lunes, 4 de junio de 2018

Por soleá. AÑEJO CAUDAL FLAMENCO (II).

Continuando con la referencia que la pasada semana comencé sobre el álbum publicado por la Junta de Andalucía en 2005, el cual se titula ‘Cilindros de cera. Primeras grabaciones de Flamenco’, en esta segunda parte reiteraré mi análisis crítico del mismo, después del criterio vertido sobre los primeros cortes efectuada anteriormente, los cuales corresponden al cantaor Manolo ‘El Sevillano’, los que creo pertenecen a la última década del siglo XIX.

En la columna de hoy encuentro necesario resaltar el protagonismo de Antonio Pozo “El Mochuelo” por su amplia aportación a la fonografía de aquellos tiempos. Demuestra, como han escrito sobre él, que “lo cantó y lo grabó todo”. Mas, lo que me llama la atención es como en estos primeros cortes se evidencia, como le comentaba Rafael Romero “El Gallina” a Rosario López, que Pastora tuvo que sopesar en algunos momentos la personalidad de su paisano para estructurar su creatividad por tangos y “tangos de los tientos”; estilos estos en los que podemos apreciar las entonaciones gaditanas muy cercanas a nosotros como las de Aurelio, Manolo Vargas o ‘Pericón’, con lo que se evidencia la vigencia de un estilo ya formado en aquel tiempo en su estructura musical, y como en los siguientes cortes se clarifica con rotundidad su enlace con el ritmo de los tangos. En cuanto a los tangos bandoleros, la diferencia con los anteriores solo estriba en un aligeramiento del ritmo, la letra alusiva a los que les da nominación, y un matiz más folclórico.

Ante lo expuesto anteriormente, hay que destacar cómo la interpretación que de los tangos realiza Rafael Moreno el de Jerez, un año mayor que El Mochuelo, suena con todas las características de un palo netamente flamenco, actual y pleno de singularidad personal, obviándose así cualquier matiz folclórico. En el corte número trece escuchamos la interpretación de un tal José que comienza por tangos para, tras un rasgueo de guitarra, abordar los tientos y dejarnos en ambos estilos ciertos aires que recogiera después ‘Pepe el de la Matrona’. Y aquí surge la pregunta ¿fue así como los estructuró Enrique el Mellizo cuando estableció la ralentización del ritmo de los primeros para crear los segundos?

En los estilos libres vuelven a tomar el protagonismo Manolo el Sevillano y Antonio Pozo “El Mochuelo”, el primero con unos aires abandolaos y una malagueña de El Canario. Otro tanto establece el segundo, el cual define con rotundidad personal la creatividad de El Canario y un remate por verdial. Sin embargo, el corte 17 que también lo denomina como malagueña, mantiene todos los visos de una jota aflamencada que remata por la misma línea con inclinación a los aires abandolaos, y si la comparamos con su cartagenera y la de La Rubia de los cortes 21 y 22 (¿cogería Chacón la jota murciana y al aflamencarla creo la cartagenera?) comprobaremos que están muy ligadas en su estructura musical. La siguiente malagueña del corte 18 muestra la definición del estilo.

Rafael Valera Espinosa
(crítico flamenco y vicepresidente
de la Peña Flamenca de Jaén)



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