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lunes, 7 de enero de 2019

Im Memoriam. El legado de Rafael Valera.

Ramón Porras (ex-presidente de la Peña
Flamenca de Jaén)
Con emoción tardía, como consecuencia de mi desconocimiento de su fallecimiento, he leído la hermosa crónica que sobre Rafael Valera se ha publicado el pasado 2 de diciembre, en este mismo diario. Y no otro extremo he de añadir que en todo caso, no sea superlativizar el tamaño de su pérdida, subrayando su congénita bondad, su persistente compromiso sindical y, cómo no, su, tal vez, desconocida trayectoria, en defensa del flamenco. Y sobre este último particular quiero referirme, reitero, porque solo muy pocos la conocen, Rafael Valera entró en contacto con el núcleo fundacional de la Peña Flamenca de Jaén, a los pocos meses de constituirse esta. Era el tiempo, en esta ciudad, en que había que rescatar de los prostíbulos y de juergas de señoritos la verdad de esa estremecedora expresión que es el arte flamenco.

Resulta increíble la falta de sensibilidad pública y social en general, de que adolecía Jaén en esa época (segunda mitad del siglo pasado) para, cuando menos, hacerse eco de la creatividad de toda una generación de cantaores, así como de la existencia de eventos tan importantes como el Concurso Nacional de Córdoba en el que se inicia el denominado neoclasicismo flamenco, la publicación de obras tan emblemáticas como “Oído al Cante” de Anselmo González Climent, el “Archivo de Cantes Flamenco” de Caballero Bonal, “El Mundo y forma del cante flamenco” de Ricardo Molina y Antonio Mairena, “De Cádiz y sus cantes” de Fernando Quiñones, etcétera.

Era tiempo del declive de los “Cafés Cantantes” que, en Jaén, no tuvieron ningún relieve, ya que la única taberna en que se podía escuchar algún eco de fandango ramplón era en "casa del manco", o en algún puterío periférico.

Poco tiempo después de que Rafael Valera interviniese y colaborase en los debates de aquel colectivo, se produce la publicación de la revista “Candil”, Jaén obtenía en toda Andalucía, público reconocimiento como centro importantísimo de investigación y difusión del flamenco. Y he singularizado en Rafael Valera, mi amigo desaparecido, porque él constituyó un caso excepcional en la identificación y análisis de los cantes antiguos así como de los publicados en las últimas décadas del siglo pasado, hasta nuestros días.

Es obvio que no puede defenderse de la vulgaridad y de la ramplonería aquello que no se conoce. Y Rafael, no sé cómo, creo que con audiciones personalísimas, captó la verdad del cante. En realidad, ese era el propósito de aquel colectivo, profundamente enamorado del flamenco, y la aportación de Rafael Valera se concretaba, en la mayoría de los casos, en discernir falsas mixturas, en impostaciones superfluas, en constatar el eco de una escuela de cante determinada, en valorar el metal de voz más adecuado para uno y otro estilo.

Son innumerables las anécdotas que, como interviniente destacado, hay que atribuir a Rafael Valera. Espero que, en este año 2019 aparezca ya esa deseada historia de la Peña flamenca de Jaén. En ella podrá conocerse la anchura de la cultura flamenca de Rafael Valera. Descansa en paz, amigo.

lunes, 19 de febrero de 2018

Por soleá. "FLAMENCOLOGÍA". ANSELMO GONZÁLEZ CLIMENT.

A veces la creación es más conocida que el propio autor, circunstancia que generalmente se produce más en las artes que en las ciencias. Este es el caso de nuestro protagonista del día de hoy, el cual publicó en 1955 un tratado muy certero sobre el flamenco que tituló ‘Flamencología’, término que quedó acuñado a partir de entonces para definir la ciencia de los estudios en torno al arte flamenco, aunque siempre han existido autores que no han estado de acuerdo con el vocablo. 

Anselmo González Climent, creador del libro, fue un autor argentino de padres nacidos en San Roque (Cádiz), pueblo en el que pasó grandes temporadas. El libro es de capital importancia para el flamenco y también para los toros, según expresan numerosos y prestigiosos analistas de ambas artes. Fue a raíz de su lectura por parte de Ricardo Molina Tenor, cuando éste (artífice de la institucionalización del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba de 1956) busca la amistad del argentino para estructurar el citado concurso.

