viernes, 9 de septiembre de 2016

Por soleá. FLAMENCA RENOVACIÓN GENERACIONAL.

En determinados colectivos flamencos de nuestra Andalucía, y más concretamente en las artísticas y ancestrales comarcas sevillanas y gaditanas, se está incubando el desasosiego de que el “artisteo flamenco” va desapareciendo. Cierto es que, a veces, nosotros también lo pensamos y tememos. La muerte de grandes figuras de nuestro arte amilana a lo más veteranos porque comprueban que sus ídolos, los que vieron formarse en el comienzo de su pubertad, que después ganaron concursos y "famoseo" en su juventud y que, por ultimo, alcanzaron la plenitud cantaora, por lo inexorable del tiempo van dejándonos. “Nos tamos quedando sin cantaores, sin artistas flamencos”, dicen bastantes. Y afortunadamente eso no es así.

Tiene cierta lógica que nos entristezcamos con la pérdida de los amigos cantaores, con las figuras que hemos vivido reuniones de cabales, éxitos festivaleros, conseguimientos de concursos, y expectantes puestas de largo con las ediciones de sus discos o los homenajes ofertados. Sin embargo, el ánimo hay que recuperarlo, tenerlo alto y pleno de ilusiones flamencas, porque la vida continúa y nuestra universal música con sus brillantes representantes también.

Canalejas de Puerto Real
Recuerdo cuando mi padre, Justo Domingo Valera Rodríguez, me miraba de soslayo y, ante mi defensa de artistas como Tomás Pavón y su hermana Pastora Pavón, Mairena, Terremoto de Jerez, Chocolate, Juan Varea o Rafael Romero, me decía: “Esos nos tienen nada que hacer ante Pepe Marchena, Angelillo, Pepe Palanca, El Carbonerillo o Canalejas de Puerto Real...”.

Hasta pasado bastante tiempo de aquellas observaciones paternas, no me había dado cuenta de que –como he intentado explicar en bastantes otras columnas- todo tiene su renovación generacional, y en el flamenco no va a ser diferente. Tras El Mochuelo, Manuel Torre, don Antonio Chacón, El Niño Medina, El Gloria, o Frijones de Jerez (por ceñirnos en los ciclos a los comienzos del siglo XX), aparecieron Tomás Pavón, Manuel Vallejo, Juanito Valderrama y los citados por mi padre. En mí época de frenesí afición destacaron el citado Terremoto, Fosforito, La Paquera, José Menese, Naranjito de Triana, El Lebrijano, Calixto Sánchez, Chano Lobato, Fernanda y Bernarda de Utrera… Posteriormente, lo harían Camarón, Enrique Morente,  Luis de Córdoba, El Cabrero, José Mercé, El Pele…

Quiero especificar con lo referido que el arte flamenco siempre va a tener continuadores en sus tres disciplinas. Y considero que con los avances que se establecen en cada una de las generaciones, nuestra cultura musical tendrá mayor aceptación, diversidad, proyección e internacionalidad. Los gustos pueden que cambien en función de las modas y las trayectorias que se impongan las figuras, mas los aficionados siempre disfrutaran y se emocionaran con viejas grabaciones, como se disfruta con la visión de un Velazquez, Murillo o Rembrandt, o la audición de una obra de Bach o Mozart.

Y los más pesimistas que piensen que en la actualidad tenemos a Mayte Martin, Miguel Poveda, Arcángel, David Palomar, Antonio Reyes, Antonio Agujetas, Marina Heredia, Carmen de la Jara, Manuela Cordero, Miguel de Tena, Estrella Morente… Y sigue con calidad la lista.

Rafael Valera Espinosa

martes, 6 de septiembre de 2016

MEMORIA FLAMENCA. MANUEL MAIRENA (I)

“MI HERMANO ANTONIO TENIA CELOS DE MI.”

