! De ahí el apodo. También por la forma de acompañar que tenía cierto parecido con Juan Gandulla “Habichuela”. Porque mi padre ha acompañado a mucha gente”. Yo conocía por conversaciones y tertulias tabernarias y festivaleras con Juan que había igualmente otro guitarrista de bastante calidad en la familia y era muy apreciado por nuestro protagonista. ¿Y tu tío Miguel? –Mi tío Miguel tocaba en la danza (la danza significaba  y significa que acompañaba al baile). Ahora no toca porque está malillo, pero casi siempre ha estao dedicao a la danza. Pero es un buen aficionao a la guitarra y al cante”

En aquellos tiempos, cuando Juan y yo dialogamos hacía treinta años, lo cual son sesenta al día de la fecha, los tocaores para el baile no eran tan significativos como los que acompañaban al cante. Eran algo así como los banderilleros del flamenco. Bien está demostrado, como me dijo Paco de Lucía, que para ser buen guitarrista había que pasar por el acompañamiento al baile –lo que propiciaba un perfecto dominio del compás y el ritmo- y también al cante. Y continuó Juan Carmona “Habichuela” recordando a su tío Miguel “Tengo una cinta de Juanillo “El Gitano”, que me regaló Luis de la Rosa Galán, y en ella le acompaña mi tío Miguel. Mi tío es más aficionao al cante que a la guitarra.”

De Izquierda a derecha: Juan Carmona Habichuela, Luis de la Rosa, Joaquín Sánchez, Juan Antonio Ibáñez, Enrique Morente y Rafael  Valera.
¿Cómo era el flamenco del Albaicín? ¿Había afición entre los artistas…?

– “Yo recuerdo muchas de las cosas y de las circunstancia que hacían que el flamenco se viviera mejor en aquella época que en esta. Ahora el flamenco es más monótono. Antes íbamos a escucharnos unos a otros. Por ejemplo. Una vez vino a mi tierra –la entrevista se la realicé en la Peña Flamenca de Jaén- uno que le decían “Gandinga” que cantaba por soleá fenomenalmente bien. De chiquitillo le he tenío mucho amor  al cante. Terminábamos en la danza, en las cuevas…  y nos íbamos a una venta que le decían “Zoraida” a escuchar a este “Gandinga”. Te estoy hablando de hace treinta o treinta y cinco años (en la actualidad sesenta o sesenta y cinco). Ponía cada uno quince o veinte duros, pedíamos de beber y comer, cogía yo la guitarra, cantaba Juan “El Gitano” y bailaba Mario Maya. Esto es lo bonito, nos escuchábamos unos a otros. Hoy es distinto. Estamos en un festival y –sálvese el que pueda- nos comportamos como locos por entrar, coger el dinero y largarnos. Y no nos importa si hay alguien que cante o toque bien y quieras escucharlo. Modestia aparte, soy un buen aficionao al flamenco… me gusta mucho el flamenco. Entonces, yo voy a los festivales y pienso a veces ¡Hay que ver este hombre que ha salió nuevo lo bien que canta!, me gustaría escucharlo en un cuarto. Y no lo puedo escuchar. Antes si se podía escuchar a ese alguien en un cuarto.

No solo sucedía esto antes en Granada, también en Madrid. Estaba yo en el tablao “Torre Bermeja” y allí había una baraja de artistas: La Paquera, Bambino, Fosforito, Jarrito, El Güito, Mario Maya… Y pasaba lo que en Granada. Poníamos veinte duros, alquilábamos dos o tres coches, nos íbamos a una venta y nos escuchábamos unos a otros y además sin ninguna malicia. Tan solo te voy a contar una anécdota que me pasó con Manolo de Huelva…"

Pero, esta la dejaremos para la semana que viene. 

Rafael Valera Espinosa