Junto con el poeta de Puente Genil, Anselmo se erigió en alma del referido Concurso hasta la III Edición de 1962, en la que se le entrega ‘La Llave de Oro del Flamenco” al mairenero Antonio Cruz García ‘Antonio Mairena’, lo cual significó la casi total ruptura de la relación entre ambos escritores, entre otras circunstancias porque Ricardo Molina defendía el gitanismo de la escuela ‘mairenera’ influenciado por Antonio y Juan Talega, y Anselmo se inclinaba más por la escuela gaditana que representaban grandes figuras como ‘Enrique el Mellizo’, Enrique Ortega ‘El Gordo’, ‘Curro Dulce’, don Antonio Chacón… aleccionado por Aurelio Selles.

Tal fue la importancia del libro ‘Flamencología’ que su prologuista, el gaditano y escritor José María Pemán expresó:

"He aquí un libro para el cual, si su autor no me hubiera pedido tan amablemente un prólogo, creo que yo hubiera solicitado e intrigado hasta conseguir el honor de escribirlo".

Mas, no solo Anselmo González Climent escribió ‘Flamencología’; también fue autor de ‘Oído al cante’, ‘Bulerías’, ‘Antología de la poesía flamenca’, ‘Pepe Marchena y la Opera Flamenca y otros ensayos’, o ‘Cante en Córdoba’, amén de otros trabajos literarios y de investigación como la enciclopedia ‘Historia de la Marina Mercante de Argentina’. A raíz de la celebración del XIII Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba de 1992, se publicó un volumen bastante clarificador de los entresijos que rodearon el de la ‘Llave de Oro’ treinta años antes, con el título ‘Cartas de Ricardo Molina a Anselmo González Climent’, gracias a la colaboración de la Peña Flamenca de Jaén, depositaría de bastantes documentos literarios del autor argentino.

Igualmente, la revista Candil publicó por entregas otro apreciado volumen que no llegó a editarse como tal, bajo el título ‘Viejo carnet Flamenco’. Una transcripción de las entrevistas que en su día Anselmo González realizó a los más señeros cantaores de la época.

Este año se cumplen 20 de su fallecimiento. Su recuerdo es capital.


Rafael Valera Espinosa

jueves, 24 de noviembre de 2016

Memoria flamenca. ANTONIO RANCHAL Y ALVAREZ DE SOTOMAYOR (I)

“SIGO PENSANDO QUE ESTE ARTE ES PARA MINORIAS, NO PARA MAYORIAS.”

El llamado aristócrata del cante, por haber pertenecido a una familia de terratenientes de Lucena (Córdoba), vino a la Peña Flamenca de Jaén a comienzos de 1993. Su fama no era populosa, mas, sí que era bien conocido entre los aficionados flamencos, ya que había grabado una serie de discos desde los comienzos de los sesenta, en el que particularmente considero que destacó el editado por Hispavox en 1961, el cual contenía soleares de Córdoba, carceleras, fandangos y verdiales, siendo las carceleras y las soleares de su tierra un ejemplo a seguir en aquella época. Por todo ello, la entrevista para Candil era imprescindible.

En dichas entrevistas casi siempre efectuaba una introducción aclaratoria de los méritos y virtudes del entrevistado, para conocimiento de los no tan avezados en el seguimiento de las figuras flamencas de la época. Además, Antonio había nacido en 1929 y se retiró profesionalmente a finales de los setenta, aunque hasta su muerte no dejó de cantar en peñas y reuniones de cabales.

Antonio Ranchal entrevistado por Rafael Valera
El prólogo fue el siguiente: “Al comienzo de mi interés por el arte flamenco (1966) y cuando trasteaba los casilleros discográficos flamencos de la discoteca de ‘La Voz de Jaén. Emisora Sindical’, siempre me llamaba la atención el largo apelativo flamenco de mi entrevistado, sobrenombre en el que se configura su identidad personal. Por otro lado, también me había imaginado a un personaje de leyenda aristocrática que había querido mostrar en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba de 1959, que nuestro arte era apreciado y escuchado en todos los estamentos de la sociedad. Cierto es que desde aquél tiempo de trasteador discográfico hasta nuestros días, han transcurrido veintisiete hermosos años. Hoy –reitero que comenzaba el año 1993-, con la madurez que da el tiempo y la humildad que se va adquiriendo conforme se aprecian y asumen las matizaciones de los buenos aficionados, me encuentro cara a cara con el personaje. De talante afable y educado, orgulloso de sus tiempos flamencos vividos, sencillo y sentencioso en sus respuestas, reivindicador y enamorado de los cantes de su tierra, Antonio Ranchal responde a mis preguntas con la misma claridad que refleja su encanecida melena”