Manuel Mairena y Rafael Valera
Se celebraba el XXII aniversario de la fundación de la Peña Flamenca de Jaén, el XV de la edición de la revista Candil, y el X de la muerte de Antonio Cruz García “Antonio Mairena”, y los directivos de la entidad y promotores a su vez de la revista, decidimos que Manuel Mairena era el artista flamenco imprescindible –por la determinación de las fechas- para protagonizar el mencionado aniversario de la creación de la entidad cultural flamenca capitalina. Corría la primavera del año 1993 y la entrevista al menor de la casa de Rafael Cruz Vargas era de obligado menester. Existían situaciones anímicas que no eran las más propicias para mantener este diálogo, quizás hasta pudieron resultar contraproducentes por el hecho de cumplirse diez años de la muerte de su hermano Antonio. Mas, esa misma contradicción acarreó un resultado tan loable que me indujo a no sopesar, en futuros encuentros con artistas, cual debe ser el momento idóneo para establecer el contacto.

Ante mi solicitud, ni se mostró huraño ni hubo ningún desplante por su parte, todo lo contrario. Estuvo comedido, amable y sincero, pero triste. No hacía mucho tiempo que su hermano Curro Mairena se había llevado –el 18 de enero de ese 1993- su grito siguiriyero en su alma, y el sentimiento de orfandad imperaba en el ánimo de Manuel. Por otro lado, como he referido anteriormente, el cercano décimo aniversario -5 de septiembre del mismo año- de la muerte de Antonio y la serie de preparativos que se estaban hilvanando para su conmemoración, ahondaban más la pena de nuestro protagonista, pues todo contribuía a que el cantaor se sintiera el último de su casta cantaora. En su posterior recital tras la entrevista, todos los sentimientos se aunaron con su arte para proporcionarnos una auténtica noche de cabales.

Su repertorio, con la guitarra de Antonio Carrión, lo estableció por soleá por bulerías, soleares jerezanas de "El Gloria" y Frijones, de La Andonda, Joaquín el de la Paula, más Frijones y La Andonda, de El Quino y Manuel el Chino. Igualmente, mostró su enjundia por tientos destacando el recuerdo de Rafael Pareja; por tangos de Frijones, Mellizo, Pastora, su hermano Antonio y Fernando El Herrero. En las siguiriyas de acordó de Manuel Molina, Paco La Luz, El Marruro, Francisco La Perla y cabal de Silverio. Se basó en las bulerías por Antonio La Peña, La Sordita, y en su hermano Antonio por romances. Finalizó por tonás de Juanelo de Jerez, Juan El Pelao y Antonio El Baboso, maestro de Tomás Pavón en la debla. Plenitud de flamencura “jonda”.  

Como solía establecer en este tipo de entrevista, la primera pregunta que le hice estaba enfocada a que nos contara sus comienzos cantaores en la fragua de su padre, Rafael Cruz:

- “Mi padre era tal aficionao que generalmente siempre había alguna que otra fiesta en mi casa. Aquello era para vivirlo, porque el flamenco que nosotros hacemos es de convivencia. Después ha habido que ser artista y dedicarse profesionalmente a este arte. En casa era flamenco de familia. Mi padre era tal aficionao que cuando tuvo edad su primer hijo para llevarlo de la mano,  Antonio, se iba con él a escuchar a cantaores como Manuel Torre, El Gloria, los Pavones…” ¿Y qué artistas iban a tu casa? “En Mairena había dos casas. Una era la de Juan Carmelo –que era la más pudiente-, familia de Diego de la Gloria, de Mairena, y de Anselmo, de Ecija… y mi casa. Mi padre le montaba espectáculos a Manuel Torre, y mi padre decía que no tenía ni que cantar, que con el timbre de su voz acababa con too. Mi padre era un hombre inteligente, muy gitano, con sus cosas… muy trabajador, sabiendo leer y escribir perfectamente, con su pequeño capital… que podía, porque todas las familias gitanas no estaban como él. Y claro, los artistas iban por mi casa.”

¿Hubo un hijo predilecto?

- “El predilecto fue Antonio. En las segundas nupcias de mi padre vine yo y Antonio era ya un hombre curtido. Antonio era muy celoso y yo el más chico de la familia, y lo que pasa con los pequeños… Por aquél entonces empiezo a cantiñear y cantar en la fragua por saetas, que es lo primero que se canta en mi pueblo por ser una ciudad muy saetera. Mi padre comienza a escucharme y a llevarme a los sitios de los flamencos. Con trece años conseguí el premio de saetas de la radio en Sevilla. Con toda esta serie de circunstancias, Antonio comienza a tener unos pocos celos porque siempre había sido él el predilecto. Luego surgieron unas diferencias entre mi padre y Antonio, ya que él no había querido que se casara por segunda vez. ¡Ojo! Antonio siempre se llevó magníficamente con mi madre.”

¿Es por esto que te fuiste con Enrique el Cojo?

- “¡No! Lo de Enrique el Cojo surge porque yo iba a la academia, ya que a mí me gustaba mucho el baile también. Iba a lo de Manuela Vargas a verla ensayar en su academia. Entonces en Sevilla se vivía de las fiestas más que hoy; las que organizaban la Duquesa de Alba, el Marqués de Paradas… Enrique me metió con una pareja de baile en la que ella era suiza y él catalán, pero tenían un ‘algo’ y trabajaban mucho. Con ellos estuvieron Pepe el de la Matrona y José Mercé. Cuando Pepe se fue me llamaron a mí y estuve mucho tiempo con ellos… con Susana y José, que así se llamaban. Generalmente donde más actuábamos era en el extranjero. De ahí viene lo de Enrique el Cojo, porque a Enrique le gustaban mucho mis cosas… le gustaba que yo me diera mis vueltecitas. Después vino lo de Manuela Vargas, con la que también estuve unos pocos de años.”

¿Hiciste muchas giras por el extranjero?

- “Más que aquí, en España. Una vez, para lo de la antorcha –consiguió La Antorcha del Cante de Mairena del Alcor en 1965- tuve que venir de Londres. Cuando me llamaron les dije que me tenían que pagar el viaje de ida y vuelta para que pudiera estar en Mairena para lo de la antorcha.”

Durante el resto de la entrevista Manuel Mairena nos relató innumerables cosas y situaciones de su hermano Antonio Mairena, y la curiosa circunstancia de que Manolo estuvo cantando –sin competir- en el famoso Concurso Nacional de Arte Flamenco de 1962, en el que le dieron a su hermano la III Llave de Oro del Cante Flamenco. Parte de todo eso lo narraré en la siguiente entrega.


Memoria flamenca. MANUEL MAIRENA (II).

"EL DISCO ‘EL CALOR DE MIS RECUERDOS’ MATÓ A ANTONIO MAIRENA."

Manuel Mairena y Antonio Carrión
Como dejé entrever en la pasada semana, hubo una circunstancia muy llamativa pero poco conocida durante el transcurso del III Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba celebrado en 1962. Uno de los miembros del jurado, el poeta de Puente Genil, Ricardo Molina Tenor, amigo incipiente -por mor de la presentación que su paisano Antonio Fernández Díaz “Fosforito” le hizo de Antnio Mairena- del maestro de los alcores, incidió en que el citado concurso fuera la merecida catapulta que el de Mairena necesitaba para establecer su escuela flamenca y el predominio de la tendencia ortodoxa que acabaría con los ecos melismáticos, dulzones y heterodoxos de la conocida ‘Opera Flamenca’, que contrastaban con las esencias ‘jondas’ del flamenco antiguo y racial, y nada pretencioso de los teatros, plazas de toros, y auditorios abiertos en los que triunfaban cantaores de pletóricas facultades.

Dicho concurso exigió en sus bases que:

“Se establece conceder, en esta edición del Concurso Nacional, la Llave de Oro del Cante, valorando para el mencionado premio, además de la actuación pública, el historial flamenco de los concursantes. Los grupos de cantes que deben de interpretar los artistas se distribuyen de la siguiente forma: siguiriyas, tonás y soleares.”