¿Cómo se produce su iniciación al flamenco?
- “Pues como en casi todo el mundo, por afición. Cierto que fue muy tempranamente, de niño. Había una muchacha que trabajaba en mi casa a la que le gustaba el cante y ella fue la que me aficionó. Desde entonces, vengo cantando lo que sé y lo que puedo. A partir de aquí, mi dedicación se intensifica por este arte. En el año 59, un grupo de amigos fuimos a Córdoba a tomar unas copas y coincidió con el Concurso de Arte Flamenco. Los amigos me animaron a que me presentara y lo consiguieron. Cierto es que llegué algo tarde y me dijeron: ¿Pero hombre…? ¿Ahora te presentas? ¡Bueno, si puede ser! ¿Usted a qué grupo se va a presentar? ¡A todos…! ‘Eso ya no puede ser. Aún queda el grupo séptimo, el de las granaínas, medias granaínas, fandangos de Lucena, Huelva y Almería.’ ¡El premio lo conseguí!

¿A qué personajes conoció allí?
- “Conocí a Anselmo González Climent, a Aurelio Sellé… A todos los que componía el jurado. Con quien tuve más contactos fue con Anselmo, que para mí ha sido un gran conocedor de este arte. También mantuve cierta relación con don José Carlos de Luna, ya que fue el asesor de la casa Osborne, casa en la que yo hice la antología del cante.”

¿Antes del concurso cantaba en público?
- “¡Nunca! Tampoco estaba en mi intención cantar en público. Lo del concurso fue por el ambiente de las copas. Sucedió después que me vinieron determinados contratos y puedo asegurar que no he podido salirme. Recientemente he estado retirado tres años, aunque algunos colectivos de aficionados han insistido y he vuelto otra vez a este mundillo de las peñas y también a algún festival que otro.”

¿Con qué cantaores ha convivido más?
- “Prácticamente con todos. He cantado con Antonio Mairena, Fosforito, Menese, Chocolate, Fernanda y Bernarda de Utrera, Jarrito… Estos son los cantaores con los que más contacto he mantenido. Hay que tener presente, por citar un ejemplo, que he cantado durante dieciocho años en los Festivales de Granada, y veintiuno en los de Almería, y aún me siguen llamando de las peñas. Esta actividad me ha hecho convivir con muchos artistas.”

De todas esas vivencias ¿cuáles son las que más persisten en su memoria?
- “¡Muchas! Eran años auténticos de flamenco bueno. Luego se fue viniendo para atrás y se ha ido perdiendo bastante. Aquellos años magníficos, que fueron los del sesenta al setenta, supusieron un gran momento para el flamenco. Recuerdo cuando cantaba con Antonio Mairena y como éste demostraba su calidad. No soy el más indicado para hablar de los artistas.”

¿Qué ha querido expresar con ‘Luego se fue viniendo para atrás y se ha ido perdiendo bastante’?
- “Pues que acabaremos por perder el flamenco. Esto tiene mucho que discutir, pero yo pienso que es así. A veces creo que parte de la culpa la tienen algunas peñas que organizan festivales. Resulta que hemos estado cuarenta años persiguiendo la pureza del cante, y existen determinados directivos que se inclinan por fomentar actuaciones que nada tienen que ver con esa pureza. Pienso que es posible que nos pase a los flamencos lo mismo que ha pasado con la fiesta de los toros, aunque estos dos últimos años ha tomado un poco de más auge. Sin ir más lejos, Francia, que está tirando con fuerza, celebra este ‘93 veinticuatro festivales de cante grande, y o remarco: cante jondo. Repito que si el flamenco sigue así lo vamos a perder.”

¿No es posible que también influyan las casas grabadoras para exigirles determinada comercialidad a los cantaores?
- “¡Sí… También! Esa comercialidad la van buscando algunos organizadores porque su intención es no solamente cubrir gastos, sino ganar dinero. Y sigo pensando que este arte es para minorías y no para mayorías. El cante que hace llorar, lo canta quien ha llorao, y no quien cantan por cantar; y lo conocen los que ya son verdaderos aficionaos y han recibido la transmisión oral. Estos últimos son los que menos van a los festivales y espectáculos flamencos.”

Rafael Valera Espinosa (presidente de la Peña flamenca de Jaén y flamencólogo.)

Más información:  http://www.ideal.es/jaen/culturas/201611/25/este-arte-para-minorias-20161124231841-v.html