Es decir, los tres grupos de cantes en los que Antonio Mairena ha sido uno de los mejores –el dominador sin igual en aquél tiempo- y el más resaltable en la historia –particularmente para mí- del conjunto de estos tres estilos. Y siguen las bases del certamen:

Los cantes por siguiriyas y soleá tendrán que hacerse por tres estilos diferentes.’ Mairena los dominaba casi todos. ‘En las tonás, cada cantaor deberá de ejecutar tonás, toná grande, martinetes y debla.’

Antonio también los dominaba mejor qué los más sobresalientes artistas de la época. Y siguen las bases:

‘Además, cada cantaor debe de completar su actuación con dos cantes a su libre elección.’

¡Pan comido para el maestro!

Cierto que participaron en dicho concurso cantaores de la talla de Juan Varea, Antonio Fernández Díaz “Fosforito”, Antonio Montoya Núñez “Chocolate”, ‘Platerito de Alcalá’ – hubo de buscarlo porque nadie más se atrevió a presentarse- y el ganador, Antonio Mairena. Refiero esto porque considero que todas las Llaves de Oro del Flamenco han sido preparadas para otorgarlas de forma preferencial por un artista. Y, a partir de lo relatado, para que los aficionados y lectores tengan bases para la adecuado comprensión de la entrevista que sigue a Manuel Mairena, continúo con su respuestas a mis preguntas, las cuales son bastantes específicas sobre el aludido concurso.

Después de que me relatara sus giras con elencos flamencos como el de Manuela Vargas, le referí ¡Y Antonio por otro lado del mundo!

- ‘Mi hermano estaba también de giras con el ballet de Antonio Ruíz Soler ‘Antonio el bailarín’. Habiendo estado unos pocos de años con Antonio –entonces yo era muy joven- mi hermano se dio cuenta que su etapa con Antonio se tenía que acabar, como así fue. Por aquél entonces conoció a Ricardo Molina y hablándole de Sevilla, de los cantes de Triana, de Pastora, Tomás… hizo de Ricardo –que era muy amigo de Fosforito- un andaluz asevillanao. Le presentó a Juan Talega, le explicó, le contó… Ricardo, como hombre inteligente y culto se maravilló de lo que mi hermano decía. Y es que Antonio tenía un embrujo que cambiaba a quien él quisiera, lo cambiaba por derecho por la verdad por delante, él nunca engañó. Tú sabes que en el cante jondo, o cante gitano-andaluz hay mucha ‘ojana’, y el buen aficionao del cante gitano-andaluz es el que se da cuenta de donde está y no la ‘ojana’. Y yo creo que también hay que nacer con esa virtud, porque eso no se puede enseñar… ¿Qué tú sepas separar y distinguir el cante gitano-andaluz? Eso es un don que da Dios también al aficionao, no solamente al cantaor que lo canta.’

¿A quién le cantaste en el año sesenta y dos en el concurso de Córdoba?

- ‘Aquello fue el descubrimiento de que yo le cante a Farruco y a Carmen Carrera, y a los dos le premiaron en el baile. A mí no me dejaron entrar en el concurso y además, Antonio no quería pujar con su hermano el más chico e hizo bien. En aquél momento para mí no, pero hizo bien ¿El iba a pujar por la Llave de Oro con un hermano chico suyo? ¡Eso no estaba bien! Así que yo canté ‘pa bailar’ y no canté con el nombre de Manuel Mairena. Después lo tuvo que decir López Murcia por Radio Nacional de España, porque canté tan bien… tan bien… ¡Mira! Hay que decirlo claro. Y lo dijo: ‘Este hombre es hermano de Antonio Mairena. Es Manuel Mairena, no es Manolito Soto… En Córdoba me pusieron Manolito Soto.

¿Por qué lo de Manolito Soto?

- ‘Porque Antonio y Ricardo no querían que hubiera otro Mairena en el concurso. Yo creo que acertaron, porque yo no estaba todavía hecho, no estaba preparao, sabía bastante pero no estaba completamente hecho como cantaor. Hoy si estoy hecho cantaor, aunque en el cante gitano-andaluz no se acaba nunca de aprender. Aprendes una cosa y hay veinticinco mil más que no sabes.’

¿Qué sentiste cuando le dieron la Llave a tu hermano?  

- ‘¡Hombre! Sentí una satisfacción muy grande, como si me la hubieran dao a mí. Igual. Yo siempre he estao muy respaldao por Antonio, aunque con nuestras diferencias y nuestras cosas. A pesar de que la gente quiso que fueran más que menos, nosotros hemos tenido nuestras diferencias, pero estas eran siempre familiares. ¿En el cante…? ¡Ninguna! Nunca dije que jamás cantaría  con Antonio, nunca. A mí me gustan que me digan ‘Cantaor hermano de Antonio Mairena’ Porque yo sé que llegar a donde ha llegao Antonio, con esa cabeza y esa sabiduría… Yo sé positivamente que no. ¡Puede que en un momento… quizá… llegar o mejor… pero en un momento…¿ Después…? ¡No! La constancia y la trayectoria de mi hermano no la puedo superar. Antonio era un hombre mucho más aficionao que yo y más que too el mundo. Antonio se levantaba y se acostaba con el cante. Y yo hay muchas veces que tengo ganas de escuchar cantar y otras que… Antonio no vivió  nada más que para el cante y por el cante. El cante es el que lo mata. Si él no hace ‘El calor de mis recuerdos’… Si no efectúa ese esfuerzo, seguiría viviendo o hubiera vivido unos añitos más. O si no hubiera sido tan ‘jiñón’ y se hubiera operado del corazón… Si él se opera viviría todavía.’

Rafael Valera Espinosa
(crítico flamenco)

miércoles, 24 de agosto de 2016

Memoria flamenca. GREGORIO MANUEL FERNÁNDEZ VARGAS “TIO BORRICO” (y III).

"ALFONSO DOMECQ GONZALEZ ME PUSO LO DE “EL BORRICO”. 

Gregorio Manuel Fernández “Tío Borrico”, no era muy amante de las modernidades que alguno cantaores como Manuel Mancheño Peña “Turronero” o Juanito Villar estaban desarrollando y grabando por la época de la entrevista, 1981. Su mundo flamenco era el de las seguiriyas de Paco La Luz, Tío José de Paula y su tío Juanichi “El Manijero”, las soleares de Antonio Frijones, los fandangos de Manuel Torre, José Cepero o El Niño Gloria, o las bulerías de su tierra. 

Más mi interés versaba sobre todo en las soleares y como él las concebía, pues como él consideraba –como quedó reflejado la pasada semana- que eran mucho más difíciles que las siguiriyas porque había que ligarlas de mayor a menor, las siguiriyas le daban mayor libertad, le pregunté por su faceta de letristas solearero:

- “Sí, hago letras. Recuerdo que una vez, cuando fui a grabar que me dijeron que hiciera alguna si tenía. Entonces le había sacado una letra a mi mujer, de cuando yo le hablaba en el campo ‘Eché leña en el corral / por ver si tú me querías / ahora veo que no me quieres / dame la leña que es mía.’ Esto es que yo me acordaba de que en el corral le hacía cosquillas…  Ya sabes, esas cosas de cuando uno le habla a la novia…Bueno… Eso lo dejamos eso. Después saqué otra por soleá ‘En el campo me crié / y yo me enamoré de ti / como eramos chiquillos / te dije que pal jardín.’

¿Cree usted que ha cambiado el cante desde que comenzó a cantar?

“Ha cambiado por completoy te lo digo, que yo no me tapo. Hoy no se canta na más que cuplé, como ese que hace El Turronero ‘Me asomé a la ventana… La tiré por la ventana…’ ¡Vamos… Tú me dirás! Después están los de los fandanguillos de hoy. ‘Eso sí… Tienen mucha fuerza, mucha habilidad, pero…’ Aunque a mí el fandango no me ha tirao, sí que me han tirao el fandango de Manuel y el de Cepero y… -se quedó pensando- también el del Gloria.

Yo no sé si en la gente joven hay madera, y si la hay es poquita. Pueden que lleguen a más. Cuando con la edad avancen un poquito, irán comprendiendo el cante. Pero… oye… hay unos pocos de locos en la juventud. Y yo en Jerez veo el flamenco un poco decaído. Además, a nosotros no nos echan cuentas porque no cantamos como los jóvenes, pues no se acuerdan de nosotros ni pa echarnos un vaso de vino… A mí no me importa decir las cosas porque son verdad.”  

Aunque le pueda parecer indiscreto ¿Por qué le dicen a usted El Borrico?

¡Mira! Te lo voy a decir. Cuando mi padre dejó de ser manijero, pues ya nos venimos a Jerez; la gente se enteró de que el chiquillo del manijero cantaba. Me llamaron a una fiesta ¡Que venga el chiquillo del manijero! Ale, pues venga… Y vino un coche a por mí. Cuando entró, don Juan Pedro Domecq, que en descanso esté, me preguntó ¿Tú eres el hijo del manijero de mi hermano? Yo soy el hijo del Tati. ¡Bien, hombre, bien…! ¿Tú cantas…? ¿Por qué cantas? Yo, le dije… ¡Canto por too…! ‘A ver, el cante... ¿tú sabes de tonos?’ Yo no sé de tonos, ni de guitarra, ni ná –ya te he dicho que na más que los artistas cantaban entonces con guitarra, nosotros hacíamos el compás con los nudillos o con lo que fuera-, yo solo sé de escardillos y eso… ‘¡Venga… que cante!’ Salí cantando con aquél vozarrón que yo tenía con diecinueve años… ¡Calcula…! Y sale Alfonso Domecq y González, el hijo y dice ‘¡Que voz más bestia… Qué barbaridad… Que voz más bruta y más borrica…! Y de ahí me viene eso, y desde entonces que si El Borrico pa cá, que si El Borrico pa ya…”

Y de anécdotas artísticas o flamencas ¿Cómo andamos?

“Ya te puedes figurar toas las cosas que a mí me han poido pasar. Esta, aunque pueda ser larga de contar, me pasó cuando Lola Flores empezaba querer ser artista. Su padre tenía un tabanco –reitero que eran tabernas antiguas de Jerez- en la calle de La Párraga, la que cruza. Allí iba yo con el guitarrista Espinosa (ese que te he contao que estaba en Barcelona) “El Batato”, Chica y Cepero el chófer, el padre de Paco Cepero el guitarrista. Ibamos a enseñar a Lola los tres, El Batato que era bailaor le enseñaba unas pataitas y eso… Yo le cantaba… El padre nos ponía media botellita pa los cuatro y un platillo de aceitunas con siete u ocho, nunca más ¡Me acordaré toa la via!  

Me acuerdo que llegó un señó que tenía una fábrica de esas de helaos, de esos que parecían bizcochos, y este nos llevó la primera vez a Paterna de la Ribera. ¡Un corral de cabras… donde metían a los animales! ¡Total…¡Que ya estamos aquí… Ea! La Lola se vestía en una pajera (Un almacen de paja o granero) en la que había una puerca echá allí en la paja. Yo y El Batato cogíamos una sábana por los picos pa que se vistiera… y la madre: ‘Que nadie mire a la niña’ Me acuerdo que me decía la Lola ‘Tío Borrico ¿me morderá la cochina esta? No la toques ni la mires… No la toques que está echá mu agusto. Total, a bailar, Lola.

- Entró mucha gentes, y había un gachó en la primera fila de las sillas… Y tenía una cosa metía en la chaqueta, y yo ‘dicaba’ el bulto… ¿Qué tendrá el gachó ahí metío? Y me dice el tío: ‘Como no cantes bien te voy a endiñar  en los hocicos con esta tostá que tengo aquí metía con aceite’ Entonces se me acercó un civil preguntándome qué me había dicho ¡Claro… Yo le dije que ná, pero él lo echó a la calle! ¡Ay! Yo le dije al civil… ¿Pa qué lo ha echao usté a la calle? ¿No ve usté que cuando salga de aquí si me da entonces con la tostá?

- Yo he estao en un follón de sitios así, cantando por solea y por siguiriyas, siguiriyas de Paco La Luz… ¡Y todavía canto…! Y todavía me quea que cantá!

Un año después Tomás Ortíz y yo, estuvimos en un bautizo de la hija del restaurador de la Peña Flamenca “El Garbanzo de Jerez”, en el barrio de San Miguel, sobrina de primos hermanos de María José Santiago, en el cual nos comimos un potaje de habichuelas con liebre, y Tío Gregorio Manuel Fernández “El Borrico de Jerez” se sentó a nuestro lado, mas, nos quedamos sin el placer de escucharle nuevamente sus cantes.

Rafael Valera Espinosa

lunes, 22 de agosto de 2016

Memoria flamenca. GREGORIO MANUEL FERNANDEZ VARGAS “TIO BORRICO” (II).

"MEDIO JEREZ ANDE PA ESCUCHAR A CHACÓN."

Tío Gregorio Manuel Fernández “El Borrico de Jerez” no fue un cantaor de resonada fama entre el público aficionado en general. Como suele acontecer en la mayoría de las artes, las figuras son muy renombradas en función de su popularidad y no tanto en relación con su artístico quehacer flamenco. Esto último está más en consonancia con el conocimiento de las diversas artes y la comarcalización de su trayectoria profesional. Es venerado por los jerezanos y amado por los flamencos entendidos en general. Esto trasciende en la historia de la cultura flamenca, mas,no tanto en un notorio público seguidor de nuestra universal cultura.

Rememorados sus comienzos en “Memoria Flamenca” a partir de 1929, año en el que se dedicó plenamente al flamenco como me expresó al comienzo de la entrevista de 1981, mi interés trascendió a que nos contara sus vivencias con Antonio Frijones, Manuel Torre, Rafael Ramos Antúnez “El Niño Gloria” –el que influyera enormemente en nuestro añorado Juan Pérez Sánchez “Canalejas de Puerto Real”-, su hermana “La Pompi”, o “El Chozas de Jerez”, e incluso don Antonio Chacón. Por ahí vamos a estructurar este segundo capítulo de Tío Gregorio Manuel Fernández Vargas “El Borrico de Jerez".

¡Hablemos de Antonio Frijones! 

- “Frijones iba de tabanco –taberna típica de Jerez- en tabanco; de puerta en puerta cantando él solo. Cuantito se tomaba dos o tres vasos ya estaba cantando. Además, siempre tenía el culillo fuera, siempre tenía algún roto, algún ganchazo… Y le decían: “Antonio, hombre ¿por qué no te pones unos pantaloncitos nuevos…?” Y siempre contestaba: “A mí me gusta este… ¡dame otro vaso!” Y salía cantando Frijones, y yo, como los locos, corriendo detrás de él. Donde iba Frijones, allí iba yo.

También he escuchao a Manué Torre. Más tarde a Tío José de Paula y a Tío Joaniquí de Lebrija… ¿En fin…! Yo comencé a coger rumores de aquí y de allí, y luego me afinaba yo solo. Comencé a cantar por siguiriyas porque mi gente cantaban toos por siguiriyas y también los demás cantes”.

¿A qué otros cantaores oyó usted cantar en su juventud?

Tío Borrico y su hija María La Burra 
“Escuché cantar a Manué Torre, tenía yo siete años. A Manué, Rosario La Mejorana y Ramirez de Jerez –sus soleares fueron recuperadas por Tío Agujetas, padre de Manuel de los Santos Pastor “Agujetas de Jerez”-, ¡vaya trío! Toa mi familia fuedesde el campo…  ¡Qué canta Manuel Torre… Que canta Manuel Torre...! Yo de lo que me acuerdo es que Manuel se arremangó el pantalón de pana pa sentarse y yo dije… ¡Eh, que se le han visto los carzones blancos! Esos carzones blancos hasta abajo, de entonces…” Pero Tío Gregorio ¿Cuáles fueron los que más le gustaron? “Juanito Mojama cantaba muy bien por siguiriyas; y otro, como cantaor más joven, Rafael Ramos Antúnez, que era “El Gloria”. Después, explicando el cante me ha gustao Cepero. A José Cepero lo escuché también en la Alameda Vieja. El Gloria era un bicho… Era una cosa mala… Ese comenzaba a cantar y cualquiera lo paraba, no le paraba ni el cañón. Yo escuché al Gloria, a La Pompi, a Luisa Requejo… La Pompi cantaba todavía mejor que Luisa. A esa la escuché yo con mi padre en “El sombrajo”,  cuando vinieron de Sevilla, que vinieron a visitarnos a nosotros. Y a “El Gloria” también, en ese bar que ya te digo que está en la esquina de Santiago, que es de un sobrino suyo… “El Bombi”.

También “El Chozas de Jerez” me gustaba a mí. ¡Ahora, metía muchos infundios, pero vamos, como lo llevaba bien…! Tenía un estilo mu bonico por bulerías, un estilo propio: “Ahí viene un sordao / mu bien armao / que viene de Portugal…” y ya luego metía otra cosa. ¡Ea! Que se iba a ver los sordaos y se iba a la legión, porque “El Chozas” era así. Ahora, los cantes de Cepero si me gustaban a mí, porque los decía mu deletreaos, mu bien dichos.”

¡Sinceramente! ¿De quién aprendió usted más?

“De mi tío –Juanichi “El Manijero”- que hacía el cante de Frijones limpio, lo hacía puro: “Fatigas pasé / con el tren de mercancías / y Frijones de Jerez. / Tu mare es una judía / que a mí me ha tirao a la calle…”

¿Y Chacón? ¡Supongo que lo conoció usted!

“Si, lo conocí en la plaza de toros donde cantó una vez. Ya estaba viejo y calvo perdió… Me acuerdo que dijo “Señores, yo soy de Jerez, tengo mucha edad y ya no soy el Antonio Chacón de antes. Bueno, creo que siempre soy Antonio Chacón y vamos a ver como sale esto.” También dijo que su flamenco era de Jerez y que de chiquitillo era zapatero remendón. Medio Jerez anduve yo pa escuchar a Chacón, que me costó hasta una pelea con mi mare, pobrecita que en gloria esté. Volví a mi casa a las cinco de la mañana y, además, iba más que tocaillo porque ponían una bota –tonel de 500 litros-  en el parque a tres chicas el vaso. Estábamos el “Tío José de Paula” y yo, los dos solos cantando y venga cantar. Cuando llegué al cortijo le dice mi mare a mi pare “Tati, ahí tienes al niño”. Y me dijo que me acostara, pero no dormí más que una hora,  porque mi padre me llamó pa que le echara a los mulos. Mi padre, dándome en el culo pa que me levantara y yo no quería… ¡Venga a arriba. Aquí tiene usté a Chacón… Arriba, que no te lo diga más”. Y fui a por agua, y trabajando… ¡Que llovía…! Me acuerdo más que na. Me puse el capote de agua y al campo.”

¿De todos sus cantes, cual es el que más le gusta?

“El cantar por soleá, que es el más difícil de hacer, que es mucha más difícil que el cante por siguiriyas. Porque el cante por soleá es ligao, de mayor a menor, y el cante por siguiriyas es de tercio, puedes dar bocinazos, pero te da tiempo a resollar. Ahora, la soleá hay que ligarla”.

En la proxíma reflejaré el diálogo mantenido sobre el cante por soleares, sus creaciones de letras flamencas por el estilo que fueron muy populares en las que relataba experiencias vividas, y nos aclarará el por qué de su apelativo flamenco y nos relatará algunas de sus anécdotas flamencas más significativas como sus encuentros con Lola Flores.

Rafael Valera Espinosa